sábado, 23 de enero de 2010

Porque tuve hambre, y me disteis de comer.


Creo que todos hemos leído o escuchado en más de alguna oportunidad, este pasaje de la Biblia, en que Jesús declara estas palabras "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber…" Bueno el mensaje de hoy, es respecto a lo mismo; con la gracia del Señor expondré algunos aspectos de esta palabra.

Este es un versículo muy repetido en muchos círculos religiosos, pero no muy practicado, no muy entendido; y diría yo, hasta olvidado en otros… Antes que nada, transcribo los párrafos completos de la Biblia a este respecto, por si no los recuerdan muy bien:

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, (32) y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartarálos unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. (33) Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. (34) Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. (35) Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; (36) estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. (37) Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? (38)¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? (39) ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? (40) Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.(41) Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. (42) Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; (43) fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. (44) Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? (45) Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. (46)E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. (Mat 25:31-46)


No haré una exposición completa de lo citado, ya que no es lo que hoy me pone el Espíritu para compartir, sino un aspecto o brillo de Su luz, particular para hoy. "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber".

Hermanos ¿Cuánto vemos hoy de estas palabras?, es muy fácil entender que el Señor nos manda a amar a los hermanos, y de tener cuidado de los más pequeños; ya que son "SUS hermanos más pequeños" (como lo dice la Biblia), y cuando lo hacemos a sus pequeños hermanos, a El lo hacemos. Si lo vemos en lo literal, que es muy correcto entenderlo así, no puede ser que tengamos el amor de Dios y vemos a un hermano más pequeño, y nosotros teniendo para compartir, no abramos nuestra mano para compartir con él lo que necesita, ¡eso no puede ser!; ya que eso no es amor. Y si aún no lo notas del todo, fíjate que el Señor hace referencia a estos pequeñitos como SUS hermanos (verso 40), es decir, no sólo tu hermano, sino más aún SU HERMANO, su familia, lo suyo, lo que le pertenece a El, lo íntimo de El, es decir, El mismo.

Podemos ver también como el apóstol Juan nos habla lo mismo "Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?" 1Jn 3:17 Eso no puede ser, teniendo que dar (ya que todas las cosas las recibimos del Señor); el amor nos lleva a dar; y a dar gracias por esa oportunidad, de poder darle a él. Como dijo el Señor hace tanto, se cumplen en nosotros sus palabras: "Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses". (Mat 5:42) Todo esto viene de Dios, y él lo pone en nuestro camino; nosotros somos los que tenemos que abrir bien los ojos.

Sabemos también que nadie puede dar lo que no tiene, por eso sabemos que no es bueno ser ociosos, sino trabajar para tener que compartir con nuestros hermanos. Si tú has vivido esto, y lo has experimentado y lo comprendes; Si tu respuesta es afirmativa, es el paso previo para vivirlo en la profundidad que el Señor nos quiere dar, y es el más valioso llamado. Si aún no lo entiendes, y no lo vives; debes obedecerlo ya que a eso te invita el Señor. ¿A que me refiero? Bueno, cuando el amor de Dios está en tu corazón, y tú buscas el bien de tus hermanos y no esperas recompensas de tus hermanos, sino esperas en tu Señor; que sabe en lo secreto. ¿No es tiempo de darles lo que realmente necesitan?; ¿no será también, y más aún, el hambre y sed espiritual que tienen estos más pequeños, a lo que nuestro Señor nos invita a compartir?, ¿no será que por ser aún pequeños, necesitan mucho de los hermanos mayores para recibir su alimento a su tiempo y protección? Verdaderamente y de verdad se cumple, que para eso nos puso Dios el Señor, para alimentar a los hambrientos, para saciar a los sedientos; y no sólo eso, sino para recoger a los forasteros, cubrir a los desnudos, visitar a los enfermos e ir a los presos. Hermanos, si verdaderamente el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones; y no podemos compartir lo material de lo que Dios nos ha dado para compartir con el que necesita, mucho menos podremos proveer y compartir lo Espiritual. Este es un principio divino, si no podemos dar lo material; ¿cómo podremos dar lo Espiritual? Es algo que nos declara lo que hay en el corazón del hombre, si en el corazón del hombre no hay amor para compartir de lo que Dios nos abundó, ¿como habrá gracia de Dios para compartir lo que proviene de Dios mismo? Es imposible, ya que aún está persona debe ser disciplinada por el Señor, o realmente aún no conoce a Dios. El Señor nos quiere a todos en ello, compartiendo lo que es de El, primeramente con nuestros bienes y lo superior que es El mismo, a todos en la medida de su crecimiento y don que le ha sido dado, amando al hermano, y apuntando a que podamos ver la necesidad de los hermanos; y podamos disponernos de corazón a ser siervos útiles a nuestro Señor. Si de corazón puedes compartir lo material por amor, no tengas dudas que Dios te abundará en lo Espiritual. Y se cumplirá en nosotros la palabra de Jesús: Más bienaventurado es dar que recibir. Hch 20:35.

