miércoles, 7 de diciembre de 2016

A la estatura de un varón perfecto (La perfección cristiana).

… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; (Efe 4:13)

Hoy les quiero compartir un tema muy importante e interesante; que me ha hecho reflexionar y preguntarme... ¿Qué es realmente la perfección?, ¿Cómo podemos alcanzarla? y ¿Cómo podemos medirla de alguna manera? (medir lo alcanzado).

Le he dado vueltas al tema, y no puedo decir que es un tema trivial y liviano; sino que me he dado cuenta que es uno de los propósitos fundamentales del evangelio (llegar a la perfección), y no veo que el asunto, esté muy claro en el pueblo cristiano de hoy, y si no lo conocemos y entendemos, al no verlo claramente, creo que en parte podemos ser desviados de diferentes doctrinas filosóficas y/o religiosas erradas que nos pueden hacer perder el norte; es por ello, creo mi amigo lector, que es fundamental avanzar en el entendimiento de este asunto, fundamental en el caminar de la fe, de un creyente. ¿Que es realmente la perfección que nos invita la Biblia?

Quiero hacer el siguiente paréntesis, antes de continuar; creo que será valioso tenerlo en mente, para ver un poco más claro el tema:

La ley (Toráh) o sistema legal establecido, no puede perfeccionarnos, si bien ella (la Ley) es perfecta en sí misma:

De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. (Rom 7:12)

Hay por una parte, la abrogación del mandamiento anterior, a causa de su debilidad e ineficacia, porque la ley nada perfeccionó, sino que fue introducción a una mejor esperanza, por medio de la cual nos acercamos a Dios. (Heb 7:18-19)

Porque la ley, teniendo meramente una sombra de los bienes destinados a venir, no la imagen misma de las cosas, nunca puede perfeccionar a los que se acercan por medio de los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año. (Heb 10:1)

Mi amigo lector, si vemos con cuidado los párrafos anteriores, nos damos cuenta que si bien la Ley no tiene defecto alguno, es santa, justa y buena; tampoco tiene el poder de perfeccionarnos, es decir, de hacer un cambio superior en nuestras vidas transformándolas, ella sólo nos puede mostrar lo santo, lo justo y lo bueno (por ella reconocemos el pecado); pero no tiene poder de hacernos santos, justos y buenos; no hay poder en ella. ¿Estoy despreciando la ley (Torah) por ello? En ningún caso, sólo indico su gran importancia como guía, pero su ineficacia ante la transformación a la perfección requerida, a la cual nos invitan. La Ley carece de poder transformador en sí misma; ella nos deja en manos de Quien si tiene ese poder de hacerlo; Cristo mismo, es decir, la Palabra de Dios.

Ahora, es primordial saber ¿qué es la perfección a la que la Biblia alude?, ¿Cómo alcanzaremos lo que no sabemos claramente?... Creo que la respuesta a esta pregunta es fundamental para poder avanzar el tema; pues si entendemos cosas diferentes por perfección, a las que Dios nos quiere enseñar, nos será claramente más difícil avanzar..., pues podríamos estar caminando al lado errado o dando prioridad a lo de menor importancia para Dios; seremos menos firmes en nuestros pasos.

¿Cuál es la perfección llamada? Pues para algunos sería, por ejemplo, la perfección un cuerpo incorruptible, para otros una mayor sabiduría, para otros mayor poder, para otros el poder volar, para otros mayor inteligencia, o mayor paciencia, o mayor bondad, o mayor fe, o mayor dominio propio, el hacer milagros, el conocer todos los misterios, expulsar demonios, hablar en lenguas, predicar con poder, la belleza, mayor conocimiento,… etc, etc; creo que todos podemos poner una lista de atributos, y darle su importancia relativa según nuestro parecer; pero creo que debemos ver las cosas con la óptica que fueron escritas, para el fin que debemos alcanzar. Con los ojos espirituales, debemos ver el llamado y la promesa de Dios, en Cristo.


Preguntas que espero desarrollar y poder responder, para de alguna manera, orientarnos claramente en el objetivo:

1) ¿Que es la perfección?



2) ¿Como alcanzarla?



3) ¿Cómo medirla?




Humildemente, veo lo siguiente y vamos con la primera pregunta::

1) ¿Que es la perfección?

La perfección que Jesús nos llama, y a la cual debemos llegar, está establecida en base al amor; si al amor. Veámoslo en el siguiente texto:

...pero Yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos. ... Vosotros pues sed perfectoscomo vuestro Padre celestial es perfecto. (Mat 5:44-48)

Acá veo claramente que Jesús nos llama a ser perfectos como el Padre, aduciendo claramente al AMOR.

Jesús le dijo: Ya que quieres ser perfecto, anda, vende tus posesiones y da a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, y ven, sígueme. (Mat 19:21)

En este texto, también veo que Jesús desafía a joven rico a que demuestre su perfección; con el desprendimiento de sus cosas materiales; claramente el joven rico, no era perfecto; le faltaba fe y amor, para hacerlo.

…así también vosotros poned toda diligencia en añadir a vuestra fe virtud, a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal, y al afecto fraternal, el amor. (2Pe 1:5-7)


Acá Pedro nos enseña como el valor superior de esta cadena se superación a la perfección, es el amor.

