miércoles, 5 de diciembre de 2012

No confundamos, el Hades con el Infierno.


En varias traducciones de la Biblia e interpretaciones teológicas, he visto que los términos Hades (Seol) e Infiernos, se toman como sinónimos y se confunden; eso no debiera ser así, por lo que nos enseña la Biblia es dieferente; y creo muy interesante e importante notar la diferencia, para no tener una visión tan simplista de la realidad y futuro, que no es la realidad en sí. Sino una adaptación a un entendimiento errado, que por lo tanto, nos lleva a errores y limitaciones en la fe verdadera.

Antes de comenzar el mensaje, me gustaría que leyeras el siguiente texto del evangelio de Lucas, en él hay una clara descripción del Hades (Seol) y que el destino de las almas no es el mismo para todos, dependiendo de la condición del hombre, antes de la muerte del cuerpo:

Había un hombre rico,  que se vestía de púrpura y de lino fino,  y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro,  que estaba echado a la puerta de aquél,  lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico;  y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo,  y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham;  y murió también el rico,  y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos,  estando en tormentos,  y vio de lejos a Abraham,  y a Lázaro en su seno. Entonces él,  dando voces,  dijo: Padre Abraham,  ten misericordia de mí,  y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua,  y refresque mi lengua;  porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo,  acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida,  y Lázaro también males;  pero ahora éste es consolado aquí,  y tú atormentado. Además de todo esto,  una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros,  de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros,  no pueden,  ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego,  pues,  padre,  que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos,  para que les testifique,  a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen;  óiganlos. El entonces dijo: No,  padre Abraham;  pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos,  se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas,  tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos. (Luc 16:19-31)

Por el texto anterior, se podría entender que el Hades representa el infierno, pero no es así. Cuando la Biblia habla de Hades, usa la palabra en griego (ᾅδης hades; de G1 (como partícula neg.) y G1492; prop. no visto, i.e. «Hades» o el lugar (estado) de las almas que han partido:-Hades, sepulcro)

Esta misma palabra es la que se usa para el término Seól en el antiguo testamento, en hebreo (H7585  שְׁאוֹל sheól; oשְׁאֹל sheól; de 7592; hades o mundo de los muertos (como si fuera retiro subterráneo), incl. sus accesorios y reclusos allí:-Seol).

Entendemos que Hades y Seol, son a misma palabra; la primera en el idioma griego, y la segunda de origen hebreo, es decir, Hades = Seol.

¿Y cómo lo sabemos? Bueno si vemos cuando en el Nuevo Testamento se cita con la palabra griega Hades, referenciando al Antiguo Testamento, es a la palabra en hebreo Seol que referencia, es decir, cuando el Nuevo Testamento se hace uso de la palabra Hades (en Griego), en ese mismo pasaje, en el Antiguo Testamento, se una la palabra Seol (en Hebreo).

Acá tenemos el ejemplo, que nos hace explicita esa concordancia:

En el Nuevo testamento tenemos en los Hechos de los Apóstoles la siguiente cita del Antiguo Testamento:

Porque no dejarás mi alma en el Hades,  Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. (Hechos 2:27)

Este texto viene de la cita del siguiente Salmo en el Antiguo Testamento:

Porque no dejarás mi alma en el Seol,  Ni permitirás que tu santo vea corrupción. (Salmo 16:10)

De las dos citas anteriores, vemos claramente que el Hades y el Seol son la misma cosa (lugar que llegan los muertos en pecado); vemos claramente que son sinónimos.

Ahora nos preguntamos: ¿Qué es entonces el infierno?

Antes de seguir, me gustaría que notaras del verso anterior citado, que el Señor cuando murió bajó al Hades o Seol (lugar de los muertos en pecado, no bajó al infierno); lo dice claramente “no dejarás mi alma en el hades…” pero ¡resucito!, ¡gloria a Dios!. El Hades es el lugar preparado para quienes están en pecado (almas apartadas de Dios, sin Dios), y como el Señor murió cargado de todos nuestros pecados (Dios lo abandonó por un momento, por eso Jesús dijo en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”), tuvo que bajar al Hades por nosotros, pero Dios lo levantó de ese lugar, y su cuerpo no vio corrupción, ya que resucitó al tercer día (antes que se descompusiera su cuerpo).

¿Qué es el infierno, entonces…? Ya sabemos lo que es el Hades o Seol, lo mismo; ¿no es lo mismo el infierno?

