He estimado todo como basura a fin de ganar a Cristo y ser hallado en Él. No pretendo haberlo alcanzado ya, pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, prosigo a la meta. No busco solo salvación, sino el premio del supremo llamamiento: conocer el poder de Su resurrección y manifestar la Vida de Su Hijo. (Basado en Filipenses 3:7-14)
sábado, 12 de mayo de 2012
"Déjame terminar…"
domingo, 1 de abril de 2012
¿Aflicciones?
Antes que nada, una recomendación para el que está afligido, como para el que está alegre:
¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. (Stgo 5:13)
El Señor nos enseñó: En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. (Rom 8:18)
Estad siempre gozosos. (1Tesal. 5:16)
Antes de hablar de los distintos tipos de aflicciones, quiero hacerte notar dos grandes grupos de sufrimientos que hay hoy en la tierra:
Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. (2Co 7:10)
Hablaremos de las aflicciones que pertenecen al primer grupo (obviamente); las que son de parte de Dios; ya que las otras, son el resultado de la desobediencia del hombre, él hacerse independientes de Dios y negarlo; y que produce muerte (cuando el hombre no le cree a Dios, lo niega, pues lo hace mentiroso, es decir, se pone de parte del enemigo de Dios, Satanás).
Ahora trataré de dividir los distintos tipos de aflicciones que tenemos los creyentes (o deberíamos tener); no con un sentido de establecer una clasificación “científica y exacta”; sino más bien, con que podamos ver diferentes aflicciones, con diferentes propósitos; y que debemos de alguna manera reconocer, para poder obrar en conformidad a las circunstancias. Por lo que he experimentado, no siempre una aflicción será clasificable en forma pura en cada categoría, sino que muchas veces Dios saca de ellas múltiples propósitos. Además, no es lo que yo hoy trato de explicar, lo único que existe, sino lo que hasta hoy distingo para compartir; y te puede ayudar.
Empecemos entonces, con las distintas aflicciones que podemos tener como creyentes:
LAS PRUEBAS:
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia (fortaleza). (Stgo 1:2-3)
Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; (2Co 4:17)
Las pruebas se superan por medio de la fe, es decir, confiando en lo que el Señor nos dijo (a pesar de que lo que vemos lo contradiga), y no dudando en las circunstancias, que están bajo su control; para superar una prueba debemos hacerlo con gozo y alegría de que somos probados, es decir, que estamos siendo evaluados por Dios, “para pasar de curso”.
Mira el siguiente ejemplo de la iglesia en Macedonia, como actúa una iglesia creyente con gracia, ante una prueba:
Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. (2Co 8:1-4)
Como puedes ver, las pruebas son superadas sólo por medio de la fe que vence al mundo; y sin fe es imposible pasarlas; y por lo tanto, “pasar de curso”; al nuevo nivel que el Señor nos quiere llevar.
¿Y por qué sólo por medio de la fe? Porque para la fe NADA ES IMPOSIBLE; se manifiesta el poder de Dios en nosotros, por medio de la fe; y superamos las pruebas que por medios humanos, nos serían IMPOSIBLES de superar.
Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte; (2Co 1:8-10)
Si tenemos la fe que vence al mundo, debemos entender también que las pruebas que pasaremos superarán nuestra capacidad natural como hombres de superarlas, para que no sea un triunfo de la carne, sino del poder de Dios en nosotros que es por medio de la fe. Por lo anterior, debemos entender que somos probados más allá de nuestras capacidades humanas, de manera que se manifieste el poder de Dios en nosotros los creyentes; así como Pablo fue probado más allá de lo que él podía soportar; para que su confianza absoluta estuviera en Dios y no en lo que tenemos o somos, como hombres en la carne. Pablo triunfó por el poder de Dios que se manifiesta en los que creen y esperan en Dios.
Si las pruebas sólo fueran las que podemos superar en nuestra capacidad natural de hombres; no habría ni avance, ni fortalecimiento, ni gloria futura; este Camino es una camino hacia arriba al cielo, hacia Dios Padre, y por lo tanto, necesitamos su poder en nosotros (gracia) para llegar a la meta; y ese poder se manifiesta en nosotros por medio de la fe; y la fe viene de OIRLO. Y cuando Dios dice, lo que no era, ahora ES, porque El lo dijo. Las pruebas de Dios son insuperables en la carne, pero lo que es imposible para el hombre, para Dios es posible; y esto es por creerle lo que nos dice; la fe que vence al mundo.
