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domingo, 28 de diciembre de 2025

¿Por qué seguimos pidiendo bendiciones que ya nos fueron dadas? El error de orar por "nuestro" camino

 


Si revisamos nuestras oraciones diarias, o escuchamos las de la mayoría de las personas y/o congregaciones, notaremos un patrón repetitivo. Pasamos gran parte de nuestra vida cristiana pidiéndole a Dios que bendiga nuestros planes, que prospere nuestros negocios, que proteja nuestros seres queridos, viajes y que fructifique nuestras decisiones.

Nuestra oración suena casi siempre así: "Señor, este es el camino que he elegido; por favor, ven conmigo y bendícelo".

Pero, ¿Qué pasaría si te dijera que esa forma de orar es la razón por la que vemos tan poco poder real en la iglesia moderna? ¿Y si el secreto no es pedirle a Dios que bendiga nuestro camino, sino tener el discernimiento para caminar en el camino que Él ya trazó y ya bendijo?

El Mito de la "Bendición a Domicilio"

Existe una diferencia abismal entre la Religión y el Reino de Dios:

  •   La Religión intenta convencer a Dios de que baje a nuestra realidad y sirva a nuestros propósitos, planes e intereses (muchas veces disfrazándolo de algo muy espiritual y conveniente para ambos).
  •  El Reino nos exige morir a nuestra realidad para subir a la Suya y servir a Su propósito, y no al nuestro egoísta (como dijo el Señor a los 12 años, estar en los negocios del Padre).

Muchos vivimos esperando que Dios envíe "paquetes de bendición" a donde nosotros estamos parados (a menudo en nuestra propia voluntad, caprichos y/o comodidad). Sin embargo, la Biblia nos presenta una legalidad espiritual muy diferente, vemos en Efesios 1:3:

 "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo."


Fíjate en los detalles técnicos de este versículo:

  1.  El Tiempo: Dice "nos bendijo" (pasado). Dios no está fabricando nuevas bendiciones hoy; ya las emitió todas.
  2.  La Ubicación: Están "en los lugares celestiales".
  3.  La Condición: Están "En Cristo".

Esto significa que la bendición no es un premio que cae del cielo al azar, por cumplir metas y/o tanto pedir; la bendición está en una ubicación. Es un territorio. Si tú estás fuera de ese territorio (fuera de la voluntad perfecta de Dios), puedes gritar, patalear. decretar y reclamar, pero no estás en la zona de cobertura de la bendición, que es en Cristo en los lugares celestiales.

La Lección Olvidada de Pella (ejemplo)

La historia nos da un ejemplo brutal de esta verdad. En el año 70 d.C., cuando los ejércitos romanos rodearon Jerusalén, los judíos religiosos y cristianos tibios, se quedaron en la ciudad presumiblemente orando, ayunando y pidiendo a Dios que "bendijera y protegiera Su Templo y Su ciudad". Pero que ocurrió, la mayoría de ellos perecieron, Jesús ya había profetizado su destrucción y quien no lo creyó y obedeció al Señor, saliendo de ella, sufrió las consecuencias de estar en Jerusalén (lugar seguro según la carne religiosa).

Lucas 19:41-44 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, (42) diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. (43) Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, (44) y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. 

Vemos esto también en Mt24:1-2; Mr 13:1-2 y Lc 21:5-6.

Sin embargo, los verdaderos discípulos de Jesús, recordaron Sus palabras y huyeron a una pequeña ciudad gentil en el desierto, llamada Pella.

  1.   Los que pidieron bendición para su camino (desobedecieron al quedarse en Jerusalén), encontraron mayoritariamente la muerte.
  2.  Los que caminaron en el camino trazado (obedecieron) por el Maestro (huir al desierto), encontraron la vida.

La protección del Salmo 91 no estaba en el edificio sagrado, no estaba porque fuera la ciudad santa de Dios; estaba en la obediencia. Dios no protegió las paredes de Jerusalén; Dios protegió los pasos de los que obedecieron sus palabras.

Dejemos de pedir "Cosas" y empecemos a pedir "Vista"

Si revisamos las oraciones del apóstol Pablo, nunca lo vemos pidiendo "cosas" materiales y/o suerte para los hermanos. Él NO oraba: "Señor, dale un buen trabajo a Timoteo".

Pablo oraba para que recibieran "espíritu de sabiduría y de revelación" (Efesios 1:17) y para que fueran "llenos del conocimiento de Su voluntad" (Colosenses 1:9).

¿Por qué? Porque Pablo entendía el secreto: No necesitamos pedir la bendición, solo necesitamos la capacidad de ver dónde está el Camino y la fuerza (gracia) para andar en él.

Si un creyente camina en obediencia, "En Cristo", no necesita perseguir las bendiciones; las bendiciones lo perseguirán a él (Deuteronomio 28:2), porque están incorporadas en el Camino.


Bendiciones de la obediencia

 Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. (2) Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.  Deuteronomio 28:1-2 


Conclusión: El Camino de la Cruz

Es hora de madurar. Es hora de dejar de tratar a Dios como un asistente personal que debe validar nuestros proyectos personales y familiares.

El verdadero "Conocimiento de Cristo" nos lleva a la Cruz. La Cruz es el lugar donde renuncio a mi camino ("Señor, bendice mis planes") para abrazar Su Camino ("Señor, hágase tu voluntad en mi vida").

No gastes tu vida pidiendo a Dios que bendiga un camino que Él no trazó. Mejor, usa tu energía en orar por sabiduría, muere a tu propio "yo", y entra por la puerta estrecha de la obediencia. Allí, en ese camino angosto, descubrirás que el Padre ya había preparado de antemano todo lo que necesitabas, y camina en esas obras ya preparadas.

