He estimado todo como basura a fin de ganar a Cristo y ser hallado en Él. No pretendo haberlo alcanzado ya, pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, prosigo a la meta. No busco solo salvación, sino el premio del supremo llamamiento: conocer el poder de Su resurrección y manifestar la Vida de Su Hijo. (Basado en Filipenses 3:7-14)
sábado, 17 de noviembre de 2012
Yo soy el primero y el último
lunes, 25 de julio de 2011
EVANGELIO SEGÚN TOMÁS
Estas son las palabras secretas que pronunció Jesús el Viviente y que Dídimo Judas Tomás consignó por escrito.
1. Y dijo: «Quien encuentre el sentido de estas palabras no gustará la muerte».
2. Dijo Jesús: «El que busca no debe dejar de buscar hasta tanto que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, y tras su estremecimiento se llenará de admiración y reinará sobre el universo».
3. Dijo Jesús: «Si aquellos que os guían os dijeren: Ved, el Reino está en el cielo, entonces las aves del cielo os tomarán la delantera. Y si os dicen: Está en la mar, entonces los peces os tomarán la delantera. Mas el Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros. Cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y caeréis en la cuenta de que sois hijos del Padre Viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, estáis sumidos en la pobreza y sois la pobreza misma».
4. Dijo Jesús: «No vacilará un anciano a su edad en preguntar a un niño de siete días por el lugar de la vida, y vivirá; pues muchos primeros vendrán a ser últimos y terminarán siendo uno solo».
5. Dijo Jesús: «Reconoce lo que tienes ante tu vista y se te manifestará lo que te está oculto, pues nada hay escondido que no llegue a ser manifiesto».
6. Le preguntaron sus discípulos diciéndole: «¿Quieres que ayunemos? ¿Y de qué forma hemos de orar y dar limosna, y qué hemos de observar respecto a la comida?» Jesús dijo: «No mintáis ni hagáis lo que aborrecéis, pues ante el cielo todo está patente, ya que nada hay oculto que no termine por quedar manifiesto y nada escondido que pueda mantenerse sin ser revelado».
7. Jesús dijo: «Dichoso el león que al ser ingerido por un hombre se hace hombre; abominable el hombre que se deja devorar por un león y éste se hace hombre».
8. Y dijo: «El hombre se parece a un pescador inteligente que echó su red al mar y la sacó de él llena de peces pequeños. Al encontrar entre ellos un pez grande y bueno, aquel pescador inteligente arrojó todos los peces pequeños al mar y escogió sin vacilar el pez grande».
9. Dijo Jesús: «He aquí que el sembrador salió, llenó su mano y desparramó. Algunos (granos de simiente) cayeron en el camino y vinieron los pájaros y se los llevaron. Otros cayeron sobre piedra y no arraigaron en la tierra ni hicieron germinar espigas hacia el cielo. Otros cayeron entre espinas —éstas ahogaron la simiente— y el gusano se los comió. Otros cayeron en tierra buena y (ésta) dio una buena cosecha, produciendo 60 y 120 veces por medida».
10. Dijo Jesús: «He arrojado fuego sobre el mundo y ved que lo mantengo hasta que arda».
11. Dijo Jesús: «Pasará este cielo y pasará asimismo el que está encima de él. Y los muertos no viven ya, y los que están vivos no morirán. Cuando comíais lo que estaba muerto, lo hacíais revivir; ¿qué vais a hacer cuando estéis en la luz? El día en que erais una misma cosa, os hicisteis dos; después de haberos hecho dos, ¿qué vais a hacer?».
12. Los discípulos dijeron a Jesús: «Sabemos que tú te irás de nuestro lado; ¿quién va a ser el mayor entre nosotros?» Díjoles Jesús: «Dondequiera que os hayáis reunido, dirigíos a Santiago el Justo, por quien el cielo y la tierra fueron creados».
13. Dijo Jesús a sus discípulos: «Haced una comparación y decidme a quién me parezco». Dijóle Simón Pedro: «Te pareces a un ángel justo». Díjole Mateo: «Te pareces a un filósofo, a un hombre sabio». Díjole Tomás: «Maestro, mi boca es absolutamente incapaz de decir a quién te pareces». Respondió Jesús: «Yo ya no soy tu maestro, puesto que has bebido y te has emborrachado del manantial que yo mismo he medido». Luego le tomó consigo, se retiró y le dijo tres palabras. Cuando Tomás se volvió al lado de sus compañeros, le preguntaron éstos: «¿Qué es lo que te ha dicho Jesús?» Tomás respondió: «Si yo os revelara una sola palabra de las que me ha dicho, cogeríais piedras y las arrojaríais sobre mí: entonces saldría fuego de ellas y os abrasaría».
14. Díjoles Jesús: «Si ayunáis, os engendraréis pecados; y si hacéis oración, se os condenará ; y si dais limosnas, haréis mal a vuestros espíritus. Cuando vayáis a un país cualquiera y caminéis por las regiones, si se os recibe, comed lo que os presenten (y) curad a los enfermos entre ellos. Pues lo que entra en vuestra boca no os manchará, mas lo que sale de vuestra boca, eso sí que os manchará».
15. Dijo Jesús: «Cuando veáis al que no nació de mujer, postraos sobre vuestro rostro y adoradle: Él es vuestro padre».
16. Dijo Jesús: «Quizá piensan los hombres que he venido a traer paz al mundo, y no saben que he venido a traer disensiones sobre la tierra: fuego, espada, guerra . Pues cinco habrá en casa: tres estarán contra dos y dos contra tres, el padre contra el hijo y el hijo contra el padre. Y todos ellos se encontrarán en soledad».
17. Dijo Jesús: «Yo os daré lo que ningún ojo ha visto y ningún oído ha escuchado y ninguna mano ha tocado y en ningún corazón humano ha penetrado».
18. Dijeron los discípulos a Jesús: «Dinos cómo va a ser nuestro fin». Respondió Jesús: «¿Es que habéis descubierto ya el principio para que preguntéis por el fin? Sabed que donde está el principio, allí estará también el fin. Dichoso aquel que se encuentra en el principio: él conocerá el fin y no gustará la muerte».
19. Dijo Jesús: «Dichoso aquel que ya existía antes de llegar a ser. Si os hacéis mis discípulos (y) escucháis mis palabras, estas piedras se pondrán a vuestro servicio. Cinco árboles tenéis en el paraíso que ni en verano ni en invierno se mueven y cuyo follaje no cae: quien los conoce no gustará la muerte».
20. Dijeron los discípulos a Jesús: «Dinos a qué se parece el reino de los cielos». Díjoles: «Se parece a un grano de mostaza, que es (ciertamente) la más exigua de todas las semillas, pero cuando cae en tierra de labor hace brotar un tallo (y) se convierte en cobijo para los pájaros del cielo».
21. Dijo Mariham a Jesús: «¿A qué se parecen tus discípulos ?» Él respondió: «Se parecen a unos muchachos que se han acomodado en una parcela ajena. Cuando se presenten los dueños del terreno les dirán: Devolvednos nuestra finca. Ellos se sienten desnudos en su presencia al tener que dejarla y devolvérsela». Por eso os digo: «Si el dueño de la casa se entera de que va a venir el ladrón, se pondrá a vigilar antes de que llegue y no permitirá que éste penetre en la casa de su propiedad y se lleve su ajuar. Así, pues, vosotros estad también alerta ante el mundo, ceñid vuestros lomos con fortaleza para que los ladrones encuentren cerrado el paso hasta vosotros; pues (si no) darán con la recompensa que vosotros esperáis. ¡Ojalá surja de entre vosotros un hombre sabio que —cuando la cosecha hubiere madurado— venga rápidamente con la hoz en la mano y la siegue! El que tenga oídos para oír, que oiga».
22. Jesús vio unas criaturas que estaban siendo amamantadas y dijo a sus discípulos: «Estas criaturas a las que están dando el pecho se parecen a quienes entran en el Reino». Ellos le dijeron: «¿Podremos nosotros —haciéndonos pequeños— entrar en el Reino?» Jesús les dijo: «Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una, y de configurar lo interior con lo exterior, y lo exterior con lo interior, y lo de arriba con lo de abajo, y de reducir a la unidad lo masculino y lo femenino, de manera que el macho deje de ser macho y la hembra hembra; cuando hagáis ojos de un solo ojo y una mano en lugar de una mano y un pie en lugar de un pie y una imagen en lugar de una imagen, entonces podréis entrar [en el Reino]».
23. Dijo Jesús: «Yo os escogeré uno entre mil y dos entre diez mil; y resultará que ellos quedarán como uno solo».
24. Dijeron sus discípulos: «Instruyenos acerca del lugar donde moras, pues sentimos la necesidad de indagarlo». Díjoles: «El que tenga oídos, que escuche: en el interior de un hombre de luz hay siempre luz y él ilumina todo el universo; sin su luz reinan las tinieblas».
25. Dijo Jesús: «Ama a tu hermano como a tu alma; cuídalo como la pupila de tu ojo».
26. Dijo Jesús: «La paja en el ojo de tu hermano, sí que la ves; pero la viga en el tuyo propio, no la ves. Cuando hayas sacado la viga de tu ojo, entonces verás de quitar la paja del ojo de tu hermano».
27. (Dijo Jesús): «Si no os abstenéis del mundo, no encontraréis el Reino; si no hacéis del sábado sábado, no veréis al Padre».
28. Dijo Jesús: «Yo estuve en medio del mundo y me manifesté a ellos en carne. Los hallé a todos ebrios (y) no encontré entre ellos uno siquiera con sed. Y mi alma sintió dolor por los hijos de los hombres, porque son ciegos en su corazón y no se percatan de que han venido vacíos al mundo y vacíos intentan otra vez salir de él. Ahora bien: por el momento están ebrios, pero cuando hayan expulsado su vino, entonces se arrepentirán».
29. Dijo Jesús: «El que la carne haya llegado a ser gracias al espíritu es un prodigio; pero el que el espíritu (haya llegado a ser) gracias al cuerpo, es prodigio [de prodigios]. Y yo me maravillo cómo esta gran riqueza ha venido a alojarse en esta pobreza».
30. Dijo Jesús: «Dondequiera que hubiese tres dioses, dioses son; dondequiera que haya dos o uno, con él estoy yo».
31. Dijo Jesús: «Ningún profeta es aceptado en su aldea; ningún médico cura a aquellos que le conocen».
32. Dijo Jesús: «Una ciudad que está construida (y) fortificada sobre una alta montaña no puede caer ni pasar inadvertida».
