domingo, 23 de enero de 2011

La Puerta estrecha y el Camino angosto



Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. (Mat 7:13-14)

La puerta estrecha y el camino angosto, es algo que hoy muchos predicadores han olvidado; Jesús nos enseñó que la puerta es estrecha y angosto el camino que lleva a la vida. Muchos enseñan un evangelio de la puerta ancha, y un camino espacioso; pero que sólo te lleva a perdición; y no lo digo yo, lo dice Jesús, el Señor.

¿Y que es realmente lo que nos quiere decir y enseñar nuestro Maestro con estas palabras?

Hoy hay muchas puertas anchas que te prometen éxito, gloria, riqueza, felicidad, etc. Muchas puertas que te prometen un futuro en este mundo. ¿Y a donde, al final de la carrera te conducen? Ya lo sabemos, vanidad de vanidades; nada nuevo bajo el sol. Hay sólo una puerta que es muy estrecha, y que son pocos los que la hayan, y es por esa puerta que debemos entrar, y nos lleva a la vida.

¿Y cómo la hayamos?

La hayamos oyendo a quien dijo:

YO SOY la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Juan 10:9)

Jesús dijo “Yo Soy”; y agregó “la puerta”; es en Cristo Jesús que tenemos entrada al camino que nos conduce a la vida, al camino angosto al Padre de gloria.

¿Y cuál es ese camino?

Lo hayamos nuevamente oyendo a quien dijo:

Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Nuevamente vemos, Jesús dijo “yo Soy”; y agregó “el camino”.

No hay otro camino a la vida que no sea el Hijo de Dios, y no hay forma de entrar a este camino, sino es por Jesucristo mismo. Ahora sabemos que la puerta y el camino, es Jesús el Cristo.

Sabemos entonces que angosta es la puerta que te conduce al camino estrecho; el camino que es Cristo, y la puerta que es Cristo; ahora entendemos que entramos al camino de la vida, por la puerta de la vida; y una vez en el camino, nuestra labor en permanecer en El Camino; es decir, permanecer EN CRISTO, el camino al Padre, y no en el camino ancho de la carne.

Es una puerta angosta para la carne, que no la puede traspasar, y es un camino angosto para la carne, que no lo puede recorrer. Es imposible para la carne, poder entrar por esa puerta; y es imposible para la carne el poder recorrer ese camino. Ya que este camino lo recorremos tomando la cruz cada día, es decir, dejando la carne clavada en el madero. Vale decir, ya no siendo guiados por la carne; sino por su Santo Espíritu. Oyendo y creyendo a su Espíritu, obedeciendo a la fe; es IMPOSIBLE para la carne entrar y avanzar; pero lo que es IMPOSIBLE para el hombre, para Dios es POSIBLE; y nada nos será imposible; si le creemos. Recuerden que al que cree, nada le es imposible.

En la carne es muy angosto, en Cristo es muy espacioso; es decir, para quienes son guiados por su Espíritu. Porque la carne no puede ni quiere agradar a Dios; pero los que son guiados por su Espíritu, son sus hijos. Y él que no tiene su Espíritu de Cristo, no es de él.

Obedezcamos pues, al Espíritu del Señor; y despojémonos de viejo hombre con sus pasiones y deseos del error; quien fue con Cristo juntamente crucificado.

Un abrazo, y corramos por este Camino que tenemos por delante; a la Vida.

jueves, 20 de enero de 2011

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

1. Introducción: Este es uno de los temas más profundos y, a la vez, más "escandalosos" del Evangelio de Juan (Capítulo 6). Veremos el profundo significado y la importancia de beber su sangre y comer su carne que Jesús nos enseño; pero antes una pequeña aclaración:




La tensión entre el Espíritu y la Carne (Juan 6:63): Muchos lectores se confunden cuando Jesús dice "Mi carne es verdadera comida" (v. 55) y luego dice "la carne para nada aprovecha" (v. 63).

