martes, 25 de noviembre de 2008

La llave de la oración


Lectura bíblica: Mt. 7:8; Is. 62:6-7 (Watchman Nee)

La oración es un asunto de gran importancia en la vida espiritual del creyente. Todo cristiano genuino es consciente de esto y por eso ora. Sin embargo, aunque algunos hijos de Dios pasan tiempo orando por numerosos asuntos, sus oraciones no parecen tener mucho efecto. Es como si no hubiesen encontrado la manera correcta de orar. Esto se debe a que aún no han descubierto la llave de la oración.
En todo lo que hagamos, primero debemos hallar la clave para hacerlo. Si queremos entrar a un cuarto y la puerta está con seguro, no podremos entrar, a menos que tengamos la llave. Supongamos que se necesitan dos personas para meter una mesa en un cuarto. Algunas pueden hacerlo sin ningún problema; otras tal vez lo hagan torpemente, tropezándose y golpeando la mesa, haciendo un enorme esfuerzo por pasar la mesa a través de la puerta. Aunque el tamaño de la mesa y el ancho de la puerta sea el mismo en ambos casos, la diferencia radica en las personas que cargan la mesa. Algunos tienen la clave o el secreto para cargar la mesa, otros no. Los primeros son personas que han encontrado la clave para hacer bien las cosas; son trabajadores aptos. Después que una persona ha descubierto la clave, puede hacer las cosas dos veces más rápido que los demás, mientras que aquellos que no la tienen, se esfuerzan en vano. Este mismo principio se aplica a la oración. Mateo 7 habla de los principios relacionados con la oración, uno de los cuales es: “El que busca, halla” (v. 8). Buscar requiere un esfuerzo. Todo el que busca sin interés ni seriedad, no hallará nada. Buscar implica tener paciencia y perseverancia, y a menos que seamos minuciosos, no hallaremos lo que buscamos. Cada vez que Dios no responda a nuestras oraciones, debemos ser pacientes y buscar diligentemente la llave de la oración. En el pasado, Dios respondió las oraciones de muchos santos porque poseían la llave de la oración. Si leemos la biografía de George Müller, quien fundó un gran número de orfanatos, podemos ver que él era un hombre de oración; durante toda su vida siempre recibía respuestas a sus oraciones. George Müller había descubierto la llave. Muchos creyentes sinceros hacen oraciones largas y elaboradas, pero no reciben respuestas de parte de Dios. En la oración, las palabras son indispensables, pero nuestras palabras deben ir al grano; deben ser palabras que toquen el corazón de Dios y lo conmuevan de tal forma que no tenga más alternativa que conceder nuestras peticiones. Las palabras específicas son la llave de la oración, pues concuerdan con la voluntad de Dios, y El no puede evitar responderlas. Veamos la llave de la oración en algunos ejemplos de las Escrituras.


LA ORACION DE ABRAHAM POR SODOMA
(GENESIS 18:16-33)
Cuando Dios le comunicó a Abraham que estaba a punto de ejecutar Su juicio sobre Sodoma y Gomorra, por la maldad de dichas ciudades, Abraham esperó delante de El. Luego comenzó a orar por Sodoma. El no se limitó a decir: “¡Oh Dios, ten misericordia de Sodoma y de Gomorra!” Tampoco le suplicó a Dios con gran vehemencia, diciendo: “¡Prohibe que Sodoma y Gomorra sean destruidas!” Abraham se aferraba al hecho de que Dios es un Dios justo (Gn. 18:25); ésa era la llave de su oración. En profunda humildad y con gran sinceridad, procedió a hacerle una serie de preguntas a Dios. Sus preguntas fueron sus oraciones. A medida que oraba, permaneció firme sobre la base de la justicia de Dios. Finalmente dijo: “No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez” (v. 32). Después de esto, no continuó haciendo más peticiones. Después de que Dios le respondió, se nos dice que “Jehová se fue”. Abraham no trató de aferrarse a Dios ni tampoco insistió con su oración. El regresó a su lugar. Algunos tal vez piensan que Abraham debió haber continuado suplicándole a Dios y que no debió haberse detenido con tan sólo diez justos. Sin embargo, las Escrituras muestran que Abraham conocía a Dios y conocía la llave de la oración. El escuchó al Señor decir: “El clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo ... El clamor ... ha venido hasta mí” (vs. 20-21). Si no hubiesen ni siquiera diez justos en una ciudad, ¿qué clase de ciudad es ésa? El Señor ama la justicia y aborrece la iniquidad (He. 1:9). El no puede encubrir el pecado y abstenerse de ejercer Su juicio. La destrucción de Sodoma y Gomorra era la terrible consecuencia de su pecado y era la manifestación de la justicia de Dios. Cuando Dios destruyó esas ciudades, no cometió ninguna injusticia en contra de ningún hombre justo; El “rescató al justo Lot, oprimido por la conducta licenciosa de los inicuos” (2 P. 2:7). La oración de Abraham fue concisa y recibió respuesta. No hubo injusticia en Dios. El no hizo morir al justo con el impío (Gn. 18:25). Nosotros lo adoramos y lo alabamos por esto.