Claramente vemos que la Biblia nos enseña que la culminación de la perfección se alcanza en el amor; eso no significa que Dios no quiera que seamos perfectos en otros ámbitos, y que los alcancemos también; pero ninguno es más importante que la perfección en el amor. Todo lo demás debe palidecer ante el fin último de todo, que es el amor.



2) ¿Como alcanzarla?

Por cuanto todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido concedidas por su divino poder, mediante el conocimiento pleno del que nos llamó por sus gloriosas proezas, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegarais a ser consubstanciales con la naturaleza divina; habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia, así también vosotros poned toda diligencia en añadir a vuestra fe virtud, a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal, y al afecto fraternal, el amor. (2Pe 1:3-7)


Veo que Pedro nos enseña cómo alcanzar la perfección (la receta), en los versos anteriormente citados. La base es la fe, de ahí partimos...y claramente la fe está establecida en la Palabra de Dios genuina (y no en teologías humanas).

Y Él mismo dio: unos, apóstoles; otros, profetas; otros, evangelistas; y otros, pastores y maestros; a fin de adiestrar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo del Mesías, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud del Mesías. (Efe 4:11-13)

Pablo nos muestra lo necesario de los ministerios genuinos establecidos por el Señor y no los hombres; y la operación de todos los miembros en la mutua edificación, hasta alcanzar la estatura del varón perfecto. Ambos son necesarios, los ministerios establecidos por el Señor, con la mutua edificación a través de los dones del Espíritu; y todo en el obrar de Dios.


3) ¿Cómo medirla?

Sería una teoría sin fundamentos si no sabemos cómo medirla (¿Cómo medir la perfección?); es base de una ciencia, establecer un parámetro de medición; si la perfección es el amor, debemos tener la manera de medir el grado de perfección que vamos alcanzando, y como nos bvamos superando en el tiempo, hasta llegar a la meta:

El que dice: Yo lo conozco, y no guarda sus mandamientos, es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que obedece su palabra, en éste verdaderamente se ha perfeccionado el amor de Dios; por esto pues sabemos que estamos en Él. (1Jn 2:4-5)

La perfección se puede medir por el grado de obediencia a su Palabra; es lo que nos enseña el apóstol Juan.

A Dios nadie jamás lo vio; si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor ha sido perfeccionado en nosotros. (1Jn 4:12)

Nuevamente Juan nos establece una parámetro de medida... el amor entre nosotros, nos establece el grado de perfección alcanzado.

Bueno, creo que hay más que citar; pero veo que es la perfección del amor en nosotros la principal y mayor virtud que debemos desarrollar los seguidores del Camino.

Veo con preocupación, la despreocupación que hay hoy por el amor; el cual en muchos círculos religiosos se confunde con la zalamería de boca; pero el verdadero amor no usa de la zalamería (Jesús nunca lo hizo), sino con el buscar el bien de tu prójimo, a pesar del costo personal asociado que tengas que pagar por ello.

¿Lo crees?

Espero que sí, pues si no lo crees, no lo alcanzas; y te llevaras una gran pérdida de tiempo en  esta tierra; pues todo acabará pero sólo el amor permanece, y para siempre.

 El amor nunca deja de ser. Porque las profecías serán abolidas, las lenguas cesarán, el conocimiento se acabará; porque en parte conocemos, y en parte profetizamos, pero cuando venga lo perfecto, lo que es en parte se acabará (1Co 13:8-10)


Interesante tema....


Saludos a todos, y espero vuestros comentarios.

domingo, 4 de diciembre de 2016

¿Es permitido el divorcio según la Biblia?

Lo que me motiva a escribir el presente mensaje; es que veo con mucho dolor tanta distorsión e ignorancia, en el pueblo cristiano, respecto al tema del divorcio y/o separaciones Bíblicamente entendido. Muchas malas interpretaciones de la Biblia, llegan a conclusiones que son erradas y contradictorias; y por lo tanto, quienes las siguen, pagan un alto precio de esos errores adquiridos, en sus vidas. En lo absoluto me encuentro un erudito en el tema, pero con mucha humildad y amor, les quiero compartir el siguiente mensaje que veo, que realmente es lo que nos enseña la Palabra de Dios, es decir, Jesucristo.

Antes quiero aclarar que no soy para nada un promotor del divorcio, estoy muy lejos de promoverlo, pero como verán, es permitido Biblicamente en casos muy especiales.

Lo primero que debemos distinguir en la Biblia, es el divorcio de la separación (divorcio vs separación); el tomarlos como sinónimos, nos puede traer un problema importante al sacar conclusiones; pues al no ser lo mismo; tendremos conclusiones erradas y dañinas.

Pablo en su primera carta a los Corintios en el capítulo 7, nos habla de la separación (χωρίζω jorízo)  ; él no está hablando de divorcio (ἀποστάσιον apostásion) ; sino de separación (χωρίζω jorízo) . En Cambio Jesús en los capítulos 5 y 19 de Mateo; 10 de Marcos y 16 de Lucas; nos enseña del divorcio (ἀποστάσιον apostásion). Esto lo digo como preámbulo, para tener en cuenta.