Hoy incluso existe una distorsión en el evangelio, y se dice que hay que dar hasta que duela; eso no es correcto; ya que Dios ama al dador alegre, y no el que da por obligación, o de mala gana, con dolor o por justicia propia, o por gloria personal; eso no es correcto y dicha enseñanza no está en la Biblia. Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre. (2Co 9:7) Hay muchos "ministros de Dios" (lo pongo entre comillas), que han olvidado (o no conocen) esto. Ellos sólo esperan sacar frutos de los más pequeños (cuando estos tienen algún bien material), y no ven que son ellos, los llamados a abastecer los graneros con alimento para el pueblo de Dios. Ellos juntan muchas ovejas y las cuentan con avaricia, esperando sacar frutos de ello (carne, leche y lana). Para ellos los rebaños no son más que bienes personales, a los cuales sacar provecho particular. Y de las ovejas que no ven posibilidad de muchos fruto, esas mejor las dejan pasar…(me llama la atención tanta ceguera, de cómo en algunas congregaciones se ora con ímpetu pidiéndole al Señor que vengan empresarios, que vengan profesionales, que vengan autoridades a ser parte de sus filas; ¡esto no es lo que Jesús predicó!, sino que El llamó a todos los pecadores, sin importar su importancia que tenían en el mundo, sin importar cuanto dinero o gloria tenían, ya que Dios no hace acepción de personas; estos hombres sólo quieren las ofrendas y diezmos de dichas personas, para hacer "la obra de Dios" que no es más que obra de hombres, estos hombres sólo buscan agrandar las filas de sus ovejas, para su gloria personal.

Dios no necesita del mundo para hacer su obra; él la hace, y por medio de Su iglesia (esto es, los que están unidos a El), El es dueño de todo y no le pide limosnas al mundo, como si necesitara algo del mundo; lo que él busca son todas las personas del mundo para que tengan vida en El, por un amor tan grande por el cual entregó su propio Hijo).

Hermanos, si en realidad tenemos a Cristo morando en nuestros corazones, por medio de su Santo Espíritu; somos nosotros los llamados con la gracia de Dios, a proveer y aliviar a los hambrientos, sedientos, forasteros, enfermos, desnudos y prisioneros; en la medida del don de gracia que cada uno tenga, que le haya sido dedo de lo alto. Cuando tu ves a tu hermano tener necesidad, no puedes cerrar tu corazón para con él. Y más aún cuando ves una necesidad tan trascendente e importante para la eternidad como son las cosas Espirituales, ¿cómo no gozaras compartiendo tu pan del cielo y tu bebida viva con él? Porque el verdadero pan es Cristo, y la verdadera bebida es Cristo; creyéndole y siguiéndolo. Y como sabemos, que nadie puede dar lo que no tiene, es por ello que debemos por amor, pedir en oración que seamos siervos útiles en su Reino, por su gracia y misericordia, para que tengamos abundancia que compartir con estos hermanos pequeños, de nuestro Señor. No sea que nos creamos en nosotros mismos que tenemos mucho que dar, en la vanagloria de nuestra mente; ya que todo don celestial viene precisamente desde el cielo y no del hombre; sino que el hombre es el conducto necesario para poder comunicar dicho don a los hombres. Es por eso que debemos entender más ahora, nadie puede dar lo que no tiene; debemos pedir, buscar y llamar, para poder tener algo que ofrecer al hambriento, al sediento, al desnudo, al enfermo y al cautivo. De otra manera, no habrá provisión abundante de Dios, por medio nuestro. A veces no entendemos bien las cosas, y pensamos que es responsabilidad del Señor levantar al caído, dar de comer al hambriento, saciar al sediento, cubrir al desnudo, visitar al enfermo e ir al prisionero. Y olvidamos, que nuestro Señor actúa por medio de Su cuerpo que es la iglesia; y él lo hace cuando cada miembro en particular está unido a la cabeza, y recibe la urgencia de su Señor.