JOSUE INQUIERE EN CUANTO A LA DERROTA EN HAI
(JOSUE 7)
Cuando los hijos de Israel atacaron la ciudad de Hai: “Huyeron delante de los de Hai. Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua” (Jos. 7:4-5). Después de un triunfo tan poderoso en Jericó, ¿por qué los hijos de Israel sufrieron una derrota tan aparatosa en Hai? Lo único que Josué podía hacer era postrarse ante Dios, acudir a El, esperar, y preguntarle por la causa de la derrota. Josué estaba afligido por el peligro en que se hallaba Israel, pero se afligía aún más a causa de la deshonra que esto había traído al nombre del Señor; por lo tanto, inquirió: “¿Qué harás tú a tu grande nombre?” Esta fue la llave de su oración. El honró el nombre de Dios. ¡Su preocupación era qué haría Dios por Su propio nombre! Cuando Josué llegó a este punto, Dios habló. Dijo: “Israel ha pecado ... por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos ... ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros” (vs. 11-12). A Dios le importaba Su propio nombre, y no podía tolerar el pecado entre Su pueblo. El escuchó la oración de Josué y lo instruyó a que descubriera el pecado que había causado el problema y le pusiera fin. Después de que Josué esclareció la causa de la derrota de Israel, se levantó muy temprano para dar por terminado el asunto y descubrió que el pecado era la codicia de Acán. Cuando Israel eliminó ese pecado, la derrota se convirtió en victoria. Tolerar y esconder nuestro pecado es hacer que el nombre de Dios sea blasfemado y es darle a Satanás ocasión para atacar al pueblo de Dios. Josué no se limitó a orar con celo y sin discernimiento, y tampoco le pidió a Dios que salvara a Su pueblo y le diera la victoria una vez más. La deshonra que esto trajo al nombre de Dios le causó gran dolor, y su súplica le recordó a Dios que solucionara este asunto por causa de Su propio nombre. Su oración fue al grano y produjo una respuesta de parte de Dios. Josué primero tuvo que encontrar la razón del fracaso. El tuvo que descubrir el pecado y ponerle fin para que se le diese gloria a Jehová, el Dios de Israel.


LA CONSULTA DE DAVID CON RESPECTO A LOS TRES AÑOS DE HAMBRE
(2 SAMUEL 21:1-9, 14)
“Hubo hambre en los días de David por tres años consecutivos. Y David consultó a Jehová” (v. 1). David no hizo una oración sencilla diciendo: “Oh Dios, este período de hambre ha durado tres años; te rogamos que tengas misericordia de nosotros. Ponle fin a esto y concédenos una cosecha abundante este año”. No, David no oró de esta manera. “David consultó a Jehová”. El buscó la causa del hambre. La consulta de David fue al grano; tocó la llave. Dios dijo: “Es por causa de Saúl, y por aquella casa de sangre, por cuanto mató a los gabaonitas” (v. 1). Dios no tolerará el pecado de romper un voto, y David tuvo que eliminar este pecado. Después que resolvió ese problema, la palabra de Dios relata que “Dios fue propicio a la tierra después de esto” (v. 14). David poseía la llave de la oración; por eso fue al grano, y su oración produjo la respuesta de Dios.