  • Crítica: En el texto es vital aclarar que cuando Jesús dice que la carne "no aprovecha", no se refiere a Su carne (su sacrificio), sino a la capacidad humana (la carne como naturaleza caída) para entender las cosas de Dios. Sin esta distinción, podrías pensar que el sacrificio físico de Cristo no fue importante, lo cual sería un error grave.


2. ¿Cuál es el verdadero significado de beber su sangre y comer su cuerpo?

Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre Viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. (Juan 6:53-57)

Somos tan religiosos, que les aseguro que en un culto o misa; nos pueden decir Jesús dijo: “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros”; y muchos dirán amén, sin pensarlo.

Si afirmarán que eso es verdad con un amén; eso está muy bien; pero ¿entendemos lo que realmente significa beber la sangre de Jesucristo y comer su cuerpo?; a mí me parece que muchos se imaginaran que Jesús se refería al pan u ostias por su cuerpo y al vino por su sangre ¿no es verdad?; pero en realidad ustedes que son personas inteligentes, ¿creen realmente que Dios les dará vida a las personas que comen pan u ostias y toman vino en un rito? No digo que no se deba hacer, pero mi pregunta va más allá. ¿Acaso Dios tiene favoritismos por aquellos que practican ritos en su Nombre? ¿O no será que nos quiere enseñar algo más allá de los rituales que hoy conocemos como las misas y cenas del Señor?

A mi me parece que muchos dirán amen hermano, cuando decimos que Jesús dijo “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros”; pero en verdad no entienden que están afirmando, y sólo lo dicen en forma automática porque es algo que siempre lo han escuchado y hecho, y por lo tanto, después de tanta repetición saben que es así, pero en realidad, ni idea tienen de lo que significa realmente comerlo y beberlo; que es lo más importante. Bueno lo más importante es que lo  entendamos bien, esa es la diferencia entre él que da frutos y él que se queda estéril sin frutos, sólo repitiendo tradiciones, aunque muy Bíblicas por cierto.

Vamos derecho al asunto:

¿Cómo bebemos su sangre? CREYÉNDOLE.

¿Cómo comemos su carne? SIGUIÉNDOLO, es decir, OBEDECIÉNDOLE.

¿Y por qué lo digo?

Lean por favor con cuidado, lo siguiente: Y Jesús les dijo: YO SOY el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35)

¿El que cree en Jesús que le ocurrirá? no tendrá sed jamás”.

¿El que va a él, es decir, lo sigue, que le ocurrirá? nunca tendrá hambre

Ahora vemos que queda muy claro, pues lo dice textualmente ¿o no?


3. Ahora ¿Cómo lo bebemos y lo comemos?

Es necesario que esto lo entiendan muy bien, y lo mediten en el Señor; debemos creerle y seguirle (obedecerle); de esa manera tenemos vida eterna, seremos resucitados el día postrero y es la forma como permanecemos en él, como él permanece en nosotros.

No es por comer muchas ostias, ni pan sin levadura; ni por la copa de vino; sino es por creerle y seguirlo; como verdaderos discípulos del él; no digo que no se deba practicar en lo que él dijo que hiciéramos en su menoría; sino que no nos quedemos con los ritos como le ocurrió a Israel (y tuvieron al Señor de gloria ante su ojos y no lo vieron; porque estaban en lo exterior, en la carne, en la religión, en las formas, en las tradiciones, en el reino de este mundo y su corazón estaba muy lejos del Señor).

Es muy claro, de AQUÍ parte el evangelio; quien no ha partido de beber su sangre y comer su carne; no tiene vida eterna, ni mucho menos puede permanecer en él.

