domingo, 20 de agosto de 2017

¿Cómo conocer la sana doctrina?

Hoy quiero compartirles el siguiente mensaje ¿Cómo conocer la sana doctrina?, es una pregunta muy importante e interesante de responder, pues viendo tal diversidad de enseñanzas que hay en el pueblo cristiano hoy en día, produciendo tal confusión, dado que muchas enseñanzas llegan a ser contradictorias unas de otras, que muchos cristianos están muy confundidos respecto a cuál serán la verdaderas enseñanzas del Señor Jesús, y cuales son sólo doctrinas de hombres sin la inspiración divina y/o del enemigo de Dios.

Claramente, el presente mensaje no pretende ser la última palabra  para un tema tan importante y complejo, pero si un pequeño aporte al cuerpo de Cristo; para la ayuda de quienes puedan requerirlo.

Pero antes de comenzar, quiero recordar una pequeña definición de lo que la Biblia entiende por doctrina: Esta palabra viene del griego didaskalía (διδασκαλία) que viene de la palabra instrucción y que significa básicamente: enseñanza, enseñar, aprendizaje, doctrina.

Entonces la pregunta podemos decirla de la siguiente manera ¿Cómo conocer las buenas enseñanzas de Dios y no ser confundidos?; me parece que es una pregunta crucial para estos tiempos, en los que vemos próximo el regreso de nuestro Señor, y no queremos estar errados, ni confundidos, ni perder el tiempo con enseñanzas engañosas; sino que con la claridad del día, ver todas las cosas.

Como es mi costumbre, usaré Las Sagradas Escrituras (La Biblia) para hacer el desarrollo del mensaje lo más ordenado y claro posible; como el apóstol Pablo nos enseño, que es un medio apropiado de instrucción.

Toda La Escritura es dada por inspiración de Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16-17)

Vamos ahora a las siguientes palabras de nuestro Señor Jesucristo, que van a ser la columna vertebral del mensaje:

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste esto de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. (Mateo 11:25-26)

Podemos ver muchas cosas en el texto anterior, la primera es que el Padre tiene el PODER de revelar u ocultar a quien él quiere las cosas, porque así le agrada, dependiendo de la actitud de cada hombre. Eso es PODER de Dios aplicado en forma muy real y concreta, no depende exclusivamente del hombre, sino del poder de Dios; que se desatará dependiendo de la actitud del hombre para con El y los demás. ¿Cómo es esto? De la siguiente manera, cuando los hombres son sabios y entendidos, Dios les oculta las cosas; y cuando son como niños se las revela. ¡Eso es poder de Dios aplicado en forma muy real y concreta hasta hoy en día! Y este principio es ignorado, hasta hoy en día, por muchos sabios y entendidos, pues llegan a cosas erradas después de muchos estudios…

Veamos claramente lo anterior, ¿Qué es un sabio y entendido?, es la persona que en los tiempos de Jesús estaba representada por los fariseos, escribas y doctores de la ley; eran personas instruidas que conocían la Biblia, pero les faltaba algo importantísimo, para que las cosas les sean reveladas por el Padre, esto es  HUMILDAD. Hoy es lo mismo, sin humildad, el Padre nos oculta las cosas; no importa cuánto estudiemos la Biblia, ni a cuantos seminarios vayamos, ni si podemos recitar la Biblia de memoria; nos faltaría el ingrediente importante para que el Padre con su poder nos las enseñe, la humildad de un niño.

¿Es la humildad el atributo que Jesús destaca de un niño, para instruirnos? Podemos ver en el siguiente versículo, que es la humildad la característica que Jesús nos da a entender que deben tener las personas, que deben  hacerse como niños ante él, para aprender:

Y llamando a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo: Si no fuerais transformados y llegarais a ser como niños, de ningún modo entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, cualquiera que se humilla como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos; (Mateo 18:2-4)

Sin humildad, es imposible entrar al reino de los cielos, ¿Por qué? ¡Porque no veras nada, hasta que sea demasiado tarde!!!

Ahora podemos ver que el poder de Dios nos puede ocultar algo o nos puede revelar algo; y en el caso del verso citado ¿a que se referirá?, ¿Qué es lo que el Padre en su PODER oculta o revela?

Se refiere a la Palabra de Dios, lo que Dios nos revela o nos oculta es su Palabra; pues es lo que estos sabios y entendidos (que pueden recitar la Biblia) no ven, porque han sido cegados por su orgullo.