LAS ORACIONES DEL SEÑOR JESUS
(JUAN 12:27-28; MATEO 26:39-46)
Las oraciones de nuestro Señor eran perfectas, y siempre tocaban la llave de la oración. Cuando se rehusó a recibir a los griegos que lo buscaban, dijo: “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré?” (Jn 12:27). El revertió el asunto cuidadosamente y pensó: “¿Qué diré? Padre, sálvame de esta hora”. No, El sabía que no podía orar de esa forma. El lo reconoció y por eso añade: “Mas para esto he llegado a esta hora” (v. 27); por lo tanto oró: “Padre, glorifica Tu nombre”. Esta oración tuvo una respuesta inmediata. “Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez” (v. 28). Si esta fue la forma en que el Hijo de Dios, como el Hijo del Hombre, oró a Dios mientras estaba en la tierra, ¿cómo entonces nos atrevemos en el impulso del momento a abrir nuestros labios para hacer oraciones apresuradas? Es esencial que descubramos la llave de la oración.
Esa noche en el huerto de Getsemaní nuestro Señor Jesús estaba triste hasta la muerte. ¿Cómo oró en tales circunstancias? Dijo: “Padre Mío, si es posible, pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú” (Mt. 26:39). El poseía la llave de la oración. No le temía a la muerte, y aunque tenía libertad de hacer Su propia voluntad, escogió no hacer su propia voluntad; El prefirió hacer la voluntad de Su Padre. Así que oró por segunda vez: “Padre mío, si no puede pasar de Mí esta copa sin que Yo la beba, hágase Tu voluntad” (v. 42). Luego oró por tercera vez diciendo las mismas palabras (v. 44). Cuando tuvo la certeza de cuál era la voluntad de Su Padre, dijo a Sus discípulos: “La hora está cerca ... Levantaos, vamos” (vs. 45-46). Si nuestro Señor como un hombre sobre la tierra supo usar muy bien la llave de la oración y se negó a Sí mismo a fin de procurar la voluntad de Dios, ¿cómo podemos nosotros pronunciar negligentemente unas cuantas palabras en oración y pensar que ya podemos discernir la voluntad de Dios?