LA DISCIPLINA:
… y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. (Heb 12:5-8)
Bueno, es claro que cuando somos recibidos como hijos de Dios, por medio de la fe en su Hijo; cuando recibimos su Espíritu; recibimos a Dios como Padre, y en su función de que crezcamos a su imagen y semejanza, nos debe disciplinar; y no siempre la disciplina nos gustará; o será de nuestra preferencia; pero lo que es seguro, es que producirá en nosotros frutos de justicia; dignos de nuestro Padre. Acá no hablamos de aflicciones de pruebas, sino de corrección de Dios en nosotros; como nosotros lo hacemos con nuestros hijos.
Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. (Heb 11:24-26)
NUESTROS PECADOS (ERRORES):
Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. (Juan 5:14)
Otro ejemplo:
Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores (aflicciones). (1Ti 6:10 NVI)
Pero mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos. ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera andado Israel! En un momento habría yo derribado a sus enemigos, Y vuelto mi mano contra sus adversarios. (Salmo 81:11-14)
PERSECUCIONES POR EL REINO DE DIOS (prueba):
Nos puede ser dado ser participantes de las aflicciones de Cristo por su reino (por su iglesia), perseguidos por hacer el bien (aunque los hombres no te entiendan):
Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; (Col 1:24)
Este es el más grande regalo y oportunidad que nos pueden dar, ser participantes de las aflicciones y persecuciones de Cristo, por su iglesia; recuerden que todos los apóstoles terminaron sus vidas entregadas como sacrificios agradables a Dios, a su debido tiempo; y con gozo morían por su Señor. Pedro que lo negó tres veces, en su carne no pudo ser fiel al Señor; pero le fue dado el morir crucificado por su Señor voluntariamente (por amor, ya no sustentado en su carne, sino en la gracia del Señor); lo cual dice la tradición lo hizo al revés, porque no se consideraba digno de morir como murió Jesús, su Señor. Este mismo Pedro, que fue incapaz, en su naturaleza humana, de ser fiel al Señor, sino que lo negó; y no sólo una vez, sino que fueron tres veces; en el poder del Dios, que es por la fe; culminó la carrera en gloria eterna, por su gracia.
De este último punto, lo dejo para que lo busques y lo entiendas en oración al Padre; es el punto de plena consagración; la fidelidad hasta la muerte; no como exigencia; sino como una gran oportunidad y entrega absoluta; amando a Dios por sobre todas las cosas.
Como conclusión; es bueno que veas que hay diferentes tipos de aflicciones, y no debes confundirlas; si estas pasando por ellas; debes orar para que se haga la voluntad de Dios en tu vida, y para que te de su gracia y entendimiento, para superarlas en su tiempo. No insistas en el error, busca la voz del Señor y créele; el poder de Dios, por su gracia te levantará.
Un abrazo a todos, espero haberles dejado el tema para vuestra meditación y oración al Padre, en Cristo.
La Aflicción: Entre la Disciplina del Padre y el Refinamiento del Oro
La aflicción no es un evento al azar; es un proceso gestionado por Dios con propósitos específicos. Sin embargo, para que el "eterno peso de gloria" se produzca en nosotros, debemos discernir honestamente el origen de nuestro dolor:
1. Discernir el Origen: ¿Cosecha o Cincel?
No podemos tratar toda crisis como una "prueba de fe". Existe una distinción vital:
La Aflicción por Disciplina: Es la consecuencia natural de nuestras propias decisiones y del pecado (Gálatas 6:7). Dios permite que cosechemos lo que sembramos para llevarnos al arrepentimiento. Aquí, el dolor es un muro de contención que nos impide seguir alejándonos.
La Aflicción por Refinamiento: Esta viene de la mano de Dios para quienes caminan en obediencia. Es el fuego que no busca destruirnos, sino purificar el oro, eliminando nuestra autosuficiencia para que Cristo sea formado en nosotros.
2. La Condición de la Promesa (Romanos 8:28)
Es un error común usar la frase "todo ayuda a bien" como un consuelo universal. La Biblia establece condiciones claras: esta promesa es exclusiva para quienes aman a Dios. Y, según las palabras de Jesús, amar a Dios no es un sentimiento, sino una acción: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15).