Voy a iniciar el desarrollo del mensaje a partir de las enseñanzas de Jesús, para luego ir a Pablo. Por favor, querido hermano, leamos lo siguiente:

Mat 19:3-9  Y se acercaron a Él unos fariseos para tentarlo, diciendo: ¿Es lícito que un hombre repudie a su mujer por cualquier causa?  (4)  Él respondió y dijo: ¿No leísteis que el que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra?  (5)  Y dijo: Por esto dejará el hombre al padre y a la madre, y se unirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne.  (6)  Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unció al mismo yugo no lo separe un hombre.  (7)  Le dicen: ¿Por qué pues Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiar?  (8)  Les dice: Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero desde un principio no fue así.  (9)  Y os digo que cualquiera que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera.
Vamos verso a verso, para mayor claridad:

Mat 19:3  Y se acercaron a Él unos fariseos para tentarlo, diciendo: ¿Es lícito que un hombre repudie a su mujer por cualquier causa?

Nótese, como los fariseos preguntan por el repudio de la mujer (implica divorcio, pues la pregunta apunta a si es lícito o no; y el divorcio está permitido por la Ley de Moisés en ciertas condiciones) por cualquier causa.  Eso no es Bíblico, no se puede repudiar a una mujer por cualquier causa.

Mat 19:4  Él respondió y dijo: ¿No leísteis que el que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra?

Nótese que desde el principio, es decir, en su creación Gén 1:27; Gén 5:2 fueron hechos hombre y mujer. Acá queda fuera cualquier otro tipo de definiciones de género, son sólo dos, varón y hembra.

Mat 19:5  Y dijo: Por esto dejará el hombre al padre y a la madre, y se unirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne.

Este es el deseo de Dios, una vez que se unen (hombre y mujer), llegan a ser uno; es decir, una vez consumada la unión carnal; es motivo, para que Dios los considere ya como uno. El hombre dejará su padre y madre, es decir, es el inicio de una nueva familia.

Mat 19:6  Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unció al mismo yugo (συζεύγνυμι suzeúgnumi : enyugó) no lo separe un hombre.

Cuando una pareja se une (relación intima), Dios los enyuga; esa es la palabra usada correctamente (συζεύγνυμι suzeúgnumi : enyugó); y ya no son dos, sino uno. Nota como no significa que pierden su identidad, ni que se hacen la misma cosa; en el ejemplo vemos como son colaboradores unidos; de la misma forma que una yunta de bueyes¸ trabajan unidos por el mismo objetivo (son mutuamente ayudas complementarias). Es importante destacar, como esto está ligado a lo que Jesús nos invitó en (Mat 11:28-30 Venid a mí todos los que estáis trabajados y agobiados, y Yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga. ) Esto nos habla de Cristo y su Iglesia; como el Señor nos invita a tener esa misma relación con él (enyugados como marido y mujer), y muchos ejemplos tenemos en la Biblia de dicha relación (el novio y la novia).

Luego dice que no lo separe el hombre; pregunto: ¿Por qué lo dice, porque el hombre lo puede separar, o es inseparable? Claramente, lo da como advertencia y/o mandato, pues se estaría deshaciendo algo que Dios hizo; y los cristianos queremos que se haga la voluntad de Dios acá en la tierra; pero no lo dice porque el hombre (o un hombre) no lo pueda separar; pues si fuera imposible de separar para el hombre, no habría tal advertencia o mandato. Si no fuera posible para el hombre separar esa unión (desenyugar), el texto diría de la siguiente manera; Por tanto, lo que Dios enyugó, no lo podrá separar un hombre; cosa que no la dice así. Pues, se puede romper; el hombre puede romper esa unión ilegítimamente, por el adulterio (que es el proceso inverso por el cual Dios lo creó, el enyugamiento).

Mat 19:7  Le dicen: ¿Por qué pues Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiar?

Jesús aclarará que Moisés no mando, sino que permitió; que son cosas distintas; los fariseos buscaban hacerlo caer en sus palabras; pero es imposible, pues El mismo es la Palabra de Dios encarnada (λόγος lógos).

Mat 19:8  Les dice: Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero desde un principio no fue así.

Vemos que el divorcio fue permitido (no mandado) por Moisés (en la Ley, es decir, La Torah). ¿Y por qué? Por la dureza del corazón del hombre (mujer).  Y sabemos que antes del pecado, el hombre no tenía ese problema del corazón duro (pues la circuncisión del Espíritu, nos vuelve un corazón nuevamente de carne y no de piedra). Por lo que intuimos, que este mandamiento como permiso, se introdujo a causa del pecado, ya existente en la humanidad a partir de la caída (esto es varios siglos antes de Moisés).

Sigamos: Luego dice “desde un principio no fue así”: ¿A qué principio se refiere Jesús? Claramente, al principio cuando el hombre (mujer) no tenía el problema de dureza en el corazón. ¿Y cuando fue esto? Fue antes de la caída en el huerto con Adán y Eva; la dureza del corazón es un problema que derivó obviamente del pecado. Es decir, este mandamiento (permiso) del divorcio fue introducido a causa del pecado ya existente en la humanidad (desde el principio, es decir, hasta la caída), y no hubiese sido necesario este mandato, si el hombre no tuviera el corazón endurecido por el pecado. No es como algunos piensan antes de Moisés, pues claramente habían muchas infidelidades hasta esa fecha, sólo que la ley no las había dado a conocer.