LA ORACION DE LA MUJER CANANEA
(MATEO 15:22-28; MARCOS 7:24-30)
Cuando la mujer cananea estaba angustiada y en necesidad, clamó: “¡Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de David!” (Mt. 15:22). ¿Fue sincera su oración? Ciertamente lo fue. Pero es sorprendente que el Señor “no le respondió palabra” (v. 23). Los discípulos parecen haber sentido lástima de ella, porque hablaron en favor de ella: “Despídela, porque viene gritando detrás de nosotros” (v. 23). Pero el Señor les respondió: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (v. 24). La respuesta del Señor le dio a la mujer la llave para acercarse. Ella vio que el Hijo de David solamente se relacionaba con la casa de Israel, no con los gentiles. Así que ella vino y le adoró, diciendo: “¡Señor, socórreme!” (v. 25). Ella lo llamó “Señor”, y no “Hijo de David”. Ella comprendió que sólo los Hijos de Israel tenían derecho a usar este título; así que ella abandonó la base equivocada sobre la cual estaba, y dirigió su oración refiriéndose a El como “Señor”. Esta oración provocó Su respuesta: “No está bien tomar del pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (v. 26). Aparentemente Su respuesta fue muy fría; era como si el Señor la estuviera rechazando y humillando. En realidad, El estaba tratándole de mostrar dónde se hallaba ella para que finalmente pudiera conocer el significado de la gracia. La mujer vio su posición; ella pudo ver al Señor y también Su gracia y, aferrándose de la llave de la oración, dijo: “Sí, Señor; también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (v. 27). Esto hizo que el Señor la elogiara, diciéndole: “¡Oh, mujer, grande es tu fe!” (v. 28). Ella había encontrado la clave de la oración, y espontáneamente expresó fe. En Marcos 7 el Señor dijo: “Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija” (v. 29). La oración obtuvo respuesta “por esta palabra”. Su palabra tocó la llave de la oración. Debemos aprender de este caso. Aunque oramos con frecuencia, nuestras oraciones se pierden como una piedra que se lanza al océano; desaparece sin ninguna respuesta de parte de Dios. No hemos hallado la llave correcta para abrir la puerta; sin embargo, tampoco tratamos de descubrir la razón por la cual Dios no responde nuestra oración. Hermanos y hermanas, ¿cómo podemos esperar que Dios responda unas oraciones tan insensatas? En todas nuestras oraciones debemos primero encontrar la llave; solamente cuando hagamos esto podremos esperar obtener respuestas de Dios.
Una vez examinados estos casos relacionados con la oración, tengamos en mente que a medida que oramos, debemos prestar atención a la voz interior y aprender a no ser gobernados por las circunstancias, los pensamientos ni los afectos. Cuando escuchemos esa suave y tierna voz interior que nos dice que oremos, cuando en lo profundo de nuestro ser tenemos el sentir de que debemos orar, entonces debemos hacerlo de inmediato. Las circunstancias sólo deben ser un medio que nos lleve a la presencia de Dios para allí esperar en El; ellas no deben regir nuestra vida, y no debemos permitir que ellas nos impidan orar. Nuestra mente sólo debe servir para organizar nuestro sentir interior, el cual debe ser expresado en palabras; ella no debe ser donde se origine nuestra oración. La oración es la expresión del sentir interior que pasa por la mente, aunque no se inicia allí. La oración conforme a la voluntad de Dios es solamente posible cuando estamos en armonía con Su voluntad. No es el ejercicio de forzar a Dios a que complazca las emociones de los hombres. Si nuestras emociones no son disciplinadas, no podremos orar, ya que nuestras oraciones no podrán hallar salida. Cada vez que estemos bajo el control de nuestras emociones, oraremos de una manera natural, según nuestros propios deseos, y nos será muy difícil orar conforme a la guía interior. Por lo tanto, debemos tocar la llave de la oración. Cada vez que nos encontramos orando de manera ineficaz e infructuosa, debemos primero pedirle al Señor que nos dé Su luz y procurar descubrir cuál es la causa de que no hallemos respuesta. Al consultar con el Señor, llegaremos al punto en que sentiremos que hemos obtenido algo, que en nuestro interior algo se activa, y escucharemos una suave y tierna voz que desde nuestro interior nos dice: “¡Eso es!” Cuando esto suceda, habremos encontrado la llave de la oración. A medida que usamos la llave para continuar orando, podemos tener la certeza de que Dios responderá nuestra oración.
En Isaías 62:6 dice: “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás”. Estos guardas son hombres de oración. Ellos tienen que vigilar permanentemente a fin de ver si algo sucede, y deben gritar cuando algo ocurra. Un hombre de oración debe recordarle los asuntos al Señor continuamente. Esta no es tarea de un individuo ni de unos cuantos; es necesario que un grupo considerable de hombres ore de esta forma. “Todo el día y toda la noche no callarán jamás”. Esta son compañías que velan continuamente; juntos descubren algo, y juntos oran sin cesar a Dios “hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra” (v. 7). Debemos perseverar en oración hasta que el Cuerpo de Cristo sea edificado. Dios necesita nuestras oraciones. El quiere que tengamos un espíritu de oración, un ambiente de oración y la llave de la oración. Hermanos y hermanas, levantémonos de nuestra condición y aprendamos a orar. Busquemos la llave de la oración para que podamos satisfacer la necesidad de Dios hoy.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

