domingo, 10 de enero de 2010

¿Qué tipo de obras practicas ante Dios?


Hoy después muchos años de historia en el cristianismo, sabemos que los hombres obtienen la salvación por medio de la fe en Jesucristo, y no por la obras de la ley. Que no sea el hombre justificado por las obras de la ley, no significa que todas las obras sean de ese tipo; y es en eso que me quiero detener y analizar en este mensaje. Que tipos de obras existen y cuales son las que debemos tener y abundar; y cuáles no tienen provecho para con Dios; veremos que hay por lo menos dos tipos de obras básicas que debemos reconocer en las Escrituras, y veremos cuáles son las que Dios reconoce y recompensa.

En primer lugar, y para no tener confusiones, algunas citas bíblicas para que entremos en tema de fondo, que tipo de obras tenemos. Como lo escribió hace tanto el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, leemos resumidamente que Dios nos justifica por medio de la fe, y no por la obras de la ley:

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. (Rom 3:28)

Podríamos citar muchos pasajes más que atestiguan a favor de este principio de salvación del hombre por la fe, sólo lo haré con algunos versos, para dar fuerza al concepto de fe como principio de salvación:

…ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (Dios); porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. (Rom 3:20)

…sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. (Gal 2:16)

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. (Gal 3:10-12)

En los pasajes anteriormente citados, nos queda muy claro que la justicia de Dios es por la fe y no por las obras de la ley, es decir, es por la fe que tenemos paz para con Dios y no por obras de justicia propia que pudiésemos hacer. Eso es una verdad fundamental en el evangelio y nadie puede decir lo contrario, la salvación del hombre es por medio de la fe en Jesucristo y no por las obras de la ley.

Ahora quiero hacer notar en ustedes, que la Biblia dice que es por fe y no por obras de la ley, es decir, obras con el apellido “de la ley”. Notemos que la Biblia no rechaza las obras en sí, sino que pone énfasis que no es por las obras de la ley, es decir, las obras que están sustentadas en el principio de dar un pago a Dios para justificarse ante él y obtener la vida, es el principio mencionado en Gálatas 3:12 citado “…y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas”. Estás son obras de justicia propia, es decir, nuestras obras que tienen el propósito de pagar una deuda ante Dios, y así “comprar” la vida o un beneficio de parte de Dios.

Entendemos entonces que Dios no rechaza todas las obras de los hombres, pero rechaza las obras de la ley, es decir, las obras de justicia propia ante El, como también lo vemos en el antiguo testamento; veamos que hay dos tipos de justicia (u obras de justicia); una que hace que Dios salga a nuestro encuentro y otra que es rechazada:

Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia, de los que se acordaban de ti en tus caminos; he aquí, tú te enojaste porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por largo tiempo; ¿podremos acaso ser salvos? Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades. (Isa 64:5-7)

Mira como nuestro Hacedor sale al encuentro al que con alegría hace justicia (no como pago, sino por fe y amor), y como rechaza como trapo sucio toda obra de justicia propia del hombre, ya que es sin fe como dice “nadie hay que invoque tu nombre”. Y para invocar primero hay que creer (invocar digo de corazón, y no de boca). Vemos dos tipos de obras acá en el antiguo testamento, las obras de la fe y las obras de la ley.

¿Y por que las obras de la ley no agradan a Dios?
Porque no podemos cumplir la ley en todo lo escrito y siempre; Dios no es un ser semejante al hombre caído; Dios es perfecto y no se agrada de la mediocridad e imperfección; él aborrece el pecado; es por eso, que cuando infringimos un mandato de la ley, ya somos infractores de toda la ley, y por lo tanto, no agradamos a Dios. La única forma de agradar a Dios por medio de las obras de la ley; es cumplir la ley completa y siempre.

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.(Gal 3:10)

Hasta acá, sabemos que la contraposición está entre obras de la ley (obras de justicia propia) y la fe en nuestro Señor Jesucristo; y es por eso que quiero ahora referirme a otro tipo de obras, las obras de la fe, que nacen de una fe viva (obras de distinta motivación que las obras de la ley).

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?... Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. (Stgo 2:14,17)

Acá vemos a Santiago hablando que la fe y las obras van de la mano, pero fíjate que Santiago no habla del tipo de obras que habla Pablo, él habla de un tipo de obras distintas que están en unión con la fe, y no de las obras de la ley (obras para justificarse ante Dios o pagar un precio por un favor).

Luego Santiago nos desafía a que le mostremos (si es que es posible) nuestra fe sin nuestras obras; y él nos mostrará su fe por sus obras. Porque no es posible creer algo y no tener una obra consecuente con la fe que se tiene. Por ejemplo: no es posible decir que creemos que Jesucristo es nuestro Señor, y por otro lado, no obedecer al Señor que declaramos como nuestra autoridad. Si decimos y creemos que él es nuestro Señor y no le obedecemos, quiere decir que en realidad no lo creemos como Señor nuestro (o no lo reconocemos como autoridad en nuestras vidas), ya que eso es contradictorio. Es imposible para cualquier hombre tener fe, y no tener obras que atestigüen de dicha fe. Bien lo declaró Santiago: Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.(Stgo 2:18). Y ahora entendemos que es imposible mostrar la fe de alguien sin obras, ya que si no hay obras; quiere decir que la fe está muerta; y es por ello, que nos lleva al ejemplo de Abraham, el cual vamos a analizar más en detalle para entender y ver la verdad de este principio.

¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. (Stgo 2:20-24)

Santiago nos insiste que la fe sin obras está muerta, y en realidad tiene razón; pero veamos como operan la fe y las obras en este caso; y veamos que las obras a que se refiere Santiago no son las obras de la ley, sino que podríamos llamarlas las obras de la fe. (Nótese que hasta acá no hemos hablado de los frutos del Espíritu, que son consecuencia de un caminar en el Espíritu; sino que estamos hablando de obras de fe vs obras de la ley; como testimonio de que camino optamos para poder tener entrada al Padre; la gracia o la ley).

Bueno, creo que lo mejor es ir directamente al ejemplo de Abraham nuestro padre; el ejemplo que cita Santiago; y a través de este ejemplo poder comprender cabalmente a que se refiere Santiago con obras y ver como estás son un testimonio de la fe viva.

Primer ejemplo:

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. (Heb 11:17-19)

Acá notamos claramente un buen ejemplo de una obra de fe, que da testimonio que la fe de Abraham estaba viva; ya que primero Dios había prometido a Abraham que en Isaac le sería llamada descendencia, es decir, Dios le había hecho una promesa a Abraham de que por medio de su hijo Isaac vendría su descendencia; pero luego de los años, el mismo Dios le pedía a Isaac en sacrificio, el mismo Isaac que él le había dado le era pedido en sacrificio; ¿Cómo podría ser esto?; ¿Primero Dios promete y luego hace una petición que parece anular la promesa?. No es así, sino que Dios espera una obra de fe que atestigüe de la fe que Abraham tenía en él. Como Abraham conocía a Dios, y sabia que Dios no mentia y cumple todo lo que promete; Abraham pensó que poderoso es Dios para levantar a Isaac de los muertos, ya que El le había prometido que por medio de Isaac tendría descendencia, y por eso obró obedeciendo a Dios. Vemos entonces, que para que exista una obra de fe, primero tiene que existir una palabra de Dios o promesa a ser creída; sin palabra de Dios o promesa; no existe verdadera fe. Y luego una obra que atestigüe a favor de la fe que la motiva.

Tomemos el siguiente segundo ejemplo, también de Abraham, para que podamos ver claramente que la fe, produce obras; distintas claro está que las obras de la ley, que llamaremos obras de la fe, leamos lo siguiente:

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. (Heb 11:8)

Nuevamente vemos, que primero Dios da una promesa a Abraham por medio de su palabra; Abraham fue llamado por Dios a salir de Ur el lugar de herencia de sus padres, por un lugar que desconocía y que Dios le bendeciría. Para Abraham era más seguro y cómodo seguir en Ur, antes que partir a un lugar desconocido del cual el no sabia nada; sólo que Dios le había prometido que le bendeciría. Como Abraham creyó a Dios, obedeció y salió de Ur y partió tras la promesa de Dios, abandonando la seguridad y comodidad que tenía en Ur, incluso abandonando la herencia que seguramente tendría de sus padres en Ur. ¿Y por que obedeció? Porque Dios le dijo que si obedecía habría un gran futuro para él y su familia, veámoslo:

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. (Gen 12:1-4)

Como vemos en el ejemplo anterior, la fe produjo la obra de partir de la tierra de su parentela (humanamente la tierra más segura y con mejores perspectivas) y viajar a la tierra desconocida de Canaán; toda una aventura, pero la aventura más segura que está respaldada por la palabra de Dios, es decir, 100% segura.


Como tercer ejemplo de las obras que son inspiradas en la fe, y en ellas tienen su sustento; te propongo lo escrito en Hebreos 11:6; que dice que Dios es galardonador de los que le buscan. Si tu realmente crees esta palabra; ¿cuáles serán las obras que darían testimonio de que realmente lo crees? Bueno antes que nada primero es necesario conocer la palabra de Dios, en este ejemplo: Que Dios premia a los que le buscan; sin conocer o escuchar la palabra de Dios, es imposible creerla; es decir, antes de la fe viene escuchar la palabra. Una vez que has oído la palabra; si realmente la crees creo que valoraras como una gran oportunidad el poder invertir tu tiempo en buscar a Dios, no será para ti una tarea sin sentido o de sacrificio, sino que sabrás que lo que inviertas en la búsqueda personal de Dios, te será grandemente recompensado. Ahora vez, más claramente como una fe verdadera, influye en nuestra conducta y nuestras obras dan testimonio de ellas, y perfeccionando nuestra fe. Eso es una obra de fe, una obra que a Dios le agrada, porque realmente le crees.

Hasta acá hemos visto las obras de la ley y las obras inspiradas en la fe; pero la cosa no termina solo acá; también existen las obras de vanagloria, las obras de la carne, los frutos del Espíritu; y las obras más hermosas e importantes de todas: LAS OBRAS DE AMOR.

No seguiré con el mensaje, ya que creo que si de verdad te interesa tú lo investigarás; pero te adjunto algunos versículos donde puedes profundizar lo que te expongo:

Obras de vanagloria: Mateo 6:1-6; Filipenses 2:3; Mateo 23:1-12; Juan 5:44.-

Obras de la carne: Gálatas 5:19-21; Romanos 8:12-14.-

Frutos del Espíritu: Gálatas 5 20-23.-

Las obras de amor: 1 Corintios 13 1-13; 1 Juan 3:17-18; Juan 14 21-24.-

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