Veamos la siguiente cita, donde Jesús mismo cita el infierno:

¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito,  y una vez hecho,  le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. (Mat 23:15)

La palabra usada para infierno en el griego (Nuevo Testamento), es la  palabra Gehena  (G1067 γέεννα géenna; de orig. heb. [H1516 y H2011]; valle del (hijo de) Hinón; gehena (o Ge-hinón), valle de Jerusalén, usado (fig.) como nombre del lugar (o estado) de castigo eterno:-infierno).

Cuando en los evangelios se habla de infierno, se usa la palabra Gehena en griego, y no Hades; por lo que entendemos; que el infierno es algo distinto al Hades (ya que se usa otra palabra diferente; además, de otras razones que veremos más adelante).

En el texto vimos como el Hades (Seol) es el lugar de llegada del hombre cuando su cuerpo muere y sus almas están vacías, sin Dios (hombres que mueren en pecado y no en Cristo); y también veremos, en el siguiente texto,  como el infierno es un lugar de destrucción del alma, es decir, una persona que muere sin Cristo, muere su cuerpo, pero su alma es llevada al Hades, luego en la segunda resurrección, su alma es juzgada por sus obras, y luego destruida en el infierno. En el Hades no hay destrucción del alma, como si la hay en el infierno (se ve en el siguiente texto).

Y no temáis a los que matan el cuerpo,  mas el alma no pueden matar;  temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. (Mat 10:28)

Cuando el hombre muere, su alma no muere; sólo el infierno la puede destruir…lo dice muy claro Jesús, en el infierno se puede destruir el cuerpo y el alma. En el Hades (como vimos en la primera cita de Lucas) van quienes han muerto en el cuerpo (sin Dios, es decir, fuera de la fe; juicio sin misericordia les espera, a quien no tuvo misericordia), y sus almas permanecen en esa lugar esperando, la resurrección para juicio.

¿De dónde nace el infierno?, ¿lo hizo Dios?

Nace de la costumbre y culto pagano, al dios Moloc (idolatría) en el  valle de Hinom, (nosotros sabemos que es culto a los demonios, por sus frutos o malas obras) de pasar los hijos e hijas por el fuego, es decir, quemarlos vivos como ofrendas al dios Moloc; con el fin de obtener buenas cosechas, prosperidad económica, salud, larga vida, éxito, o simplemente como medios de eliminar hijos no deseados (como no existía en ese tiempo el aborto, era un medio de deshacerse de hijos no deseados, y quedar socialmente bien).

Nunca ha estado en Dios tal ordenanza, ni en su corazón, Dios nunca ha querido que los hombres quemen a sus hijos como ofrendas, como lo podemos ver acá:

Y  han edificado los lugares altos de Tofet,  que está en el valle del hijo de Hinom,  para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas,  cosa que yo no les mandé,  ni subió en mi corazón. (Jer 7:31)

Y edificaron lugares altos a Baal,  los cuales están en el valle del hijo de Hinom,   para hacer pasar por el fuego sus hijos y sus hijas a Moloc;  lo cual no les mandé,  ni me vino al pensamiento que hiciesen esta abominación,  para hacer pecar a Judá. (Jer 32:35)

Entendemos, que el origen del infierno; no es algo que Dios haya ideado; si no ha sido lo que los hombres han ideado siguiendo a los demonios, es decir, la idolatría (quemando a sus propios hijos, para que a ellos le vaya bien); y como estos hombres se han hecho hijos del diablo (voluntariamente), no pueden esperar que se le de una paga diferente, como ellos mismos han hecho con sus propios hijos…, su padre el diablo, hará con ellos, si no se arrepienten, serán juzgados con sus propias varas de medir…

Cuando Jesús dice “le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros”; claramente referencia ese lugar cerca de Jerusalén, en que se hacia ese culto abominable; el valle de Hinon; es decir, donde los hombres que se apartaban del Dios verdadero, cometían esas abominaciones nunca pedidas por el Dios de Israel, buscando sus propios "beneficios terrenales".

El infierno no es algo que Dios haya ideado, sino ha sido el resultado de las mismas malas obras de los hombres, que les será pagado conforme a sus propios actos. Esa es la verdadera justicia, dar a cada uno según sus obras. Y cuando los hombres desprecian la misericordia de Dios, y toman por inmunda la sangre preciosa del Salvador del mundo ¿Qué más les espera, sino que den cuantas de sus actos personales directamente al Creador? Eso es lo justo, si no aceptan el rescate.