Hoy en el mundo estamos viviendo un periodo de inestabilidad; ¿y la verdad es que yo no se desde cuando el mundo ha sido estable?, si miras la historia de la humanidad, estarás de acuerdo conmigo, que hay pequeños lapsos de paz y muchos de turbulencia. Nunca el mundo ha sido estable y nunca lo será, la estabilidad y la paz en el mundo es sólo imaginación en la mente de los hombres del mundo (y algunos creyentes) que no pueden aceptar que todo el mundo está fundado en la vanidad, es decir, en la mas absoluta y más sólida NADA; para llamarlo en forma elegante diremos, en un sin sentido del hombre; es un sistema que va camino a lo desconocido por el mundo; pero conocido para los hijos de Dios que han escuchado a su Maestro. Va camino a lo desconocido, vienen y no saben de donde vienen, van y no saben donde van, y el único sentido que tienen acá en esta existencia, es lo que ustedes conocen muy bien; la vana manera de vivir que heredamos de nuestros padres, como bien lo decía el apóstol Pablo hace casi 2.000 años atrás "...sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, ..." (1Pe 1:18) Vana manera de vivir que nuestros padre heredaron también de los suyos, y así por generaciones y generaciones se ha transmitido ese sin sentido, y que muchas veces le damos tanto valor, por el sólo hecho de que así lo hemos visto siempre, nos aferramos a nuestras tradiciones...

El mundo tiembla y teme la incertidumbre del futuro, el hombre se afana y se aferra a sus seguridades... el que tiene posesiones ve en ellas su seguro, el que tiene estudios ve en ellos su pasaporte, el que tiene amigos, ve en ellos su confianza, el que tiene un trabajo, por último hecha mano a los años de servicio en caso de despido...muchas fortalezas y muchos ídolos tiene el hombre moderno, ya no son de oro, piedra o madera como en la antigüedad (en la mayoría de los casos, ya que también hoy los hay), sino que son ídolos que muchas veces no alcanzamos a identificar, pero estamos atiborrados de ellos en el sistema mundial.

Hermano querido, ¿Te has preparado para la crisis?; por favor piensa en un segundo donde están tus confianzas y seguridades; de seguro si eres sincero para con Dios, lo veras muy claro y no tienes por que decírmelo a mi, que soy un hombre igual que tú.

En caso que las cosas empeoren, ¿a que hechas mano?, ¿lo has pensado?, no me des explicaciones a mi, insisto; esto es algo personal tuyo con tu Dios y Señor. ¿Donde está tu confianza?; ¿Donde está tu fortaleza?; ¿has construido para los tiempos de prueba?, ¿Cuan sólida es tu edificación?...

¡Cuan livianos somos con las palabras de nuestro Señor!; son esas mismas palabras que atesoramos, las que nos dan un escudo inexpugnable; y son ellas mismas, en las que tropezamos y luego le pedimos a Dios explicaciones... ¿Señor, Señor por que a mi?

Y hoy te quiero recordar la parábola del hombre que construyó su casa en la arena y el otro que la construyó sobre la roca (los dos cimientos, en Mat 7:24-27); de seguro somos los más rápidos en pensar que obviamente nosotros somos los que construimos sobre la roca, y tal hermanito es el que construye sobre la arena... Somos muy rápidos en ver la paja del ojo ajeno, esa es una condición casi automática que tenemos (yo le llamaría carne, o mejor dicho carnalidad). Bueno hermano (y en todo esto me incluyo, ya que mi primera preocupación es sacar la viga de mi ojo; pero no puedo dejar de hablar y dar testimonio de la carga que tengo en el Señor para con todos mis hermanos en la fe y compatir de ella; además, si no lo hago; faltaría a mi Señor, predicando un evangelio de golosinas sin sustancia de la verdad) es tiempo de poner a prueba lo que hemos construido, y ver la realidad de las cosas; si hay cosas aún perecibles, aún es tiempo de corregir; y si hay cosas sólidas, gracias Señor y sigamos adelante. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga. (Gal 6:3-5)