33. Dijo Jesús: «Lo que escuchas con uno y otro oído, pregónalo desde la cima de vuestros tejados; pues nadie enciende una lámpara y la coloca bajo el celemín o en otro lugar escondido, sino que la pone sobre el candelero para que todos los que entran y salen vean su resplandor».
34. Dijo Jesús: «Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el hoyo».
35. Dijo Jesús: «No es posible que uno entre en la casa del fuerte y se apodere de ella (o de él) de no ser que logre atarle las manos a éste: entonces sí que saqueará su casa».
36. Dijo Jesús: «No estéis preocupados desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana (pensando) qué vais a poneros».
37. Sus discípulos dijeron: «¿Cuándo te nos vas a manifestar y cuándo te vamos a ver?» Dijo Jesús: «Cuando perdáis (el sentido de) la vergüenza y —cogiendo vuestros vestidos— los pongáis bajo los talones como niños pequeños y los pisoteéis, entonces [veréis] al Hijo del Viviente y no tendréis miedo».
38. Dijo Jesús: «Muchas veces deseasteis escuchar estas palabras que os estoy diciendo sin tener a vuestra disposición alguien a quien oírselas. Días llegarán en que me buscaréis (y) no me encontraréis».
39. Dijo Jesús: «Los fariseos y los escribas recibieron las llaves del conocimiento y las han escondido: ni ellos entraron, ni dejaron entrar a los que querían. Pero vosotros sed cautos como las serpientes y sencillos como las palomas».
40. Dijo Jesús: «Una cepa ha sido plantada al margen del Padre y —como no está firmemente arraigada— será arrancada de cuajo y se malogrará».
41. Jesús dijo: «A quien tiene en su mano se le dará; y a quien nada tiene —aun aquello poco que tiene— se le quitará».
42. Dijo Jesús: «Haceos pasajeros».
43. Le dijeron sus discípulos: «¿Quién eres tú para decirnos estas cosas?» [Jesús respondió]: «Basándoos en lo que os estoy diciendo, no sois capaces de entender quién soy yo; os habéis vuelto como los judíos, ya que éstos aman el árbol y odian su fruto, aman el fruto y odian el árbol».
44. Dijo Jesús: «A quien insulte al Padre, se le perdonará; y a quien insulte al Hijo, (también) se le perdonará. Pero quien insulte al Espíritu Santo no encontrará perdón ni en la tierra ni en el cielo».
45. Dijo Jesús: «No se cosechan uvas de los zarzales ni se cogen higos de los espinos, (pues) éstos no dan fruto alguno. [Un] hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro; un hombre malo saca cosas malas del mal tesoro que tiene en su corazón y habla maldades, pues de la abundancia del corazón saca él la maldad».
46. Dijo Jesús: «Desde Adán hasta Juan el Bautista no hay entre los nacidos de mujer nadie que esté más alto que Juan el Bautista, de manera que sus ojos no se quiebren. Pero yo he dicho: Cualquiera de entre vosotros que se haga pequeño, vendrá en conocimiento del Reino y llegará a ser encumbrado por encima de Juan».
47. Dijo Jesús: «No es posible que un hombre monte dos caballos y tense dos arcos; no es posible que un esclavo sirva a dos señores, sino que más bien honrará a uno y despreciará al otro. A ningún hombre le apetece —después de haber bebido vino añejo— tomar vino nuevo; no se echa vino nuevo en odres viejos, no sea que éstos se rompan, y no se echa vino añejo en odre nuevo para que éste no le eche a perder. No se pone un remiendo viejo en un vestido nuevo, pues se produciría un rasgón».
48. Dijo Jesús: «Si dos personas hacen la paz entre sí en esta misma casa, dirán a la montaña: ¡Desaparece de aquí! Y ésta desaparecerá».
49. Dijo Jesús: «Bienaventurados los solitarios y los elegidos: vosotros encontraréis el Reino, ya que de él procedéis (y) a él tornaréis».
50. Dijo Jesús: «Si os preguntan: ¿De dónde habéis venido?, decidles: Nosotros procedemos de la luz, del lugar donde la luz tuvo su origen por sí misma; (allí) estaba afincada y se manifestó en su imagen. Si os preguntan: ¿Quién sois vosotros.?, decid: Somos sus hijos y somos los elegidos del Padre Viviente. Si se os pregunta: ¿Cuál es la señal de vuestro Padre que lleváis en vosotros mismos?, decidles: Es el movimiento y a la vez el reposo».
51. Le dijeron sus discípulos: «¿Cuándo sobrevendrá el reposo de los difuntos y cuándo llegará el mundo nuevo?» Él les dijo: «Ya ha llegado (el reposo) que esperáis, pero vosotros no caéis en la cuenta».
52. Sus discípulos le dijeron: «24 profetas alzaron su voz en Israel y todos hablaron de tí». El les dijo: «Habéis dejado a un lado al Viviente (que está) ante vosotros ¡y habláis de los muertos!».
53. Sus discípulos le dijeron: «¿Es de alguna utilidad la circuncisión o no?» Y él les dijo: «Si para algo valiera, ya les engendraría su padre circuncisos en el seno de sus madres; sin embargo, la verdadera circuncisión en espíritu ha sido de gran utilidad».
54. Dijo Jesús: «Bienaventurados los pobres, pues vuestro es el reino de los cielos».
55. Dijo Jesús: «Quien no odie a su padre y a su madre, no podrá ser discípulo mío. Y (quien no) odie a sus hermanos y hermanas (y no cargue) con su cruz como yo, no será digno de mí».
56. Dijo Jesús: «Quien haya comprendido (lo que es) el mundo, ha dado con un cadáver. Y quien haya encontrado un cadáver, de él no es digno el mundo».
57. Dijo Jesús: «El Reino del Padre se parece a un hombre que tenía una [buena] semilla. Vino de noche su enemigo y sembró cizaña entre la buena semilla. Este hombre no consintió que ellos (los jornaleros) arrancasen la cizaña, sino que les dijo: No sea que vayáis a escardar la cizaña y con ella arranquéis el trigo; ya aparecerán las matas de cizaña el día de la siega, (entonces) se las arrancará y se las quemará».
58. Dijo Jesús: «Bienaventurado el hombre que ha sufrido: ha encontrado la vida».
59. Dijo Jesús: «Fijad vuestra mirada en el Viviente mientras estáis vivos, no sea que luego muráis e intentéis contemplarlo y no podáis».
60. (Vieron) a un samaritano que llevaba un cordero camino de Judea y dijo a sus discípulos : «(¿Qué hace) éste con el cordero?» Ellos le dijeron: «(Irá) a sacrificarlo para comérselo.» Y les dijo: «Mientras esté vivo no se lo comerá, sino sólo después de haberlo degollado, cuando (el cordero) se haya convertido en un cadáver». Ellos dijeron: «No podrá obrar de otro modo». El dijo: «Vosotros aseguraos un lugar de reposo para que no os convirtáis en cadáveres y seáis devorados».
61. Dijo Jesús: «Dos reposarán en un mismo lecho: el uno morirá, el otro vivirá». Dijo Salomé: «¿Quién eres tú, hombre, y de quién? Te has subido a mi lecho y has comido de mi mesa». Díjole Jesús: «Yo soy el que procede de quien (me) es idéntico; he sido hecho partícipe de los atributos de mi Padre». (Salomé dijo): «Yo soy tu discípula». (Jesús le dijo): «Por eso es por lo que digo que si uno ha llegado a ser idéntico, se llenará de luz; mas en cuanto se desintegre, se inundará de tinieblas».
62. Dijo Jesús: «Yo comunico mis secretos a los que [son dignos] de ellos. Lo que hace tu derecha, no debe averiguar tu izquierda lo que haga».
63. Dijo Jesús: «Había un hombre rico que poseía una gran fortuna, y dijo: Voy a emplear mis
riquezas en sembrar, cosechar, plantar y llenar mis graneros de frutos de manera que no me falte de nada. Esto es lo que él pensaba en su corazón; y aquella noche se murió. El que tenga oídos, que oiga».
64. Dijo Jesús: «Un hombre tenía invitados. Y cuando hubo preparado la cena, envió a su criado a avisar a los huéspedes. Fue (éste) al primero y le dijo: Mi amo te invita. Él respondió: Tengo (asuntos de) dinero con unos mercaderes; éstos vendrán a mí por la tarde y yo habré de ir y darles instrucciones; pido excusas por la cena. Fuese a otro y le dijo: Estás invitado por mi amo. Él le dijo: He comprado una casa y me requieren por un día; no tengo tiempo. Y fue a otro y le dijo: Mi amo te invita. Y él le dijo: Un amigo mío se va a casar y tendré que organizar el festín. No voy a poder ir; me excuso por lo de la cena. Fuese a otro y le dijo: Mi amo te invita. Éste replicó: Acabo de comprar una hacienda (y) me voy a cobrar la renta; no podré ir, presento mis excusas. Fuese el criado (y) dijo a su amo: Los que invitaste a la cena se han excusado. Dijo el amo a su criado: Sal a la calle (y) tráete a todos los que encuentres para que participen en mi festín; los mercaderes y hombres de negocios [no entrarán] en los lugares de mi Padre».
65. El dijo: «Un hombre de bien poseía un majuelo y se lo arrendó a unos viñadores para que lo trabajaran y así poder percibir de ellos el fruto. Envió, pues, a un criado para que éstos le entregaran la cosecha del majuelo. Ellos prendieron al criado y le golpearon hasta casi matarlo. Éste fue y se lo contó a su amo, quien dijo: Tal vez no les reconoció; y envió otro criado. También éste fue maltratado por los viñadores. Entonces envió a su propio hijo, diciendo ¡A ver si respetan por lo menos a mi hijo! Los viñadores —a quienes no se les ocultaba que éste era el heredero del majuelo— le prendieron (y) le mataron. El que tenga oídos, que oiga».
66. Dijo Jesús: «Mostradme la piedra que los albañiles han rechazado; ésta es la piedra angular».
67. Dijo Jesús: «Quien sea conocedor de todo, pero falle en (lo tocante a) sí mismo, falla en todo».
68. Dijo Jesús: «Dichosos vosotros cuando se os odie y se os persiga, mientras que ellos no encontrarán un lugar allí donde se os ha perseguido a vosotros».
69. Dijo Jesús: «Dichosos los que han sufrido persecución en su corazón: éstos son los que han reconocido al Padre de verdad». (Dijo Jesús): «Dichosos los hambrientos, pues el estómago de aquellos que hambrean se saciará».
