domingo, 27 de octubre de 2013

¿Es la fe un don de Dios?

Con la pregunta del título, comienzo este mensaje ¿Es la fe un don de Dios?; en el Señor veo una pregunta muy relevante de tener mayor claridad, no sólo para los creyentes, sino para aquellos a quienes debemos alcanzar con el evangelio de Dios, es decir, aquellos que aún no ejercen la fe.

 Espero puedas leer el mensaje completo, antes de sacar una conclusión de lo que expongo, es probable que lo que te diga contradiga lo que siempre has escuchado o creído, es probable que no sea así también, en todo caso, mi propósito es agregar un poco de luz al cuerpo de Cristo con esta pregunta, que muchas veces, damos por conocida y cierta su respuesta.

Si hoy yo pregunto a muchos creyentes ¿Es la fe un don de Dios?, de seguro la mayoría de las respuestas sería que afirmativamente así lo es, la fe es un don de Dios. Y también estimo, que si la misma pregunta, la hago a personas que no ejercen la fe, muchas también me dirán lo mismo, que la fe es un don (regalo) de Dios, y que ellos no lo han recibido...

Antes de entrar en materia, quiero anticiparte que el objeto en parte del mensaje es desmitificar un concepto que no sólo abunda erradamente en el mundo secular, sino en el mundo cristiano; que la fe es un don de Dios, y por lo tanto, aquellos que no han creído, sólo ha sido porque Dios no les ha dado el “don de la fe”. Dejando gran parte de la responsabilidad en hombros y manos de Dios, y eximiendo a todo hombre del mundo en buscar y ejercer la fe, ya que no la tienen, y estaría en la soberanía de Dios el recibirla (dejando entrever la injusticia de Dios para con ellos, y en cierta medida, "justificados" por esta condición “involuntaria”). Me explico más claramente, he escuchado varias veces a hombres del mundo (importantes y no importantes) que ellos no tienen del don de la fe; dejando entender que la fe (como ellos han escuchado) es un regalo (don) de Dios, y ellos desgraciadamente no lo han recibido, dejando toda carga y responsabilidad de dicha situación en manos de que Dios no les dio el regalo. Lo anterior, como verás, es completamente falso, es una excusa sustentada en un engaño que el enemigo pone en el corazón de los hombres, para que no busquen la verdad, dado que como es algo supuestamente “sobrenatural”, no es alcanzable por el hombre, sino que pertenece sólo al dominio de Dios; también el enemigo con esto acusa de injusto a Dios, ya que no a todos da el “don de la fe”. A lo mejor voy a "pisar muchos callos"(ser incómodo para muchos), como en otros mensajes que he dado, pero si tienes paciencia y ves las cosas a la luz de la Sagradas Escrituras, y las dejas que el Espíritu te las haga entender, veras que tengo razón. Además, derribaremos una mentira del enemigo, que tiene cautivos a muchos hombres del mundo, sin hacer nada por sus vidas (por su salvación), y a otros tantos creyentes, esperando y orando que Dios les de el “don de la fe”, a quienes ellos quieren; sin ejercer lo que Dios estipuló para estos casos (me refiero a entregar la palabra de Dios y el testimonio del evangelio).

Quiero partir mi análisis del siguiente versículo en la Biblia, que de seguro conoces (creo que de entender mal este versículo, comienza gran parte de la confusión que existe de hoy en día):

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;  y esto no de vosotros,  pues es don de Dios; (Efesios 2:8)

De este versículo archiconocido en el mundo evangélico-protestante (no tanto en el mundo católico), veo que muchas veces llegamos a la errada conclusión de que la fe es un don de Dios. Pero lo que en realidad dice este versículo, es que la gracia es el don de Dios, y somos salvos por medio de la fe, es decir, por el don de la gracia, la que recibimos por medio de la fe, somos salvos. No dice que la fe sea el don de Dios, sino que la gracia es el don de Dios, y no viene de nosotros, pues es un regalo.