Experimentar el amor de Dios, es como una prolongación de Dios mismo. Desgraciadamente, en ocasiones vemos hermanos más pequeños, y al contrario de ayudarlos, nos llenamos de juicios para con ellos, y no nos damos cuenta que debemos procurar ser una ayuda para ellos, y no un dedo acusador. Una mano que sostiene, una mano que ayuda, una mano de Dios y no un dedo inquisidor.

Me gustaría compartir lo que dice el siguiente versículo, que a veces nos puede confundir un poco, respecto a nuestro llamado a no desfallecer en ayudar a los hermanos cuando los vemos caídos (y que no necesariamente lo están), es el siguiente:

Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. (Rom 14:4)

A veces esto lo podemos mal entender, sacándonos de nosotros el oír ser llamados a hacer algo por el hermano caído, y decimos que para el Señor está caído o de pie, y él es poderoso para hacerle estar firme. El Señor es muy poderoso, de hecho es TODO PODEROSO. Pero no es esto lo que esta palabra nos quiere enseñar, sino a no juzgar al hermano; a no juzgarlo porque tiene hambre y está débil o porque lo vemos caído, a no juzgarlo porque tiene sed, a no juzgarlo porque está enfermo, porque está preso o desnudo. Muchos hoy se escandalizan con el desnudo y no lo cubren, ven al enfermo y lo condenan de pecado, ven al débil y no proveen de alimento (y no lo pueden hacer, ya que nada tienen ellos para ofrecer sino prejuicios). Si leemos el verso anterior (el verso 4 citado), en todo su contexto, nos quedará muy claro que esto habla de no juzgar al hermano, y no que no podamos ser un medio de bendición para ellos.

El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. (Rom 14:3-4)

Ahora puedes ver, que no es el propósito de Dios que seamos fariseos e interpretes de la ley, para juzgar a nuestros hermanos; sino un medio limpio y apropiado de servicio a "sus pequeños hermanos" para la gloria de Dios, por su gracia. Recuerda que muchos religiosos del tiempo de Jesús estaban muy atareados definiendo que era licito y que no era licito, que era lícito y que no era licito hacer un día de reposo, etc; pero estuvo delante de ellos el mismo Señor de Gloria que ellos debían conocer y por el cual se supone hacian todo lo que hacian, y no lo reconocieron; es más, lo persiguieron hasta matarlo; pero resucito por el poder de Dios; Gloria a El. Estos hombres eran los fariseos, saduceos, escribas e interpretes de la ley, muy atareados con las "cosas de Dios", y no conocieron a Dios. Que no sea que no veamos lo que Dios nos pone por delante, y seamos ciegos, sordos e insensibles a sus llamados.

El Señor quiere abundarte para que puedas, dar al hambriento, al sediento, al desnudo, al enfermo, al prisionero; pero para ello debes buscar, llamar y pedir; y sobre todo debes disponer tu corazón para que su amor, te abunde para con sus y tus hermanos pequeños; sin amor todo es sin sentido y sin sabor. Necesitamos ver nuestras carencias para tomar en Cristo lo que nos falta, para poder servir y ser útiles. Todos tenemos una función que cumplir en el Cuerpo, y no hay ningún miembro que vaya a carecer de algún don del Espíritu de Dios en él. Debemos procurar descubrirlos, recibirlos y perfeccionarlos.

Ahora cobran mayor peso las palabras del apóstol Pablo, que siendo muchos y distintos cada uno de nosotros, según el don de Dios que ha recibido deber servir a los hermanos. Para que en la iglesia del Dios vivo no haya escasez, sino fruto abundante agradable delante de sus ojos.

Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. (Rom 12:4-10)

Y por último, Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. (1Cor 14:1)

Seguid el amor, Dios es amor; y sin amor todo don espiritual no tiene sentido, ya que es para los edificación de los hermanos. Y dice la palabra PROCURAD, es decir, desead y buscad los dones espirituales y sobre todo que profeticéis (hablar inspirado por Dios). Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia. (1Cor 14:12)

Así que si tu pequeño hermano tiene alguna necesidad espiritual, dale a Cristo que él saciará su hambre, dale aguas vivas y saciaras su sed, dale una palabra de la misericordia de Dios que cubra su vergüenza, anúnciale el evangelio para su sanidad y enséñale la Verdad, para que tenga libertad. No lo podremos hacer sin recibir y ejercer todo don que viene de lo alto; y los cuales debemos procurad por amor a los hermanos para su provecho, es decir, la edificación de la iglesia. No es una actitud pasiva la que debemos tener para con el servicio a Dios y nuestros hermanos, sino que debemos desear y buscar con pasión ser abundados en ello; y sabemos que Dios nos responde todas nuestras oraciones en el nombre de Jesucristo, nuestro Salvador y Señor. Así es.

Además, la Biblia nos enseña a PROCURAD LOS MEJORES DONES; y eso es de Dios. Hermano, hoy el Señor tiene en su corazón que pidas, que llames y que busques; y que no quedes en una posición de sueño espiritual; sino que trabajes con el poder de su gracia que puede obrar en ti, por medio de la fe en Cristo Jesús. No es por la comida y la bebida material que Dios nos quiere ansiosos, sino que nos quiere anhelando su comida del cielo, la cual sólo Cristo nos puede dar.

Y aún una vez más, el Espíritu nos dice: Procurad, pues, los dones mejores. (1Cor 12:31) ¿Y por que Señor los debemos procurar? Los debemos procurad hermanos, para que él nos pueda decir gustoso, aquel día: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

Espero que este mensaje, despierte en tu interior una oración de corazón al Padre para poder ser más útiles en su Reino; y nos descubra en nuestra debilidad; para ser abundados y fortalecidos con poder por su Espíritu, para su gloria. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. (Juan 6:27) Nadie puede dar si primero no recibe, trabajemos pues por esa comida que el Hijo del hombre nos da; porque a éste señalo nuestro Dios Padre. Amen.

Más bienaventurado es dar que recibir. Hch 20:35.

domingo, 10 de enero de 2010

¿Qué tipo de obras practicas ante Dios?


Hoy después muchos años de historia en el cristianismo, sabemos que los hombres obtienen la salvación por medio de la fe en Jesucristo, y no por la obras de la ley. Que no sea el hombre justificado por las obras de la ley, no significa que todas las obras sean de ese tipo; y es en eso que me quiero detener y analizar en este mensaje. Que tipos de obras existen y cuales son las que debemos tener y abundar; y cuáles no tienen provecho para con Dios; veremos que hay por lo menos dos tipos de obras básicas que debemos reconocer en las Escrituras, y veremos cuáles son las que Dios reconoce y recompensa.

En primer lugar, y para no tener confusiones, algunas citas bíblicas para que entremos en tema de fondo, que tipo de obras tenemos. Como lo escribió hace tanto el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, leemos resumidamente que Dios nos justifica por medio de la fe, y no por la obras de la ley:

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. (Rom 3:28)

Podríamos citar muchos pasajes más que atestiguan a favor de este principio de salvación del hombre por la fe, sólo lo haré con algunos versos, para dar fuerza al concepto de fe como principio de salvación:

…ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (Dios); porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. (Rom 3:20)

…sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. (Gal 2:16)

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. (Gal 3:10-12)

En los pasajes anteriormente citados, nos queda muy claro que la justicia de Dios es por la fe y no por las obras de la ley, es decir, es por la fe que tenemos paz para con Dios y no por obras de justicia propia que pudiésemos hacer. Eso es una verdad fundamental en el evangelio y nadie puede decir lo contrario, la salvación del hombre es por medio de la fe en Jesucristo y no por las obras de la ley.

Ahora quiero hacer notar en ustedes, que la Biblia dice que es por fe y no por obras de la ley, es decir, obras con el apellido “de la ley”. Notemos que la Biblia no rechaza las obras en sí, sino que pone énfasis que no es por las obras de la ley, es decir, las obras que están sustentadas en el principio de dar un pago a Dios para justificarse ante él y obtener la vida, es el principio mencionado en Gálatas 3:12 citado “…y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas”. Estás son obras de justicia propia, es decir, nuestras obras que tienen el propósito de pagar una deuda ante Dios, y así “comprar” la vida o un beneficio de parte de Dios.