Si no hay obediencia, no hay fundamento legal para reclamar que las circunstancias operarán a nuestro favor. Para el desobediente, las cosas ayudan a "mal" para que se detenga; para el que guarda Sus mandamientos, incluso el dolor ayuda a "bien" porque lo perfecciona.
3. El "Bien" es la Imagen de Cristo
El propósito final de la aflicción no es que recuperemos la comodidad perdida, sino que seamos hechos conformes a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). La aflicción es leve y temporal, pero el resultado —tener el carácter de Cristo— es un peso de gloria eterno que no tiene comparación.
martes, 31 de enero de 2012
Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer.
Cuando escuchamos la siguiente frase Bíblica: porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer (Fil 2:13); a veces me parece que se toma fuera de contexto; ¿a que me refiero?, me refiero, a que muchas veces entendemos que Dios produce en el creyente el querer y el hacer la voluntad de Dios, eso es verdad; y gloria a Dios por ello; porque no sólo nos da el querer su voluntad y desearla, sino que también el obrar en conforme a ella, que está sustentado en su poder en nosotros; ¡eso es una muy buena noticia!, y es glorioso que Dios nos haya proveído de tan grandísimo poder que obra en nosotros los creyentes, de que no sólo nos cambian los gustos; para ya no andar por los caminos sin futuro de la carne, haciendo sólo nuestra voluntad; sino, por el Camino que lleva al Padre. Y eso no queda sólo ahí, sino que también se nos da el poder de actuar conforme a los requerimientos de Dios (ojo que es un camino, tiene un inicio y un fin; no todo está en el inicio, y no todo en la meta; hay que correrlo).
.En la carne todos tenemos la inclinación a interpretar el evangelio, según la conveniencia de la carne; por eso se ven estas distorsiones, y sumado esto al engañador que siempre nos dirá lo que queremos escuchar, usando parte truncada de las Escrituras, para mantenernos en su dominio; el domino que le fue dado sobre toda carne, por el pecado.
No pierdas tu tiempo, manos a la obra; la obra de la fe.
Un tema muy bueno, relacionado con este tema, es el siguiente:
Haced morir por el Espíritu, las obras de la carne
viernes, 13 de enero de 2012
¿Y quién te dijo que había otro camino? (Sólo el camino de la cruz)

Hoy veo muchos cristianos caminando en forma muy similar a lo que lo hace este animalito (hámster), en su rueda; gira y gira, pero no avanza. No llegan a ningún lado. Encontré en la web esta simpática foto, aunque simpática para un animalito, no es para nada de simpática la comparación con lo que muchos piensan que avanzan, y en realidad no dan un paso.
Bueno es ese el tema de este mensaje, ¿Cómo avanzamos verdaderamente, y salimos de la rutina?
Esto no es cumplir mandamientos, esto no es religión, esto es un camino, el camino de la cruz.
El ser cristianos, es decir, discípulos de Cristo; es un camino, el camino de la cruz, no se trata de cumplir y cumplir ordenanzas (aunque las incluye), y no se trata de ritos religiosos (aunque también pueden incluirse), se trata de correr una carrera (correr dije, vale decir, máxima velocidad), una carrera que tiene un comienzo, un trayecto y tiene un final, es decir, una meta. Si yo les cito lo siguiente, estoy claro que todos estarán de acuerdo:
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)
Jesucristo es el camino; eso lo hemos repetido muchas veces; pero este mismo Jesús que dijo que era el camino ¿Qué más dijo al respecto?
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Mat 16:24)
Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Mar 8:34)
Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. (Luc 9:23)
Estos tres evangelios, lo dicen en forma coincidente, usando el mismo lenguaje, no hay forma de seguir y avanzar en el Camino que es Jesucristo, sin tomar la cruz cada día, y así poder seguirlo (sin la cruz, no sales de la rutina de la rueda).