Mi querido hermano, yo también me incluyo y descubro mi carnalidad, ignorancia e incredulidad; no me declaro sin falta en mi mismo, sino que me hago parte de la exhortación poniendo más que nunca atención a las palabras de disciplina de nuestro Señor; te puedo decir; que en mi alma aún hay falsas seguridades, falsas esperanzas, falsas fortalezas y falsos dioses; pero también te confieso que no les creo y las desecho; por la gracia del Señor, las reconozco, y no les creo y los expongo con claridad ante mi Dios y Señor (ya que a él no lo puedo engañar, y mejor es reconocer el pecado u error, arrepentirse (reconsiderar o pensar diferente que suena mejor que arrepentirse, una palabra muy explotada y manoseada hoy en día) y desecharlo; que hacerse parte de un auto engaño en la fe. Hermanos, el Señor nos conoce; y no le vamos a contar cuentos; es mejor reconocer nuestra carne ante él, y tenerla por muerta; para obedecer a la verdad por su gracia. Que justificar con una gracia mal entendida, todas esas falsas seguridades que también podemos llamar ídolos.

Volviendo a la parábola de los dos hombres que construyeron sus casas sobre la arena y sobre la roca (parábola que creo hemos escuchado muchas veces...), casi en forma natural nos identificamos con el hombre que construyó sobre la roca, inflamos el pecho y nos sentimos muy orgullosos de que así es (si esa gloria es para con nosotros mismos está bien, una vez sometida a prueba la obra, si es para con los demás no está bien)... pero hermanos... la hora de la prueba viene sobre toda casa construida... ¿cuan firme está nuestra construcción?

Lo que hoy vemos en el mundo que se habla de crisis e incertidumbre; es sólo el principio de pruebas que vendrán sobre el mundo entero; y las pruebas también son para SU IGLESIA, es decir, los creyentes que están unidos a la cabeza que es Cristo.

Permítanme ilustrar el siguiente dialogo:

¿Está sólida tu casa Juan? Respuesta: Claro hermano, yo creo en el Señor.

Ah, que bien. ¿Y que significa eso? Respuesta: Significa hermano que el Señor me va ha cuidar.

Que bien, así es. Pero me parece que ambas casas eran azotadas por las mismas inclemencias del tiempo. Respuesta: mmm ¿verdad? disculpa... no pero eso es para los otros, yo estoy bien (pero por dentro o hay temor y preocupación o falsa seguridad en los ídolos)...

No hermano, mira tu Biblia, dice que ambas casas fueron sometidas a la misma prueba... Respuesta: Silencio y en la mente de ese hermano, pasan rápidamente todas sus falsas fortalezas y seguridades (como ejemplo podemos mencionar, seguros de desempleo, ahorros, años de servicio, propiedades, reducción de gastos, depósitos a plazo, etc, etc...)

Para facilitar la compresión, voy a transcribir la parábola en referencia; para que notemos algunas cosas importantes:

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. (Mat 7:24-27)

Si leíste con atención, verás que la única diferencia entre los dos hombres, es que uno habiendo oído lo hizo según oyó del Señor; en cambio el otro también oyó, pero no le dio valor a las palabras del Señor, sino que hizo según su parecer... No dice que el hombre que construyó sobre la arena no haya creído en Jesús, pero ciertamente no le creyó; que es lo mismo que no creer en él. Ya que cuando alguien le cree a otra persona, actúa conforme a lo que de ella escuchó y creyó, es decir, respecto al valor que damos de las palabras oídas de dicha persona. Si damos valor, actuamos conforme a ellas, si no le damos valor, prontamente las olvidamos y actuamos según nuestro "buen" parecer...

Hermanos, muy fácilmente nos identificamos con el hombre sobre la roca, pero yo me pregunto ¿hacemos y obedecemos a nuestro Señor?, ¿cuanto es lo que efectivamente oímos y obedecemos? es más, también me pregunto, ¿sabemos siquiera que es lo que debemos haber escuchado y obedecido?, es más me pregunto, ¿que importancia le damos a las palabras de nuestro Señor, para poder ponerlas por obra?, es más me pregunto, ¿si está en juego todo nuestro esfuerzo y futuro en oír y hacer sus consejos, es decir, la voluntad de Dios, CUANTO REALMENTE INVERTIMOS EN CONOCERLA, EN CONOCER SUS PALABRAS? Si realmente creemos, yo creo que no hay nada más importante y prioritario en la vida de cualquier hombre que conoce el Camino, en OÍR, para poder obedecer a la Palabra. Si así no lo hacemos, ¿No es nuestro futuro el que ponemos en juego?.