70. Dijo Jesús: «Cuando realicéis esto en vosotros mismos, aquello que tenéis os salvará; pero si no lo tenéis dentro, aquello que no tenéis en vosotros mismos os matará».
71. Dijo Jesús: «Voy a des[truir esta] casa y nadie podrá [re]edificarla».
72. [Un hombre] le [dijo]: «Di a mis hermanos que repartan conmigo los bienes de mi padre». El replicó: «¡Hombre! ¿Quién ha hecho de mí un repartidor?» Y se dirigió a sus discípulos, diciéndoles: «¿Es que soy por ventura un repartidor?».
73. Dijo Jesús: «La cosecha es en verdad abundante, pero los obreros son pocos. Rogad, pues, al Señor que envíe obreros para la recolección».
74. El dijo: «Señor, hay muchos alrededor del aljibe, pero no hay nadie dentro del aljibe».
75. Dijo Jesús: «Muchos están ante la puerta, pero son los solitarios los que entrarán en la cámara nupcial».
76. Dijo Jesús: «El reino del Padre se parece a un comerciante poseedor de mercancías, que encontró una perla. Ese comerciante era sabio: vendió sus mercancías y compró aquella perla única. Buscad vosotros también el tesoro imperecedero allí donde no entran ni polillas para devorar(lo) ni gusano para destruir(lo)».
77. Dijo Jesús: «Yo soy la luz que está sobre todos ellos. Yo soy el universo: el universo ha surgido de mí y ha llegado hasta mí. Partid un leño y allí estoy yo; levantad una piedra y allí me encontraréis».
78. Dijo Jesús: «¿A qué salisteis al campo? ¿Fuisteis a ver una caña sacudida por el viento? ¿Fuisteis a ver a un hombre vestido de ropas finas? [Mirad a vuestros] reyes y a vuestros magnates: ellos son los que llevan [ropas] finas, pero no podrán reconocer la verdad».
79. Le dijo una mujer de entre la turba: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». El [le] respondió: «Bienaventurados aquellos que han escuchado la palabra del Padre (y) la han guardado de verdad, pues días vendrán en que diréis: Dichoso el vientre que no concibió y los pechos que no amamantaron».
80. Dijo Jesús: «El que haya reconocido al mundo, ha encontrado el cuerpo. Pero de quien haya encontrado el cuerpo, de éste no es digno el mundo».
81. Dijo Jesús: «Quien haya llegado a ser rico, que se haga rey; y quien detente el poder, que renuncie».
82. Dijo Jesús: «Quien esté cerca de mí, está cerca del fuego; quien esté lejos de mí, está lejos del Reino».
83. Dijo Jesús: «Las imágenes se manifiestan al hombre, y la luz que hay en ellas permanece latente en la imagen de la luz del Padre. Él se manifestará, quedando eclipsada su imagen por su luz».
84. Dijo Jesús: «Cuando contempláis lo que se os parece, os alegráis; pero cuando veáis vuestras propias imágenes hechas antes que vosotros —imperecederas y a la vez invisibles—, ¿cuánto podréis aguantar?».
85. Dijo Jesús: «El que Adán llegara a existir se debió a una gran fuerza y a una gran riqueza; (sin embargo), no llegó a ser digno de vosotros, pues en el supuesto de que hubiera conseguido ser digno, [no hubiera gustado] la muerte».
86. Dijo Jesús: «[Las zorras tienen su guarida] y los pájaros [su] nido, pero el Hijo del hombre no tiene lugar donde reclinar su cabeza (y) descansar».
87. Dijo Jesús: «Miserable es el cuerpo que depende de un cuerpo, y miserable es el alma que depende de entrambos».
88. Dijo Jesús: «Los ángeles y los profetas vendrán a vuestro encuentro y os darán lo que os corresponde; vosotros dadles asimismo lo que está en vuestra mano, dádselo (y) decíos: ¿Cuándo vendrán ellos a recoger lo que les pertenece?».
89. Dijo Jesús: «¿Por qué laváis lo exterior del vaso? ¿Es que no comprendéis que aquel que hizo el interior no es otro que quien hizo el exterior?».
90. Dijo Jesús: «Venid a mí, pues mi yugo es adecuado y mi dominio suave, y encontraréis reposo para vosotros mismos».
91. Ellos le dijeron: «Dinos quién eres tú, para que creamos en ti». El les dijo: «Vosotros observáis el aspecto del cielo y de la tierra, y no habéis sido capaces de reconocer a aquel que está ante vosotros ni de intuir el momento presente».
92. Dijo Jesús: «Buscad y encontraréis: mas aquello por lo que me preguntabais antaño —sin que yo entonces os diera respuesta alguna— quisiera manifestároslo ahora, y vosotros no me hacéis preguntas en este sentido».
93. [Dijo Jesús]: «No echéis las cosas santas a los perros, no sea que vengan a parar en el muladar; no arrojéis las perlas a los puercos, para que ellos no las [....]».
94. [Dijo] Jesús: «El que busca encontrará, [y al que llama] se le abrirá».
95. [Dijo Jesús]: «Si tenéis algún dinero, no lo prestéis con interés, sino dádselo a aquel que no va a devolvéroslo».
96. [Dijo] Jesús: «El reino del Padre se parece a [una] mujer que tomó un poco de levadura, la [introdujo] en la masa (y) la convirtió en grandes hogazas de pan. Quien tenga oídos, que oiga».
97. Dijo Jesús: «El reino del [Padre] se parece a una mujer que transporta(ba) un recipiente lleno de harina. Mientras iba [por un] largo camino, se rompió el asa (y) la harina se fue desparramando a sus espaldas por el camino. Ella no se dio cuenta (ni) se percató del accidente. Al llegar a casa puso el recipiente en el suelo (y) lo encontró vacío».
98. Dijo Jesús: «El reino del Padre se parece a un hombre que tiene la intención de matar a un gigante: desenvainó (primero) la espada en su casa (y) la hundió en la pared para comprobar la fuerza de su mano. Entonces dio muerte al gigante».
99. Los discípulos le dijeron: «Tus hermanos y tu madre están afuera». El les dijo: «Los aquí (presentes) que hacen la voluntad de mi Padre, éstos son mis hermanos y mi madre; ellos son los que entrarán en el reino de mi Padre».
100. Le mostraron a Jesús una moneda de oro, diciéndole: «Los agentes de César nos piden los impuestos». El les dijo: «Dad a César lo que es de César, dad a Dios lo que es de Dios y dadme a mí lo que me pertenece».
101. (Dijo Jesús): «El que no aborreció a su padre y a su madre como yo, no podrá ser [discípulo] mío; y quien [no] amó [a su padre] y a su madre como yo, no podrá ser [discípulo] mío; pues mi madre, la que [...], pero [mi madre] de verdad me ha dado la vida».
102. Dijo Jesús: «¡Ay de ellos, los fariseos, pues se parecen a un perro echado en un pesebre de bueyes!: ni come, ni deja comer a los bueyes».
103. Dijo Jesús: «Dichoso el hombre que sabe [por qué] flanco van a entrar los ladrones, de manera que (le dé tiempo a) levantarse, recoger sus [...] y ceñirse los lomos antes de que entren».
104. [Le] dijeron: «Ven, vamos hoy a hacer oración y a ayunar». Respondió Jesús: «¿Qué clase de pecado he cometido yo, o en qué he sido derrotado? Cuando el novio haya abandonado la cámara nupcial, ¡que ayunen y oren entonces!».
105. Dijo Jesús: «Quien conociere al padre y a la madre, será llamado hijo de prostituta».
106. Dijo Jesús: «Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una sola, seréis hijos del hombre; y si decís: ¡Montaña, trasládate de aquí!, se trasladará».
107. Dijo Jesús: «El Reino se parece a un pastor que poseía cien ovejas. Una de ellas —la más grande— se extravió. Entonces dejó abandonadas (las) noventa y nueve (y) se dio a la búsqueda de ésta hasta que la encontró. Luego —tras la fatiga— dijo a la oveja: Te quiero más que a (las) noventa y nueve».
108. Dijo Jesús: «Quien bebe de mi boca, vendrá a ser como yo; y yo mismo me convertiré en él, y lo que está oculto le será revelado».
109. Dijo Jesús: «El Reino se parece a un hombre que tiene [escondido] un tesoro en su campo sin saberlo. Al morir dejó el terreno en herencia a su [hijo, que tampoco] sabía nada de ello: éste tomó el campo y lo vendió. Vino, pues, el comprador y —al arar— [dio] con el tesoro; y empezó a prestar dinero con interés a quienes le plugo».
110. Dijo Jesús: «Quien haya encontrado el mundo y se haya hecho rico, ¡que renuncie al mundo!».
111. Dijo Jesús: «Arrollados serán los cielos y la tierra en vuestra presencia, mientras que quien vive del Viviente no conocerá muerte ni (...); pues Jesús dice: Quien se encuentra a sí mismo, de él no es digno el mundo».
112. Dijo Jesús: «¡Ay de la carne que depende del alma! ¡Ay del alma que depende de la carne!».
113. Le dijeron sus discípulos: «¿Cuándo va a llegar el Reino?» (Dijo Jesús): «No vendrá con expectación. No dirán: ¡Helo aquí! o ¡Helo allá!, sino que el reino del Padre está extendido sobre la tierra y los hombres no lo ven».
114. Simón Pedro les dijo: «¡Que se aleje Mariham de nosotros!, pues las mujeres no son dignas de la vida». Dijo Jesús: «Mira, yo me encargaré de hacerla macho, de manera que también ella se convierta en un espíritu viviente, idéntico a vosotros los hombres: pues toda mujer que se haga varón, entrará en el reino del cielo».
El Evangelio según Tomás.
(fragmentos griegos de Oxyrhynchus)
Oxyrh. Pap. 1 (logia 26-33 y 77)
... «y entonces verás de quitar la pajita que está en el ojo de tu hermano».
Jesús: «Si no hacéis abstinencia del mundo, no encontraréis el reino de Dios; y si no observáis el sábado, no veréis al Padre».
Dice Jesús: «Estuve en medio del mundo y me dejé ver de ellos en carne; y encontré a todos ebrios y no di con ninguno que estuviera sediento entre ellos».
«Y se aflije mi alma por los hijos de los hombres, porque están ciegos en su corazón y no miran a ... la pobreza».