Me parece que hasta ahora nada nuevo he dicho (creo no haber dicho nada que no hayas escuchado antes); pero quiero hacer la siguiente reflexión:
A veces nos ponemos tan religiosos y místicos, que cuando nos hablan de la cruz, y sobre todo cuando nos dicen que debemos tomar la cruz, tenemos en mente muchas cosas, como sufrimientos, muerte, sangre, dolor, tribulación, sacrificios, etc. Si yo te pregunto en forma directa y práctica, ¿Qué es tomar la cruz cada día, que significa, como la explicas? Por favor medítala, con esa pregunta te dejo algunos instantes, luego puedes seguir leyendo…
(… meditando, no molestar…)
Si nos interesa llegar a la meta de este Camino, es decir, llegar al Padre y con todo lo que eso significa (estatura que debemos tener, pureza, gloria, herencia, amor, unidad, etc); debemos avanzar cada día, y la única forma de hacerlo, es no olvidando la cruz; el que camine sin cruz (la llave), no avanza; es como el hámster de la foto; corre y corre, pero ¿A dónde llega? Nadie podría decir que ese hámster no ha corrido; pero eso no significa que haya dado algún paso importante hasta la meta; mientras no salga de su rueda (y obviamente de su jaula), no sirven de nada sus esfuerzos; mientras nosotros olvidamos en la partida (o a medio trayecto) la cruz, no hay caso, no avanzamos (a menos que el Señor se contradiga en su palabra, cosa que nunca hace, ni hará). Es la cruz, el medio que nos hace salir de la rutina de sólo cumplir ordenanzas, y que todo se transforme en sólo una religión; es la cruz la llave maestra al Reino de los Cielos; salimos de la ruedita, y de verdad, avanzamos.
Vuelvo a la pregunta del párrafo anterior ¿Qué es y cómo se explica el tomar la cruz cada día?
Te podrá sonar muy poco espiritual lo que te voy a decir, pero la verdad es la verdad; tomar la cruz cada día y seguir al Señor, es una DECISIÓN diaria de obedecer, a pesar de no querer hacerlo.
La cruz es una decisión de cada día, una decisión como la que enseñan en la universidad; si como ese ramo de toma de decisiones, si correcto; la RAE lo define así: 1. f. Determinación, resolución que se toma o se da en una cosa dudosa.
Y la toma de decisiones, encontré lo siguiente: La toma de decisiones es el proceso mediante el cual se realiza una elección entre las opciones o formas para resolver diferentes situaciones de la vida en diferentes contextos.
Seguir al Señor cada día es estar dispuesto a tomar la mejor decisión cada día, es estar dispuesto a tomar la mejor decisión a pesar que esa decisión nos signifique algo tan terrible como la vergüenza pública o la muerte, a pesar que no sea la decisión de nuestra preferencia. Eso es tomar la cruz, es decir; mi alternativa es inferior a la tuya Señor, la mía la desecho ante la tuya; ya que tú has preparado lo mejor para mí. Es decir, obedecer a su voluntad, entendiendo lo siguiente:
1º La decisión que me propone el Señor es la mejor, a pesar que mi mente natural entienda lo contrario y no me guste; es por ello que decido obedecer; aunque no vea, pero le creo a Dios, que es el camino que me tiene preparado.
2º La decisión que me propones es la mejor Señor, a pesar que mi mente y sentimientos naturales se opongan, la sigo porque te amo, y no quiero desagradarte, sino que ese amor me impulsa a que nada permitiré que nos separe, y un dolor en ti, sería un dolor en mí.
Ahora leamos:
El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. (Mat 10:37-38)
Si no estamos convencidos que seguir al Señor es nuestro propósito, único y mejor camino; no lo haremos; si no creemos que él es la mejor opción, no lo haremos; si nuestro amor es limitado; no lo haremos; seremos deficientes en nuestro caminar. Si amamos algo más que él, no podremos avanzar; porque en el momento que haya que decidir entre lo que amamos en la tierra y él; seguiremos lo que amamos más (eso es obvio). Seremos novia de otro, y no de Jesucristo.
El camino de la cruz, es tomar las decisiones correctas cada día; ¿y cómo lo logramos?
Antes de tomar una decisión debemos conocer las alternativas, sin conocer las alternativas; tomaremos una mala decisión. Debemos conocer la alternativa que nos propone el Señor; esa es la alternativa que no debemos desconocer, y que muchas veces pensamos entender, no siendo siempre así. Conocer la voluntad de Dios, no es instantáneo, es una búsqueda de cada día, es escuchar cada día lo que él nos plantea (que puede ser completamente nuevo para nosotros); despojarnos de nuestros prejuicios, y creerle, lo que nos dice. Despojarnos de nuestro orgullo, de todo lo que creemos saber, sabiéndolo deficientemente.