 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; (9) no por obras, para que nadie se gloríe. (10) Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Efesios 2:8-10

La bendición no se crea; se encuentra. Y siempre se encuentra en el mismo lugar: En la Obediencia en Cristo Jesús.

¿Estás pidiendo bendición para tus planes 

o estás alineándote al plan de Dios que ya está bendito?

domingo, 18 de marzo de 2018

Tres “Heme aquí” según la Biblia



Mis queridos amigos y lectores, hoy les quiero compartir el mensaje, Tres “Heme aquí” que hayamos en la Biblia, en ello podremos encontrar una edificadora enseñanza de nuestros padres de la fe (como es del caso de Abraham) que no debemos dejar de aprovechar.

Heme aquí, es la palabra en hebreo  הנה אני (HINÉNI); y es con estas palabras que Abraham respondió a Dios, cuando Este le llamaba en su gran prueba de fe, veámoslo:

Aconteció después de estas cosas que Dios probó a Abraham, y le dijo: ¡Abraham! Él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora a tu hijo, tú único, a Isaac, a quien amas, y ve a tierra de Moriah,  y tú mismo sacrifícalo allí en holocausto sobre uno de los montes que Yo te diré. Y Abraham se levantó temprano por la mañana, enalbardó su asno y tomó consigo a dos de sus mozos y a su hijo Isaac. Luego cortó troncos para el holocausto, se levantó, y se fue al lugar que le había dicho Dios. (Génesis 22:1-3)

En el texto anterior, vemos como Abraham después de escuchar la orden de Dios, y después de decir, Heme aquí, se levantó muy temprano de mañana, para obedecer el llamado de Dios.

La traducción de  HINÉNI (הנה אני)  sería: heme aquí ó aquí estoy; es como decir, ¡aquí estoy atento escuchando y presto a obedecer sus órdenes mi Señor! Indica un estado de atención plena, a lo que se va a decir, para obedecerlo prontamente. Con estas palabras vemos como los grandes hombres de Dios como Abraham, Israel, Moisés, Samuel, Isaías, María respondieron a Dios, como lo hizo también el mismo Señor Jesucristo, su Hijo Unigénito.

Citaré 7 ejemplos de la Biblia, que debemos imitar, donde vemos estos grandes de Dios, y sus respuestas a El:

ABRAHAM: Pero el ángel del  Señor lo llamó desde los cielos, y le dijo: ¡Abraham! ¡Abraham! Y él dijo: ¡Heme aquí! (Génesis 22:11)

JACOB: Y el ángel de Dios me dijo en el sueño: Jacob. Y yo dije: Heme aquí. (Génesis 31:11)

MOISES: Vio el Señor que se desviaba para observar, y Dios lo llamó de en medio de la zarza, y le dijo: ¡Moisés! ¡Moisés! Y él respondió: ¡Heme aquí!  (Éxodo 3:4)

SAMUEL: El Señor  llamó a Samuel, y él respondió: ¡Heme aquí! (1 Samuel 3:4)

ISAIAS: Entonces oí la voz de Adonay que decía: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y dije: ¡Heme aquí, envíame a mí! (Isaías 6:8)

MARIA: Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella. (Lucas 1:38)

CRISTO: Entonces dijo: Heme aquí para que haga, oh Dios, tu voluntad. Quita lo primero, para establecer lo postrero. (Hebreos 10:9)

Claramente en los 7 ejemplos anteriores, vemos como estos hombres de Dios (cuando digo hombres, como lo pueden notar, no descarto las mujeres, pues somos uno para Dios), responden con un profundo y reverente Heme aquí

Hasta aquí, hemos hablado del PRIMER Heme aquí (HINENI), que es como debemos nosotros responderle a Dios, cuando nos llama; atentos a su mensaje y listo para obedecer sus palabras. Vimos como hasta el mismo Señor Jesucristo respondió de esa manera a su Padre; y de la misma forma 6 ejemplos de grandes hombres de la fe, lo hicieron. Hoy tenemos la oportunidad de seguir sus pisadas, al responder de similar forma a nuestro Dios y Señor; cuando nos llame; cuando oigamos su voz. En resumen el primer Heme aquí, es de nosotros para con nuestro Dios.

El SEGUNDO Heme aquí (HINENI), lo vemos en la forma que debemos comportarnos con nuestros semejantes, prestos y listos para atender sus llamados y necesidades.

Veamos algunos ejemplos, como grandes de la fe, se dispusieron ante sus semejantes:

ABRAHAM: Entonces habló Isaac á Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. (Génesis 22:7-8)

Abraham atiende rápidamente la inquietud y solicitud de su hijo camino al sacrificio; con esto demuestra su amor y como le explica que Dios proveerá del cordero. Es muy preciosa esta expresión “e iban juntos”, la Biblia al recalcar esto, nos muestra que no sólo iban juntos en forma física que es algo muy obvio, sino que iban juntos en un mismo sentir, en una misma misión, en un mismo propósito y en un mismo corazón.

JOSE: Y dijo Israel á José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Sichêm: ven, y te enviaré á ellos. Y él respondió: Heme aquí. (Génesis 37:13)

José ante la solicitud de su padre Jacob respondió Heme aquí, luego de esta pronta respuesta y obediencia vemos que se desata en José su travesía y odisea,  hasta llegar a ser segundo después de Faraón rey de Egipto y salvar al pueblo de Israel del hambre, y preservarlos multiplicándolos en Egipto.