Dice Jesús: «Donde estén [...], y donde hay uno solo [...] yo estoy con él. Levanta la piedra y allí me ancontrarás, hiende el leño y yo allí estoy».
Dice Jesús: «No es acepto un profeta en su patria, ni un médico obra curaciones entre los que le conocen».
Dice Jesús: «Una ciudad edificada sobre la cumbre de un alto monte y fortificada, ni ca[e]r puede, ni estar escondida».
Dice Jesús: «Tú escuchas con uno de tus oídos ... »
Oxyrh. Pap. 654 (logia 1-6)
... Tales son los [...] discursos que tuvo Jesús, Señor viviente a [...] y a Tomás. Y les dijo: «Todo el que oyere estas palabras, no gustará la muerte».
Dice Jesús: «El que busca ... no cese hasta que encuentre; y cuando haya encontrado, se quedará consternado; y consternado, reinará; y en reinando, descansará».
Dice Judas: «¿Quiénes son, pues, los que nos arrastran a lo alto del cielo, si es que el reino está en el cielo?» Dice Jesús: «Las aves del cielo, las bestias y todo lo que puede haber bajo la tierra, o sobre ella, y los peces del mar, son los que os arrastran hasta Dios. Y el reino de los cielos dentro de vosotros está. Quien, pues, conozca a Dios, lo encontrará, porque, conociéndole a Él, os conoceréis a vosotros mismos y entenderéis que sois hijos del Padre, el Perfecto, y, a la vez, os daréis cuenta de que sois ciudadanos del cielo. Vosotros sois la ciudad de Dios».
Dice Jesús: «Todo lo que no está ante tu vista y lo que te está oculto, te será revelado; pues no hay cosa oculta que no llegue a ser manifiesta y sepultada que no se desentierre».
Le preguntan sus discípulos y (le) dicen: «¿Cómo ayunaremos y cómo oraremos y cómo haremos limosna y qué observaremos de cosas semejantes?» Díce(les) Jesús: «Mirad, no sea que perdáis la recompensa. No hagáis sino las obras de la verdad. Pues, si hacéis éstas, conoceréis el misterio escondido. Dígoos: Bienaventurado es el que ... »
Oxyrh. Pap. 655 (logia 36-37 y 39)
No estéis preocupados desde la mañana hasta la tarde, ni desde la tarde hasta la mañana, ni por vuestra comida, qué vais a comer, ni por vuestro vestido, qué vais a poneros. Mucho más valéis que los lirios, los cuales crecen y no hilan. Teniendo un vestido, ¿por qué [...] también vosotros?.
¿Quién sería capaz de añadir (algo) a vuestra estatura? Él (Dios) os dará vuestro vestido. Dícenle sus discípulos: ¿Cuándo te manifestarás a nosotros u cuándo te podremos ver? Díce(les Jesús): Cuando os despojéis (de vuestros vestidos) y no sintáis verguenza.
[Laguna]
Decía: han ocultado las llaves del reino; ellos no entraron ni dejaron pasar a los que entraban.
Pero vosotros sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas.
Fuente: http://escrituras.tripod.com/Textos/EvTomasGn.htm
domingo, 12 de septiembre de 2010
¿Que es un cristiano?
martes, 25 de noviembre de 2008
La llave de la oración

La oración es un asunto de gran importancia en la vida espiritual del creyente. Todo cristiano genuino es consciente de esto y por eso ora. Sin embargo, aunque algunos hijos de Dios pasan tiempo orando por numerosos asuntos, sus oraciones no parecen tener mucho efecto. Es como si no hubiesen encontrado la manera correcta de orar. Esto se debe a que aún no han descubierto la llave de la oración.
En todo lo que hagamos, primero debemos hallar la clave para hacerlo. Si queremos entrar a un cuarto y la puerta está con seguro, no podremos entrar, a menos que tengamos la llave. Supongamos que se necesitan dos personas para meter una mesa en un cuarto. Algunas pueden hacerlo sin ningún problema; otras tal vez lo hagan torpemente, tropezándose y golpeando la mesa, haciendo un enorme esfuerzo por pasar la mesa a través de la puerta. Aunque el tamaño de la mesa y el ancho de la puerta sea el mismo en ambos casos, la diferencia radica en las personas que cargan la mesa. Algunos tienen la clave o el secreto para cargar la mesa, otros no. Los primeros son personas que han encontrado la clave para hacer bien las cosas; son trabajadores aptos. Después que una persona ha descubierto la clave, puede hacer las cosas dos veces más rápido que los demás, mientras que aquellos que no la tienen, se esfuerzan en vano. Este mismo principio se aplica a la oración. Mateo 7 habla de los principios relacionados con la oración, uno de los cuales es: “El que busca, halla” (v. 8). Buscar requiere un esfuerzo. Todo el que busca sin interés ni seriedad, no hallará nada. Buscar implica tener paciencia y perseverancia, y a menos que seamos minuciosos, no hallaremos lo que buscamos. Cada vez que Dios no responda a nuestras oraciones, debemos ser pacientes y buscar diligentemente la llave de la oración. En el pasado, Dios respondió las oraciones de muchos santos porque poseían la llave de la oración. Si leemos la biografía de George Müller, quien fundó un gran número de orfanatos, podemos ver que él era un hombre de oración; durante toda su vida siempre recibía respuestas a sus oraciones. George Müller había descubierto la llave. Muchos creyentes sinceros hacen oraciones largas y elaboradas, pero no reciben respuestas de parte de Dios. En la oración, las palabras son indispensables, pero nuestras palabras deben ir al grano; deben ser palabras que toquen el corazón de Dios y lo conmuevan de tal forma que no tenga más alternativa que conceder nuestras peticiones. Las palabras específicas son la llave de la oración, pues concuerdan con la voluntad de Dios, y El no puede evitar responderlas. Veamos la llave de la oración en algunos ejemplos de las Escrituras.
LA ORACION DE ABRAHAM POR SODOMA
Cuando Dios le comunicó a Abraham que estaba a punto de ejecutar Su juicio sobre Sodoma y Gomorra, por la maldad de dichas ciudades, Abraham esperó delante de El. Luego comenzó a orar por Sodoma. El no se limitó a decir: “¡Oh Dios, ten misericordia de Sodoma y de Gomorra!” Tampoco le suplicó a Dios con gran vehemencia, diciendo: “¡Prohibe que Sodoma y Gomorra sean destruidas!” Abraham se aferraba al hecho de que Dios es un Dios justo (Gn. 18:25); ésa era la llave de su oración. En profunda humildad y con gran sinceridad, procedió a hacerle una serie de preguntas a Dios. Sus preguntas fueron sus oraciones. A medida que oraba, permaneció firme sobre la base de la justicia de Dios. Finalmente dijo: “No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez” (v. 32). Después de esto, no continuó haciendo más peticiones. Después de que Dios le respondió, se nos dice que “Jehová se fue”. Abraham no trató de aferrarse a Dios ni tampoco insistió con su oración. El regresó a su lugar. Algunos tal vez piensan que Abraham debió haber continuado suplicándole a Dios y que no debió haberse detenido con tan sólo diez justos. Sin embargo, las Escrituras muestran que Abraham conocía a Dios y conocía la llave de la oración. El escuchó al Señor decir: “El clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo ... El clamor ... ha venido hasta mí” (vs. 20-21). Si no hubiesen ni siquiera diez justos en una ciudad, ¿qué clase de ciudad es ésa? El Señor ama la justicia y aborrece la iniquidad (He. 1:9). El no puede encubrir el pecado y abstenerse de ejercer Su juicio. La destrucción de Sodoma y Gomorra era la terrible consecuencia de su pecado y era la manifestación de la justicia de Dios. Cuando Dios destruyó esas ciudades, no cometió ninguna injusticia en contra de ningún hombre justo; El “rescató al justo Lot, oprimido por la conducta licenciosa de los inicuos” (2 P. 2:7). La oración de Abraham fue concisa y recibió respuesta. No hubo injusticia en Dios. El no hizo morir al justo con el impío (Gn. 18:25). Nosotros lo adoramos y lo alabamos por esto.
LA CONSULTA DE DAVID CON RESPECTO A LOS TRES AÑOS DE HAMBRE
LAS ORACIONES DEL SEÑOR JESUS
Esa noche en el huerto de Getsemaní nuestro Señor Jesús estaba triste hasta la muerte. ¿Cómo oró en tales circunstancias? Dijo: “Padre Mío, si es posible, pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú” (Mt. 26:39). El poseía la llave de la oración. No le temía a la muerte, y aunque tenía libertad de hacer Su propia voluntad, escogió no hacer su propia voluntad; El prefirió hacer la voluntad de Su Padre. Así que oró por segunda vez: “Padre mío, si no puede pasar de Mí esta copa sin que Yo la beba, hágase Tu voluntad” (v. 42). Luego oró por tercera vez diciendo las mismas palabras (v. 44). Cuando tuvo la certeza de cuál era la voluntad de Su Padre, dijo a Sus discípulos: “La hora está cerca ... Levantaos, vamos” (vs. 45-46). Si nuestro Señor como un hombre sobre la tierra supo usar muy bien la llave de la oración y se negó a Sí mismo a fin de procurar la voluntad de Dios, ¿cómo podemos nosotros pronunciar negligentemente unas cuantas palabras en oración y pensar que ya podemos discernir la voluntad de Dios?
LA ORACION DE LA MUJER CANANEA
Una vez examinados estos casos relacionados con la oración, tengamos en mente que a medida que oramos, debemos prestar atención a la voz interior y aprender a no ser gobernados por las circunstancias, los pensamientos ni los afectos. Cuando escuchemos esa suave y tierna voz interior que nos dice que oremos, cuando en lo profundo de nuestro ser tenemos el sentir de que debemos orar, entonces debemos hacerlo de inmediato. Las circunstancias sólo deben ser un medio que nos lleve a la presencia de Dios para allí esperar en El; ellas no deben regir nuestra vida, y no debemos permitir que ellas nos impidan orar. Nuestra mente sólo debe servir para organizar nuestro sentir interior, el cual debe ser expresado en palabras; ella no debe ser donde se origine nuestra oración. La oración es la expresión del sentir interior que pasa por la mente, aunque no se inicia allí. La oración conforme a la voluntad de Dios es solamente posible cuando estamos en armonía con Su voluntad. No es el ejercicio de forzar a Dios a que complazca las emociones de los hombres. Si nuestras emociones no son disciplinadas, no podremos orar, ya que nuestras oraciones no podrán hallar salida. Cada vez que estemos bajo el control de nuestras emociones, oraremos de una manera natural, según nuestros propios deseos, y nos será muy difícil orar conforme a la guía interior. Por lo tanto, debemos tocar la llave de la oración. Cada vez que nos encontramos orando de manera ineficaz e infructuosa, debemos primero pedirle al Señor que nos dé Su luz y procurar descubrir cuál es la causa de que no hallemos respuesta. Al consultar con el Señor, llegaremos al punto en que sentiremos que hemos obtenido algo, que en nuestro interior algo se activa, y escucharemos una suave y tierna voz que desde nuestro interior nos dice: “¡Eso es!” Cuando esto suceda, habremos encontrado la llave de la oración. A medida que usamos la llave para continuar orando, podemos tener la certeza de que Dios responderá nuestra oración.