Mat 19:9  Y os digo que cualquiera que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera.

Jesús aclara que sólo está permitido repudiar a la mujer (y luego el divorcio)  por causa de fornicación; es decir, porque uno de los cónyuges tenga una relación intima fuera del matrimonio. El divorcio está permitido (no mandado) sólo por esta causa; y no por cualquier causa, como preguntaron los fariseos. Pues la fornicación rompe ilegítimamente la unión que Dios hizo, cuando ellos se unieron en una carne.
Ahora viene una pregunta muy importante de aclarar: ¿La dureza del corazón de quien es el problema en una caso de infidelidad (deslealtad)?, ¿Quién fue el de duro corazón en este acto de adulterio? Claramente, el que cometió la infidelidad fue el de duro corazón, pues primero no consideró el compromiso y amor a su pareja (falta de amor por el otro); y segundo, en esta aventura, lo más probable es que tampoco tenga en cuenta que está con la pareja de su prójimo (usurpando lo que no le corresponde, no ama su prójimo en ningún caso). Y se agrega un tercer aspecto, donde vemos el endurecimiento de su corazón: No está respetando el mandato de Dios, de no romper el yugo con su mujer (u hombre según el caso). Falló en su amor a Dios.

Vemos claramente, que el endurecimiento que actúa para el pecado, es del cónyuge infiel.

Jesús nos enseña que el divorcio sólo es permitido (no obligado) por causa de fornicación (existe también fornicación espiritual). No hay otro motivo posible; y hoy anular este mandato de Jesús, sería muy grave; pues el mismo lo explica:

Porque de cierto os digo: Hasta que pase el cielo y la tierra, de ningún modo pasará una iota, ni un trazo de letra de la ley, hasta que todo se haya cumplido. Por tanto, cualquiera que suprima uno solo de estos mandamientos más pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos, pero cualquiera que los practique y enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. (Mat 5:18-19)

Suprimir este mandato, es muy grave, pues no es un gran mandamiento; pero si es importante; y no se debe suprimir; Jesús permite (según La Ley) el divorcio en sólo causas de fornicación.

La ley tiene tres aspectos importantes, y cuando suprimimos un mandamiento; estos tres aspectos de este mandamiento se ven suprimidos también; veámoslo en palabras de Jesús:

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que diezmáis la menta, el eneldo y el comino, pero dejasteis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer sin dejar aquello. (Mat 23:23)

Estos tres aspectos están incluidos en la Ley (Torah), y cuando suprimimos un mandamiento (aunque sea el más pequeño), suprimimos justicia, misericordia y fe<, así de simple y grave. Creo que esto es importante de considerar, pues es un grave error suprimir un mandamiento del Señor; y no entender que se está restando justicia, misericordia y fe.

Como paréntesis, te comento lo siguiente: Lo que hoy está abolido no es la Ley, sino la Ley como pacto para salvación del hombre, es decir, Dios nunca ha dado por terminada la Ley; sino lo que está caduco es que seamos justificados por La Ley, pues es imposible a causa del pecado, por eso somos justificados por la fe; y salvos por gracia. Pero la ley debe ser escrita en nuestros corazones, pues representa la perfecta voluntad de Dios; y como dice la Biblia: De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento, santo, justo y bueno. (Rom 7:12)

Quiero referirme ahora a ejemplos del Antiguo Testamento, donde podemos ver que la persona que da carta de divorcio, no es la persona que tiene problemas de dureza de corazón (necesariamente), sino la que comete fornicación; y como en ciertos casos la única salida de poder cumplir con la justicia, misericordia y fe; es dando carta de divorcio (desgraciadamente por causa del pecado), leamos lo siguiente:

Vio (Judá) que Yo había despedido a la apóstata Israel por sus adulterios y que le había dado carta de divorcio; y aun así, no tuvo temor Judá, su pérfida hermana, sino que también ella fue y se prostituyó. (Jer 3:8)

Acá vemos como el Señor, la había dado carta de divorcio a Israel, por sus adulterios (fornicación espiritual), a pesar de que el Señor la esperó, no volvió a El; vemos entonces lo siguiente: Primero, que si el Señor da carta de divorcio a Israel, esto no es malo, si El lo hizo por la justa razón, que es fornicación de Israel, después de una larga espera con paciencia. Vemos además, que el problema de dureza del corazón, no es del Señor obviamente; sino de Israel (el pecado de Israel). Acá entonces descartamos, que la dureza del corazón sea de la víctima del adulterio de la pareja, es decir, de quien da la carta de divorcio legitima,  sino de quien comete la fornicación.

El verso siguiente, deja muy claro que la dureza del corazón, es de quien adultera; y no necesariamente de quien da la carta de divorcio (vemos en Jeremías más delante):

En aquel tiempo Jerusalem será llamada Trono de YHVH, y serán reunidas a ella todas las naciones, al nombre de YHVH en Jerusalem; y no andarán más tras la dureza de su malvado corazón. (Jer 3:17)

El Señor nos da un clarificador ejemplo en estos pasajes de Jeremías, el da la carta de divorcio a Israel, luego de una paciente espera de que se arrepienta, de sus adulterios; y ello debido a la dureza de su corazón.