SAMUEL: Llamando pues Eli á Samuel, díjole: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí. (1 Samuel 3:16)

Vemos como en sus inicios juveniles, el profeta Samuel se somete y está presto a escuchar y obedecer a Elí, su mentor. Y llegó a ser Samuel fue un gran profeta de Dios en Israel.

En los ejemplos anteriores, vemos la disposición que debemos tener ante nuestros semejantes, ya sean estos puestos para guiarnos o a nosotros como sus guías; debemos tener la misma disposición de corazón de un “Heme aquí” ante sus solicitudes.

A lo mejor estas pensando lo mismo que yo; si cumplimos la ley, es decir, primero amar a Dios sobre todas las cosas, cumpliremos fácilmente el primer Heme aquí para con Dios; y si cumplimos el segundo de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, cumpliremos el segundo Heme aquí, también con facilidad, pues estaremos dispuesto a obedecerles por su bien.

Vemos que en la perfección de la ley de Dios en nuestros corazones,  que es el propósito del Nuevo Pacto, el escribir la ley de Dios en nuestras mentes y corazones, cumplimos fácilmente estos dos Heme Aquí, para con Dios y para con nuestros hermanos y cercanos.

Este es el pacto que haré con ellos: Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré; (Hebreos 10:16)

Mis estimadísimos amigos y lectores, creo que aquí estamos llegado al Heme aquí más importante de todos; y es cuando el mismo Dios y Señor nos dice Heme aquí a nosotros, es decir, cuando nos contesta Heme aquí a nuestras solicitudes y oraciones.

Luego de los dos Heme aquí anteriores, nosotros respondiendo a nuestro Dios y Señor, y respondiendo a nuestro prójimo de la misma manera; viene el poder de Dios en nuestras oraciones, efectividad total en el poder de Dios. ¿Cómo?

El TERCER Heme aquí, es cuando Dios nos responde de esa manera a nosotros; es decir, El se pone presto en atención y listo para actuar ante nuestras palabras, ¿No es algo tremendo? ¡Dios con una atención máxima a escucharnos y actuar a nuestro favor!, Parece increíble ¿no?. Pues no lo es, veamos cuando es que ocurre de esa manera, cuando Dios nos dice o nos dirá Heme aquí a nuestras solicitudes y oraciones. Lo podemos ver explicado en el capitulo 58 del libro de  Isaías; Isaias nos muestra la forma de conseguirlo, es la respuesta de Dios que debemos buscar y procurar, para todas nuestras oraciones y solicitudes:

Isaías 58:1-14  ¡Clama a voz en cuello, no te detengas, Alza tu voz como una trompeta! ¡Denuncia a mi pueblo su rebelión, A la casa de Jacob sus pecados!  (2)  Que me buscan de día en día, Y muestran deseos de conocer mis caminos, Como un pueblo que practicara la justicia, Y que no abandonara la Ley de su Dios. Me piden las ordenanzas de justicia, Se complacen en la cercanía de Dios.  (3)  Decís: ¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿Afligir nuestra alma, si no te enteras? Pero he aquí, el día de ayuno buscáis vuestro interés, Y apremiáis todos vuestros trabajos.  (4)  He aquí, para contiendas y debates ayunáis, Para herir con puño inicuamente. No ayunéis como ahora, Si queréis que vuestra voz sea oída en lo alto.  (5)  ¿Es tal el ayuno que Yo escogí, Que de día aflija el hombre su alma, Que mueva la cabeza como un junco, Y se acueste sobre saco y ceniza? ¿Llamaréis a eso ayuno, Día agradable al SEÑOR?  (6)  ¿No es más bien el ayuno que Yo escogí, Desatar las ligaduras de maldad, Soltar las cargas de opresión, Y dejar ir libres a los quebrantados, Y que rompáis todo yugo?  (7)  ¿No es que partas tu pan con el hambriento, Y a los pobres errantes albergues en casa; Que cuando veas al desnudo, lo cubras, Y no te escondas de tu hermano?  (8)  Entonces nacerá tu luz como el alba, Y tu salvación se dejará ver pronto, Tu justicia irá delante de ti, Y la gloria del SEÑOR será tu retaguardia.  (9)  Entonces invocarás, y al SEÑOR responderá; Suplicarás, y Él dirá: ¡Heme aquí! Si quitas en medio de ti la opresión, El dedo amenazador y las palabras arrogantes;  (10)  Si de tu alma sacas para el hambriento, Y sacias al alma afligida, En las tinieblas nacerá tu luz, Y tu oscuridad será como el mediodía.  (11)  El SEÑOR te pastoreará siempre, Y en las sequías saciará tu alma y dará vigor a tus huesos. Serás un huerto bien regado; Un manantial cuyas aguas nunca faltan,  (12)  Los tuyos reedificarán las ruinas antiguas, Volverás a levantar los cimientos de muchas generaciones, Y serás llamado reparador de brechas, Restaurador de senderos para descansar.  (13)  Si detienes tus pies en el sábado, Para no hacer lo que te plazca en mi día santo, Si llamas al sábado tu delicia, Santo, glorioso del SEÑOR, y lo honras, No yendo en tus propios caminos, Ni buscando tus propios placeres, Ni hablando de tus propios asuntos,  (14)  Entonces el SEÑOR será tu delicia; Te haré subir sobre las alturas de la tierra, Y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, Porque lo habló la boca del SEÑOR.

Vemos que cuando amamos sinceramente a Dios y a nuestro prójimo, vemos también que seremos rápidos en decirles Heme aquí; y tras ello es nuestro mismo Señor que cuando le oremos nos dirá Heme aquí; es decir, aquí estoy, dirá el SEÑOR, atento a escuchar y obedecer tu llamado.