Cito nuevamente, para no perdernos el versículo que estamos viendo y su contexto:
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste esto de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. (Mateo 11:25-26)

¿Qué es eso que es escondido a los sabios y entendidos, y revelado a los niños?

Si leemos todo lo que antecede a este versículo, es decir, desde el comienzo del capítulo 11 de Mateo hasta antes del versículo 25, notaremos que lo que estos hombres no vieron porque les fue ocultado por el Padre, fue a Jesús de Nazaret, y quien realmente era El. Vemos por ejemplo (Mateo 11:2-3), como incluso Juan el Bautista llega a dudar de quien era realmente Jesús, y que en algún momento podría haber llegado a ser un tropiezo incluso para Juan el Bautista, quien era un verdadero profeta de Dios. Lo anterior,  nos debe dejar en una posición de mucho más humildad para que no nos confiemos en nosotros mismos, sino esperar con humildad en el poder de Dios, que lo revela a los humildes.

Luego vemos desde Mateo 11:20 al 24, como Jesús hizo muchos milagros en Corazín, Betsaida y Cafarnaum,  y estas ciudades no lo reconocieron, pues no se arrepintieron.
De lo anterior, podemos ver, como Jesús nos da a entender que las cosas que no ven los sabios y entendidos es a Él y su obra, es decir, no ven ni entienden la Palabra de Dios que ha sido encarnada. Incluso, puede llegar a ser una piedra de tropiezo para muchos, si no se humillan.

El apóstol Pedro nos lo explica claramente, como El es la piedra de tropiezo, es decir, la Palabra:

Para vosotros pues que creéis, Él es precioso; mas para los incrédulos: La piedra que desecharon los edificadores, Ésta vino a ser piedra angular; y: Piedra de tropiezo, y roca de escándalo. Porque tropiezan en la Palabra, siendo desobedientes, para lo cual fueron también destinados. (1 Pedro 2:7-8)

Juan nos lo dice también, muy claramente:

En el principio ya era la Palabra, y aquel que es la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios. (Juan 1:1)

Dios el Padre tiene PODER de ocultar o revelar su Palabra a su agrado, dependiendo de la actitud que tengamos nosotros, si es de orgullo o humildad; eso es PODER de Dios en su soberanía de las leyes espirituales por El establecidas.

Ahora, vamos directamente a la pregunta que debemos resolver en este mensaje:

¿Cómo conocer la sana doctrina?

Veamos ahora lo que nuestro Maestro Jesús de Nazaret nos enseñó, cuando llegaron los saduceos con enseñanzas erradas, como Él les aconsejó que se necesitaban dos ingredientes claves para no errar, es decir, para conocer la sana doctrina.

Entonces, respondiendo Jesús, les dijo: Estáis errando, al ignorar las Escrituras y el poder de Dios. (Mateo 22:29)

Notemos que hay dos ingredientes necesarios para no errar, es decir, conocer la sana enseñanaza de Dios; el primero es conocer las Sagradas Escrituras (La Biblia); y el segundo, el Poder de Dios.

Nota que Jesús no les dijo que ignoraban la Palabra de Dios, sino que les dijo que ignoraban las Escrituras; es importante notar esta diferencia; porque un sabio y entendido puede conocer las Escrituras muy bien, pero no así conocer la Palabra de Dios; y así errar.

¿Cómo es esto?

Dios en su PODER nos puede hacer ver en las Escrituras su Palabra u ocultarla, dependiendo de nuestra actitud de corazón; si es en humildad o en orgullo.

Para no errar no sólo basta con conocer las Escrituras, sino también es necesario, conocer el Poder de Dios; sin AMBOS vamos a ERRAR.

Los saduceos, erraban por ambos ingredientes; pues ellos a diferencia de los Fariseos no estudiaban la Biblia, y menos conocían el Poder de Dios; por lo menos los fariseos estudiaban la Biblia, pero les faltaba el Poder de Dios en ellos, por su falta de humildad; lo cual los hacía ciegos.

Para entender lo anterior, debemos diferenciar lo que es las Escrituras (La Biblia) de la Palabra de Dios; cosa que muchas veces hoy en día no se diferencian, y por ello, hay mucho error circulando; pues muchos hombres enseñan La Biblia, creyendo que están enseñando la Palabra de Dios,  y es claro que para poder ver la Palabra de Dios, es necesario el Poder de Dios en nosotros, según sea nuestra actitud de humildad.