Veamos el siguiente versículo, que confirma lo mismo:

…del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. (Efesios 3:7)

Esto nos confirma que la gracia es un don de Dios; pero no nos descalifica que la fe no lo sea, es decir, no nos dice que la fe no sea un don (regalo) de Dios. ¿No es verdad? Pero tenemos claro que la gracia es un don de Dios, que no es de nosotros; ahora lo que nos queda es saber de dónde viene la fe ¿es don o no?
Cuando en Efesios 2:8, usa la palabra don la traducción (Reina Valera 1960), debemos notar que hay dos palabra diferentes en el griego que son traducidas como don en esta traducción (RV60). La primera es dorón, que significa presente; sacrificio: don, ofrenda, presente, regalo. La segunda, le veremos luego.

Porque por gracia (járis) sois salvos por medio de la fe (pístis);  y esto no de vosotros,  pues es don (dorón) de Dios; (Efesios 2:8)

Como contrapartida (segunda palabra usada como don), hay un texto en la Biblia que nos indica que la fe es un don del Espíritu (pero no dice que sea don de Dios, sino del Espíritu Santo) lo cual debemos ver con claridad, para entender verdaderamente el origen de la fe, lo copio:

Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría;  a otro,  palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro,  fe (pístis) por el mismo Espíritu;  y a otro,  dones (járisma) de sanidades por el mismo Espíritu. (1Co 12:8-9)

Acá puedes ver, que lo más cercano, que encontramos en la Biblia, a tomar la fe como don de Dios, lo veo en el texto copiado (aunque no dice Dios, sino Espíritu). Pero hay dos importantes características singulares que debes notar en el texto, que no deben ser pasadas por alto; primero no habla de Dios directamente, sino de su Espíritu (siendo el Espíritu, el espíritu de Dios; cuando la Biblia lo diferencia, es porque nos es necesario diferenciarlo para entender correctamente el texto). Segundo la palabra utilizada para don no es dorón (como lo citado al principio), sino es járisma cuyo significado es dádiva (divina), liberación, concesión (espiritual), facultad milagrosa:-dádiva y don (En las traducciones católicas, se usa la palabra carismas y no la palabra don, me parece más apropiada esa forma de traducir esta palabra, es decir, carisma).

De los textos anteriores, podemos concluir que la fe es un járisma (carisma) del Espíritu Santo; pero no podemos decir que la fe es un don (regalo) de Dios. No hay texto Bíblico que indique que la fe sea un regalo de Dios, lo más cercanos es que la fe es un carisma del Espíritu, y obviamente sólo pueden recibir ese carisma, quienes tienen el Espíritu, no así, quienes no lo tienen. Esto nos deja abierta la pregunta que contestaremos más adelante: ¿Cómo reciben entonces la fe las personas?

Puedes buscar más textos Bíblicos, no quiero seguir dando antecedentes técnicos, lo dejo a tu libre búsqueda, pero quiero concluir lo siguiente, que ya lo podemos hacer:

Pregunta: ¿Es la fe un don de Dios?

Respuesta: La fe no es dorón de Dios, sino que puede ser un járisma del Espíritu; como lo acabamos de ver.
Ahora es importante que veas que una persona que no tiene el Espíritu de Dios, no puede por razones obvias, tener jarismas del Espíritu; entonces ¿Cómo se obtiene la fe antes de tener el Espíritu? Cuando la Biblia habla de la fe, como don (jarisma), lo está diciendo a personas nacidas de nuevo (que tienen una fe especialmente fuerte, para edificación y sostenimiento de los hermanos en el cuerpo).

Ahora veremos, que la fe no es don de Dios (puede ser un jarismas del Espíritu), sino que es una posibilidad puesta por Dios en todo hombre que escuche su palabra, específicamente, es una capacidad potencial y natural en el hombre (Adán) de tener fe, al oír a Dios.

Leamos lo siguiente, que es un pilar para entender la fe, entendiendo su origen:

Así que la fe (pístis) es por el oír,  y el oír,  por la palabra (jréma) de Dios. (Rom 10:17)
Notemos lo siguiente, la palabra fe  (pístis), no es una característica sobrenatural en el hombre, sino es una característica natural del hombre es creer; lo sobrenatural sería creer con certeza y convicción en lo que no se ve, eso es la fe que habla la Biblia. Pero la palabra fe  (pístis), también la tienen los “incrédulos”, veamos lo siguiente:

Por esto Dios les envía un poder engañoso,  para que crean (pisteúo) la mentira, (2Tesa 2:11)
Pisteúo, viene de pístis, y significaría tener pístis, es decir, tener fe. Entonces el versículo anterior, podría también tradicirse de la siguiente manera Por esto Dios les envía un poder engañoso,  para que tengan fe (pisteúo) en la mentira.