En Isaías 62:6 dice: “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás”. Estos guardas son hombres de oración. Ellos tienen que vigilar permanentemente a fin de ver si algo sucede, y deben gritar cuando algo ocurra. Un hombre de oración debe recordarle los asuntos al Señor continuamente. Esta no es tarea de un individuo ni de unos cuantos; es necesario que un grupo considerable de hombres ore de esta forma. “Todo el día y toda la noche no callarán jamás”. Esta son compañías que velan continuamente; juntos descubren algo, y juntos oran sin cesar a Dios “hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra” (v. 7). Debemos perseverar en oración hasta que el Cuerpo de Cristo sea edificado. Dios necesita nuestras oraciones. El quiere que tengamos un espíritu de oración, un ambiente de oración y la llave de la oración. Hermanos y hermanas, levantémonos de nuestra condición y aprendamos a orar. Busquemos la llave de la oración para que podamos satisfacer la necesidad de Dios hoy.
sábado, 10 de mayo de 2008
Pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y éste crucificado.

por Charles Haddon Spurgeon
"pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y éste crucificado".
(1Co 2:2)
No era de sorprender que cuando se convirtió en un discípulo de este mismo Jesús al que había perseguido, lo hiciera de manera ardiente y pusiera todas sus facultades al servicio de la predicación de Cristo crucificado. Su conversión fue tan notable, tan completa y total, que es natural verlo tan lleno de energía por la verdad como antes había sido su violento enemigo. Un hombre tan íntegro como era el apóstol Pablo, tan completamente capaz de concentrar todas sus fuerzas, tan enteramente entregado a la fe de Jesús, tenía que incorporarse a Su causa con todo su corazón y su alma y su fuerza, dispuesto a no saber de nada más, excepto de su Señor crucificado.
Sin embargo, no piensen que el apóstol era un hombre al que fácilmente absorbía un solo pensamiento. Por encima de la mayoría de los hombres, Pablo era alguien que razonaba, calmado, juicioso, franco y prudente. Veía las implicaciones y las relaciones de las cosas y no daba importancia a los asuntos triviales. Tal vez, aun más allá de lo que fuera perfectamente justificable, llegó a ser todo para todos, para de todos modos salvar a algunos y, por tanto, cualquier resolución que tomara, la tomaba sólo después de consultar con la sabiduría. Pablo no era un fanático del tipo que puede ser comparado a un toro que cierra sus ojos y embiste de frente, sin ver nada de lo que está a su derecha o a su izquierda; él veía con calma, con quietud, todo lo que estaba a su alrededor, y aunque al final se lanzaba en línea recta hacia su objetivo, lo hacía con sus ojos bien abiertos, sabiendo perfectamente que lo que hacía, era lo mejor y lo más sabio en favor de la causa que quería promover.
Si, por ejemplo, en Corinto se hubiera requerido que su ministerio comenzara con la proclamación de la unidad de la Deidad o con la reflexión filosófica acerca de las posibilidades de que Dios se encarnara; si éstos hubieran sido los planes más sabios para dar a conocer el reino del Redentor, Pablo los hubiera adoptado. Pero él los consideró detenidamente, y una vez que los examinó con sumo cuidado, concluyó que nada se podía conseguir con una predicación indirecta, presentando la verdad a medias. Por tanto, decidió proseguir de frente promoviendo el Evangelio mediante la proclamación del Evangelio. Ya fuera que los hombres escucharan o que se abstuvieran de escuchar, resolvió ir al grano de una vez y predicar la cruz en su desnuda simplicidad. En vez de saber muchas cosas que lo podían conducir al tema principal, no quiso saber nada en Corinto, sino a Jesucristo, y a él crucificado.
Pablo pudo haber dicho: "Voy a tantear el terreno y educar a la gente hasta una determinada medida antes de presentar mi tema más importante; descubrir mi verdadera intención desde el principio puede resultar como el despliegue de la red a la vista de los pájaros, lo cual no hace sino ahuyentarlos. Seré precavido y reticente y los llevaré con astucia, atrayéndolos a la búsqueda de la verdad." Pero no fue así: evaluando completamente la situación como un hombre prudente debe hacerlo, llega a esta decisión: que no sabrá nada entre ellos excepto a Jesucristo, y a él crucificado.
Sería muy bueno que la "cultura" de la que escuchamos en estos días y el tan celebrado "pensamiento moderno" llegaran a la misma conclusión. Este teólogo tan renombrado y erudito, después de leer, tomar notas, aprender y asimilar internamente todo como pocos hombres podrían hacerlo, llegó a esto como la esencia de todo: "Me propuse no saber nada entre vosotros, sino a Jesucristo, y a él crucificado."
Quiera Dios que la habilidad crítica de nuestros contemporáneos y sus laboriosas invenciones los lleven a esa misma conclusión, por la bendición del Espíritu Santo.
I. Nuestra primera consideración esta mañana será: ¿CUÁL ERA ESE TEMA QUE PABLO CONSIDERÓ CON EXCLUSIÓN DE TODO LO DEMÁS CUANDO PREDICABA A LA IGLESIA DE CORINTO? Ese tema era uno, aunque muy bien pudiera ser dividido en dos: era la persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo, poniendo especial énfasis en aquella parte de Su obra que siempre se enfrenta a las mayores objeciones, es decir, Su sacrificio sustitutivo, Su muerte redentora. Pablo predicaba a Cristo en todos Sus oficios, pero daba particular importancia a Cristo crucificado.
El apóstol primeramente predicaba sobre la persona de su grandioso maestro, Jesucristo. Cuando Pablo hablaba de Jesús de Nazaret, no había ningún margen de duda. Lo presentaba como un hombre real -y no un fantasma- que fue crucificado, muerto y sepultado, y que resucitó de los muertos con una existencia corporal real. Tampoco había ninguna duda acerca de Su Divinidad. Pablo predicaba a Jesús como el Hijo del Altísimo, como la sabiduría y el poder de Dios, "en el que habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad". Al escuchar a Pablo, no existía ninguna duda que creía tanto en la divinidad como en la humanidad de nuestro Señor Jesucristo, y le rendía culto y lo adoraba como al Dios verdadero del Dios verdadero. Predicaba Su persona con toda claridad de lenguaje y con amor cálido. El Cristo de Dios era todo en todo para Pablo.
El apóstol hablaba igualmente con toda claridad del trabajo del Redentor, poniendo especial énfasis sobre Su muerte. "¡Horrible" -decía el judío-, "cómo puedes presumir acerca de un hombre que murió como un criminal y era maldito ya que fue colgado de un madero!" "¡Ah" -decía el griego- "no queremos saber más de un Dios que murió! Ya deja de hablar acerca de la resurrección. Nunca vamos a creer en semejante locura."
Sin embargo, Pablo no hizo de lado estas cosas diciendo "Señores, comenzaré por contarles la vida de Cristo y la excelencia de su ejemplo y mediante esto espero convencerlos de que había algo de divino en Él, para posteriormente concluir que hizo una expiación por el pecado." Todo lo contrario, empezaba con Su bendita persona y claramente lo describía según había sido enseñado por el Espíritu Santo, y en cuanto a la crucifixión, la ponía en primer plano, dándole el lugar de prominencia. No decía: "Bien, por lo pronto no tocaremos el tema de su muerte" o "Lo consideraremos desde la perspectiva de un martirio mediante el cual Él ratificó su testimonio", sino que se gloriaba en el Redentor crucificado, el Cristo muerto y sepultado, el Cristo que cargó con los pecados, el Cristo hecho maldición por nosotros, como está escrito: "Maldito todo el que es colgado en un madero." Éste fue el tema en que se concentró en Corinto: y no tocó ningún otro. Más aún, no solamente decidió limitar su predicación a ese punto, sino que resolvió no saber de ningún otro tema; quería excluir de su mente cualquier otro pensamiento, excepto el de Jesucristo y Él crucificado.
Esto debió de parecer muy poco político. Consúltenlo en una asamblea de sabios según el mundo, y seguramente condenarán este enfoque imprudente; en primer lugar, este tipo de predicación alejaría a todos los judíos. Estando los judíos apegados a las Escrituras del Antiguo Testamento y conociendo las enseñanzas acerca del Mesías y creyendo firmemente en la unidad de la Deidad, ellos habían avanzado un buen trecho hacia la luz, y si Pablo hubiera evitado los puntos de discordia por un poco de tiempo más, ¿no los habría acercado un poco más y así, gradualmente, los conduciría a la cruz? Los sabios habrían señalado la esperanza que había para los israelitas, si se les trataba con discreción, y su consejo habría sido: "No te pedimos que renuncies a tus sentimientos, Pablo, simplemente disfrázalos un poco de tiempo más. No digas lo que no es verdad, pero, a la vez, puedes decir sólo parte de la verdad para no espantar a estos judíos llenos de esperanza."
El apóstol no cedía ante tales políticas; no iba a ganar ni a judíos ni a gentiles diciendo verdades a medias, puesto que sabía que tales convertidos no son verdaderos. Si el hombre que está cerca del reino va a ser ahuyentado del Evangelio al oír la cruda verdad, no es la responsabilidad de Pablo; él sabe que el Evangelio debe de ser a los unos "olor de muerte para muerte", mientras que a los otros "olor de vida para vida" y, por lo tanto, independientemente del resultado, él debía entregar su propia alma: los resultados no le correspondían a él, sino al Señor.