Ahora vamos al apóstol Pablo (muchas veces mal entendido, pero un brillantísimo maestro por la gracia de Dios), que pareciera que algunas de sus enseñanzas son contradictorias con todo esto que vimos, leamos:

1Co 7:1-16  Ahora, acerca de las cosas que escribisteis, bueno es para el hombre no tocar mujer.  (2)  Pero por causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una su propio marido.  (3)  El marido cumpla con la mujer lo debido, y asimismo también la mujer con el marido.  (4)  La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; e igualmente tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.  (5)  No os privéis el uno al otro, excepto de común acuerdo y por algún tiempo, para dedicaros a la oración, y luego volved a juntaros, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.  (6)  Pero esto digo como concesión, no como mandato:  (7)  Quisiera más bien que todos los hombres estuvieran como yo mismo, pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno de una clase, y otro de otra.  (8)  Digo, pues, a los solteros y a las viudas: Bueno les fuera si permanecieran como yo,  (9)  pero si carecen de dominio propio, cásense; porque mejor es casarse que quemarse.  (10)  Y a los que se han casado, ordeno, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe del marido;  (11)  y si llega a separarse, que permanezca sin casarse o se reconcilie con el marido; y al marido, que no abandone a la mujer.  (12)  Y a los demás, digo yo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer incrédula y ella está dispuesta a vivir con él, no la abandone;  (13)  y si alguna mujer tiene marido incrédulo, y él está dispuesto a vivir con ella, no abandone al marido.  (14)  Porque el marido incrédulo es santificado por la mujer, y la mujer incrédula es santificada por el hermano, pues de otra manera, vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.  (15)  Pero si el incrédulo insiste en separarse, que se separe, pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz os ha llamado Dios.  (16)  ¿Qué sabes, mujer, si salvarás al marido? ¿O qué sabes, marido, si salvarás a la mujer?

Vamos por parte desmenuzando los versos, y notemos que en ninguna parte Pablo habla de divorcio; sino de separación; pues no está hablando de la Ley que él la sabe muy bien y que está completamente correcta; sino de separaciones por otros motivos que no sean la fornicación (adulterio).

1Co 7:1-2  Ahora, acerca de las cosas que escribisteis, bueno es para el hombre no tocar mujer.  (2)  Pero por causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una su propio marido.

Pablo aconseja a si no se tiene la capacidad de continencia, casarse. Porque el que fornica (relación intima fuera del matrimonio), contra su propio cuerpo peca (ver capitulo anterior 6).

1Co 7:3-5  El marido cumpla con la mujer lo debido, y asimismo también la mujer con el marido.  (4)  La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; e igualmente tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.  (5)  No os privéis el uno al otro, excepto de común acuerdo y por algún tiempo, para dedicaros a la oración, y luego volved a juntaros, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.

Es importante notar como el apóstol llama a no negarse el uno al otro, y como indica que el cónyuge es el que tiene potestad del cuerpo de su pareja. Si esto fuera entendido (en amor), muchos problemas matrimoniales se terminarían. Es interesante de meditar este tema, pues al tener la mujer el dominio (control) del cuerpo del hombre; y el hombre dominio (control) del cuerpo de la mujer, a la vez; se produce un equilibrio sorprendente; pues ambos seden el control (dominio) de sus propios cuerpos al otro; y ninguno puede entonces ser agredido o forzado, y tampoco se puede negar; es decir, la relación es en perfecto amor. Nota que no se puede forzar, y se puede negar a la vez. ¡Interesante!

1Co 7:6-9  Pero esto digo como concesión, no como mandato: (7)  Quisiera más bien que todos los hombres estuvieran como yo mismo, pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno de una clase, y otro de otra.  (8)  Digo, pues, a los solteros y a las viudas: Bueno les fuera si permanecieran como yo,  (9)  pero si carecen de dominio propio, cásense; porque mejor es casarse que quemarse.

Bueno acá Pablo da un consejo; que bueno sería que se queden como él; es decir, solteros; por causa del Señor; pero si no tienen continencia; es mejor que se casen, que estar expuestos a quemarse.

1Co 7:10-11  Y a los que se han casado, ordeno, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe del marido;  (11)  y si llega a separarse, que permanezca sin casarse o se reconcilie con el marido; y al marido, que no abandone a la mujer.

Acá hay un mandamiento del Señor; habla de separación (χωρίζω jorízono) y  no de divorcio (ἀποστάσιον apostásion), pues son cosas distintas. Si la mujer se separa de su marido (se entiende por cualquier causa que no sea fornicación, pues en la fornicación está permitido el divorcio), ella debe quedarse sin casar; es decir, si la mujer estima que ya no quiere estar con su marido (por cualquier causa), ella debe quedarse sin casar (pues no está permitido el divorcio por cualquier razón). Y como una manera de estimular la reconciliación de ambos, el Señor ordena que si no hay causa de fornicación; se puedan separar pero ambos deben quedar sin unirse a otra persona. Este texto, es muchas veces causa de confusión, pues se le asocia al divorcio; siendo que el Señor no ha cambiado de parecer; pues no lo puede hacer; él está hablando de separación por cualquier causa, y no por adulterio.

