domingo, 28 de octubre de 2012

Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción


Y llamó el nombre del segundo,  Efraín;  porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.  (Gen 41:52)

Dios me hizo fructificar (llevar fruto, aumentar, crecer, fértil, fructífero,  multiplicar) en tierra de mi aflicción; dijo José al poner por nombre Efraín a su segundo hijo. Puso por nombre Efraín, porque es un testimonio vivido de cómo fue necesario pasar por diversas aflicciones, antes de ser prosperado y fructificar en el Señor; José no se salió de la fe, y las pruebas las pasó en la fe en Dios. Su ejemplo, hoy nos enseña, que cada vez que somos probados debemos estar muy contentos, pues es una oportunidad venida del Todopoderoso para nuestro crecimiento, tenemos el ejemplo de José, que de diversas pruebas, fue levantado hasta ser segundo en Egipto, sólo después de Faraón. Esto me recuerda el siguiente versículo:

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia. Y la paciencia consuma la obra, para que seáis perfectos y enteros, sin faltar en alguna cosa. (Stgo 1:2-4)

Santiago nos repite, que debemos estar gozosos en la pruebas, ya que el fruto de la prueba de fe (sufrir no por causa del pecado, ni la desobediencia a Dios, sino por la obediencia a Dios en la fe, eso es una prueba), es paciencia (fortaleza); y en la fortaleza (aguante alegre) se termina la obra para que seamos perfectos y enteros, y sin faltarnos nada; es decir, podamos fructificar de nuestra fe, crecer en el Señor; dar mucho fruto.
Ya lo vemos desde el ejemplo que tenemos en José, como la aflicción que es en el Señor, nos aumenta y fortalece, nos hace crecer y dar mucho fruto.

También nos lo enseña, el apóstol Pedro:

Amados,  no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido,  como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo,  para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. (1Pe 4:12-13)

El fuego de la prueba es necesario, es el bautismo en fuego que todos los que somos edificados como templo del Dios vivo debemos tener; sin ello, nos quedamos estancos.

En lo cual vosotros os alegráis,  aunque ahora por un poco de tiempo,  si es necesario,  tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe,  mucho más preciosa que el oro,  el cual aunque perecedero se prueba con fuego,  sea hallada en alabanza,  gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto,  en quien creyendo,  aunque ahora no lo veáis,  os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe,  que es la salvación de vuestras almas.(1Pe 1:6-9)

La verdad es que no quiero agregar más palabras, sólo recordarles que cuando corremos en la fe, nuestra fe debe ser probada (Dios la prueba como al oro); es la oportunidad que Dios nos da de: fructificar, de crecer, ser fortalecidos, ser perfeccionados y de poder ser hallada nuestra fe, en el día de nuestro Señor Jesucristo, en honra, gloria y alabanza.

Busquen al Señor con todo su corazón; sólo en él están las palabras de vida eterna; de verdadera vida y gozo eternos. Amén.

sábado, 6 de octubre de 2012

Dos o tres congregados en mi nombre


Hoy le comparto el siguiente mensaje, que está sustentado en el siguiente versículo, del evangelio de Mateo:

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos. (Mat 18:20)

El Señor nos hizo una promesa, y esa promesa indica que cuando nos reunimos en SU NOMBRE dos o tres discípulos, él estará en medio de nosotros. Es una promesa muy importante y maravillosa; y la quiero exponer, para vuestra meditación:

¿Hay algo más maravilloso y grande, para quienes amamos al Señor, que verlo manifestado acá en la tierra en medio nuestro?

Creo que son poquísimas cosas que se le pueden comparar, con verlo manifestarse acá, para quienes lo amamos; es entonces, crucial entender bien la promesa que está registrada en el evangelio de Mateo, y la cual expuse (Mat 18:20) .

Veamos, un requisito importante, al reunirnos (congregarnos) en torno a él; debemos hacerlo EN SU NOMBRE. Bueno, cuando dos o tres se reúnen en SU NOMBRE, el Señor está en medio de ellos, y cuando él está presente, es notorio para quienes tenemos de su Espíritu.

La pregunta clave entonces se resumiría en lo siguiente:

¿Qué significa entonces reunirnos (congregarnos) en SU NOMBRE?

Literalmente, he participado de reuniones que al inicio se declara que la reunión es en el Nombre del Señor; ¿pero basta eso? Pero no lo he visto manifestarse...

La verdad, que por mi experiencia, he visto que no basta con declarar la reunión en nombre del Señor solamente, el reunirnos en SU NOMBRE va más allá de eso. Va más allá de la buena intención, va más allá de la declaración, va más allá de todo empeño humano de hacerlo notorio a las personas...

Reunirnos en SU NOMBRE significa, el no hacer nada que el Espíritu no nos inspire a hacer; no hablar sin la confirmación del Espíritu, no callar si el Espíritu nos inspira; significa que todo lo que hacemos, lo hacemos en obediencia a SU NOMBRE, por medio de su ESPÍRITU.

Les voy a poner un ejemplo didáctico  Cuando ustedes mandan a alguien en su nombre (el de ustedes, por supuesto) a hacer algo; lo que esperan, es que la persona a la cual mandaron, haga exactamente lo que ustedes mandaron hacer y no otra cosa; ya que estarían utilizando mal vuestro nombre y se saldrían de su voluntad, y no harían lo que ustedes mandaron a hacer. Como ejemplo les pongo lo siguiente, ustedes le dicen a su hijo, “anda al negocio de la esquina y le llevas este dinero a su dueña en mi nombre, y le pagas lo adeudado de la semana pasada, y con este otro dinero compras un kilo de pan para el desayuno, que sea pan integral; y le das las gracias en mi nombre por el crédito que nos dio”. Bueno, ahora entienden que este hijo debe actuar del modo que ustedes le indicaron, ya que lo están haciendo en representación suya, en vuestro nombre.

Es así mismo, cuando nos reunimos en el Nombre del Señor, debemos actuar según el Espíritu Santo nos inspira o no nos inspira a hablar y hacer, y no rellenar la reunión (congregación) de estímulos naturales de la carne, según lo que nosotros queremos decir o callar (o hacer), sino según el Espíritu Santo nos inspira a hacer.

Cuando nos reunimos en SU NOMBRE (y obedecemos a su nombre por el Espíritu), veremos la gloria del Señor manifestándose en medio nuestro. 

Es ahora nuestro tiempo de obedecer, y ser conducidos por su Espíritu, y veremos lo maravilloso que es congregarnos de dos o tres discípulos, sintonizados con el Espíritu; lo veremos en medio nuestro.

Buenísimo es ponerlo en práctica, para que no sólo sea una teoría; cuando nos congreguemos en su nombre, que realmente sea en SU NOMBRE, es decir, sujetándonos a la conducción de SU ESPÍRITU; y no a los programas humanos que lo acallan.

Un abrazo a todos, y que puedan oír cada día su VOZ, para hablar sus palabras.