sábado, 7 de febrero de 2026

¿Guerra Espiritual o Ceguera Estratégica? El secreto de la Liberación real en Cristo.

Introducción:

Este mensaje no es fruto de una reflexión teórica ni de un estudio académico. A finales de 2024, recibimos dos mensajes directos de parte de Dios que sacudieron nuestra forma de entender la vida en Cristo, de la batalla espiritual. En esas revelaciones, el Señor nos pedía que nos preparáramos junto con cuatro hermanos para integrar Su ejército (Jehová de los Ejércitos) y nos explicaba, con una claridad que nos sorprendió, qué es realmente la guerra espiritual y cómo debemos prepararnos.

Para nosotros fue una revelación confrontadora, ya que muchas de las instrucciones que recibimos son contraintuitivas y van en contra de lo que tradicionalmente se enseña en las iglesias. Lo que leerás a continuación es una síntesis de esos mensajes, diseñada para quienes están listos para dejar de ser víctimas del enemigo y convertirse en soldados del Señor.

Nota: Puedes encontrar las versiones originales y completas de estos dos mensajes en el sitio de la iglesia: caminoalpadre.com.


Usted siente que la crisis es económica, que el conflicto es con su pareja o que el agotamiento es simplemente el resultado de una agenda saturada. Sin embargo, detrás de ese cansancio que ningunas vacaciones logra curar, existe una realidad paralela: una batalla espiritual activa. Ignorar este frente no lo mantiene a salvo; solo lo deja muy expuesto a sufrir las heridas del enemigo,. Lo que percibimos como caos cotidiano es, en rigor, el eco de una guerra invisible donde el mayor riesgo no es la lucha, sino la ceguera espiritual que nos impide ver, prepararnos y luchar con El.

Para sobrevivir y prevalecer en los tiempos que corren —basándonos en las revelaciones directas del Señor de noviembre y diciembre de 2024—, debemos abandonar nuestras nociones convencionales de fuerza. Aquí se presentan cinco claves para dejar de ser víctimas de las circunstancias y convertirnos en soldados de una victoria que ya ha sido ganada.


Punto 1: Tu lucha no es contra personas, sino contra el engaño

Nuestra primera reacción ante el conflicto es buscar un rostro humano al cual culpar. Nos desgastamos en contiendas contra "carne y sangre", viendo a familiares, colegas o líderes como el o los adversarios. Esta es la primera trampa. Dios es enfático: la verdadera lucha no es contra el hombre, sino contra huestes de maldad que utilizan el engaño como su arma principal.

"Deja de dar lucha contra carne y sangre y lucha contra huestes espirituales de maldad que engañan a mis hijos".

El caso de un hermano nos enseña que lo que vemos como rebeldía o conflicto familiar es a menudo una "neblina espiritual", un ataque del enemigo que debemos vencer en El. El enemigo no busca necesariamente destruirnos físicamente; busca nublar nuestra visión de la voluntad del Padre, para no poder seguir su Camino. Al entender que el adversario es el engaño y no la persona, nuestra estrategia cambia: pasamos del juicio a la intercesión y del ataque a la fe como escudo. El "otro" es a menudo una víctima del mismo sistema de engaño que intenta atraparnos, es decir, del enemigo de Dios.

Punto 2: El Orden de la Victoria y la Jurisdicción Legal

Existe una jerarquía inquebrantable en la preparación espiritual. Muchos buscan manifestar el poder de Dios fuera sin haber gestionado primero su esfera privada. Sin embargo, el orden divino es inflexible: la casa debe estar en orden para que el poder de Dios se manifieste.

Esta preparación se divide en tres etapas obligatorias, antes de ser luz para el mundo:

  1. La batalla interna: Vencerse a uno mismo, rindiendo la voluntad y superando la duda.

  2. La batalla en la casa: Ordenar el hogar bajo la luz. Si no hay verdad en la casa, el enemigo tiene un derecho legal (jurisdicción) para operar y atacarte.