1Co 7:12-14  Y a los demás, digo yo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer incrédula y ella está dispuesta a vivir con él, no la abandone;  (13)  y si alguna mujer tiene marido incrédulo, y él está dispuesto a vivir con ella, no abandone al marido.  (14)  Porque el marido incrédulo es santificado por la mujer, y la mujer incrédula es santificada por el hermano, pues de otra manera, vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.

Acá tenemos un consejo de Pablo, no viene del Señor, sino del apóstol en su calidad ministerial. Cuando se tiene una pareja incrédula, y está dispuesta a vivir con uno (respetando nuestra fe y práctica de ella); no debemos abandonarla; pues son santificados por medio de nuestra fe; además, de nuestros hijos. Y por último; puede llegar al momento que está se convierta (el cónyuge incrédulo). Pero hay que entender correctamente este consejo de Pablo; pues, el estar dispuesto a vivir con uno, significa aceptar la fe que tenemos y no ser un estorbo u oposición a cumplir perfectamente la voluntad de Dios; pues si esto último ocurriere ya no es mandato seguir unidos en yugo desigual.

1Co 7:15  Pero si el incrédulo insiste en separarse, que se separe, pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz os ha llamado Dios.

Acá vemos como no es primero el matrimonio como valor último; sino la relación con Dios; si la pareja incrédula (por causa de la fe) insiste (ojo dice insiste, es que ya no se ha podido persuadir al otro, de seguir juntos; por causa de la fe) en separarse; no estamos sujetos a servidumbre, es decir, a ceder nuestra fe en pro del matrimonio. Eso sería, idolatría; una fornicación espiritual. Recuerda que el primer mandato de la ley, es el amor a Dios por sobre todo.

Bueno en este caso, si la pareja se arrepiente y vuelve; se pueden reconciliar; pero si la pareja se va y tiene otra relación; opera la Ley del divorcio como concesión.

1Co 7:16  ¿Qué sabes, mujer, si salvarás al marido? ¿O qué sabes, marido, si salvarás a la mujer?

Esto es muy importante; significa que debes tener mucha sabiduría al actuar y ser fiel a la fe; si por ceder en tu fe piensas que salvaras tu matrimonio; estas muy equivocado(a), pues no habrá poder de Dios actuando ni en tu vida, ni en la de tu pareja. En cambio si te mantienes firmes en tus convicciones de las Enseñanzas del Señor, ¿Cómo sabes si salvas a tu marido o mujer?

Vemos de toda la exposición de Pablo que él nunca se refiere al divorcio; pues este ya es un tema conocido en la Iglesia; sólo él agrega lo concerniente a las separaciones, lo que manda el Señor y sus consejos personales como apóstol.

Ahora les copio en la Ley (Torah), donde se permitió el divorcio:

Cuando alguno tome una mujer, casándose con ella, sucederá que si ella no halla favor ante sus ojos, por haber él hallado en ella alguna cosa reprochable, le podrá escribir carta de divorcio, y poniendo ésta en su mano, despedirla de su casa. Y salida de su casa, ella podrá ir y ser de otro marido. Pero si el segundo marido la aborrece y le escribe carta de divorcio, la pone en su mano y la despide de su casa, o si muere este último marido que la tomó por mujer, al primer marido que la despidió no le será permitido tomarla de nuevo como mujer, después de ser mancillada, pues esto sería abominación delante de YHVH, y no harás que se corrompa la tierra que YHVH tu Dios te da por heredad. (Deu 24:1-4)

Es importante notar como una vez que se realizó el divorcio, ya no se pueden volver a unir (el tema es serio). Cuando el Señor le dio carta de divorcio a Israel; sólo la podría volver a recibir; si Israel moría; y es lo que ocurre en la cruz de Cristo;  donde hemos sido muertos con El; y resucitamos con El; y somos nuevas criaturas en El.

¿Es indisoluble el matrimonio?

Como hemos visto, por el divorcio legal, se puede terminar un matrimonio (sólo por la causa ya justificada); pues si no fuera así; la ley avalaría el adulterio; al permitir que el divorciado se una a otra pareja. Entonces, como es obvio, vemos que por el divorcio (por causa del pecado), se puede terminar un enyugamiento en matrimonio.
Y otra forma de terminar un matrimonio, es por la muerte de uno de los cónyuges.

La mujer casada está ligada mientras vive su marido, pero si el marido muere, es libre para casarse con quien quiera (con tal que sea en el Señor), (1Co 7:39)

Vemos que el matrimonio no es indisoluble como a veces se afirma, sino que hay dos posibles causas de su término legitimas. Como además vimos, esa unión que Dios hizo (enyugamiento), no la debe separar un hombre; no porque sea imposible; sino porque no es debido hacerlo.

Por último, me guastaría poner un ejemplo; de cómo la ley aplica justicia, misericordia y fe; en el caso de un divorcio permitido:

Esta es una mujer que tiene tres hijos, y que está casada con un hombre que usualmente  tiene relaciones con otras mujeres fuera del matrimonio; es un hombre promiscuo que no sólo le es infiel, sino que su vida está orientada al pasarlo bien, alcohol y la violencia. Esta mujer le ha perdonado muchas veces sus infidelidades, pero se ha dado cuanta que estas malas prácticas (en aumento) están no sólo produciendo daño en ella (cosa que ella puede soportar con dificultad por amor), sino que también, en el ejemplo de sus hijos. Pues este hombre no sólo abusa de ella cuando está con alcohol, sino que es violento y mal ejemplo con sus hijos; y no hay paz en esta familia; sino sólo tormento.