Nota: En el siguiente enlace puedes ver la diferencia entre La Biblia y La Palabra de Dios, es importante entenderlo. http://www.conociendoacristo.com/2011/01/no-confundas-la-palabra-de-dios-con-la.html

Entonces, podemos concluir que sólo conociendo las Escrituras (La Biblia), no es suficiente para no errar; también es necesario conocer el Poder de Dios, es decir, que Dios no revele las Escrituras para que podamos ver la Palabra de Dios en ellas y eso dependerá de nuestra actitud de corazón.

Es lo que a los Judíos le ha pasado, que teniendo las Escrituras, no ven al día de hoy como pueblo; como el apóstol Pablo nos lo declara.

Pero sus mentes fueron cegadas (judíos); porque hasta el día de hoy cuando leen el antiguo testamento, permanece sin ser quitado el mismo velo, el cual Cristo abolió. Y aun hasta el día de hoy, cuando Moisés es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. (2 Corintios 3:14-15)

Hoy hay una doctrina muy difundida y es errada; en la cual se contradice lo que Jesús nos enseñó; esa doctrina nos dice que para conocer la doctrina correcta sólo son necesarias las Sagradas Escrituras (La Biblia), desconociendo el Poder de Dios; yo se que la conoces, es la Sola scriptura, veámosla con más detención:

"Sola scriptura enseña que solo la Biblia es la palabra de Dios autoritativa e inspirada, por consiguiente, la única fuente de autoridad, y que es accesible para todos, es decir, que es capaz de ser entendida con claridad, y se puede autointerpretar por medio de ella misma".

No quiero negar el gran avance que significó la reforma protestante, y el gran avance que fue descubrir y hacer accesible La Biblia a todos, eso fue muy maravilloso e importante;  y fue muy atacado este paso por el enemigo de Dios, pues él quiere destruir las Sagradas Escrituras; pero, el enemigo sabiendo que ya no podía ocultar las Escrituras, con su astucia, le quitó un ingrediente importantísimo para entenderlas correctamente y ver la Palabra de Dios en ellas, quitó la enseñanza de la necesidad del Poder de Dios que obra en la humildad de quien se acerca a ellas por fe.

Con lo anterior el diablo tiene hoy a muchos cristianos enfrentados con diversas doctrinas contradictorias, y todos pensando que ellos conocen realmente la Palabra de Dios (cosa que no es así, pues sin revelación sólo ven la letra); Pero eso no es así, pues la Palabra de Dios no tiene contradicción. ¿El problema? No esperar el Poder de Dios en su revelación, y obrar en el orgullo humano, y no como niños como es el consejo del Señor.

Como cité al Apóstol Pablo con anterioridad; el mismo apóstol le llama Escritura y no Palabra de Dios, al libro que hoy conocemos como La Biblia; y no por ello le quita importancia; sino que él también entiende la diferencia.

Toda La Escritura es dada por inspiración de Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16-17)

Nota que el apóstol no dice “Toda la Palabra de Dios es dada por inspiración de Dios”; sino que dice “Toda la Escritura (La Biblia) es dada por inspiración de Dios”; ¿Notas la diferencia? La diferencia es que la Escritura necesita del Espíritu que la inspiró para revelar la Palabra de Dios, vemos lo en la siguiente ecuación:

Escritura + revelación del Espíritu de Dios = Palabra de Dios.

La doctrina de SOLA SCRIPTURA, pasa por alto el poder del Espíritu Santo como ingrediente principal para comprender  la Palabra de Dios, como lo puedes ver en mi siguiente comentario:

Pongo mis comentarios, a esta doctrina errada, en rojo:

Sola scriptura enseña que sólo la Biblia es la palabra de Dios (en la Biblia podemos ver la Palabra de Dios sólo con fe y en humildad, pues de otra forma Dios en su Poder nos oculta su Palabra y nos llega a ser piedra de tropiezo) autoritativa e inspirada (esto es verdad), por consiguiente, la única fuente de autoridad (si tiene autoridad, por no es la única fuente, pues dejaríamos fuera al Espíritu Santo, que nos fue dejado para llevarnos a toda verdad), y que es accesible para todos (muy bien que así sea), es decir, que es capaz de ser entendida con claridad (no es tan cierto, pues negaríamos el Poder de Dios de revelarla u ocultarla), y se puede auto-interpretar por medio de ella misma (ella misma no tiene contradicciones, y la suma de todo es algo armónico, pero es necesario el Poder de Dios, por medio de su Santo Espíritu dado a los creyentes, para interpretarla correctamente).