  3. La batalla en la iglesia: Solo tras la victoria en lo íntimo, se obtiene la potestad para luchar por el cuerpo de Cristo.

Advertencia de la "Casa Vacía": La liberación no es un show de ritos. El Señor advierte que si la casa está "barrida y adornada" pero vacía, el enemigo vuelve con siete peores (Mateo 12:44). No busques que el enemigo se vaya para seguir viviendo a tu manera; busca que el Hijo ocupe la casa para que no haya espacio para el invasor.

Punto 3: La Batalla es PERMANECER (No luches contra las olas)

El mundo espiritual se describe como un mar en movimiento perpetuo. Los ataques externos —como los conflictos familiares, las dudas, o la incertidumbre laboral, etc— son olas diseñadas para botarte de la Roca que es Cristo.

Aquí es donde introducimos un paradigma totalmente nuevo: La batalla espiritual consiste en permanecer en Él. La directiva es contraintuitiva: el soldado no debe batallar contra las olas. Quien intenta luchar contra el mar por su cuenta, se pierde; pues es imposible para el hombre hacerlo y vencer. La única misión es permanecer en la Roca, que es Cristo (aferrado a El). Satanás no necesita vencerte con fuerza; solo necesita que usted caiga de la Roca. Una vez que pierde su posición en Cristo (cayo de la Roca), el mar hace el resto del trabajo inexorablemente. La batalla no es contra los problemas (las olas), sino por la permanencia en la Roca.

Punto 4: El Requisito de Reclutamiento: Muerte y "Lo Suyo"

El llamado al ejército espiritual de Dios exige la entrega total. Dios es radical y sumamente directo: Para ser un soldado de Cristo, hay que estar dispuesto a morir.

"El soldado que va a la batalla, muere por amor a mi iglesia, muere no por él, sino por mi, es decir, por sus hermanos".

Esto es algo que hasta los ejércitos del mundo piden: nadie va a la guerra esperando conservar su comodidad. Esta muerte implica una decisión clara: estar dispuesto a los negocios de Él (Su Iglesia) y no a los míos (mis intereses). ¿Quién está dispuesto a perder su visión personal de familia por estar en Su Ejército? No se trata de abandono, sino de entender que solo entregando lo que creemos "nuestro" (mis hijos, mi casa, mi reputación) es que Dios puede realmente cubrirlo. El soldado no vive para sí mismo; vive para los intereses de su General.

Punto 5: Tú no vistes la armadura, Cristo ES la armadura

La armadura de Efesios no es un ejercicio moral ni un rito imaginario, ella es Cristo. Debemos entender que la Armadura es ÉL. No son herramientas que usamos, es Su presencia revistiéndonos.

En el mundo espiritual, la imagen de Cristo es aterradora. Sus ojos son fuego consumidor y Su voz es un estruendo de verdad. La Grandeza de Jesús es tal que, cuando estamos revestidos de Su naturaleza, los enemigos y los espíritus inmundos corren despavoridos al solo escuchar Su nombre. La protección es el resultado de la unión íntima, no del esfuerzo religioso. El enemigo huye porque, al vernos en la Roca, no nos ve a nosotros, sino al Hijo que ya lo derrotó y venció.


Conclusión: Testigos de una Victoria Ganada

La batalla espiritual no es un suspenso; es la manifestación de una sentencia ya dictada en la cruz. Nuestra función como iglesia no es ganar la guerra, sino ser testigos fieles de la victoria de Cristo. Él es quien permanece, Él es quien da la batalla y Él es quien hace retroceder las tinieblas, en nosotros.

La verdadera fortaleza se encuentra en la rendición. Al dejar de luchar por "lo mío" y rendirnos a "lo Suyo", permitimos que el General de los Ejércitos tome Su lugar. La obediencia y la humildad son las llaves que abren el flujo del poder divino.

Si tu batalla hoy fuera simplemente dejar de luchar contra las olas y enfocarte únicamente en no soltar la Roca, 

¿Cómo cambiaría tu paz mañana?

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