Hermano mio, no te estoy asustando, sino razonando con la sabia doctrina de la fe; no le he ofrecido a nadie el infierno (y tampoco me compete a mi hacerlo, ya que ni el mismo Señor gustó de ello, sino que él quiere que nadie se pierda). Sólo te advierto lo que veo, con el sincero propósito de que al final de esta carrera puedas recibir un galardón COMPLETO, y no sólo parte de el. Que no haya ninguna habitación de tu casa fundada sobre la arena, sino que todo sea cimentado firmemente en la Roca, y si así no lo fuera hoy, a tiempo aún estamos...

Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. (2Jn 1:8-9)
Si lees los versículos anteriores, veras que si es posible tener un galardón incompleto; y que la forma de evitarlo, es "Mirad por vosotros mismos", es decir, aquí no puede ningún hombre hacerte el trabajo, sino que cada uno debe mirar por sí mismo. Además, te recuerdo que la palabra doctrina acá traducida, es la palabra, didajé en griego, que significa instrucción, enseñanza, enseñar. Vale decir, no nos debemos perder de las enseñanzas o instrucciones de nuestro Señor Jesús (a veces la palabra doctrina suena muy teológica o religiosa, pero su significado es muy simple y claro, es enseñanzas o instrucción de Jesús).

Hermanos, Dios mismo vino a la tierra a darnos un mensaje, a enseñarnos algo; si Dios mismo en persona vino a darnos un mensaje acá abajo en la tierra, si se tomó tremendísima molestia en hacerlo; es porque ese mensaje es MUY IMPORTANTE, ES IMPORTANTÍSIMO Y VALIOSISIMO. ¿Canto valoramos nosotros dicho mensaje? Si realmente lo creemos tan importante, por nuestras obras se verá nuestra fe; de alguna manera lo buscaremos con diligencia. Si por el contrario decimos que creemos, pero en realidad no es así, la verdad es que no habrán obras, ya que tampoco hay fe, es decir, las mismas faltas de obras testificaran mostrando una fe muerta.
¡DIOS MISMO BAJO A LA TIERRA A COMUNICARNOS UN MENSAJE, ES TAN IMPORTANTE EL MENSAJE DE DIOS, QUE DIOS SE LLAMO ASÍ MISMO EN SU HIJO LA PALABRA! (el verbo en algunas traducciones o lógos en griego, que significa palabra). Y aquella Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros; (y vimos su gloria,) gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:14) ¿Cuanto conocemos de dicho mensaje?; ¿Cuanto conocemos dicha Palabra?, ¿Cuanto estamos dispuestos a invertir por conocerlo a cabalidad? Como somos seres muy racionales y calculadores, les aseguro que no invertiremos más de lo que esperamos obtener de él; esa es nuestra mente humana que saca cuentas. Pero si nuestros ojos del corazón están abiertos y vemos el tremendo potencial que hay por delante, nuestra mente borrará el calculo anterior, recalculará la situación y verá que son tantos y tan grandes los beneficios, que incluso entregar las vida por dicho Mensaje o Palabra es poco, el darse entero por dicha Palabra no es nada aún por lo que ella nos trae, y por el gozo de estar junto a El eternamente.
Hermanos y hermanas, para hacer lo que el Señor dice o enseña, primero hay que conocerlo; hay que escuchar la voz del Señor; no hay forma de hacer su voluntad sin primero conocerla; he ahí nuestro llamado a conocer a Cristo, a conocer la Palabra de Dios encarnada y a obedecerle, que de otra forma no tendría sentido que le llamemos Señor, si no le hacemos caso.
Hoy el mundo está en turbulencia, no se por cuanto; pero lo que si se; que es una advertencia del Señor a SU IGLESIA para que despierte y vele. Para que SU IGLESIA tenga la oportunidad de retomar su verdadero Camino, se arrepienta de su error; y no nos encontremos en el final de los tiempos, con nuestra casa destruida por no haber hecho la voluntad de Dios. Hoy es un tiempo de advertencia y atención para SU IGLESIA, para que deposite toda su confianza en la Roca eterna, y todo lo que emprendas esté muy sólidamente afianzado en este Cimiento que traspasa el tiempo y las edades, ese cimiento que te ancla a Dios. Es tiempo de que cada uno vea por si mismo, ante él Señor, en que ha fallado; que someta a prueba su obra; y si hay algo que corregir, lo hagamos en amor.