De lo anterior, vemos que el hombre puede tener fe en la mentira, o puede tener fe en la verdad; cuando la Biblia habla de fe, se refiere obviamente a la fe en la verdad; pero la palabra fe no es exclusiva a la verdad, sino a creer y tener confianza en algo.

De modo que entendemos, que la fe es una condición de creer y tener confianza en algo, que está en la capacidad natural del hombre hacerlo; veamos nuevamente el verso del origen de la fe:

Así que la fe (pístis) es por el oír,  y el oír,  por la palabra (jréma) de Dios. (Rom 10:17)

Vamos a la segunda palabra importante en el versículo, jréma (palabra) que se traduce como palabra. Cuando oímos la jréma (palabra) de Dios, viene el oír, del oír viene la fe. Esto es la base de la salvación y el crecimiento espiritual, es muy importante que lo entendamos muy bien. No hay salvación sin Jréma de Dios, y sin jréma de Dios, no hay oír, y sin oír, no hay fe, y sin fe no hay gracia, ni justicia, ni salvación, ni crecimiento, ni revelación, ni vida eterna, etc. no hay nada, de nada espiritual y celestial en el hombre, sólo lo natural y la muerte.

La palabra jréma (palabra), es usada usualmente cuando la Biblia quiere destacar que la palabra de Dios es Espíritu y Vida, y ella viene después de la forma de lógos (palabra) de palabra. Lo explicaré con el ejemplo del sembrador, para que quede un poco más claro.

 La palabra de Dios es semejante a una semilla, cuando vemos la semilla con nuestros ojos naturales, vemos lo que nuestros sentidos naturales muestran, es decir, el logós de Dios, no podemos ver aún la vida y espíritu que contiene la semilla, es decir, su jréma, cuando vemos lo que la semilla puede producir al caer en el terreno apropiado (brotar y crecer), vemos lo que la semilla realmente tiene en sí misma, el poder de la vida, vemos el jréma de la palabra. La semilla es la misma, primero la vemos como lógos, y si recibimos ese logós, podremos obtener lo que la semilla (jréma) tiene en sí misma. La palabra del evangelio es un concepto escuchable y razonable por el hombre natural, cuando el hombre da cabida en su corazón a este lógos de la palabra y lo guarda; la semilla brota y hace lo suyo en el corazón del hombre, produce entendimiento y vida.

Cuando un hombre recibe la semilla de Dios (como lógos), ese logós brota en su corazón y produce vida para su alma (Jréma); no podemos obtener jréma, sin antes aceptar el lógos de Dios, que es Cristo (el original griego del nuevo testamento usa las palabras lógos y jréma para traducir palabra, nosotros perdemos esas diferencias en el español, pues sólo tenemos la palabra palabra (valga la redundancia), en cambio el griego tiene lógos y jréma, como palabra; y obviamente, al traducir al español, se pierde la palabra original (si dice lógos o jrémas en el original).

Volvamos al verso en cuestión, pilar de la fe:

Así que la fe (pístis) es por el oír,  y el oír,  por la palabra (jréma) de Dios. (Rom 10:17)

La fe se obtiene de oír el jréma de Dios, y para obtener el jréma de Dios, primero hay que recibir el lógos de Dios, y para eso hay un proceso que se resume en el siguiente texto:

¿Cómo,  pues,  invocarán a aquel en el cual no han creído?  ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?  ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?  Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz,  de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al evangelio;  pues Isaías dice: Señor,  ¿quién ha creído a nuestro anuncio? (Rom 10:14-16)

La palabra predicar la puedes traducir también como pregonar, proclamar, publicar,  divulgar (es lo que hace el sembrador, esparce la semilla). Somos llamados a tirar la semilla al campo, es decir, la palabra (lógos) de Dios a los corazones de los hombres, ese proceso es necesario, para que la semilla haga el trabajo dentro del corazón de cada persona, para que la palabra (jréma) produzca el oír, y el oír la fe. Cuando las personas oyen el logós de Dios, tienen la opción de tomarlo o dejarlo; cuando lo guardan en su corazón, el jréma de Dios les habla y al oírlo, creerle es fe (hay una conversión). De ahí nace todo y parte todo en el nuevo hijo de Dios.