¡¿NO ES TREMENDO LO QUE ESTAMOS DICIENDO?! Dios mismo estará presto a oír y obedecer nuestras oraciones; con un tremendo ¡Heme aquí!!!

Lo que estamos expresando es algo tremendo, y debemos guardarlo en nuestros corazones, pues es algo muy importante y glorioso, es algo que vale la pena seguir y alcanzar con todo nuestra alma, fuerzas, mente y corazón; alcanzar tal poder y amor, con nuestro Dios juntos como hermanos; extendernos de tal manera de alcanzar el ¡HEME AQUI, de DIOS!!! A nuestros llamados.

Entonces, si todo lo anterior es tan impactantemente bello, poderoso y glorioso; ¿Cuál es la dificultad que tenemos?

Lo que debemos rechazar es el pecado, que nos separa de nuestro Dios...

Vámonos al primer libro de la Biblia, al libro de Génesis, al tercer capítulo y en el leemos:

Y oyeron la voz del SEÑOR Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y se escondió el hombre y su mujer de delante del SEÑOR Dios entre los árboles del huerto. Y llamó el SEÑOR Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. (Génesis 3:8-10)

Adam, al oír la voz del SEÑOR Dios; no respondió con un Heme aquí; sino que se escondió; y a Su llamado, sólo obtuvo una explicación a su ocultamiento de El.  Vemos como el hombre después de pecar, ya no está dispuesto a oír a Dios rápidamente y exponerse a Sus órdenes; sino que al oír Su voz se esconde; y a Su llamado especifico, antes que el arrepentimiento por su pecado Adam, da una explicación para justificarse. Lejos de un Heme Aquí, estuvo la respuesta de Adam.

Lo anterior nos muestra que es el pecado, el estorbo que nos dificulta los Heme aquí que deseamos tener en nuestra vidas; y es el pecado, lo que debemos vencer en Cristo, para restaurar completamente nuestra relación con Dios y nuestros semejantes. Para que ante la voz de Dios, digamos Heme aquí, y ante el clamor de nuestros cercanos, podamos decir Heme aquí; y así obtener el gran HEME AQUI que viene del mismísimo DIOS y SEÑOR ante nuestro llamado. Amén.

El que hace pecado, es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para que deshaga las obras del diablo. (1 Juan 3:8)

Conclusión: De la disponibilidad al sacrificio

Decir "Heme aquí" es mucho más que una respuesta verbal; es la firma de un cheque en blanco entregado al Creador. Hemos visto que existe una progresión en estos tres llamados: el primero nos saca de la comodidad, el segundo nos purifica para el servicio, y el tercero nos lleva al altar de la rendición total.

Muchos se quedan en el primer nivel, disfrutando de la seguridad de ser llamados, pero pocos están dispuestos a que el carbón encendido toque sus labios o a que el cuchillo del sacrificio pruebe sus prioridades. La vida en Cristo no se trata de que Dios asista a nuestros planes, sino de que nosotros nos presentemos como sacrificios vivos, santos y agradables ante Su presencia. No podemos decir que conocemos a Cristo si nuestra respuesta ante Su voz sigue siendo un "mañana" o un "siempre y cuando vea que me convenga". El verdadero discípulo no negocia los términos; simplemente se presenta.



Un saludo a todos, me gustaría invitarlos a leer el siguiente mensaje:

A la estatura de un varón perfecto (La perfección cristiana)


Y avanzar en resolver esta pregunta: ¿Qué es la perfección cristiana?


jueves, 25 de agosto de 2011

¿Por que, no pedís?

¿De dónde vienen las guerras, y los pleitos entre vosotros? De aquí, es decir de vuestras concupiscencias, las cuales batallan en vuestros miembros. Codiciáis, y no tenéis; matáis y tenéis envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís; porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Stgo 4:1-3)

Cuando un hijo de Dios tiene una necesidad; ¿qué debe hacer?

Si es verdaderamente hijo de Dios, es decir, Dios es su Padre; obviamente debe pedirle a su Padre, y esperar en El. Nuestro Padre es rico y misericordioso; nada nos faltará.

Los hijos de Dios no podemos estar pidiéndole al mundo, no podemos estar peleando por nuestros derechos, no debemos tener pleitos por obtener las cosas del mundo; no debemos envidiar del mundo y combatir por alcanzar las cosas de este mundo; eso está para los hijos del mundo. Los verdaderos hijos de Dios, tienen a Dios como Padre, y eso es mucho más que suficiente. Nada nos faltará con El.

Si somos hijos de Dios, verdaderamente como hijos debemos caminar; y no como salvajes luchando por nuestros deseos; sino, todas las cosas debemos pedir a nuestro Padre con acción de gracias, y no afanarnos por nada; ya que si nuestro Padre nos dio su Hijo; ¿Cómo no nos dará todas las cosas?

El mundo se convulsiona, protestan, exigen, demandan, luchan, envidian, codician, se matan, destruyen, por alcanzar las cosas de este mundo.

Hermanos, todo nos pertenece en Cristo; esperemos en El, y si necesitamos algo, pidámosle a nuestro Padre; y no nos hagamos parte de la revuelta y confusión, parte del desenfreno por alcanzar lo temporal, pasando por encima de la voluntad de Dios, y pisando a las personas.

Nosotros tememos una estrategia poderosa para alcanzar lo verdadero (real) y eterno; tenemos un Padre todopoderoso que nos escucha y a El acudimos. ¿Qué más necesitamos?

No necesitamos exigir nuestros derechos, hay quien los exigirá por nosotros; y nos dará lo justo; esperemos en el Señor y su poder.

Un saludo en el Eterno y su Simiente; en Cristo estamos completos, vayamos a la abundancia de nuestro Señor.