Entendemos entonces que Dios no rechaza todas las obras de los hombres, pero rechaza las obras de la ley, es decir, las obras de justicia propia ante El, como también lo vemos en el antiguo testamento; veamos que hay dos tipos de justicia (u obras de justicia); una que hace que Dios salga a nuestro encuentro y otra que es rechazada:

Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia, de los que se acordaban de ti en tus caminos; he aquí, tú te enojaste porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por largo tiempo; ¿podremos acaso ser salvos? Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades. (Isa 64:5-7)

Mira como nuestro Hacedor sale al encuentro al que con alegría hace justicia (no como pago, sino por fe y amor), y como rechaza como trapo sucio toda obra de justicia propia del hombre, ya que es sin fe como dice “nadie hay que invoque tu nombre”. Y para invocar primero hay que creer (invocar digo de corazón, y no de boca). Vemos dos tipos de obras acá en el antiguo testamento, las obras de la fe y las obras de la ley.

¿Y por que las obras de la ley no agradan a Dios?
Porque no podemos cumplir la ley en todo lo escrito y siempre; Dios no es un ser semejante al hombre caído; Dios es perfecto y no se agrada de la mediocridad e imperfección; él aborrece el pecado; es por eso, que cuando infringimos un mandato de la ley, ya somos infractores de toda la ley, y por lo tanto, no agradamos a Dios. La única forma de agradar a Dios por medio de las obras de la ley; es cumplir la ley completa y siempre.

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.(Gal 3:10)

Hasta acá, sabemos que la contraposición está entre obras de la ley (obras de justicia propia) y la fe en nuestro Señor Jesucristo; y es por eso que quiero ahora referirme a otro tipo de obras, las obras de la fe, que nacen de una fe viva (obras de distinta motivación que las obras de la ley).

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?... Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. (Stgo 2:14,17)

Acá vemos a Santiago hablando que la fe y las obras van de la mano, pero fíjate que Santiago no habla del tipo de obras que habla Pablo, él habla de un tipo de obras distintas que están en unión con la fe, y no de las obras de la ley (obras para justificarse ante Dios o pagar un precio por un favor).

Luego Santiago nos desafía a que le mostremos (si es que es posible) nuestra fe sin nuestras obras; y él nos mostrará su fe por sus obras. Porque no es posible creer algo y no tener una obra consecuente con la fe que se tiene. Por ejemplo: no es posible decir que creemos que Jesucristo es nuestro Señor, y por otro lado, no obedecer al Señor que declaramos como nuestra autoridad. Si decimos y creemos que él es nuestro Señor y no le obedecemos, quiere decir que en realidad no lo creemos como Señor nuestro (o no lo reconocemos como autoridad en nuestras vidas), ya que eso es contradictorio. Es imposible para cualquier hombre tener fe, y no tener obras que atestigüen de dicha fe. Bien lo declaró Santiago: Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.(Stgo 2:18). Y ahora entendemos que es imposible mostrar la fe de alguien sin obras, ya que si no hay obras; quiere decir que la fe está muerta; y es por ello, que nos lleva al ejemplo de Abraham, el cual vamos a analizar más en detalle para entender y ver la verdad de este principio.

¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. (Stgo 2:20-24)

Santiago nos insiste que la fe sin obras está muerta, y en realidad tiene razón; pero veamos como operan la fe y las obras en este caso; y veamos que las obras a que se refiere Santiago no son las obras de la ley, sino que podríamos llamarlas las obras de la fe. (Nótese que hasta acá no hemos hablado de los frutos del Espíritu, que son consecuencia de un caminar en el Espíritu; sino que estamos hablando de obras de fe vs obras de la ley; como testimonio de que camino optamos para poder tener entrada al Padre; la gracia o la ley).

Bueno, creo que lo mejor es ir directamente al ejemplo de Abraham nuestro padre; el ejemplo que cita Santiago; y a través de este ejemplo poder comprender cabalmente a que se refiere Santiago con obras y ver como estás son un testimonio de la fe viva.