La mujer decide divorciarse; es una decisión difícil; pero lo hace con fe; y vemos que luego de un par de años; ella encuentra un marido que la acompaña en la fe; que es mejor ejemplo con sus hijos, y tiene una relación más armónica de amor, paz y respeto, en su familia.

Vemos que sería injusto obligar a esta mujer a permanecer en esta relación insana, no sólo para ella, sino para sus hijos. Lo justo es que ella pueda dar a sus hijos un ejemplo digno de padre, un marido protector y no abusador. Acá opera la justicia de esta ley de divorcio.

Tampoco sería justo que esta mujer se separe y no pueda volver a casarse, cuando el que causó el divorcio no fue ella, al contrario, ella procuró seguir con su matrimonio; pero su marido no colaboró en lo más mínimo. Ella una vez divorciada, si estuviera impedida de volverse a casar, seguiría siendo una víctima de su antiguo marido; y eso no es justo.

Vemos además, que sería muy poco misericordioso el dejar como victimas eternas a esta mujer y sus tres hijos, de los abusos de este hombre; por misericordia puede separarse.

Claramente esta mujer hizo una mala elección; pero no podemos condenarla por ello, además esta elección, a lo mejor, la hizo antes de conocer al Señor; sin haber entendido la siguiente advertencia:

No estéis unidos en yugo desigual con incrédulos, pues ¿qué compañerismo hay entre la justicia y la iniquidad? ¿Y qué comunión hay de la luz con las tinieblas? (2Co 6:14)

Y por último; si El Señor que permitió esta concesión por causa de la dureza del corazón (del adultero marido) este mandato de la Ley de divorcio; no es fe, no obedecer su voz. La fe, implica, obedecer, y tomar la posibilidad de libertad que Dios nos da, si ya estamos subyugados en una relación sin sentido, viciosa y destructiva.
Bueno hermanos, esta es mi exposición del tema, creo que hay mucho más que decir; pero no debemos suprimir en forma ligera ningún mandamiento del Señor; pues en ese caso estamos restando Justicia, Misericordia y Fe; a nuestras vidas y la Iglesia del Señor.

Un abrazo a todos los creyentes, en la gracias y shalom del Señor. Amén.



martes, 19 de julio de 2016

Porque el día que de él comas, ciertamente morirás

Un cordial saludo a todos, hoy les quiero compartir un mensaje que me parece muy interesante y digno de compartir, respecto a lo que Dios le dijo realmente a Adán en el huerto, respecto a si comía del árbol que les prohibió.

Leamos los versos involucrados:

Y mandó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. (Gén 2:16-17)

La sentencia era para el hombre que no debía comer del árbol del conocimiento del bien y del mal; porque si lo hacía, ciertamente moriría.

Note mi amable lector, que la sentencia de la desobediencia a Dios es la muerte (volver al polvo de donde fuimos tomados), y no un castigo eterno en el infierno, como erróneamente hoy se enseña en muchos lugares, y como a mí también me fue enseñado. Dios no cambia de parecer y siempre cumple su palabra (su palabra es inmutable por la eternidad), y es por ello, que si al hombre le advirtió de la muerte; es la muerte la que sigue al pecado y no un castigo eterno en el infierno (*); y debemos entender como muerte, lo que el mismo SEÑOR explicó: “Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que retornes a la tierra, Porque de ella fuiste tomado, Pues polvo eres y al polvo volverás”. (Gén 3:19), es decir, volver a lo que originalmente éramos: volver a ser polvo de la tierra.

Si quieres más detalles puedes ver el siguiente artículo: No confundamos, el Hades con el Infierno., donde se explica el verdadero significado de infierno, hades y seol.

Tras este pequeño paréntesis, quiero ir al centro de este mensaje:

¿Cumplió el SEÑOR Dios su palabra, que el día que el hombre (Adán) comiera de aquel árbol, ciertamente moriría?

Bueno yo he escuchado dos versiones de interpretación, que me parecen muy válidas, aunque en este oportunidad te quiero dar una tercera (validada por una traducción textual); que no invalida las anteriores, que a continuación describo brevemente (recordemos que Dios siempre cumple su palabra; y es por ello, que no es concebible que no sea que el día en que comió el hombre del fruto prohibido, no haya cumplido Dios su sentencia, aunque no veamos a Eva y Adán fulminados en el suelo literalmente cuando comieron del fruto prohibido, como nos pudiese parecer según nuestro entendimiento humano natural):

1° Interpretación: Si murió Adán el día que comió del fruto prohibido, pues Adán murió a los 930 años, y como dice el apóstol Pedro: Pero amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. (2Pe 3:8), es decir, Adán murió antes de los mil años, que es como un día para el Señor.

Y fueron todos los días que vivió Adam novecientos treinta años, y murió. (Gén 5:5)

Vemos que si se cumplió la sentencia, si lo vemos desde esta perspectiva.


