domingo, 13 de agosto de 2017

La lámpara del cuerpo es el ojo

Un afectuoso saludo, mi querido lector; hoy les quiero compartir el siguiente mensaje “La lámpara del cuerpo es el ojo”, donde veremos y entenderemos (si Dios lo permite), que nos quiso decir nuestro Maestro y Señor Jesús, con estas palabras; enseñándonos que la lámpara que alumbra en nosotros es el ojo, y veremos como con ella también podremos iluminar a los demás hombres, para gloria de Dios Padre.

Antes de seguir, cito el texto principal involucrado:

La lámpara del cuerpo es el ojo. Así que, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará sumido en tinieblas, y si la luz que hay en ti es oscuridad, ¿cuánto más no lo serán las tinieblas mismas? (Mat 6:22-23)

Como vemos en el texto anterior, se nos enseña que la lámpara (artefacto para iluminar nuestro cuerpo), es el ojo; si nuestro ojo es sano, bueno, sincero, claro; entonces, todo nuestro cuerpo estará en luz. ¿Qué significa eso? Significa que dependiendo de cómo vemos las cosas, es como nos conduciremos, si es en luz o es en oscuridad. Si vemos las cosas como las ve el Espíritu del Señor, como nos las enseña el Señor, seremos iluminados y andaremos en luz; por el contrario, si vemos las cosas con los ojos de la carne; nuestro cuerpo estará en tinieblas; y andaremos en oscuridad (tropezaremos y haremos tropezar).

El ojo bueno, sano, sincero, etc. es la forma de ver la realidad en forma real y transparente, es como las ve el Señor Jesucristo, es decir, ver las cosas como realmente son; es la visión espiritual y celestial que necesitamos día a día, para conducirnos en luz. Por el contrario, el ojo malo, es la visión del viejo hombre, la de la carne; la del hombre ciego que el Señor vino a restaurar. Con esa caída visión en Adán  (viejo hombre),  las cosas no se ven realmente como realmente son, es decir, se ven en forma engañosa y distorsionada por el pecado, y por ello, si nos guiamos por esta visión caída, andaremos en oscuridad y obtendremos pérdida.

Resumiendo, podemos decir que el ojo bueno es ver las cosas como las ve el Señor (quien es bueno); y el ojo malo es ver las cosas como las ve el hombre natural (quien es malo Mat 7:11). Según sea nuestra visión, andaremos en luz u oscuridad.

Repito, tenemos dos opciones para ver las cosas; o como las ve el segundo Adán (es decir Jesucristo), es decir, con el ojo bueno; o verlas como las ve el primer Adán, con el ojo malo. Si nos conducimos por la primera o segunda visión; andaremos en luz o tinieblas respectivamente; y actuaremos conforme a estas formas de ver la realidad a nuestro alrededor.

Debemos aprender a guiarnos con la nueva visión (ojo bueno); la que viene del cielo; como las ve el Espíritu Santo; para estar llenos de luz y poder actuar conforme a la verdad, es decir, a la verdadera realidad.

Esto es lo que se nos enseña en la Biblia, el ser guaridos por el Espíritu de Dios, estos verdaderamente son sus hijos.

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Rom 8:14)

Los hijos de Dios se deben guiar por el Espíritu de Dios, quien les da la buena visión que necesitan para andar en luz; y conducirse sin tropiezos. No debemos conducirnos por el viejo hombre, el cual es ciego respecto a la verdadera realidad, y por lo tanto, caerá en el hoyo (pues no ve realmente).

Entendiendo lo anterior, ahora podemos relacionarlo de la siguiente manera, como lo relaciona el evangelio de Lucas:

Nadie que enciende una lámpara la pone en un lugar oculto, sino sobre el candelero, para que los que entran vean la luz. La lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo esté sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz, pero cuando esté malo, también tu cuerpo estará oscuro. (Lucas 11:33-34)

En el texto anterior, vemos como el Señor relaciona la lámpara del cuerpo que es el ojo; con su enseñanza que poner la lámpara sobre el candelero y no en oculto (bajo almud o cama).

Veámoslo como nos lo dice Mateo:
Tampoco encienden una lámpara y la ponen debajo del almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de forma que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mateo 5:15-16)

Creo que lo más seguro, es que nunca te enseñaron a relacionar estas dos enseñanzas de Jesús, la del ojo bueno que es lámpara del cuerpo con la de no poner la lámpara bajo al almud o cama. Bueno, a mi tampoco; pero vamos adelante con este mensaje, para poder ver mejor y su luz brille más intensamente en nosotros.

Sabemos que la lámpara es el ojo bueno, luego en otras figuras Jesús nos insta a no poner la lámpara bajo el almud, cama u oculto; sino en el candelero, esto nos enseña que debemos andar conforme a esa nueva visión que tenemos, y al conducirnos y actuar con respecto a esta nueva visión;  alumbraremos delante de los hombres por nuestras buenas obras, es decir, por la forma en que nos conduciremos.

Lo anterior, nos enseña que lo que alumbra a los hombres no son sólo las palabras, sino las buenas obras que haremos al ser conducidos por el ojo bueno; y esa buenas obras no son las que se nos ocurran, sino las que vernos con nuestra nueva visión.

Por el contrario, si esta nueva visión (lámpara) la ponemos en oculto (bajo almud o cama), es cuando tapamos esta visión con la carne, y nos conducimos por la carne, y no por el Espíritu de Dios, cuando nos conducimos por la carne, también podremos hacer “buenas obras” según la carne, pero estas no alumbrarán a los hombres y Dios no será glorificado.

¡Las obras como resultado de conducirnos con la lámpara encendida del cuerpo (el ojo bueno), iluminarán a los hombres y darán gloria a nuestro Padre que está en el cielo!!!