A nosotros nos corresponde decir la verdad con denuedo, y en cada caso seremos olor grato a Dios; pero querer contemporizar esperando obtener conversiones, es hacer un mal para obtener un bien, y esto debe estar fuera de nuestra consideración en todo momento. Otro diría: "Pero Pablo, si tú haces esto, vas a generar oposición. ¿No sabes que el Cristo crucificado es un objeto de escarnio y un reproche para todos los seres pensantes? En Corinto hay un buen número de filósofos y, créeme, harás el ridículo de manera monumental con sólo que abras tu boca para hablar del Crucificado y de Su resurrección. ¿No te acuerdas cómo se burlaron de ti en la Colina de Marte, cuando predicaste sobre ese tema? No los provoques a desprecio. Debate con su gnosticismo y muéstrales que tú también eres un filósofo. Sé todo para todos, sé un intelectual entre los intelectuales y muestra tu retórica entre los oradores. Mediante estas técnicas harás muchas amistades y así gradualmente tu conducta conciliatoria los conducirá a aceptar el Evangelio." El apóstol sacude su cabeza, su pie golpea el suelo y con voz firme declara: "Ya lo he decidido" -dice-, "he llegado a una conclusión, están desperdiciando sus comentarios y su consejo en lo que a mí concierne; he decidido no saber nada en medio de los corintios sin importar cuán cultos sean los que son gentiles allí o cuánto amen la retórica; sólo quiero saber de Jesucristo, y él crucificado." Ésa es la posición de Pablo.
Es muy importante observar adicionalmente que el apóstol estaba convencido que su tema iba a atraer de tal manera a sus oyentes, que no necesitaba recurrir a la excelencia de palabras para presentarlo ni adornarlo con sabiduría humana. Tal vez han escuchado ustedes del famoso pintor que pintó al rey Jaime I. Lo representó sentado bajo una enramada con todas las flores de la estación a su alrededor y nadie prestó la menor atención al semblante del rey, puesto que todas las miradas eran cautivadas por la belleza de las flores. Pablo resolvió no tener flores a su alrededor, sino que el cuadro que él iba a dibujar debía ser de Cristo crucificado sin adornos y la doctrina de la cruz, con la exclusión de cualquier flor que proviniera de poetas o de filósofos.
Algunos de nosotros debemos ser discretos acerca de nuestra resolución de evitar un lenguaje florido, ya que podemos ser muy poco dotados al respecto; pero el apóstol era un hombre de poderes naturales sutiles y de amplios logros, un hombre al que no podrían despreciar los críticos de Corinto. Sin embargo, Pablo se despojó de todo ornamento para dar paso a la belleza sin adornos de la cruz.
De la misma manera que él no agregaría flores, tampoco iba a ennegrecer la cruz con humo: pues hay una forma de predicar el Evangelio que lo asfixia en el misterio y la duda, de tal manera que los hombres no pueden entenderlo. Un grupo numeroso de personas está siempre calentando y removiendo un gigantesco caldero filosófico, humeante con un denso vapor, que oculta a la cruz de Cristo de la manera más horrible. ¡Ay de aquella sabiduría que oculta la sabiduría de Dios! Es la forma más culpable de locura. Algunas personas predican a Cristo de la misma manera que es representado, a veces, un buque de guerra en alguna pintura. El pintor ha plasmado únicamente el humo de tal forma que te preguntas: "¿Y dónde está el barco?" Pues bien, si revisas con detenimiento, puedes eventualmente discernir un fragmento de la parte superior de uno de los mástiles y, tal vez, una porción de su estructura; el barco estaba allí, indudablemente, pero el humo lo ocultaba.
De la misma manera Cristo puede estar en la predicación de algunos hombres, pero esta predicación se encuentra rodeada de tanta nube de pensamiento, de tan densa cortina de profundidad, de tan horrible ropaje de filosofía, que te impiden ver al Señor. Pablo pintaba bajo un limpio cielo. No quería utilizar ninguna oscuridad ilustrada; decidió abandonar cualquier técnica de la oratoria cuando hablaba; no pensar con la profundidad que presumen los filósofos, sino sólo saber de Jesucristo, y él crucificado, y presentarlo en Su propia belleza natural, sin adornos. Prescindió de todo elemento accesorio que tendiera a distraer el ojo de la mente del punto más importante: Cristo crucificado.
"Un experimento imprudente", diría alguien. ¡Ah!, hermanos, es el experimento de la fe, y la fe es justificada por sus hijos. Si confiamos en el simple poder de persuasión, confiamos en lo que es nacido de la carne; si dependemos del poder de la argumentación lógica, entonces nuevamente confiamos en lo que es nacido de la razón del hombre; si confiamos en las expresiones poéticas y en los atractivos giros del lenguaje, estamos buscando medios carnales; pero si descansamos en la omnipotencia desnuda de un Salvador crucificado, en el poder innato de la maravillosa obra de amor que fue consumada sobre el Calvario, y creemos que el Espíritu de Dios hará de esta obra el instrumento de la conversión de los hombres, el experimento no puede terminar en el fracaso.
¡Oh, queridos hermanos, qué tarea debe haber sido esta para Pablo! Él no era como algunos de nosotros, que ni estamos familiarizados con la filosofía ni somos capaces en la oratoria. Él dominaba ambos campos de tal manera que seguramente necesitaba controlarse continuamente.
Así les he mostrado cuál era su tema. II. Ahora, en segundo lugar, AUNQUE PABLO CONCENTRABA SUS ENERGÍAS EN UN PUNTO DE SU TESTIMONIO, ESTO ERA MÁS QUE SUFICIENTE PARA SU PROPÓSITO. Si la meta del apóstol hubiese sido halagar a un auditorio inteligente, el tema de Cristo y Él crucificado no lo habría logrado. Si de igual manera Pablo hubiera querido mostrarse como un sabio maestro, naturalmente habría buscado un tema nuevo, algo un poco más deslumbrante que la persona y la obra del Redentor. Y si Pablo hubiera deseado (como me temo que algunos de mis hermanos lo desean) reunir a un grupo de mentes altamente independientes, que es una manera elegante de describir a los libre-pensadores; reunir, digo, en un grupo a una selecta iglesia de hombres de cultura y de intelecto, que generalmente quiere decir un club de hombres que desprecian el Evangelio, ciertamente no se hubiera ceñido a predicar a Jesucristo y Él crucificado.
Esta clase de hombres le negaría toda esperanza de éxito con un tema como ése. Ellos le asegurarían que una predicación de ese tipo sólo le permitiría atraer a la clase más pobre y menos educada, a las sirvientas y a las ancianas; pero Pablo no se habría desconcertado con tales observaciones, puesto que él amaba las almas de los más pobres y de los más débiles, y, además, él sabía que lo que había ejercido poder sobre su mente educada podía con toda certeza ejercer poder también sobre otras personas inteligentes, y así se apegó a la doctrina de la cruz, con la fe que tenía en el instrumento que podría lograr de manera efectiva su único designio con toda clase de hombres.
Hermanos, ¿qué era lo que Pablo deseaba hacer? Ante todo, Pablo deseaba despertar en los pecadores la conciencia del pecado. Y lo que logra esto de manera perfecta es la doctrina que el pecado fue llevado por Cristo y fue la causa de Su muerte. El pecador, iluminado por el Espíritu Santo, ve de inmediato que el pecado no es algo insignificante, que no puede ser perdonado sin una expiación, que conlleva un castigo que debe ser aplicado al pecador. Cuando el culpable ha visto al Hijo de Dios sangrar hasta Su muerte en medio de dolores indecibles a consecuencia del pecado, ha aprendido entonces que el pecado es una carga enorme y aplastante. Si el mismo Hijo de Dios clama bajo su peso, si Su agonía de muerte rasga los cielos y sacude la tierra, ¡qué terrible mal debe de ser el pecado! ¿Qué efecto tendrá sobre mi alma si en mi propia persona estoy condenado a llevar sus consecuencias? Así argumenta de manera correcta el pecador y así es llevado a la conciencia de su culpa.
Pero Pablo también quería despertar en las mentes de los culpables esa humilde esperanza que constituye el grandioso instrumento que lleva a los hombres a Jesús. Deseaba llevarlos a la esperanza de que se puede otorgar el perdón de manera consistente con la justicia. Oh, hermanos, Cristo crucificado es el único rayo de luz que puede penetrar la densa oscuridad de la desesperación, llevando el corazón arrepentido a esperar el perdón del justo Juez. ¿Acaso puede dudar el pecador que ha visto a Jesús crucificado? Cuando entiende que hay un perdón para cada transgresión, albergado en las heridas sangrantes de Jesús, ¿no se enciende de inmediato en su pecho la mejor clase de esperanza y es conducido a exclamar: "Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado"?
Pablo anhelaba mucho llevar a los hombres a una fe real en Jesucristo. Pero la fe en Jesucristo sólo puede darse por medio de la predicación de Jesucristo. La fe viene por el oír, pero ese oír tiene que ser en relación con el tema sobre el que descansa la fe. ¿Quieres tener creyentes en Cristo? Predica a Cristo. Las cosas de Cristo, aplicadas por el Espíritu, conducen a los hombres a poner su confianza en Cristo. Y eso no era todo. Pablo quería que los hombres abandonaran sus pecados, y ¿qué los podía llevar a odiar el mal de tal manera sino ver los sufrimientos de Jesús a causa de los pecados?
Nosotros conocemos el poder del sangrante Salvador que nos hace querer vengarnos del pecado. ¿Cuánta indignación, cuánto examen de conciencia, cuánta firme determinación, cuánto remordimiento amargo, cuánto arrepentimiento profundo no hemos sentido cuando hemos comprendido que nuestros pecados se convirtieron en los clavos, el martillo, la lanza, sí, los verdugos del Bienamado?
Y Pablo anhelaba formar en Corinto una iglesia de hombres consagrados, llenos de amor, conocedores de la abnegación, una nación santa, celosos en la realización de buenas obras. Y permítanme preguntarles, ¿qué más se le puede predicar a alguien para promover su santificación y su consagración, fuera de Jesucristo, quien nos ha redimido y así nos ha hecho siervos Suyos para siempre? ¿Qué argumento es más fuerte que el hecho de que no nos pertenecemos a nosotros mismos, puesto que hemos sido comprados por un precio?
Afirmo que Pablo tenía en Cristo crucificado el tema que correspondía a su objetivo; un tema que respondería al caso particular de cualquier hombre sin importar su nivel de degradación o su grado de cultura, y un tema que sería muy útil para los hombres en las primeras horas después de su nuevo nacimiento, e igualmente útil para cuando estuviesen listos a participar de la herencia de los santos en la luz. Pablo tenía el tema para hoy y mañana, y un tema para el siguiente año, pues Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Tenía en Jesús crucificado el tema adecuado tanto para el palacio del príncipe como para la choza del campesino, el tema para la plaza pública y para la academia, para el templo pagano y para la sinagoga.
