jueves, 25 de agosto de 2011

¿Por que, no pedís?

¿De dónde vienen las guerras, y los pleitos entre vosotros? De aquí, es decir de vuestras concupiscencias, las cuales batallan en vuestros miembros. Codiciáis, y no tenéis; matáis y tenéis envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís; porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Stgo 4:1-3)

Cuando un hijo de Dios tiene una necesidad; ¿qué debe hacer?

Si es verdaderamente hijo de Dios, es decir, Dios es su Padre; obviamente debe pedirle a su Padre, y esperar en El. Nuestro Padre es rico y misericordioso; nada nos faltará.

Los hijos de Dios no podemos estar pidiéndole al mundo, no podemos estar peleando por nuestros derechos, no debemos tener pleitos por obtener las cosas del mundo; no debemos envidiar del mundo y combatir por alcanzar las cosas de este mundo; eso está para los hijos del mundo. Los verdaderos hijos de Dios, tienen a Dios como Padre, y eso es mucho más que suficiente. Nada nos faltará con El.

Si somos hijos de Dios, verdaderamente como hijos debemos caminar; y no como salvajes luchando por nuestros deseos; sino, todas las cosas debemos pedir a nuestro Padre con acción de gracias, y no afanarnos por nada; ya que si nuestro Padre nos dio su Hijo; ¿Cómo no nos dará todas las cosas?

El mundo se convulsiona, protestan, exigen, demandan, luchan, envidian, codician, se matan, destruyen, por alcanzar las cosas de este mundo.

Hermanos, todo nos pertenece en Cristo; esperemos en El, y si necesitamos algo, pidámosle a nuestro Padre; y no nos hagamos parte de la revuelta y confusión, parte del desenfreno por alcanzar lo temporal, pasando por encima de la voluntad de Dios, y pisando a las personas.

Nosotros tememos una estrategia poderosa para alcanzar lo verdadero (real) y eterno; tenemos un Padre todopoderoso que nos escucha y a El acudimos. ¿Qué más necesitamos?

No necesitamos exigir nuestros derechos, hay quien los exigirá por nosotros; y nos dará lo justo; esperemos en el Señor y su poder.

Un saludo en el Eterno y su Simiente; en Cristo estamos completos, vayamos a la abundancia de nuestro Señor.

Rodrigo

El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1Jn 2:17)

¡¡¡ El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre!!!

Me pregunto ¿Cuantos hoy han olvidado eso?

Muchos falsos evangelios descuidan la voluntad de Dios, la olvidan y establecen sus justicias; y olvidan la perfecta voluntad de Dios. Hablan de salvación, y olvidan o desprecian la voluntad de Dios.

¿De que sirve eso?

De nada, sin la voluntad de Dios, nada somos y nada tenemos; y lo que es peor, seremos raídos de esta tierra.

¿Cómo está tu vida en eso?

¿Sigues SU VOLUNTAD o sigues al mundo?

Les dejo el tema, para que lo reflexionen; y veamos que cualquier evangelio o religión que no nos conduce a la santa, justa y perfecta voluntad de Dios, es falso.

Y que si seguimos al mundo, nos hacemos enemigos de Dios; ya que haremos lo que no le agrada al Padre.

¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. (Stgo 4:4)

Yo no soy juez de nadie, sólo hago notar algo que está pasado de moda e importancia; saber y hacer la voluntad de Dios.

Oremos:

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. (Mat 6:10)

Jesús nos enseñó:

Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. (Mat 26:39)

Tras haber realizado la voluntad de Dios, obtendremos lo prometido si no perdemos la confianza y esperamos con paciencia:

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. (Heb 10:35-36)

Ahora vemos Padre nuestro y Señor, cuan importante es conocer y hacer tu voluntad. Amén.

Saludos, y que nuestro Padre por su Hijo nos alumbre con su Espíritu.