Sin conocer la voluntad de Dios, es imposible; tomar la decisión correcta (es posible sólo por azar). Lo primero que debemos buscar, y es donde está nuestra fortaleza, es buscar la voluntad del Señor en todos nuestros caminos en la tierra; y una vez que oímos, obedecemos; ya que es lo mejor que podemos hacer, su voluntad (de hecho es lo que pedimos en la oración del Padre nuestro, si la pedimos para la tierra, ¿no será buena para nosotros también, y no sólo si nos gusta?).
La voluntad de Dios, no siempre nos será agradable y deseable en nuestros gustos personales; a veces, nos parecerá que es algo errado; y otras veces no veremos en ella mucho valor (el mundo no se enteró casi, cuando condenaron a Jesús); todo lo anterior son prejuicios de la carne; la voluntad de Dios es PERFECTA; y en ella hay poder, seguridad, fortaleza y alimento. Pero para comprenderla y seguirla, debemos primero buscarla; debemos ser transformados en nuestro entendimiento, para caminar en ella.
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a este siglo; mas trasformaos por la renovación de vuestra alma, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Rom 12:1-2)
Hemos visto hasta acá, que para poder tomar la mejor decisión, debemos estar informados de las alternativas, de hecho es sólo una la alternativa que necesitamos conocer, la voluntad del Señor para cada día; y para cada alternativa que enfrentamos y emprendemos.
Hay una frase que escuche desde niño en la radio en la región que me crié (Bio-Bio), que dice algo así “el hombre que no está informado, no puede tomar decisiones”; y creo que esa es la verdad en muchas malas decisiones que tomamos; lo primero que debemos hacer para tomar una buena decisión, es decir, seguir al Señor con nuestra cruz; es estar informados de la mejor alternativa, su alternativa, la alternativa del Espíritu y no de la carne. ¿Y quién nos la informa? Ya lo sabemos, para eso nos dejaron el Espíritu Santo; para que nos guie a toda verdad. Es el Espíritu Santo, el que nos muestra la alternativa del Señor (nos informa), para que podamos tomar la decisión correcta cada día. ¿Y por que la tomamos? Lo repito, porque le creemos, y sabemos que es la mejor opción, y también porque le amamos; como a nuestros hermanos; y siguiéndolo estaremos más cerca de él, nuestro amor y le agradamos.
Ahora podemos ver, que para salir de la ruedita del hámster; debemos entender que si no obedecemos, no hay avance, y no obedeceremos, sin creer que la opción del Señor es la mejor (las buenas obras que Dios dispuso para que caminemos en ellas), y no podremos creer la opción del Señor, sin antes OIR AL SEÑOR CADA DIA, lo que él nos enseña (informa).
Tomar la cruz y seguirlo es una tarea diaria, la mejor tarea que tenemos; un camino a las alturas y no de rutinas (ruedita) en la tierra. Lo haremos si le creemos realmente y le amamos, y nos damos el tiempo de escucharlo cada día, con más atención y dedicación a él, que a todas las opciones que nos propongan nuestra carne, el mundo y el mismo diablo. Si reamente amamos a DIOS, y por lo tanto, todo lo que de él proviene, como por ejemplo su voluntad; seremos consecuentes con ese amor, buscaremos su voluntad para agradarlo. Si realmente le creemos que no hay mejor opción para nosotros, buscaremos esa mejor opción día a día. Venderemos todo, por comprar el campo del tesoro.
NO hay otro Camino; el camino es Jesucristo, y para seguirlo, sin la cruz es imposible. Sólo lograríamos una religión exterior, y rutinas exteriores; pero no habrá cambios transformadores en nuestras vidas
No como a nosotros nos parece o queremos (a veces será coincidente, en otras no lo será, con lo que nosotros queremos); pero que sea sobre todo como el Señor quiere y dice; eso es fe; eso es esperanza, eso es amor.
Ahora tienes una tarea muy práctica y muy espiritual, de buscar la voluntad de Dios cada día en tu vida, y tener el privilegio de no sólo encontrarla, sino que obedecerla; y así dar pasos gigantes, a la meta que anhelamos. Así, si que avanzaremos; fuera de las rutinas y ruedas del mundo. Al llamado divino en Cristo, todos juntos en él.
La cruz significa estar dispuesto a desechar tu gusto o preferencia personal, por una opción mejor que no es necesariamente la que nosotros erigiríamos; pero diremos “no se haga como yo quiero, sino como tu Señor”.