Por el contrario, cuando hablamos de Dios a los hombres, pero nos conducimos por la carne (por el ojo malo); los hombres blasfemarán el nombre de Dios. Veamos como el apóstol Pablo nos lo dice:

Rom 2:17-24  Pero si tú, que te llamas judío y te apoyas en la ley, y te enorgulleces en Dios,  (18)  y conoces la voluntad, e instruido por la ley apruebas las cosas mejores,  (19)  y estás confiado en que eres guía de ciegos, luz de los que están en tinieblas,  (20)  instructor de indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la esencia del conocimiento y de la verdad.  (21)  Tú pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú, que predicas que no se hurte, ¿hurtas?  (22)  Tú, que dices que no se adultere, ¿adulteras? Tú, que abominas de los ídolos, ¿profanas templos?  (23)  Tú, que te jactas de la ley, ¿por medio de la infracción de la ley deshonras a Dios?  (24)  Porque, como está escrito: el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.

Entendamos entonces, que debemos andar en luz; y eso significa con la visión del Señor, el ojo bueno; y de esa manera daremos verdadero testimonio y los hombres glorificaran a nuestro Padre; y no nos conduzcamos por la carne (el ojo maligno), pues por mucho que hablemos de Dios a los hombres, conseguiremos sólo que los hombres desprecien a Dios, por nuestra malas obras.


Ojo bueno u ojo maligno; tú decides que visión usarás; que sea la de luz, para vida y prosperidad eterna!!!

Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen. (Mat 13:16)

3 comentarios:

Sol Garay dijo...

Al Padre de Jesús Cristo las gracias. Rodrigo. Buenas noches.

Con respecto al ante ultimo párrafo que escribes: “entendemos, entonces que debemos andar en la luz….”
Quiero comentarte un ejemplo de algo que me ocurrió hace poco con un ser muy querido.

Como bien dices “debemos andar con la visión del Señor… y no conducirnos por la carne”.

Tu bien sabes que Jesús no solo enseñó sino que vivió en carne propia la “batalla” familiar que los cristianos solemos tener, de “no ser profetas en nuestra tierra” (por decirlo de alguna manera), y lo difícil y doloroso que es pasar por situaciones donde tus seres queridos sufren por no haber aceptado con real compromiso esta doctrina.

En los tiempos de su carne, Jesús dio respuestas muy figurativas en cuanto a lo que te estoy diciendo:

“Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre.
Jesús le dijo: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.» Mateo 8:21-22

En otra ocasión “Otro también le dijo: «Señor, yo te seguiré; pero antes déjame despedirme de los que están en mi casa. Jesús le dijo: «Nadie que mire hacia atrás, después de poner la mano en el arado, es apto para el reino de Dios.» Lucas 9:61-62

En estos dos ejemplos vemos claramente el costo de Seguirlo e intentar serle fiel. Sin embargo, quien no comprende esto puede terminar como dices tu en ese párrafo que te mencioné :…conseguiremos sólo que los hombres desprecien a Dios”.

A mi parecer, no es porque nos conduzcamos por la carne, sino porque el otro no tuvo los “ojos para ver”. No es que estemos haciendo algo malo, como los ejemplos que Pablo cita, pero uno queda como falto de amor o misericordia ante esas personas, por obrar como Jesús nos muestra.
¿Se entiende lo que quiero transmitir?

Me fui un poco hacia otro tema pero creo que en parte se relaciona.

BENDICIONES

Rodrigo Cárdenas B. dijo...

Gracias Sol por tu comentario.

Lo que yo veo al respecto es que si seguimos al Señor fielmente, la consecuencia será que creceremos y tendremos mayor sabiduría, amor y testimonio que dar a nuestros seres queridos.
Es lo que hizo Jesús con su familia, cuan le dijo a su madre María "mujer que tienes conmigo".
El no siguió su familia, sino que al final, su familia se convirtió a El. Eso se ve claramente, porque en los evangelios, dice que ni aún sus hermanos creían en EL; pero vemos como Santiago (Jacobo) su hermano escribe la que hoy conocemos como su carta en la Biblia.
Lo que yo he visto con mucha pena, es como hay personas que abandonan sus familias con el pretexto de seguir al Señor, eso lo hacen siguiendo una ilusión o error; pues en eso hay que tener sabiduría para hacerlo como Dios quiere y no para segir nuestras propias ideas o doctrinas mal entendidas.
Cuando seguimos al Señor; si bien no seguimos a nuestras familias, nuestras familias se ven beneficiadas, pues reciben lo que deberían recibir de nosotros de una manera más fiel y segura. Pero no recibirán de nosotros, lo que no esté en su voluntad.
¿No se si me explico?
saludos

Sol Garay dijo...

Así es Rodrigo, estoy de acuerdo contigo.

Tus palabras me recordaron cuando Jesús les explica a los fariseos que ellos invalidaron un mandamiento divino, por cumplir con una tradición humana (En Martos 7:11).

Creo que es un error fácil de cometer y que debemos estar muy atentos. También es muy cierto que nuestras familias, siempre que nos mantengamos fieles a Jesús, son realmente beneficiadas, por más que aún no les haya llegado su hora. Lo bueno de todo esto es lo que Jesús nos enseña al pedir, porque es en la oración donde encontramos la luz para ver con mayor claridad nuestro obrar y el de los demás y así también tratar de ser un ejemplo con la ayuda de Dios, que aunque, muchas veces estemos lejos de serlo, al menos en El encontramos la ayuda para seguir en el camino correcto.

Le agradezco a Dios por el tiempo que dedicas haciendo Su voluntad y compartiendo la sabiduría que El te ha dado, con nosotros.

Un abrazo fuerte y BENDICIONES.