Rodrigo

domingo, 15 de marzo de 2009

La oración, ¡ no sólo es respondida...!


Quiero llamar vuestra atención un minuto, por algo que en verdad es muy valioso saber y recordar; si me lo permites lo expondré.

Leyendo un pequeño libro del hermano Watchman Nee sobre la oración, "Cuando la tierra gobierna el cielo"; me llama la atención un punto que menciona, y que se los quiero compartir....

Nosotros sabemos que Dios oye nuestras oraciones y que las responde, eso lo sabemos y lo hemos experimentado; las oraciones de fe las oye y nos responde nuestro Padre.

¿Pero sabias que hay algo más que nos enseñó nuestro Señor?; si hay algo más que Jesús nos enseño; y es que no sólo oiría y respondería nuestras oraciones, sino que nuestro Padre nos recompensará por ellas; si, así es; además, de ser oídas y respondidas nuestras oraciones, también seremos recompensados por ellas...

Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. (Mat 6:6)

Jesús nos enseñó que nuestras oraciones de fe, secretas a nuestro Padre que está en los cielos; las recompensará en público. Es algo importante de saber; ya que Jesús nos lo enseñó, Dios Padre recompensará cada oración de fe que se haga.

Hermanos, hay muchas cosas hoy por las que orar y son muy necesarias nuestras oraciones; sólo quiero llamar tu atención a este aspecto; no sólo seremos oídos y el Señor hará lo que pedimos en el espíritu; sino que nuestras oraciones Dios las recompensará...

¿No será mucho? Bueno yo creo que si lo es, ¡es mucho!, pero mucho más de lo que merecemos, imaginamos y entendemos, lo que Dios nos da y nos dará. Pero esto es su palabra; El lo prometió y El cumple su palabra.

Aprovechemos la oportunidad de renovar nuestra oración para que su Reino cada día se haga más grande acá en la tierra, para su gloria. Amen.

Un abrazo.

martes, 10 de marzo de 2009

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.


Cuando Jesús nos enseño a orar, la tan repetida oración del Padre nuestro, pero tan magnifica y sublime a la vez; digo repetida porque no siempre es entendida; sino que muchas veces se repite y se repite, pensando que Dios se agrada de escuchar muchas veces lo mismo, muchas repeticiones...¿?
Ese dios no es el que yo conozco, sino él que yo conozco es el que escucha el corazón del hombre, y no le gusta la vana palabrería y repetición... si sólo leemos justo antes de que Jesús nos enseña esta oración nos dice:

Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. (Mat 6:7)

Dios no escucha las vanas repeticiones; cuando Jesús nos enseño este modelo de oración; El Padre Nuestro, nos está enseñando a orar; y es por ello que en esta oportunidad sólo quiero hacer un pequeño alcance a dicha oración, que es el modelo de oración que debemos aprender.

La tercera frase de esta oración es la siguiente, como todos ya la conocemos y es la frace que quiero abordar:

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. (Mat 6:10)

Primero debemos recordar que estamos en una oración, es decir, estamos declarando y pidiendo a Dios nuestro Padre algunas cosas (y por supuesto agradeciendo); y lo primero que pedimos en esa oración es: VENGA TU REINO; fíjate que es la primera petición que debemos hacer a Dios respecto a nosotros (ya que las fraces anteriores son declaraciones y peticiones para con él); que VENGA SU REINO; nada hay más importante que pedir que VENGA SU REINO respecto a nosotros. Y luego de esta petición viene otra muy especial: Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Nota que antes pedimos que venga SU REINO, y luego queremos que ese Reino se haga realidad en la tierra, como ya se hace en el cielo. Pon atención, que en la tierra hoy no siempre se hace la voluntad de Dios, sino que nosotros debemos pedir que así se haga, como se hace en el cielo; Jesús nos enseño que debemos pedirlo, ya que es necesario pedirlo para que se cumpla; de otra manera no nos habría enseñado a orar de esa manera. Por lo tanto, es necesario pedir que se haga la voluntad de Dios acá en la tierra como ya se hace en el cielo, esto es que se concrete su Reino en la tierra.

Como ya notaste, en la tierra no todo lo que ocurre es la voluntad de Dios; pero para eso estamos para traer el Reino de Dios a la tierra por medio de la oración. No vendrá si no lo pedimos, pues así nos lo enseñaron, pues así lo dispuso DIOS nuestro PADRE.

Ahora, siempre que vemos y escuchamos la palabra tierra; nos imaginamos el mundo y todas las personas que están en el; pero hay algo que hoy debes ver con mayor claridad.

Cuando Dios formó al hombre, ¿de que lo hizo? lo hizo del polvo de la tierra. ¿No te sugiere algo esto?

Pues claro, la tierra somos nosotros mismos, los hombres formados por Dios el Padre: es por eso que cuando pedimos que se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo; lo que en realidad estamos pidiendo es que se haga la voluntad del Padre en nuestras vidas antes que la nuestra, así como se hace en el cielo la voluntad de Dios; y como nuestro Señor mismo nos enseñó acá cuando vino.

¿Porque hay que pedirlo?
Porque el poder es del Padre, y porque debemos quererlo antes de pedir; con el poder de Dios que es CRISTO en nosotros; debemos pedir poder hacer la voluntad de Dios, y no que esta tierra se siga gobernando sola como bien le parece, en el mejor de los casos; sino que se sujete al REINO DE DIOS, es decir, al Padre ¡nuestro Padre!.

¿No es hermoso?

Padre amado; que se haga en nosotros tu buena, santa y perfecta voluntad; como se hace en el cielo; porque tuyo es el REINO, el PODER y la GLORIA. Amen.