4. No separes el creerle con el obedecerle: 

Algunos separan la fe de la obediencia, y dicen que somos salvos por fe; pero no ven que la fe no puede ser separada de la obediencia; van juntas; el que no obedece es porque no cree; ya que todos sus mandatos son para vida y prosperidad. Cuando separas el cuerpo de alguien con su sangre; ocurre inevitablemente la muerte; así también si separas el creerle a Jesús con el obedecerle; no pueden separarse; ya que habrá muerte espiritual, cuando sólo se le “cree” y no se le “obedece”. De la misma forma en que si separas el cuerpo de la sangre; la verdadera comida con la verdadera bebida. ¿O caso alguno puede vivir con sólo beber o sólo comer? Por algún tiempo puede ser, pero necesitamos beber y comer, para estar sanos en El.


5. El término griego Trogo: 

En el original, cuando Jesús habla de "comer", no usa la palabra común phago (que  se usa comúnmente en el resto de la Biblia para comer), sino trogo, que significa "masticar" o "roer". Es una palabra muy física, exalta mucho la acción física de masticar

Jesús usó un lenguaje crudo a propósito, para enfatizar que debemos "alimentarnos" de Su humanidad y Su entrega de manera real y constante, no solo intelectualmente, todos los días y no sólo los domingos u otro día.

 

¿Sientes que hoy te estás alimentando de la fuente verdadera o estás intentando saciar tu alma con cosas que no aprovechan? 

Déjame tu reflexión en los comentarios.

Te dejo como tarea que busques en el evangelio de Juan, más ejemplos que nos enseñan que la verdadera bebida se toma al creerle, y la verdadera comida se come al obedecerle. Un saludo afectuoso, y que la gracia y entendimiento del Espíritu Santo, los llene.



sábado, 8 de enero de 2011

No confundas la Palabra de Dios con la Biblia




¿Confundes el mapa con el territorio? Muchos honran la Biblia como un objeto, pero ignoran que la "letra" puede traer muerte si no se recibe en Cristo. En este artículo analizamos por qué no todo lo que está escrito es un mandato divino (como el caso de los filisteos) y cómo evitar la idolatría textual. La Verdad solo se hace vida cuando el Hijo es la tierra fértil en nosotros; de lo contrario, la Palabra solo confirma nuestra condena. No busques solo un libro, busca al Hijo que hace viva la Verdad en tu corazón.

Es común escuchar que "la Biblia es la Palabra de Dios". Sin embargo, si no somos precisos, podemos caer en un error grave: confundir el objeto físico (papel y tinta) con la Persona de quien el libro testifica.

1. No todo lo que dice la Biblia es la voluntad de Dios

Debemos distinguir entre lo que está inspirado y lo que es un mandato. 2 Timoteo 3:16 dice que toda la Escritura es útil, pero no todo lo que registra es la voz de Dios dándote una instrucción.

Un ejemplo claro lo podemos ver en 1 Samuel 4:9: "Esforzaos, oh filisteos... sed hombres, y pelead". Que fue el lema que se uso en un retiro cristiano que asistí. Estas palabras están en la Biblia, pero son el grito de guerra de un pueblo pagano y enemigo de Israel. Claramente eso no es mandato del Padre a sus hijos. Y si el "lema" estaba tan errado, cuanto más todo el resto, sin importar lo lindo que eso retiro fue encontrado por muchos.

Si usas cualquier versículo como este ejemplo "del lema" sin entender el contexto, corres el riesgo de obedecer a los filisteos pensando que obedeces al Creador. La Biblia es el registro fiel de la verdad, pero requiere al Espíritu para ser entendida.

2. El peligro de la Bibliolatría (Romanos 1:25)

Hay un riesgo espiritual sutil: honrar la Biblia y menospreciar a su Creador, el Espíritu Santo. Pablo advierte en Romanos 1:25 sobre quienes "cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador".

Cuando alguien defiende el libro con fanatismo pero no tiene una relación viva con el Espíritu, está convirtiendo el papel en un ídolo. La Biblia fue hecha por el Espíritu; no podemos usar el regalo para ignorar al Dador. Honrar la "letra" sin el "Autor" es una forma de ceguera espiritual, es idolatría.

