martes, 6 de septiembre de 2022

Desde la unidad del Espíritu, hasta la unidad de la Fe

 

Un gusto saludarlos a todos mis hermanos, amigos y lectores; hoy les quiero compartir un mensaje, creo que muy poco se habla de este tema tan importante y valioso, y lo creo fundamental para la verdadera y correcta comunión en la iglesia, este mensaje lo llamé “Desde la unidad del Espíritu... hasta la unidad de la Fe”, es decir, avanzamos juntos manteniendo la unidad del Espíritu hasta que lleguemos juntos a la unidad de la Fe (se podría decir, la unidad de creer lo mismo de la Palabra de Dios).

Veamos el siguiente texto, y luego comentamos:

Efesios 4:1-16    Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,  (2)  con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,  (3)  solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;  (4)  un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;  (5)  un Señor, una fe, un bautismo,  (6)  un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.  (7)  Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.  (8)  Por lo cual dice:  Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.  (9)  Y eso de que subió, ¿Qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?  (10)  El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.  (11)  Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  (12)  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,  (13)  hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;  (14)  para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,  (15)  sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,  (16)  de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

Después de leer lo anterior, que nos muestra cómo se relacionan Dios, el Señor, el Espíritu, los ministerios, los dones espirituales, los hermanos en la iglesia, la fe, etc, vemos que el objetivo final es que los hermanos alcancen madurez espiritual, es decir, la iglesia de Dios alcance su plenitud. 

Marqué con negrillas dos frases que me interesa destacar en el texto anterior, estas son “solícitos en guardar la unidad del Espíritu … hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe” Muestra una secuencia de hechos. Creo que ya lo viste ¿no es cierto?; partimos como hermanos desde la unidad del Espíritu, hasta llegar a la unidad de la fe. ¿Qué significa esto? Bueno, es muy sencillo; no debemos partir pensando todos igual, creyendo todos lo mismo (excepto que no sea lo básico, expuesto en versículos 4, 5 y 6), viendo todos exactamente igual, eso no es la condición inicial; debemos creer todos lo mismo en lo básico, es decir, lo expuesto en versículos del 4 al 6, y manteniendo la unidad del Espíritu, hasta que todos llegamos a la unidad de la fe, cuando los dones, ministerios y operaciones, las dejamos actuar en nosotros; la unidad de la fe, es creer todos lo mismo, pero no es un requisito, para iniciar el proceso de santificación, sino una consecuencia final.

 Voy a dar un ejemplo, espero con ello quede más claro el tema (que yo veo que es difícil de explicar):

Estos días voy a cumplir 32 años que conozco al Señor, es decir, me convertí (antes era agnóstico y ese es otro tema jejejeje); si hago una ficción,  supongo que puedo viajar al pasado y me encuentro conmigo mismo de unos 30 años atrás (cuando tenia dos años de convertido; ya se, que no se puede en la realidad, pero es sólo para el ejemplo) ¿pensaría lo mismo mi yo antiguo, que el actual?, yo veo que habrían cosas coincidentes y cosas que las veo diferentes actualmente. ¿tendría comunión conmigo mismo? Claro que si, tendría el mismo Espíritu, y tendría comunión conmigo mismo (obvio), a pesar de algunas diferencias en la fe (doctrinales). Ósea, con diferencias doctrinales no básicas, tengo comunión conmigo del pasado, pues es el mismo Espíritu.

En resumen del ejemplo anterior podemos concluir, que si me encuentro conmigo mismo de hace unos 30 años atrás, de seguro yo no pensaría en todas las cosas lo mismo (otras sí), hay cosas que las he aprendido en el Señor y he madurado; por lo cual, serían diferentes; pero no tendría ninguna duda en que tendría comunión conmigo mismo, a pesar de creer algunas cosas diferentes. Aquí se ve claramente un ejemplo, tendría unidad del Espíritu (pues el Espíritu es el mismo), pero no estaría en la unidad de la Fe (pues hay cosas que no son fundamentales, que las vería en forma diferente). De la misma forma, no podría ser que yo no tenga comunión con un hermano con menor crecimiento en la fe (en este caso yo mismo) pero que tiene el mismo Espíritu; acá vemos claramente que no tendré necesariamente unidad de la fe, pero si unidad del Espíritu. Es de esto que nos habla el apóstol Pablo, en la su carta.

Con esto podemos establecer que las doctrinas básicas, dichas entre los versículos 4 al 6 (un cuerpo, un Espíritu, una misma esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos), son fundamentales y todos los hermanos deben creer lo mismo; ahora aparte de eso, las cosas de la fe que son mayores que estas, partimos desde la diversidad de la fe y conservando la unidad del Espíritu, hasta llegar a la unidad de la fe. Sin mantener la unidad del Espíritu, se dividen las congregaciones en muchas denominaciones, las cuales se caracterizan por querer tener una unidad de la fe, sin muchas veces tener la unidad del Espíritu. Ósea, lo hacen al revés, de como dice la Biblia; y al final terminan abrazando más sus propias teologías, que el Espíritu de Dios que lo sustenta todo.

En algunas denominaciones podemos leer sus principios de fe básicos (estos están publicados), esto está bien, si son básicos (como los señalados del versículo 4 al 6); el problema es que cuando se le agregan otros, aunque estén bien doctrinalmente, no están estableciendo el principio de la unidad del Espíritu, pues muchos pequeños en la fe, serán desplazados, o maduros en la fe, si estas doctrinas, pueden estar en algo erradas. Al no mantener el principio de la unidad del Espíritu, se pierde la comunión y se produce una dolorosa ruptura (división dentro del cuerpo), todo por no mantener la unidad del Espíritu, no entendiendo que la unidad de la fe es una consecuencia de la unidad del Espíritu y no al revés.

Es importante para el mundo que mantengamos esta unidad, la unidad del Espíritu; pues de esta manera le daremos testimonio al mundo de que nuestro Señor fue enviado por el Padre, y de la manera que el Padre lo ama, de esa forma nos ama a nosotros; y mostramos el Camino de salvación.

Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. (Juan 17:23)

Como conclusión debemos mantener la unidad del Espíritu, para que lleguemos a la unidad de la fe (verdad); y no al revés, como algunas denominaciones no saben o entienden; pues se producirán fracturas inevitables, que Dios nuestro Señor, nos quiere evitar.

Y también debemos estar alertas, pues nuestro enemigo sabe que esta ignorancia es importante para dividir la iglesia, de modo que así pierda poder y efectividad. En la división él reina; por eso no debemos dividirnos con un hermano a pesar que sea "débil en la fe" (o mayor que nosotros).

Bueno, espero haber explicado en parte este principio que está en la Sagrada Biblia, para que lo practiquemos en la vida diaria que nos conduce nuestro Dios.

Saludos, gracia y paz (shalom) a todos mis hermanos.