¿Por qué me molesta en el Señor que se hable que la fe es un don de Dios? Porque produce un error en los incrédulos, poniendo la responsabilidad de la salvación en Dios y no en su reconsideración (arrepentimiento) de su vida vana. Además, desmotiva a un in-converso a buscar la verdad y creerla. Adicionando, que distorsiona el proceso que Dios estableció para salvar a los hombres, por la locura de la predicación.

Si la fe, fuera un don de Dios, sin participación humana, demás se disgustó el Señor en reiteradas ocasiones ante la incredulidad y dureza de corazón de las personas, pero él sabiendo nuestra debilidad acompañaba sus palabras con prodigios y señales. Cosa que no habría sido necesario hacer, si la fe fuese un don de Dios directo, ya que de Dios hubiese dependido que creyesen y no habría que molestarse en predicar, convencer y mostrar señales.

Hoy un agnóstico o incrédulo dice “no tengo el don de la fe”; doble error: Primero del cristiano que oyó que la fe es un don de Dios, cosa que vemos que no es así. Segundo, porque lo deja inactivo en buscar su salvación, dejando fuera de su dominio el creerle a Dios. Es un engaño del enemigo, ver las cosas de esa manera, lo que se obtiene, es un mundo que no ve que en sus manos está el destino eterno de sus vidas, eso es un engaño del enemigo; los hombres no buscan la verdad, ya que piensan en la fe como una cosa extraña religiosa, que se recibiría según el capricho de Dios..., eso no es así.

Veamos lo que pablo anunció: Pero Dios,  habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia,  ahora manda a todos los hombres en todo lugar,  que se arrepientan; (Hechos 17:30)

Dios manda o instruye a todos los hombres que se arrepientan (reconsideren) su vida; es un mandato de Dios; lo vemos también en los siguientes versículos, que antes de poder creer, es necesario el arrepentimiento (reconsideración) para conocer la verdad:

…testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios,  y de la fe en nuestro Señor Jesucristo. (Hechos 20:21)

…diciendo:  El tiempo se ha cumplido,  y el reino de Dios se ha acercado;  arrepentíos,  y creed en el evangelio. (Mar 1:15)

Ahora, es Dios quien inclina el corazón de los hombres al arrepentimiento (a la reconsideración), es por ello que cuando oramos por los in-conversos para que participen de la fe, en realidad debemos pedir que sus corazones sean inclinados al Señor, es decir, a la verdad y la puedan recibir (además, de orar por los sembradores).

…que con mansedumbre corrija a los que se oponen,  por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo,  en que están cautivos a voluntad de él. (2Ti 2:25-26)

En resumen, la capacidad de creer está en todos los hombres, cuando se cree a la verdad, en la Biblia se le llama fe, cuando se cree a la mentira, es engaño. La fe se obtiene de oír y creer la palabra (jréma) de Dios, y dicha palabra viene por ser anunciada por quienes somos enviados a esparcirla (como lógos, el cuerpo de Cristo, es decir, la iglesia tiene ese llamado). Todos los hombres son invitados a participar de la salvación, es una instrucción de Dios, para ello deben arrepentirse (reconsiderar sus vidas sin sentido y obras muertas) y creer en el evangelio. Todos deben venir al Camino y ser salvos. El Espíritu Santo (Espíritu de la gracia) se recibe por la fe, y no por obras de la ley; una vez en nosotros el Espíritu, éste reparte dones (carismas) en la iglesia, entre ellos está también la fe; como un don para edificación y ayuda a los hermanos de la congregaciòn que participan. Esto último, no debe confundirnos a creer que Dios reparte la fe en forma directa, saltándose los pasos que él mismo estableció (Palabra de Dios -à Oír à Fe à Espíritu Santo àFrutos y carismas).

Así que él que diga “no tengo el don de la fe”; no lo va a tener nunca, si no se arrepiente (reconsidera su vida), busca la verdad y la sigue.Y no la obtendrán tampoco, si nosotros no damos testimonio del amor de la verdad (o por lo menos, por nuestro medio).

La luz de la verdad nos hace libres, de los engaños de las tinieblas.

La paz del Señor sea con todos los creyentes.
Amén.