Cuando el Señor tomó la cruz, antes de averiguar y estar seguro que no había otra opción (recuerda que oró tres veces para que pase de él esa copa si era posible); oró para descartar que había otra posibilidad; pero una vez que supo que no la había, sino ir a la cruz, que esa era la alternativa divina; lo hizo básicamente por dos razones, que las podemos ver a continuación; y que son la razones que debemos nosotros también tener, en cada decisión que tomamos siguiendo al Señor.
“el cual (Jesús) por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Heb12:2
Esto nos habla de la fe y esperanza de Jesús; el vio por fe en esperanza el galardón que tenía por delante; sentado a la diestra de Dios; por lo que puedo sufrir la muerte de cruz y despreciar la vergüenza que eso significaba. Por FE, lo hizo; creía lo que después de la muerte, vendría como recompensa lo prometido.
También leemos lo siguiente del antiguo testamento: Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre. (Gen 44:34)
Proféticamente Judá hablo lo que cito, cuando se entregó por su hermano Benjamín (Judá figura de Jesús se entregó por Benjamín figura de nosotros, los hermanos menores de Jesús); es lo que Jesús pensaba y sentía, cuando tenía la cruz por delante; él no podría ver el dolor del Padre, si no recuperaba lo que se había perdido (al hombre); porque de tal manera amó Dios al mundo, que entregó su Hijo por el mundo; y el Hijo amo de tal manera al Padre, que no volvería sin nosotros, porque no podría soportar ver el dolor del Padre cuando perdió al hombre, y él volver sin nosotros.
Esa es la segunda razón por la que tomamos la cruz, y no hacemos nuestra voluntad, sino la de Dios, EL AMOR. Jesús no pidió una legión de ángeles que lo liberarán de la cruz, sino que como un cordero callado, se entregó hasta la muerte; por AMOR.
Ahora sabemos que su aflicción tuvo frutos, consiguió lo que la fe le decía y esperaba (resucitó y fue exaltado hasta lo sumo); y obtuvo lo que el Amor le dictaba; ver su Padre contento y a nosotros en El. No volvió con las manos vacías al Padre, volvió con lo perdido.
Ahora, ¿seguiremos dudando que la opción de Dios sea la mejor?
No caigamos en ese engaño del enemigo; sino que con toda prontitud y diligencia, busquemos su reino cada día; su reino en nuestras vidas. Que así sea.
Un cariñoso abrazo a todos, en el Amado. Y no pierdas el tiempo, aprovéchalo en lo verdadero y eterno. Escucha al Señor y obedécele.
Rodrigo C.
He aquí yo envío el Angel (Jesucristo) delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión; porque mi Nombre está en él. Pero si en verdad oyeres su voz, e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo a tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi Angel (Jesucristo) irá delante de ti, y te introducirá a la tierra del amorreo, y del heteo, y del ferezeo, y del cananeo, y del heveo, y del jebuseo, a los cuales yo haré cortar. (Exo 23:20-23)
lunes, 2 de enero de 2012
¿Con quién te comparas?
Muchos hemos caído en el error de mirar hacia al lado y compararnos con los hermanos, y en ocasiones podemos llegar al extremo de compararnos con las gentes del mundo (eso no tiene ningún valor); hoy veo como muchas iglesias se comparan unas a otras , que estiman inferiores, y como gran cantidad de cristianos, encuentran su satisfacción en compararse con el resto, en ver que ellos son más justos que el resto. Incluso los hay que llegan a ver sus justicas comparándose con las gentes del mundo, o de tantos falsos ministros de Dios, que han sido sorprendidos en actos depravados que aún ni los mundanos, han caído en tales aberraciones.
Nuestra carne, como es una buscadora nata de vanagloria, siempre buscará la forma de sentirse mejor que otros en sí misma, y esto agudizado por el príncipe de las tinieblas que nos susurra lo perdidos que están tal y cual persona, como no ven lo evidente. Nuestras comparaciones siempre son desde nuestra perspectiva, y por lo tanto, son parciales y como tal, prejuicios injustos. Ahora, pudiese ser que en algunas comparaciones haya cierta verdad, pero pregunto ¿Qué valor tiene eso para el propósito del Señor en nosotros?