Primer ejemplo:

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. (Heb 11:17-19)

Acá notamos claramente un buen ejemplo de una obra de fe, que da testimonio que la fe de Abraham estaba viva; ya que primero Dios había prometido a Abraham que en Isaac le sería llamada descendencia, es decir, Dios le había hecho una promesa a Abraham de que por medio de su hijo Isaac vendría su descendencia; pero luego de los años, el mismo Dios le pedía a Isaac en sacrificio, el mismo Isaac que él le había dado le era pedido en sacrificio; ¿Cómo podría ser esto?; ¿Primero Dios promete y luego hace una petición que parece anular la promesa?. No es así, sino que Dios espera una obra de fe que atestigüe de la fe que Abraham tenía en él. Como Abraham conocía a Dios, y sabia que Dios no mentia y cumple todo lo que promete; Abraham pensó que poderoso es Dios para levantar a Isaac de los muertos, ya que El le había prometido que por medio de Isaac tendría descendencia, y por eso obró obedeciendo a Dios. Vemos entonces, que para que exista una obra de fe, primero tiene que existir una palabra de Dios o promesa a ser creída; sin palabra de Dios o promesa; no existe verdadera fe. Y luego una obra que atestigüe a favor de la fe que la motiva.

Tomemos el siguiente segundo ejemplo, también de Abraham, para que podamos ver claramente que la fe, produce obras; distintas claro está que las obras de la ley, que llamaremos obras de la fe, leamos lo siguiente:

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. (Heb 11:8)

Nuevamente vemos, que primero Dios da una promesa a Abraham por medio de su palabra; Abraham fue llamado por Dios a salir de Ur el lugar de herencia de sus padres, por un lugar que desconocía y que Dios le bendeciría. Para Abraham era más seguro y cómodo seguir en Ur, antes que partir a un lugar desconocido del cual el no sabia nada; sólo que Dios le había prometido que le bendeciría. Como Abraham creyó a Dios, obedeció y salió de Ur y partió tras la promesa de Dios, abandonando la seguridad y comodidad que tenía en Ur, incluso abandonando la herencia que seguramente tendría de sus padres en Ur. ¿Y por que obedeció? Porque Dios le dijo que si obedecía habría un gran futuro para él y su familia, veámoslo:

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. (Gen 12:1-4)

Como vemos en el ejemplo anterior, la fe produjo la obra de partir de la tierra de su parentela (humanamente la tierra más segura y con mejores perspectivas) y viajar a la tierra desconocida de Canaán; toda una aventura, pero la aventura más segura que está respaldada por la palabra de Dios, es decir, 100% segura.


Como tercer ejemplo de las obras que son inspiradas en la fe, y en ellas tienen su sustento; te propongo lo escrito en Hebreos 11:6; que dice que Dios es galardonador de los que le buscan. Si tu realmente crees esta palabra; ¿cuáles serán las obras que darían testimonio de que realmente lo crees? Bueno antes que nada primero es necesario conocer la palabra de Dios, en este ejemplo: Que Dios premia a los que le buscan; sin conocer o escuchar la palabra de Dios, es imposible creerla; es decir, antes de la fe viene escuchar la palabra. Una vez que has oído la palabra; si realmente la crees creo que valoraras como una gran oportunidad el poder invertir tu tiempo en buscar a Dios, no será para ti una tarea sin sentido o de sacrificio, sino que sabrás que lo que inviertas en la búsqueda personal de Dios, te será grandemente recompensado. Ahora vez, más claramente como una fe verdadera, influye en nuestra conducta y nuestras obras dan testimonio de ellas, y perfeccionando nuestra fe. Eso es una obra de fe, una obra que a Dios le agrada, porque realmente le crees.

Hasta acá hemos visto las obras de la ley y las obras inspiradas en la fe; pero la cosa no termina solo acá; también existen las obras de vanagloria, las obras de la carne, los frutos del Espíritu; y las obras más hermosas e importantes de todas: LAS OBRAS DE AMOR.

No seguiré con el mensaje, ya que creo que si de verdad te interesa tú lo investigarás; pero te adjunto algunos versículos donde puedes profundizar lo que te expongo:

Obras de vanagloria: Mateo 6:1-6; Filipenses 2:3; Mateo 23:1-12; Juan 5:44.-

Obras de la carne: Gálatas 5:19-21; Romanos 8:12-14.-

Frutos del Espíritu: Gálatas 5 20-23.-

Las obras de amor: 1 Corintios 13 1-13; 1 Juan 3:17-18; Juan 14 21-24.-