Ya entendemos que cuando una persona muere en el Señor, es decir, en la fe; va al seno de Abraham (Abraham es el padre por la fe); pero cuando se muere fuera de la fe, es decir, en pecado; va al Hades (Seol); nuestro Señor bajó por nosotros al Hades (Seol); pero Dios lo resucitó de los muertos. Cuando una persona está en el Hades, está en desolación, ya que al no tener cuerpo, su alma se encuentra totalmente vacía y en tormentos; su vida sólo se satisfacía en deleitar su carne en el mundo; al momento de perder su carne y el mundo (al morir su cuerpo), su alma queda en un profundo desierto y oscuridad, por eso vemos como el hombre rico está en profunda sed y tormentos, no tiene agua viva que lo calme (no es así con el hombre espiritual, quien su satisfacción está en la comunión con el Señor, cosa que no se pierde por la muerte del cuerpo).

Bueno para resumir, la Biblia habla de dos muertes y dos resurrecciones, lo explico brevemente:

Cuando el Señor venga a la tierra, los que murieron en Cristo resucitarán primero; luego los que vivimos seremos transformados y recibiremos al Señor en el aire. Esta es la primera resurrección.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor:  que nosotros que vivimos,  que habremos quedado hasta la venida del Señor,  no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando,  con voz de arcángel,  y con trompeta de Dios,  descenderá del cielo;  y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos,  los que hayamos quedado,  seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire,  y así estaremos siempre con el Señor. (1Tesa 4:15-17)

La segunda resurrección, será de aquellos que están en el Hades  (Seol), el mar representa al mundo; quienes resucitarán para juicio según sus obras:

Y el mar entregó los muertos que había en él;  y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos;  y fueron juzgados cada uno según sus obras. (Rev 20:13)

Luego acá notamos algo importante:

Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego.  Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. (Rev 20:14-15)

Primero en el texto vemos la segunda muerte, de quienes no están en la Vida, es decir, no escritos en el libro de la Vida (Jesús dijo que él es la Vida, no están en Cristo).

También vemos que si el infierno, fuera lo mismo que el Hades, no podría el infierno ser lanzado al infierno ¿no te parece?, es decir, la Biblia no podría decir: “Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego”; pero como el Hades (Seol) son diferentes al infierno, pueden ser lanzados al infierno (lago de fuego) para ser destruidos, para siempre.

El infierno es un lugar de destrucción del alma, y el Hades es un lugar provisorio del alma, para los muertos que esperan juicio Divino.

Y vi a los muertos,  grandes y pequeños,  de pie ante Dios;  y los libros fueron abiertos,  y otro libro fue abierto,  el cual es el libro de la vida;  y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros,  según sus obras. (Rev 20:12)

Hay dos muertes, y hay dos resurrecciones:

La primera muerte, es sólo del cuerpo; dependiendo en que condición morimos, es que vamos al Hades o al seno de Abraham.

La primera resurrección es para los que están en Cristo, o durmieron en Cristo (el día del Señor).
La segunda resurrección, es para quienes no murieron en Cristo, es decir, en incredulidad a Dios; resucitan para presentarse al juicio divino (juicio eterno).

La segunda muerte, es cuando el hombre es juzgado por sus obras, y por ellas es condenado (ya que sus obras eran malas, de otra manera en vida se habrían acercado a la luz), en ese caso es lanzado al infierno (lago de fuego), donde es destruida su alma. Ya que la condenación es eso mismo, que algunos hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque la luz los delata; prefieren ocultarse y seguir pecando. Pero todo saldrá a luz, todo será declarado por el día.

Ya puedes ver, como el infierno no es el Hades (Seol); y como su origen está en la maldad del hombre que sigue al demonio con su mente carnal (buscando su propio provecho, sin importar el inocente o victima, al quemar por ejemplo a sus hijos ); y como Dios es justo; y cada uno recibirá conforme a sus obras; ya que todas las cosas están escritas, en libros de las obras de los hombres; pero quienes están en el libro de la vida, son salvos de condenación, pues amaron la luz, y se acercaron a ella (nota que Dios no sólo es justo, sino que misericordioso, ponindo hoy delante del hombre el camino de la vida, Jesucristo; para que el hombre alcance a su Padre, pero sólo para quienes quieran por ese camino transitar).