Adondequiera que Pablo fuera, Cristo sería la sabiduría de Dios y el poder de Dios tanto para el judío como para el gentil, y esto, no sólo como una benéfica influencia, sino para la salvación definitiva de todo aquel que cree.
III. Pero debo proseguir al tercer comentario, que EL APÓSTOL NO PODRÍA CAUSAR DAÑO A NADIE AL LIMITARSE A EXPONER ESTE TEMA. Ustedes saben, hermanos, que cuando alguien se encasilla en un solo tema se vuelve muy fuerte en eso, pero se torna muy débil en otras áreas, de tal forma que el hombre de un solo pensamiento es descrito generalmente según el dicho: 'cada loco con su tema'. Pues bien, éste era el tema favorito de Pablo, pero era el tipo de tema en el que un hombre se puede concentrar sin lesionarse a sí mismo o a su vecino: seguirá siendo un hombre íntegro y completo, aunque se someta de manera total y única a este tema.
Pero déjenme decirles que Cristo crucificado es el único tema con esta característica. Permítanme mostrarles que esto es así. Ustedes conocen a una clase de ministros que predican doctrina y únicamente doctrina. Su modo de predicar se parece al conteo de los dedos de una mano: "uno, dos, tres, cuatro, cinco", y para variar: "cinco, cuatro, tres, dos, uno", siempre un conjunto de verdades determinadas y nada más. ¿Cuál es el impacto de este ministerio? Pues es, generalmente, formar una generación de hombres que piensan que lo saben todo, pero que en realidad saben muy poco: muy decididos y esto es positivo; pero muy estrechos, muy limitados, muy intolerantes, lo cual es negativo. No puedes predicar únicamente doctrina sin que tu mente se contraiga y contraigas la mente de tus oyentes.
Hay otros que predican experiencia únicamente. Son muy buenas personas; no los estoy condenando como tampoco a sus amigos, los predicadores doctrinales, aunque ellos también pueden causar daño. Algunos de ellos tocan únicamente las notas sombrías de la experiencia, diciéndonos que nadie puede ser un hijo de Dios, a menos que esté consciente del horrible carácter de su pecado innato, y gima cada día bajo el peso que le oprime. Hace algunos años escuchábamos bastante acerca de estas notas sombrías, aunque ahora hay menos abundancia de ellas. ¿Me equivoco al afirmar que esta enseñanza forma una raza de hombres que muestran su humildad, juzgando a todos aquellos que no pueden gemir de una manera tan grave como ellos?
Una nueva clase se ha levantado recientemente que predica acerca de la experiencia, pero su entonación se da en las notas altas de la escala. Ellos flotan muy arriba, pienso, al estilo de los globos. Sólo reconocen el lado brillante de la experiencia, sin querer enfrentar el lado oscuro y la muerte. Para ellos no existe la noche; elevan sus cantos en días de perpetuo verano. Han conquistado el pecado y se han ignorado a sí mismos. Bueno, eso afirman ellos, aunque nosotros no nos hubiéramos dado cuenta si no nos lo hubiesen dicho; al contrario, nos hubiéramos imaginado que tenían una muy enriquecida idea acerca de ellos mismos y de sus logros.
Espero equivocarme, pero nos ha parecido a algunos de nosotros, en recientes fechas, que el ego ha crecido de manera descomunal en algunos de nuestros hermanos; ciertamente sus prácticas y su predicación consisten en gran medida en declaraciones verdaderamente maravillosas acerca de su propia condición admirable. Me encantaría saber acerca de su progreso en la gracia, si acaso éste es real; pero yo quisiera verificar esto personalmente o comprobarlo por medio de terceros, puesto que hay un inspirado proverbio que dice: "Deja que otros te alaben, mas no tus propios labios."
En lo que a mí respecta, si alguien considerara adecuado alabarme, preferiría que guardara su lengua, porque el engrandecimiento de los hombres no es un buen negocio. Únicamente el Señor debe ser engrandecido. Me parece que es claro que se originan graves fallas en el hecho de predicar una vida interior, en lugar de predicar a Cristo, que es la vida misma.
Otra clase de ministros han predicado casi sólo sobre preceptos. Necesitamos a estos hombres como también necesitamos a los otros; todos son útiles y funcionan como antídoto los unos contra los otros, pero sus ministerios son incompletos. Si escuchan predicaciones acerca de deberes y mandamientos, está muy bien, pero si ése es el único tema, la enseñanza se torna legalista a la larga; y en poco tiempo el verdadero Evangelio que tiene el poder de hacernos cumplir el precepto, es desplazado a un segundo plano, y ni el precepto puede ser cumplido después de todo. Tienen que hacer esto, tienen que hacer aquello, tienen que hacer lo de más allá y terminan por no hacer nada. Si un hermano pretendiese predicar sobre ordenanzas únicamente, como aquellos que siempre están ensalzando lo que se conoce como los santos sacramentos -bien, ustedes saben hacia dónde va esa enseñanza-, se encamina hacia el sureste, y su línea favorita atraviesa la ciudad de Roma.
Más aún, querido hermano, aun si predicas a Jesucristo únicamente, te debes concentrar en el punto en que se concentró Pablo, esto es, "él crucificado", ya que no lo debes ver bajo ningún otro aspecto exclusivamente. Por ejemplo, la predicación de la segunda venida, que en su lugar y proporción, es admirable, ha sido tomada fuera de su lugar por algunos, y se ha convertido en el fin último y en el todo de su ministerio. Eso, ustedes lo pueden ver, no es lo que Pablo había elegido, y no es una selección segura. En muchos casos, el más flagrante fanatismo ha sido el resultado de concentrarse exclusivamente en la profecía, y probablemente más hombres han enloquecido a causa de ese tema, que a causa de cualquier otra cuestión religiosa. Yo no sabría si alguien puede volverse fanático acerca de Cristo crucificado, pero nunca he escuchado nada al respecto. Si un hombre puede volverse loco por su amor hacia el Redentor crucificado, no lo sé, nunca me he encontrado con un caso así. Pero si yo me volviera loco, me gustaría que fuera por esa causa, y me gustaría transmitir esa locura a muchos, puesto que es el tema ideal para perder la razón: ser irrazonablemente absorbido en Cristo crucificado, perder el sentido por la fe en Jesús. La realidad es que no puede afectar la mente, es una doctrina que puede ser escuchada eternamente, y siempre tendrá frescura, será nueva y adecuada para nuestra total humanidad.
Digo que la adhesión a esta doctrina no puede causar ningún daño, y la razón es ésta: contiene todo lo que es vital en sí misma. Si te mantienes en el límite de Cristo y Él crucificado, habrás presentado a los hombres todo lo esencial para esta vida y para la venidera; les habrás dado la raíz de la cual puede brotar tanto la rama como la flor, y el fruto del pensamiento santo y la palabra y la obra. Basta que un hombre conozca a Cristo crucificado y conocerá a Quien es la fuente de vida eterna. Éste es un tema que no despierta una parte del hombre, mientras la otra parte permanece dormida; no estimula su imaginación y deja sin ninguna enseñanza a su juicio; no alimenta el intelecto y mata de hambre el corazón. No hay ninguna facultad de nuestro ser que no sea afectada permanentemente por Cristo crucificado. La humanidad perfecta de Cristo crucificado afecta la mente, el corazón, la memoria, la imaginación, el pensamiento, todo. Así como en la leche se encuentran todos los ingredientes necesarios para la vida, así en Cristo crucificado se encuentra todo lo que necesitamos para el sustento de nuestra alma. Así como la mano del músico principal de David tocaba cada una de las diez cuerdas de su arpa, así Jesús extrae una dulce música de toda nuestra humanidad.
En relación con predicar a Cristo exclusivamente, también debemos agregar que esta predicación nunca despertará rencores. Nunca saturará las mentes de los hombres con preguntas y contiendas, a diferencia de esos temas sutiles que prefieren tratar algunos hombres.
Cuando algunos temas son decididos por mi opinión y por tu opinión, y por la opinión de un tercero e incluso de un cuarto individuos, seguramente se va generar una contienda; pero el que se mantiene al pie de la cruz de Cristo, y se acoge a ella, está precisamente donde puede abrazar a toda la hermandad de verdaderos cristianos, puesto que todos estamos perfectamente unidos en una sola mente y en una sola opinión allí. No cabe gloriarse de la opinión del hombre en la cruz. "Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cristo", vienen por no apegarse a Jesús crucificado; pero si nos apegamos a la cruz como pecadores culpables que necesitan ser limpiados por medio de la sangre preciosa, y que encuentran toda su salvación en ese lugar, entonces no tendremos el tiempo para erigirnos como líderes religiosos y para causar divisiones en la iglesia de Cristo. ¿Ha existido alguna secta en la cristiandad generada por la predicación de Cristo crucificado? No, mis hermanos, las sectas son creadas por la predicación de algo muy por encima de esto, pero esto es el alma y la esencia del cristianismo, y por consiguiente, el vínculo perfecto de amor que mantiene a los cristianos unidos.
IV. No diré nada más, pero pasaré a mi última reflexión, que es ésta: Debido a que Pablo hizo de éste su único tema cuando estaba en Corinto, y no hizo ningún daño a nadie con este único tema, cosa que no podemos afirmar de ningún otro tema, LES RECOMIENDO QUE TODOS NOSOTROS HAGAMOS DE ESTE TEMA EL CENTRO DE NUESTROS PENSAMIENTOS, DE NUESTRA PREDICACIÓN Y DE NUESTROS ESFUERZOS.
Hombres y mujeres inconversos, a ustedes me dirijo en primer lugar. No tengo nada más que predicar para ustedes que a Jesucristo y a Él crucificado. Pablo sabía que había grandes pecadores en Corinto, ya que era costumbre en el mundo de entonces llamar a un hombre licencioso, 'un corintio'. Ellos eran un pueblo que llevaban la depravación y la lascivia a sus máximos excesos posibles, y, sin embargo, en medio de ellos, Pablo no sabía de nada excepto de Cristo y Él crucificado, ya que todo lo que el pecador más grande puede necesitar se encuentra allí.