Recuerda, lo más importante que debemos pedir para con nosotros; es que VENGA SU REINO; y que ese REINO se haga REALIDAD en nuestros corazones, que es la TIERRA.

OH Señor; Cuantas oraciones partimos exponiendo nuestra voluntad a Dios, y pidiéndole que se cumpla nuetra voluntad, ¡que errados estamos!; es hora de abrir los ojos y mirar a Dios como nuestro PADRE; ¿Y que significa eso? En parte es entender que el cuida de nosotros y su voluntad es perfecta para nosotros.

Ver a Dios como PADRE, que es precisamente la primera palabra de esta oración precisoisima; significa TODO. Si TODO.

Que el Espíritu Santo abra nuestros ojos y realmente veamos lo tremendo que es tener a Dios como PADRE; no se trata de entender mentalmente esto, sino VERLO, ENTENDERLO y VIVIRLO por los siglos de los siglos. Amen.

Gracias SEÑOR.

Un abrazo a todos, y sigamos esta preciosa carrera hermanos.

martes, 25 de noviembre de 2008

La llave de la oración


Lectura bíblica: Mt. 7:8; Is. 62:6-7 (Watchman Nee)

La oración es un asunto de gran importancia en la vida espiritual del creyente. Todo cristiano genuino es consciente de esto y por eso ora. Sin embargo, aunque algunos hijos de Dios pasan tiempo orando por numerosos asuntos, sus oraciones no parecen tener mucho efecto. Es como si no hubiesen encontrado la manera correcta de orar. Esto se debe a que aún no han descubierto la llave de la oración.
En todo lo que hagamos, primero debemos hallar la clave para hacerlo. Si queremos entrar a un cuarto y la puerta está con seguro, no podremos entrar, a menos que tengamos la llave. Supongamos que se necesitan dos personas para meter una mesa en un cuarto. Algunas pueden hacerlo sin ningún problema; otras tal vez lo hagan torpemente, tropezándose y golpeando la mesa, haciendo un enorme esfuerzo por pasar la mesa a través de la puerta. Aunque el tamaño de la mesa y el ancho de la puerta sea el mismo en ambos casos, la diferencia radica en las personas que cargan la mesa. Algunos tienen la clave o el secreto para cargar la mesa, otros no. Los primeros son personas que han encontrado la clave para hacer bien las cosas; son trabajadores aptos. Después que una persona ha descubierto la clave, puede hacer las cosas dos veces más rápido que los demás, mientras que aquellos que no la tienen, se esfuerzan en vano. Este mismo principio se aplica a la oración. Mateo 7 habla de los principios relacionados con la oración, uno de los cuales es: “El que busca, halla” (v. 8). Buscar requiere un esfuerzo. Todo el que busca sin interés ni seriedad, no hallará nada. Buscar implica tener paciencia y perseverancia, y a menos que seamos minuciosos, no hallaremos lo que buscamos. Cada vez que Dios no responda a nuestras oraciones, debemos ser pacientes y buscar diligentemente la llave de la oración. En el pasado, Dios respondió las oraciones de muchos santos porque poseían la llave de la oración. Si leemos la biografía de George Müller, quien fundó un gran número de orfanatos, podemos ver que él era un hombre de oración; durante toda su vida siempre recibía respuestas a sus oraciones. George Müller había descubierto la llave. Muchos creyentes sinceros hacen oraciones largas y elaboradas, pero no reciben respuestas de parte de Dios. En la oración, las palabras son indispensables, pero nuestras palabras deben ir al grano; deben ser palabras que toquen el corazón de Dios y lo conmuevan de tal forma que no tenga más alternativa que conceder nuestras peticiones. Las palabras específicas son la llave de la oración, pues concuerdan con la voluntad de Dios, y El no puede evitar responderlas. Veamos la llave de la oración en algunos ejemplos de las Escrituras.


LA ORACION DE ABRAHAM POR SODOMA
(GENESIS 18:16-33)
Cuando Dios le comunicó a Abraham que estaba a punto de ejecutar Su juicio sobre Sodoma y Gomorra, por la maldad de dichas ciudades, Abraham esperó delante de El. Luego comenzó a orar por Sodoma. El no se limitó a decir: “¡Oh Dios, ten misericordia de Sodoma y de Gomorra!” Tampoco le suplicó a Dios con gran vehemencia, diciendo: “¡Prohibe que Sodoma y Gomorra sean destruidas!” Abraham se aferraba al hecho de que Dios es un Dios justo (Gn. 18:25); ésa era la llave de su oración. En profunda humildad y con gran sinceridad, procedió a hacerle una serie de preguntas a Dios. Sus preguntas fueron sus oraciones. A medida que oraba, permaneció firme sobre la base de la justicia de Dios. Finalmente dijo: “No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez” (v. 32). Después de esto, no continuó haciendo más peticiones. Después de que Dios le respondió, se nos dice que “Jehová se fue”. Abraham no trató de aferrarse a Dios ni tampoco insistió con su oración. El regresó a su lugar. Algunos tal vez piensan que Abraham debió haber continuado suplicándole a Dios y que no debió haberse detenido con tan sólo diez justos. Sin embargo, las Escrituras muestran que Abraham conocía a Dios y conocía la llave de la oración. El escuchó al Señor decir: “El clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo ... El clamor ... ha venido hasta mí” (vs. 20-21). Si no hubiesen ni siquiera diez justos en una ciudad, ¿qué clase de ciudad es ésa? El Señor ama la justicia y aborrece la iniquidad (He. 1:9). El no puede encubrir el pecado y abstenerse de ejercer Su juicio. La destrucción de Sodoma y Gomorra era la terrible consecuencia de su pecado y era la manifestación de la justicia de Dios. Cuando Dios destruyó esas ciudades, no cometió ninguna injusticia en contra de ningún hombre justo; El “rescató al justo Lot, oprimido por la conducta licenciosa de los inicuos” (2 P. 2:7). La oración de Abraham fue concisa y recibió respuesta. No hubo injusticia en Dios. El no hizo morir al justo con el impío (Gn. 18:25). Nosotros lo adoramos y lo alabamos por esto.