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo,  y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,  porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo,  aborrece la luz y no viene a la luz,  para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz,  para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. (Juan 3:19-21)

Espero puedas revisar mis reflexiones, y veas por tus propios medios que son correctas; pero es importante empezar a conocer las cosas como realmente son y serán; y como toda la Biblia es un conjunto perfectamente armónico; y dispuesto por Dios para enseñarnos la verdad, e ir avanzando en el conocimiento de Dios por su Espíritu.

domingo, 2 de diciembre de 2012

En Casa de mi Padre


Leemos del evangelio de Juan, lo que Jesús nos dijo:

En la Casa de mi Padre muchas moradas hay; de otra manera os lo hubiera dicho; porque voy a aparejaros el lugar. Y si me fuere, y os aparejare el lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (Juan 14:2-3)

Se ha interpretado erróneamente, que esto se refiere a la segunda venida de nuestro Señor (en el futuro), pero en verdad no es así, sino que nos está enseñando un verdadero misterio de la verdadera vida cristiana, en Cristo.
El Señor nos enseña que después de su muerte y resurrección nos tomará a sí mismo, para que habitemos donde él está, ¿Dónde? A la diestra de Dios en las alturas.

Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está el Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con el Cristo en Dios. (Col 3:1-3)

Nos enseña cómo llegar a ese lugar, que nuevamente es él mismo:

Así que sabéis a dónde yo voy; y sabéis el camino. Le dice Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:4-6)

También nos enseña, a Quien vemos en la luz de su rostro:

Si me conocieseis,  también a mi Padre conoceríais;  y desde ahora le conocéis,  y le habéis visto. Felipe le dijo:  Señor,  muéstranos el Padre,  y nos basta. Jesús le dijo:  ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros,  y no me has conocido,  Felipe?  El que me ha visto a mí,  ha visto al Padre;  ¿cómo,  pues,  dices tú:  Muéstranos el Padre? (Juan 14:7-9)


También la Biblia nos enseña donde habita Dios, ya que él no habita en casa hecha por mano humana, pero tiene un lugar de habitación:

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas,  según las tradiciones de los hombres,  conforme a los rudimentos del mundo,  y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, (Col 2:8-9)

La casa del Padre, es Cristo (en esta creación, él es el verdadero templo que levantó al tercer día); en él hay muchas moradas, y el fue y preparó lugar para nosotros, y volvió y nos tomó a sí mismo; para que estemos donde él está. Lo explica en los siguientes versos:

Aún un poquito, y el mundo no me verá más; sin embargo vosotros me veréis; porque yo vivo vosotros también viviréis. Aquel día vosotros conoceréis que yo soy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. (Juan 14:19-20)

Fue un poquito, lo que nos dejó solos (desde su muerte hasta su resurrección y ascensión) , pero volvió y le vemos, es su vida por la cual vivimos, y hoy sabemos que él es en el Padre, nosotros en él, y él en nosotros. Esto sólo se cumple en la fe, como él dijo ¿Creéis en Dios? Creed también en mí…

Hoy no hay posibilidad de unidad, sino sólo en Cristo; el Señor ya hizo la oración y lo explicó, en Cristo somos uno con el Padre, con él y entre nosotros…, fuera de Cristo sólo hay desolación, Cristo es el camino y el lugar…, sólo en él, damos verdadero testimonio.

Mas no ruego solamente por éstos,  sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno;  como tú,  oh Padre,  en mí,  y yo en ti,  que también ellos sean uno en nosotros;  para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste,  yo les he dado,  para que sean uno,  así como nosotros somos uno. Yo en ellos,  y tú en mí,  para que sean perfectos en unidad,  para que el mundo conozca que tú me enviaste,  y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre,  aquellos que me has dado,  quiero que donde yo estoy,  también ellos estén conmigo,  para que vean mi gloria que me has dado;  porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. (Juan 17:20-24)

Ya conocemos el camino, y ya estamos en Cristo sólo por medio de la fe; permanezcamos en la fe (en él), como él permanece en nosotros.

Permaneced en mí,  y yo en vosotros.  Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo,  si no permanece en la vid,  así tampoco vosotros,  si no permanecéis en mí. (Juan 15:4)

Ya debemos saber, que el Señor ya cumplió estas palabras, y no debemos esperarlas para el futuro, sino que debemos procurar entrar y buscar cada día más, esta bendita realidad en él, por la fe; a la Casa de su Padre, que ya tenemos un lugar en él.

En la Casa de mi Padre muchas moradas hay; de otra manera os lo hubiera dicho; porque voy a aparejaros el lugar. Y si me fuere, y os aparejare el lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (Juan 14:2-3)