Hermano querido te invito a leer en oración, lo que Jesús nuestro Señor quiere que oigamos de su voluntad; antes de la parábola de las dos casas (los dos cimientos) hay un discurso muy importante de Jesús que no debemos desconocer, y que tenemos que poner en práctica voluntariamente si realmente lo creemos (lo puedes encontrar desde el capítulo 5 de Mateo hasta el capítulo 7 inclusive), que él no nos va ha obligar (esa es la condición de ser hijo de Dios, la libertad; el mismo Señor cuando vino a la tierra lo hizo voluntariamente, incluso a la cruz fue sin obligación, pudiendo haber rehusado a ella, esa es la condición del verdadero hijo de Dios, en libertad; que eso le da gloria a Dios). Y si nos hacemos esclavos de Cristo es por amor de él, eso también lo hacemos voluntariamente a su tremendo llamado. Los espíritus que esclavizan, no vienen del Padre, sino de las tinieblas; y el temor es una cadena fuerte que amarra los hombres del mundo; de la cual ya estamos libre por medio de la fe.
El evangelio se revela por fe y para fe, sin fe no hay revelación, sólo letra muerta; no estamos en el antiguo régimen de la letra, sino en el nuevo del Espíritu. Si vas a leer, escuchar, orar, compartir, ayunar, etc. hazlo con fe, y verás los frutos, y no te arrepentirás. Estamos a tiempo hermanos no perdamos el tiempo con la vanagloria del mundo, con las cosas que son sólo añadiduras; y no nos perdamos LO MEJOR.
Si lees con atención desde el capitulo 5 al 7 de Mateo; verás que Jesús nos habla de diferentes cosas que debemos entender por medio de la fe, entre ellas están, por mencionar algunas: Las bienaventuranzas, la oración, el ayuno, los tesoros en el cielo, la lámpara del cuerpo, los dos señores, el afán, el buscar el reino de Dios y su justicia, no juzguéis, no dar las perlas a los cerdos, pedid, buscad, llamad, la puerta estrecha, por sus frutos los conoceréis, un Señor es a quien se obedece, etc y por último los dos cimientos (las dos casas); que nos estampan con fuego sus palabras para la eternidad.
Los invito a leer en oración dichas palabras, y ponerlas por obra por medio de la fe; yo se que muchos ya las conocen, pero ¿cuanto de ellas realmente practicamos?, ¿Cuanto de ellas realmente creemos?, ¿Cuanto de ellas realmente entendemos?
Hermanos, sostenidos en El, en el invisible; todas estas turbulencias serán de gran provecho y ganancia para cada uno de nosotros los que creemos, es decir, su iglesia; pero sin fe, lo único que te aseguro, es que las palabras del Señor se van a cumplir si o si; y todo lo que no tenga cimientos sólidos en él, está destinado a la destrucción.

Padre nuestro y Señor, habla a nuestros corazones que es la única forma que podemos avanzar. Y no permitas que nos endurezcamos a tu voz. Danos hambre y sed, de intimidad contigo Señor, y que podamos gustar de tu hermosa presencia. Te pido por todos mis hermanos que con sincero corazón te buscan, para que los fortalezcas en ti, por tu nombre y gracia. Enséñanos Señor, instrúyenos en tu voluntad. Permítenos Señor hoy darnos cuenta de nuestras deficiencias, para que por medio de tu gracia que opera por la fe en ti Señor, podamos corregir lo que no está de tu agrado en nuestras vidas. Gracias y Amén.
Que la gracia y la paz del Padre y de nuestro Señor Jesús, sea con todos y cada uno de ustedes.

Rodrigo









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