JOSUE INQUIERE EN CUANTO A LA DERROTA EN HAI
(JOSUE 7)
Cuando los hijos de Israel atacaron la ciudad de Hai: “Huyeron delante de los de Hai. Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua” (Jos. 7:4-5). Después de un triunfo tan poderoso en Jericó, ¿por qué los hijos de Israel sufrieron una derrota tan aparatosa en Hai? Lo único que Josué podía hacer era postrarse ante Dios, acudir a El, esperar, y preguntarle por la causa de la derrota. Josué estaba afligido por el peligro en que se hallaba Israel, pero se afligía aún más a causa de la deshonra que esto había traído al nombre del Señor; por lo tanto, inquirió: “¿Qué harás tú a tu grande nombre?” Esta fue la llave de su oración. El honró el nombre de Dios. ¡Su preocupación era qué haría Dios por Su propio nombre! Cuando Josué llegó a este punto, Dios habló. Dijo: “Israel ha pecado ... por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos ... ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros” (vs. 11-12). A Dios le importaba Su propio nombre, y no podía tolerar el pecado entre Su pueblo. El escuchó la oración de Josué y lo instruyó a que descubriera el pecado que había causado el problema y le pusiera fin. Después de que Josué esclareció la causa de la derrota de Israel, se levantó muy temprano para dar por terminado el asunto y descubrió que el pecado era la codicia de Acán. Cuando Israel eliminó ese pecado, la derrota se convirtió en victoria. Tolerar y esconder nuestro pecado es hacer que el nombre de Dios sea blasfemado y es darle a Satanás ocasión para atacar al pueblo de Dios. Josué no se limitó a orar con celo y sin discernimiento, y tampoco le pidió a Dios que salvara a Su pueblo y le diera la victoria una vez más. La deshonra que esto trajo al nombre de Dios le causó gran dolor, y su súplica le recordó a Dios que solucionara este asunto por causa de Su propio nombre. Su oración fue al grano y produjo una respuesta de parte de Dios. Josué primero tuvo que encontrar la razón del fracaso. El tuvo que descubrir el pecado y ponerle fin para que se le diese gloria a Jehová, el Dios de Israel.


LA CONSULTA DE DAVID CON RESPECTO A LOS TRES AÑOS DE HAMBRE
(2 SAMUEL 21:1-9, 14)
“Hubo hambre en los días de David por tres años consecutivos. Y David consultó a Jehová” (v. 1). David no hizo una oración sencilla diciendo: “Oh Dios, este período de hambre ha durado tres años; te rogamos que tengas misericordia de nosotros. Ponle fin a esto y concédenos una cosecha abundante este año”. No, David no oró de esta manera. “David consultó a Jehová”. El buscó la causa del hambre. La consulta de David fue al grano; tocó la llave. Dios dijo: “Es por causa de Saúl, y por aquella casa de sangre, por cuanto mató a los gabaonitas” (v. 1). Dios no tolerará el pecado de romper un voto, y David tuvo que eliminar este pecado. Después que resolvió ese problema, la palabra de Dios relata que “Dios fue propicio a la tierra después de esto” (v. 14). David poseía la llave de la oración; por eso fue al grano, y su oración produjo la respuesta de Dios.


LAS ORACIONES DEL SEÑOR JESUS
(JUAN 12:27-28; MATEO 26:39-46)
Las oraciones de nuestro Señor eran perfectas, y siempre tocaban la llave de la oración. Cuando se rehusó a recibir a los griegos que lo buscaban, dijo: “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré?” (Jn 12:27). El revertió el asunto cuidadosamente y pensó: “¿Qué diré? Padre, sálvame de esta hora”. No, El sabía que no podía orar de esa forma. El lo reconoció y por eso añade: “Mas para esto he llegado a esta hora” (v. 27); por lo tanto oró: “Padre, glorifica Tu nombre”. Esta oración tuvo una respuesta inmediata. “Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez” (v. 28). Si esta fue la forma en que el Hijo de Dios, como el Hijo del Hombre, oró a Dios mientras estaba en la tierra, ¿cómo entonces nos atrevemos en el impulso del momento a abrir nuestros labios para hacer oraciones apresuradas? Es esencial que descubramos la llave de la oración.
Esa noche en el huerto de Getsemaní nuestro Señor Jesús estaba triste hasta la muerte. ¿Cómo oró en tales circunstancias? Dijo: “Padre Mío, si es posible, pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú” (Mt. 26:39). El poseía la llave de la oración. No le temía a la muerte, y aunque tenía libertad de hacer Su propia voluntad, escogió no hacer su propia voluntad; El prefirió hacer la voluntad de Su Padre. Así que oró por segunda vez: “Padre mío, si no puede pasar de Mí esta copa sin que Yo la beba, hágase Tu voluntad” (v. 42). Luego oró por tercera vez diciendo las mismas palabras (v. 44). Cuando tuvo la certeza de cuál era la voluntad de Su Padre, dijo a Sus discípulos: “La hora está cerca ... Levantaos, vamos” (vs. 45-46). Si nuestro Señor como un hombre sobre la tierra supo usar muy bien la llave de la oración y se negó a Sí mismo a fin de procurar la voluntad de Dios, ¿cómo podemos nosotros pronunciar negligentemente unas cuantas palabras en oración y pensar que ya podemos discernir la voluntad de Dios?