Como puedes ver, mi amigo lector, si bien fue un inmenso avance el descubrir y masificar La Biblia; es un error, quedarnos con la mitad de los ingredientes para no errar, y conocer la sana doctrina; también necesitamos el Poder de Dios en nosotros, por medio de su Santo Espíritu!!! No nos podemos conformar a sólo la Escritura, sino que debemos avanzar por la solución completa, la Escritura y el Poder de Dios; a los humildes que con fe se le acercan.
Podemos citar un ejemplo muy gráfico, como un hombre que conocía muy bien las Escrituras, perseguía sinceramente la Palabra de Dios; ¿Y por qué lo hizo? Lo hizo porque realmente él era ignorante de la Palabra de Dios, pero si un conocedor del la Escritura. El ejemplo anterior, es el del Apóstol Pablo (Saulo de Tarso) antes de su conversión; y él mismo declaro que su ignorancia era el motivo de su persecución del Señor, veámoslo en el siguiente texto:

… habiendo sido antes blasfemo y perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia, porque lo hice con ignorancia en incredulidad. (1 Timoteo 1:13)

Saulo de Tarso era ciego espiritualmente, y fue el Poder de Dios que le quitó las escamas de los ojos; hoy es lo mismo, sin el poder de Dios, nada vemos.

Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. (Hechos 9:18)

Con este mensaje los invito a que busquemos con fe y humildad de corazón, la Palabra de Dios en las Sagradas Escrituras; esperando en el Espíritu Santo y su poder, que es la forma que el Señor nos enseña para no errar.

¡Te alabamos, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondes esto de los sabios y de los entendidos, y lo revelas a los niños. Sí, Padre, porque así te agrada!!!.
Amén.


domingo, 13 de agosto de 2017

La lámpara del cuerpo es el ojo

Un afectuoso saludo, mi querido lector; hoy les quiero compartir el siguiente mensaje “La lámpara del cuerpo es el ojo”, donde veremos y entenderemos (si Dios lo permite), que nos quiso decir nuestro Maestro y Señor Jesús, con estas palabras; enseñándonos que la lámpara que alumbra en nosotros es el ojo, y veremos como con ella también podremos iluminar a los demás hombres, para gloria de Dios Padre.

Antes de seguir, cito el texto principal involucrado:

La lámpara del cuerpo es el ojo. Así que, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará sumido en tinieblas, y si la luz que hay en ti es oscuridad, ¿cuánto más no lo serán las tinieblas mismas? (Mat 6:22-23)

Como vemos en el texto anterior, se nos enseña que la lámpara (artefacto para iluminar nuestro cuerpo), es el ojo; si nuestro ojo es sano, bueno, sincero, claro; entonces, todo nuestro cuerpo estará en luz. ¿Qué significa eso? Significa que dependiendo de cómo vemos las cosas, es como nos conduciremos, si es en luz o es en oscuridad. Si vemos las cosas como las ve el Espíritu del Señor, como nos las enseña el Señor, seremos iluminados y andaremos en luz; por el contrario, si vemos las cosas con los ojos de la carne; nuestro cuerpo estará en tinieblas; y andaremos en oscuridad (tropezaremos y haremos tropezar).

El ojo bueno, sano, sincero, etc. es la forma de ver la realidad en forma real y transparente, es como las ve el Señor Jesucristo, es decir, ver las cosas como realmente son; es la visión espiritual y celestial que necesitamos día a día, para conducirnos en luz. Por el contrario, el ojo malo, es la visión del viejo hombre, la de la carne; la del hombre ciego que el Señor vino a restaurar. Con esa caída visión en Adán  (viejo hombre),  las cosas no se ven realmente como realmente son, es decir, se ven en forma engañosa y distorsionada por el pecado, y por ello, si nos guiamos por esta visión caída, andaremos en oscuridad y obtendremos pérdida.

Resumiendo, podemos decir que el ojo bueno es ver las cosas como las ve el Señor (quien es bueno); y el ojo malo es ver las cosas como las ve el hombre natural (quien es malo Mat 7:11). Según sea nuestra visión, andaremos en luz u oscuridad.

Repito, tenemos dos opciones para ver las cosas; o como las ve el segundo Adán (es decir Jesucristo), es decir, con el ojo bueno; o verlas como las ve el primer Adán, con el ojo malo. Si nos conducimos por la primera o segunda visión; andaremos en luz o tinieblas respectivamente; y actuaremos conforme a estas formas de ver la realidad a nuestro alrededor.