No tienes nada en ti, pecador, y no tienes necesidad de nada que le lleves a Jesús. Me dices que no sabes nada acerca de las profundas doctrinas del Evangelio: no las necesitas conocer al momento de venir a Cristo. La única cosa que debes conocer es ésta: que Jesucristo, el Hijo de Dios, vino al mundo para salvar a los pecadores y cualquiera que crea en Él no perecerá, sino que vivirá eternamente. Me dará mucho gusto que recibas instrucción en la fe posteriormente, y que conozcas las alturas y las profundidades de ese amor que sobrepasa todo conocimiento, pero en este momento lo único que necesitas conocer es a Jesucristo crucificado, y si nunca pasas de allí, si tu mente es de una naturaleza tan débil que nunca puedas entender nada de mayor profundidad que esto, yo, por lo menos, no sentiré ninguna preocupación, ya que habrás encontrado lo que te librará del poder y del castigo del pecado, y lo que te llevará al cielo para estar donde ese mismo Jesús que fue crucificado se sienta en el trono a la diestra de Dios.
¡Oh, querido corazón abrumado por la pena, si quieres encontrar alivio, podrás hacerlo en sus heridas! Si quieres encontrar descanso, tienes que encontrarlo en las heridas de sus manos. Si quieres escuchar tu absolución, tiene que provenir de los mismos labios que pronunciaron dulcemente: "Consumado es". Dios quiera que no sepamos nada en medio de los pecadores excepto Cristo y él crucificado. Mírenlo a Él, y únicamente a Él y encontrarán el descanso para sus almas.
En cuanto a ustedes, mis hermanos y hermanas, que conocen a Cristo, tengo esto que decirles: mantengan esto a la vanguardia, y ninguna otra cosa sino sólo esto, porque es contra esto que el enemigo se enfurece. La parte de la línea de batalla que es atacada más fieramente por el enemigo, es ciertamente la más estratégica. Los hombres odian a aquellos a quienes temen. El antagonismo de los enemigos del Evangelio es principalmente contra la cruz. Desde el principio fue así. Ellos gritaban: "Que descienda ahora de la cruz para que veamos y creamos." Escribirán para nuestro beneficio bellas vidas de Cristo y nos dirán que fue un hombre excelente y darán a nuestro Señor el homenaje que sus labios de Judas pueden otorgarle; se referirán también a Su sermón del monte y dirán qué profundidad de percepción tuvo del corazón humano y nos dirán que enseñaba un espléndido código moral, y así sucesivamente. Dirán: "Seremos cristianos pero rechazamos totalmente el dogma de la expiación."
Nuestra respuesta es que nos importa un bledo lo que tengan que decir acerca de nuestro Señor si niegan Su sacrificio sustitutivo. Si le dan vino o vinagre, no es un tema relevante en tanto que rechacen lo que nos dice el Crucificado.
Las alabanzas de los incrédulos nos dan asco; ¿quién quiere escuchar las alabanzas a Dios provenientes de labios contaminados? Esas palabras dulzonas son muy semejantes a aquellas que salieron de la boca del diablo cuando dijo: "Yo sé quién eres: ¡el Santo de Dios!" Jesús le reprendió diciendo: "¡Cállate y sal de él!" De la misma manera queremos decirles a los incrédulos que exaltan la vida de Cristo: ¡Cállate! Conocemos tu enemistad, aunque la disfraces como quieras. O Jesús es el Salvador de los hombres o no es nada; si no aceptan a Cristo crucificado, no lo pueden aceptar de ninguna otra manera.
Mis hermanos en Jesús, los invito a gloriarnos en la sangre de Jesús; hagan que sea manifiesta como si hubiese sido rociada en el dintel y en los dos postes laterales de nuestras puertas y dejemos que el mundo sepa que la redención por medio de la sangre está escrita en las más íntimas partes de las tablas de nuestros corazones. Hermanos, éste es el punto de prueba de cada maestro. Cuando un pescado se descompone, comienza a apestar por la cabeza, según dicen, y ciertamente cuando un predicador se vuelve un hereje, siempre es en relación con Cristo. Si no entiende con claridad a Jesús crucificado -y escuchas uno de sus sermones-, ésa es tu mala suerte; pero si regresaras para escucharlo de nuevo y oyeras un sermón igual al primero, entonces ésa sería culpa tuya: si fueras por tercera vez, habrías cometido un crimen. Si algún hombre tiene dudas acerca de Cristo crucificado, que recuerde los versos de Hart, porque dicen la verdad:
"No puedes tener razón en todo lo demás,a menos que pienses la verdad acerca de Él."
No quiero examinar a los hombres en relación con las doctrinas de la Confesión de Fe de Westminster. Yo comienzo aquí: "¿Qué piensas tú de Cristo?" Si no puedes contestar esa pregunta, anda y publica tus puntos de vista donde quieras, pero tú y yo estamos tan separados como lo están los polos, y no deseo tener ninguna comunión contigo. Debemos de hablar muy claramente aquí.
Es "Cristo crucificado" lo que Dios bendice para conversión. Dios bendijo a William Huntingdon para convertir almas por su medio: estoy seguro de eso, aunque no soy un partidario de Huntingdon. Dios bendijo a John Wesley para convertir almas por su medio: también me queda muy claro eso, aunque no soy un partidario de Wesley. Dios bendijo a ambos en tanto dieron testimonio de Cristo; y encontrarán que en la proporción que la expiación de Cristo esté presente en un sermón, es la sangre vital de ese sermón, y eso es lo que Dios santifica para la conversión de los hijos de los hombres. Por tanto, ten el tema siempre en un lugar muy prominente.
Y ahora les pregunto, hermanos míos, una cosa más: ¿No es acaso Cristo y Él crucificado la cosa por la que debemos vivir y por la que debemos morir? Los hombres del mundo pueden vivir para sus vanidades; pueden sentir mucho gozo bajo sus respectivas calabaceras, como la de Jonás, mientras les duren; pero cuando un hombre tiene depresión de espíritu y es torturado en su cuerpo, ¿adónde puede mirar? Si es un cristiano, ¿en dónde puede refugiarse? ¡En dónde más sino en Cristo crucificado! Cuán a menudo he sentido mucho gozo al arrastrarme para entrar al templo y ponerme en los zapatos del pobre publicano y decir: "Dios, sé propicio a mí, que soy pecador", mirando únicamente a ese propiciatorio rociado con la preciosa sangre de Jesús. Esto es lo que servirá a la hora de la muerte.
No creo que a la hora de nuestra muerte busquemos el consuelo de nuestras peculiares iglesias; ni vamos a morir aferrados a las puras ordenanzas o a las doctrinas, en medio de los estertores de la muerte. Nuestra alma debe de vivir y morir por Jesús crucificado. Miren a todos los santos al momento de su muerte, y verán que regresan al gran sacrificio del Calvario. Ellos creían en una gran variedad de cosas; algunos de ellos se apoyaban en muchas muletas y caprichos y rarezas, pero el punto principal prevalece a la hora de la muerte. "Jesús murió por mí, Jesús murió por mí", todos llegan a eso.
Bien, ¿no te parecería bueno ir desde el principio al punto al que han llegado ellos al final? Y si ese punto es la base de todo, y ciertamente lo es, ¿no sería adecuado que nos apegáramos a él? Mientras algunos se glorían en esto y otros se glorían en aquello, y algunos tienen una forma de culto, y otros, otra forma, nosotros digamos: "Pero lejos esté de mí el gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien el mundo me ha sido crucificado a mí y yo al mundo."
Hermanos, les recomiendo que hagan cada vez más prominente la cruz de Cristo, porque es lo que nos dará más cohesión y nos mantendrá en una bendita unidad. No todos podemos entender esas verdades sutiles que dependen tanto de bonitas variaciones y esas sutilezas de significado en el griego que sólo los críticos pueden descubrir. Si buscas estas bellezas, hermano, entonces debes de olvidarte de muchos de nosotros, pobres tontos, porque no podemos correr tras ellas y sólo nos confundirás. Sé que tienes ese delicado concepto bellamente fijado en tu mente y lo tienes en muy alta estima, y no me sorprende, ya que te ha costado mucha reflexión y muestra tu poder de discernimiento. Al mismo tiempo, ¿no crees que debes de bajar al nivel de algunos de nosotros, que nunca podremos alcanzar esos temas intrincados mientras vivamos? Algunos de nuestros cerebros son ordinarios. Tenemos que ganar nuestro pan y relacionarnos con gente ordinaria; sabemos que dos por dos hacen cuatro; pero no estamos familiarizados con los principios tan escondidos y ocultos en la alta filosofía a la que ustedes han subido. Yo no sé mucho de eso, yo no me remonto a esas alturas y nunca subiré allí con ustedes. Por lo tanto, ¿no sería mejor por la unidad de la fe que dejaran estos temas de lado, que practicaran más la amistad en casa, que mostraran más amor hacia sus colegas cristianos y que se aplicaran un poco más hacia los deberes de naturaleza más común? Sólo les haría un gran bien, y haría un poco más visible su humildad, si se quedaran allá abajo con Jesucristo y él crucificado.
Personalmente puedo saber muchas cosas; especialmente yo podría hacerlo, ya que todo mundo trata de enseñarme algo. Recibo carretadas de consejos: uno me jala de esta oreja y el otro me jala de la otra. Bien, yo podría saber mucho, pero me doy cuenta de que tendría que dejar a algunos de ustedes atrás si quisiera ir tras esas cosas, y los amo demasiado para hacer eso. Tengo la determinación de no saber nada entre ustedes excepto a Jesucristo y Él crucificado. A cualquier hombre que se sujete a eso le diré: "Dame tu mano, mi hermano, Jesús la lavó con Su sangre de la misma manera que lavó la mía. Ven, hermano, y miremos juntos a la misma cruz. ¿Qué piensas de ella? Hay una lágrima en tu ojo, y hay una lágrima en el mío, pero nuestros rostros se sonrojan de gozo a causa del profundo amor que clavó a Jesús allí. ¿Qué haremos con esta cruz frente a nosotros?"
Mi hermano dice: "Yo me iré a ganar almas." Le respondo: "yo también." Mi hermano dice: "Yo tengo una forma de hablar", y yo le contesto: "Yo tengo otra manera, pues nuestros dones son diferentes, pero nunca chocaremos, ya que servimos a un solo Señor y a un solo Dios, y no seremos divididos, ni en este mundo presente ni en el venidero." Dejen que Apolo diga lo que quiera, o Pablo o Pedro, y aprenderemos de todos ellos; nos dará mucho gusto hacerlo. Pero, de todos modos, no nos moveremos de la cruz, sino que estaremos muy firmes allí, ya que Jesús es el primero y el último, el Alfa y la Omega. Amén.