LA ORACION DE LA MUJER CANANEA
(MATEO 15:22-28; MARCOS 7:24-30)
Cuando la mujer cananea estaba angustiada y en necesidad, clamó: “¡Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de David!” (Mt. 15:22). ¿Fue sincera su oración? Ciertamente lo fue. Pero es sorprendente que el Señor “no le respondió palabra” (v. 23). Los discípulos parecen haber sentido lástima de ella, porque hablaron en favor de ella: “Despídela, porque viene gritando detrás de nosotros” (v. 23). Pero el Señor les respondió: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (v. 24). La respuesta del Señor le dio a la mujer la llave para acercarse. Ella vio que el Hijo de David solamente se relacionaba con la casa de Israel, no con los gentiles. Así que ella vino y le adoró, diciendo: “¡Señor, socórreme!” (v. 25). Ella lo llamó “Señor”, y no “Hijo de David”. Ella comprendió que sólo los Hijos de Israel tenían derecho a usar este título; así que ella abandonó la base equivocada sobre la cual estaba, y dirigió su oración refiriéndose a El como “Señor”. Esta oración provocó Su respuesta: “No está bien tomar del pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (v. 26). Aparentemente Su respuesta fue muy fría; era como si el Señor la estuviera rechazando y humillando. En realidad, El estaba tratándole de mostrar dónde se hallaba ella para que finalmente pudiera conocer el significado de la gracia. La mujer vio su posición; ella pudo ver al Señor y también Su gracia y, aferrándose de la llave de la oración, dijo: “Sí, Señor; también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (v. 27). Esto hizo que el Señor la elogiara, diciéndole: “¡Oh, mujer, grande es tu fe!” (v. 28). Ella había encontrado la clave de la oración, y espontáneamente expresó fe. En Marcos 7 el Señor dijo: “Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija” (v. 29). La oración obtuvo respuesta “por esta palabra”. Su palabra tocó la llave de la oración. Debemos aprender de este caso. Aunque oramos con frecuencia, nuestras oraciones se pierden como una piedra que se lanza al océano; desaparece sin ninguna respuesta de parte de Dios. No hemos hallado la llave correcta para abrir la puerta; sin embargo, tampoco tratamos de descubrir la razón por la cual Dios no responde nuestra oración. Hermanos y hermanas, ¿cómo podemos esperar que Dios responda unas oraciones tan insensatas? En todas nuestras oraciones debemos primero encontrar la llave; solamente cuando hagamos esto podremos esperar obtener respuestas de Dios.
Una vez examinados estos casos relacionados con la oración, tengamos en mente que a medida que oramos, debemos prestar atención a la voz interior y aprender a no ser gobernados por las circunstancias, los pensamientos ni los afectos. Cuando escuchemos esa suave y tierna voz interior que nos dice que oremos, cuando en lo profundo de nuestro ser tenemos el sentir de que debemos orar, entonces debemos hacerlo de inmediato. Las circunstancias sólo deben ser un medio que nos lleve a la presencia de Dios para allí esperar en El; ellas no deben regir nuestra vida, y no debemos permitir que ellas nos impidan orar. Nuestra mente sólo debe servir para organizar nuestro sentir interior, el cual debe ser expresado en palabras; ella no debe ser donde se origine nuestra oración. La oración es la expresión del sentir interior que pasa por la mente, aunque no se inicia allí. La oración conforme a la voluntad de Dios es solamente posible cuando estamos en armonía con Su voluntad. No es el ejercicio de forzar a Dios a que complazca las emociones de los hombres. Si nuestras emociones no son disciplinadas, no podremos orar, ya que nuestras oraciones no podrán hallar salida. Cada vez que estemos bajo el control de nuestras emociones, oraremos de una manera natural, según nuestros propios deseos, y nos será muy difícil orar conforme a la guía interior. Por lo tanto, debemos tocar la llave de la oración. Cada vez que nos encontramos orando de manera ineficaz e infructuosa, debemos primero pedirle al Señor que nos dé Su luz y procurar descubrir cuál es la causa de que no hallemos respuesta. Al consultar con el Señor, llegaremos al punto en que sentiremos que hemos obtenido algo, que en nuestro interior algo se activa, y escucharemos una suave y tierna voz que desde nuestro interior nos dice: “¡Eso es!” Cuando esto suceda, habremos encontrado la llave de la oración. A medida que usamos la llave para continuar orando, podemos tener la certeza de que Dios responderá nuestra oración.
En Isaías 62:6 dice: “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás”. Estos guardas son hombres de oración. Ellos tienen que vigilar permanentemente a fin de ver si algo sucede, y deben gritar cuando algo ocurra. Un hombre de oración debe recordarle los asuntos al Señor continuamente. Esta no es tarea de un individuo ni de unos cuantos; es necesario que un grupo considerable de hombres ore de esta forma. “Todo el día y toda la noche no callarán jamás”. Esta son compañías que velan continuamente; juntos descubren algo, y juntos oran sin cesar a Dios “hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra” (v. 7). Debemos perseverar en oración hasta que el Cuerpo de Cristo sea edificado. Dios necesita nuestras oraciones. El quiere que tengamos un espíritu de oración, un ambiente de oración y la llave de la oración. Hermanos y hermanas, levantémonos de nuestra condición y aprendamos a orar. Busquemos la llave de la oración para que podamos satisfacer la necesidad de Dios hoy.

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