Debemos aprender a guiarnos con la nueva visión (ojo bueno); la que viene del cielo; como las ve el Espíritu Santo; para estar llenos de luz y poder actuar conforme a la verdad, es decir, a la verdadera realidad.

Esto es lo que se nos enseña en la Biblia, el ser guaridos por el Espíritu de Dios, estos verdaderamente son sus hijos.

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Rom 8:14)

Los hijos de Dios se deben guiar por el Espíritu de Dios, quien les da la buena visión que necesitan para andar en luz; y conducirse sin tropiezos. No debemos conducirnos por el viejo hombre, el cual es ciego respecto a la verdadera realidad, y por lo tanto, caerá en el hoyo (pues no ve realmente).

Entendiendo lo anterior, ahora podemos relacionarlo de la siguiente manera, como lo relaciona el evangelio de Lucas:

Nadie que enciende una lámpara la pone en un lugar oculto, sino sobre el candelero, para que los que entran vean la luz. La lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo esté sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz, pero cuando esté malo, también tu cuerpo estará oscuro. (Lucas 11:33-34)

En el texto anterior, vemos como el Señor relaciona la lámpara del cuerpo que es el ojo; con su enseñanza que poner la lámpara sobre el candelero y no en oculto (bajo almud o cama).

Veámoslo como nos lo dice Mateo:
Tampoco encienden una lámpara y la ponen debajo del almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de forma que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mateo 5:15-16)

Creo que lo más seguro, es que nunca te enseñaron a relacionar estas dos enseñanzas de Jesús, la del ojo bueno que es lámpara del cuerpo con la de no poner la lámpara bajo al almud o cama. Bueno, a mi tampoco; pero vamos adelante con este mensaje, para poder ver mejor y su luz brille más intensamente en nosotros.

Sabemos que la lámpara es el ojo bueno, luego en otras figuras Jesús nos insta a no poner la lámpara bajo el almud, cama u oculto; sino en el candelero, esto nos enseña que debemos andar conforme a esa nueva visión que tenemos, y al conducirnos y actuar con respecto a esta nueva visión;  alumbraremos delante de los hombres por nuestras buenas obras, es decir, por la forma en que nos conduciremos.

Lo anterior, nos enseña que lo que alumbra a los hombres no son sólo las palabras, sino las buenas obras que haremos al ser conducidos por el ojo bueno; y esa buenas obras no son las que se nos ocurran, sino las que vernos con nuestra nueva visión.

Por el contrario, si esta nueva visión (lámpara) la ponemos en oculto (bajo almud o cama), es cuando tapamos esta visión con la carne, y nos conducimos por la carne, y no por el Espíritu de Dios, cuando nos conducimos por la carne, también podremos hacer “buenas obras” según la carne, pero estas no alumbrarán a los hombres y Dios no será glorificado.

¡Las obras como resultado de conducirnos con la lámpara encendida del cuerpo (el ojo bueno), iluminarán a los hombres y darán gloria a nuestro Padre que está en el cielo!!!

Por el contrario, cuando hablamos de Dios a los hombres, pero nos conducimos por la carne (por el ojo malo); los hombres blasfemarán el nombre de Dios. Veamos como el apóstol Pablo nos lo dice:

Rom 2:17-24  Pero si tú, que te llamas judío y te apoyas en la ley, y te enorgulleces en Dios,  (18)  y conoces la voluntad, e instruido por la ley apruebas las cosas mejores,  (19)  y estás confiado en que eres guía de ciegos, luz de los que están en tinieblas,  (20)  instructor de indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la esencia del conocimiento y de la verdad.  (21)  Tú pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú, que predicas que no se hurte, ¿hurtas?  (22)  Tú, que dices que no se adultere, ¿adulteras? Tú, que abominas de los ídolos, ¿profanas templos?  (23)  Tú, que te jactas de la ley, ¿por medio de la infracción de la ley deshonras a Dios?  (24)  Porque, como está escrito: el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.

Entendamos entonces, que debemos andar en luz; y eso significa con la visión del Señor, el ojo bueno; y de esa manera daremos verdadero testimonio y los hombres glorificaran a nuestro Padre; y no nos conduzcamos por la carne (el ojo maligno), pues por mucho que hablemos de Dios a los hombres, conseguiremos sólo que los hombres desprecien a Dios, por nuestra malas obras.


Ojo bueno u ojo maligno; tú decides que visión usarás; que sea la de luz, para vida y prosperidad eterna!!!

Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen. (Mat 13:16)