La pregunta más común entre los cristianos hoy es: "¿Cuál es el plan de Dios para mi vida?". La mayoría busca un mapa hacia el éxito personal, la estabilidad financiera o la realización profesional. Sin embargo, si consultas la Biblia como si fuera un horóscopo para validar tus ambiciones, solo encontrarás letras vacías y una profunda frustración.
1. El Propósito: Llegar al Padre a través del Hijo
Debemos dejar de ver el propósito de Dios como un destino al que "llegamos" por nuestro esfuerzo, de hecho es imposible hacerlo. El propósito de tu vida no es una meta que alcanzas; es una Persona a la que llegas a través de Su Hijo. El plan de Dios es infinitamente más alto que nuestros deseos individuales. Como dice Isaías 55:9:
"Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos."
La brecha entre nuestra visión del "éxito" y el propósito divino es eterna. Mientras nosotros buscamos la realización personal y terrenal, Dios desea que experimentemos una manifestación de Su gloria a través de Jesucristo. Si tu "propósito" es tan pequeño que cabe en los límites de este mundo, entonces claramente no es el propósito de Dios, es un propósito temporal y terrenal.
2. La Renuncia: Ver lo que la Trinidad ha diseñado
¿Por qué tantos cristianos viven en la oscuridad respecto a la voluntad de Dios? Porque están saturados de lo que el mundo hizo y hace de ellos. No puedes recibir el diseño celestial mientras te aferres a la construcción humana que has levantado alrededor tuyo.
Dios nos confronta con una condición innegociable:
"Si renuncias en la cruz a lo que eres y a lo que el mundo hizo de ti, entonces podrás ver lo que mi Padre, Yo y el Espíritu Santo haremos de ustedes. No se puede ver este diseño eterno sin que hayan seguido el camino de la cruz día a día, no solo una vez."
El propósito no es algo que se "descubre" intelectualmente; es algo que se revela en la medida en que mueres diariamente en la cruz. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no edificarán sobre los escombros de tu orgullo; ellos esperan que la cruz limpie el terreno; ellos solo edificarán sobre la roca en ti, que es Cristo.
3. El Camino Diario de la Cruz
La renuncia no es un evento emocional de un domingo; es un camino diario. Cada mañana, debes llevar a la cruz tus miedos, tu necesidad de aprobación, tus proyectos, tus apegos emocionales, etc.
Solo cuando el sacrificio de la cruz te vacíe de "ti mismo" y de la identidad que el mundo te impuso, el Espíritu Santo podrá revelarte los negocios del Padre para ti. Si no hay muerte diaria, no hay revelación nueva, solo repetición de ritos humanos y religiosos de antaño.
4. Caminando en las Obras Predestinadas
Una vez que has renunciado a tus propios planes, dejas de "crear" un futuro y empiezas a caminar en la realidad de Efesios 2:10:
"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."
El propósito consiste en caminar por sendas que Dios ya trazó para ti, no en pedirle a Dios que bendiga las que tú elegiste. Pero recuerda: no puedes cumplir estas obras con tus fuerzas. La única tierra fértil es el Hijo en ti. Cuando te rindes diariamente, Cristo se convierte en el espacio donde la voluntad de Dios germina y produce frutos que permanecen.
Conclusión: Perder la Vida para Encontrarla
El mundo te dice: "Encuéntrate a ti mismo, y a partir de eso vendrá la felicidad, el éxito y el propósito". Es una mentira que alimenta el ego y te mantiene esclavo.
El mensaje de Dios es radicalmente opuesto: "Niégate a ti mismo y toma tu cruz cada día". El Señor es claro: cuando pierdas tu vida por causa de Él, la encontrarás. Al final del día, la pregunta no es cuánto éxito alcanzaste, sino esta: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?".
Deja de buscar "tu" plan. Ve a la cruz, muere a lo que el mundo hizo de ti y permite que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo manifiesten Su diseño eterno en tu vida, para la eternidad.
Preguntas para un examen a la luz de la Cruz
Antes de cerrar esta página, te invito a que no solo pienses en estas preguntas, sino que las lleves a tu oración diaria frente al Padre. Sé honesto contigo mismo, pues de esta honestidad depende que dejes de caminar en tus propios planes y empieces a caminar en los de Él:
¿A quién estás buscando realmente? Cuando pides conocer "el plan de Dios", ¿estás buscando que Él bendiga tus proyectos personales o estás dispuesto a que Él los destruya para que Su gloria se manifieste?
¿Quién diseñó tu identidad actual? Lo que eres hoy, tus metas y tus miedos... ¿son fruto de lo que el mundo hizo de ti o de lo que el Espíritu ha formado? ¿Estás dispuesto a llevar esa construcción humana a la cruz hoy mismo?
¿De quién son los negocios en los que estás ocupado? Tus esfuerzos diarios, ¿tienen como fin tu estabilidad y reconocimiento (tus negocios) o están alineados con las obras que el Padre preparó de antemano (Sus negocios)?
¿Por qué estás tan cansado? Si tu vida cristiana es una carga pesada, ¿no será porque estás intentando cumplir el propósito de Dios con tus propias fuerzas (tierra seca) en lugar de permitir que sea el Hijo en ti quien lo viva (tierra fértil)?
¿Qué estás intentando salvar? Si hoy el Señor te pidiera renunciar a eso que consideras tu "gran propósito" para que simplemente le sigas a Él en el anonimato, ¿podrías hacerlo o descubrirías que amas más al "plan" que al Diseñador?
¿Es hoy un día de cruz para ti? ¿Has muerto hoy a tu necesidad de tener la razón, de ser aprobado o de tener el control, para que el Padre y el Hijo puedan empezar a mostrarte lo que Ellos harán de ti?
Una última reflexión:
Recuerda que no se trata de encontrar las respuestas correctas para sentirte bien, sino de reconocer tu incapacidad absoluta. La revelación de la Trinidad no se le entrega a los "capaces", sino a los que han muerto a su propia capacidad.
¿De qué te servirá ganar el mundo entero con tus propios planes, si al final pierdes el diseño eterno que el Padre preparó para tu alma?