3. La Palabra como "Sentencia de Muerte"

La Palabra de Dios es santa, y frente a la santidad, el pecado es condenado. Por eso, si recibes la Palabra "en el mundo" (bajo tu propia lógica, bajo mis emociones y sin Cristo), esa Palabra se convierte en muerte.

La Verdad sin el Hijo es un veredicto. Es un diagnóstico terminal que te muestra tu pecado pero no te da la cura. Sin la intervención de la Gracia, la Biblia solo sirve para confirmar que estamos bajo condena. La Verdad, si no es hecha Vida por el Hijo, solo trae muerte al pecador.

4. El Hijo: La única Tierra Fértil

Aquí está la clave de todo: la tierra fértil no eres tú, es el Hijo en ti. Muchos intentan "prepararse" para que la Palabra les funcione, pero la realidad es que nosotros, por nuestra cuenta, somos tierra seca e infértil. El Señor nos enseña:

"Mi palabra en ustedes no produce frutos buenos si no está Mi Hijo en sus vidas. Si no hay tierra fértil, Mi palabra no da frutos... Mi palabra trae condena al pecado y no hay verdad si no está Mi Hijo. Mi palabra es la verdad y Mi Hijo la hace vida en ustedes."

Para que la Palabra sea el Pan de Vida, debe caer en la tierra que es Cristo en nosotros. Él es quien recibe la semilla, quien la procesa, quien la hace germinar y luego dar frutos.


Conclusión final

 El Encuentro con la Vida Detrás de la Letra

Llegados a este punto, debemos hacernos una pregunta vital: ¿Estamos buscando un libro o estamos buscando a una Persona? La distinción entre la Biblia y la Palabra de Dios no es un mero tecnicismo lingüístico; es la diferencia entre la religión y la Vida. La Biblia es el testimonio perfecto, inerrante e inspirado por el Espíritu Santo, pero su propósito no es que nos detengamos en sus páginas, sino que a través de ellas crucemos el umbral hacia el Hijo y permanezcamos en El.

Como hemos visto, la Escritura puede registrar incluso el grito de guerra de los filisteos. Si no discernimos esto, corremos el riesgo de convertirnos en esclavos de la "letra", ignorando que el Espíritu es el único que puede vivificar el mensaje. Peor aún, corremos el riesgo de la bibliolatría: honrar el papel y la tinta (la criatura) antes que al Espíritu Santo (el Creador). Cuando la Biblia se convierte en un fin en sí misma, dejamos de ser adoradores del Dios vivo para convertirnos en coleccionistas de mandamientos que no podemos cumplir.

La advertencia es seria: la Palabra de Dios en el hombre "del mundo" no es una promesa de bendición, sino una palabra de muerte. Sin la mediación de Jesucristo, la Verdad de Dios solo sirve para exponer nuestra miseria y dictar nuestra sentencia. La Palabra es un fuego; para el que está en Cristo, es luz que guía y calor que santifica, pero para el que está fuera de Él, es un incendio que consume el pecado y trae condena. No hay verdad real en nosotros si el Hijo no está presente para sostenerla.

Finalmente, la revelación más transformadora es esta: la tierra fértil no es tu voluntad, ni tu intelecto, ni tu bondad; la tierra fértil es el Hijo en ti. No intentes por tus propios medios que la Palabra dé fruto, porque tu carne es tierra seca. Es el Hijo quien prepara el terreno, quien recibe la semilla y quien la hace germinar.

Si quieres que la Palabra deje de ser una letra que te condena y pase a ser el Pan de Vida que te alimenta, ríndete hoy. Deja de adorar el mapa y empieza a caminar con el Guía. No busques entender la Biblia para ser sabio; busca que el Hijo habite en ti para que Su Palabra sea, finalmente, Verdad y Vida.

No te quedes en el papel; busca al Autor que vive en ti.


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