2° Interpretación: Si murió Adán el día que comió del fruto prohibido, pues Adán perdió su comunicación (vinculo) con Dios, fue como una rama que es desgarrada de su árbol que le da vida (Dios). Con el pecado en sí, ya Adán no tenía comunión con Dios, y fue apartado (por causa de su transgresión) de la vida y gloria de Dios. Así como cuando cortas una rama de un árbol, no muere en forma instantánea; pero si, desde ese momento empieza su muerte (a menos que sea injertada nuevamente).

(… por cuanto todos pecaron, y están privados de la gloria de Dios), (Rom 3:23)

Vemos que si se cumplió la sentencia, si lo vemos también desde esta perspectiva. No es de extrañar, mi querido lector, que haya más de una interpretación de algún pasaje, pues son insondables las profundidades del conocimiento de Dios. Lo que si es de extrañar, y debemos poner muchas atención y cuidado, es cuando las interpretaciones son incongruentes entre ellas y con el resto de la Biblia, pues esto último, no debiera nunca ocurrir. Si ocurre, debemos buscar humildemente y pacientemente la verdad!!!


3° Interpretación: Si murió Adán el día que comió del fruto prohibido, pues lo que se tradujo al español al final del versículo 17 como: “ciertamente morirás”, en hebreo en realidad trasmite una idea más fuerte y/o continúa. La frase מוֹת תָמתֹ (mot tamot) se traduce más exactamente como "muriendo morirás" o "condenado a morir". 

Si copiamos en el verso considerando lo anterior, queda de la siguiente forma: "... porque el día que de él comieres, muriendo morirás", entendemos entonces, que el mismo día que el hombre pecó, empezó su muerte, hasta que esta, inexorablemente se debía cumplir. 

Es la historia hoy de todos los hijos del Adán, nacen con una fecha de vencimiento, todos tienen sus día contados, y empiezan esta carrera en la tierra, para terminar retornando de donde fueron tomados, es decir, del polvo de la tierra. Muriendo muren, todos los hombres hoy; los hijos de Adán; es el gran fracaso del hombre; que Cristo vino a remediar. A darnos vida eterna en su nombre; pera todos los que le creemos y le obedecemos.

Muriendo mueren, es la historia de años, siglos y milenios en la humanidad, es la historia de ricos y pobres, muriendo mueren; hombres y mujeres, muriendo mueren; sabios y necios, muriendo mueren; jóvenes y viejos muriendo mueren; todos destinados a ser devueltos de donde fueron tomados, muriendo mueren; al polvo de la tierra vuelven.

Porque: Toda carne es como la hierba, y toda la gloria del hombre, como la flor de la hierba. Se seca la hierba, y la flor se cae; mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la Palabra que por el Evangelio os ha sido anunciada. (1Pe 1:24-25)

Sin el evangelio, ¡¡¡NO HAY ESPERANZA PARA EL HOMBRE!!!

Pero gracias a nuestro bendito Dios, por nuestro Señor y Salvador Jesucristo; quien nos da una bendita y ciertísima esperanza en EL. Amén.

Haciendo un paralelo con lo anterior, así como a Adán se le dijo “muriendo morirás”; al padre de la fe, esto es a Abraham, la Biblia registra un mismo estilo gramatical en el versículo de Génesis 12:1; donde el Señor Dios le dice a Abraham “yendo iras”. Con esto podemos ver, como por medio de la fe, Dios nos da el camino de vuelta a El.

 Veámoslo:

Otro ejemplo de esta construcción gramatical en particular se encuentra en Génesis 12:1 cuando Dios ordenó a Abraham a dejar su país natal e ir a la tierra que Él le mostraría. Allí también, no es simplemente “ir”, sino que “yendo irás” לךְ־לְךָ (lechlecha).

Entonces el verso lo podemos traducir de la siguiente manera:

Ahora bien, el SEÑOR había dicho a Abram: Yendo iras de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. (Gen 12:1)

Luego en el versículo 2 y 3, vienen las promesas de dicha obediencia; es cuando Abram comienza su caminar en la fe, yendo iras.

Hoy para nosotros es lo mismo, en Adán “muriendo morimos”, pero en la fe en la simiente de Abraham (esto es Cristo), “yendo vamos”; es decir, estamos en un camino de restauración (un camino de vuelta desde la muerte) y de recuperación del “muriendo moriremos”, por medio de seguir el Camino de “yendo vamos” al Padre. Así como a Abraham Dios el SEÑOR le dijo que le mostraría la tierra, hoy es lo mismo; El nos muestra nuestra herencia, en El.

Sin la fe en el evangelio, el hombre va en un camino de descenso, a la tumba (muriendo morirá); con la fe en el evangelio, vamos en un camino de ascenso, a la gloria eterna juntos al Padre y nuestro Señor y Salvador Jesucristo (yendo vamos)!!! Amén.


Porque de la manera que en Adán todos mueren, 
así también en el Cristo todos serán vivificados. 
(1Co 15:22)

(*) Entendiendo como castigo eterno un perpetuo sufrimiento sin fin; el castigo eterno que el autor si reconoce en la Biblia es el de la muerte eterna, como un castigo eterno.