Cuando caemos en la trampa de compararnos unos a otros (y sentirnos mejores), y esto no sea para imitar lo bueno como la fe y el amor de tal hermano; sino para tener autosatisfacción de que los “mejores” que somos (según nosotros mismos, eso no vale de nada), nos apartamos de lo que el Señor quiere lograr en nosotros, y nos ponemos a mirar para el costado, y dejamos de ver nuestro objetivo; y lo que es peor, el poder de alcanzarlo.
En muchos cristianos esta se vuelve una práctica muy habitual y frecuente, dado que en ellos mismos no ven muchos cambios ni transformaciones, y deben buscar la forma de conformarse en que son mejores.
¿Y con quien debemos compararnos entonces?
En el Señor sólo tenemos un patrón de medida, sólo Uno es nuestro patrón de medida y comparación; y sólo con ese patrón nos debemos comparar; con nuestro Señor Jesucristo, sólo con él nos debemos comparar; él es la medida perfecta y el llamado que tenemos, cada vez que nos comparamos con otra persona, para sentirnos superiores, erramos, sólo nos debemos gloriar en lo que respecto a Su medida (Cristo) vamos alcanzando.
Si sólo nos está permitido compararnos con nuestro Señor Jesucristo, debemos entender, que la segunda comparación que debemos hacer regularmente, es con nosotros mismos; si, con nosotros mismos; debemos compararnos en que hemos sido ya transformados por su poder en nosotros, esta comparación es muy importante; ya que si no vemos su poder transformador en nosotros al pasar el tiempo, significa inequívocamente, que en algún punto nos desviamos del camino. ¿Pero cómo? Claro, si dejas de avanzar, significa que has abandonado (por error), en algún punto la Senda correcta, lo que te ha dejado fuera del poder transformador de Dios, que es por medio de la fe, que obra por el Espíritu en ti.
Sed perfectos como nuestro Padre lo es, es el llamado; y el Hijo perfecto ya nos va siendo revelado por su Espíritu; ese es el patrón de comparación correcto que debemos tener día a día, hasta alcanzar su estatura. Y para ver los avances, debemos compararnos con nosotros mismos regularmente, para ver nuestros avances que alcanzamos en Cristo.
Si te quieres gloriar. Hazlo de ti mismo, y para ello debes ver cómo vas siendo transformado día a día por su poder, y si eso no ocurre pone muchas atención, ya que la meta es llegar a la estatura de quien nos llamó; y si no ves cambios en tu vida; lo que puede estar pasando es que no estás avanzando.
Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; (Gal 6:4)
Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2Co 3:18)
A cara descubierta, es sin hipocresía ante el Señor, mirando con nuestros nuevos ojos de la fe (corazón sensible ante él, sin endurecerlo), la gloría del Señor, es decir, Cristo glorificado. ¿Y donde lo vemos? En un espejo. ¿Y qué más vemos en el espejo? Nuestro rostro natural. Vemos al Señor la meta y el llamado en nosotros mismos, y como eso se va concretando, pero sin perder de vista nuestro rostro natural, sin hipocresía ante él. Nuestro rostro natural nos muestra todo lo que aún debe ser transformado y santificado, todo aquello que debemos abandonar, para tomar lo nuevo.
Dale vueltas a lo que te digo, y que el Espíritu te revele la profundidad y la operación de Dios transformadora por medio de su Hijo que es en la fe, por su gracia. Pero recuerda, sin cambios, no hay avance; y debe haber muchos cambios por el poder de Dios en ti, ya que la meta es tremenda e inalcanzable sin la fe que mueve montañas; el Reino de Dios.
Busca el evangelio verdadero; sólo en él, hay poder de Dios que nos transforma día a día en su gloria. No te conformes con lo que te han contado, vívelo completo, en EL. AMEN.
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; (Rom 1:16)
La paz del Señor sea contigo.
Para leer:
Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
(Luc 18:10-14)
domingo, 25 de diciembre de 2011
La fe, como un grano de mostaza
Por favor, lean lo siguiente que enseñó Jesús:
Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera (al demonio)? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Pero este género no sale sino con oración y ayuno. (Mat 17:19-21)
Cuando Jesús compara la fe, lo hace con una semilla de mostaza; ¿Y por qué no lo hace con un grano de arena, que a lo mejor, es del mismo tamaño? Pero no fue así, lo comparó con un grano de mostaza; y a diferencia de un grano de arena, que puede tener un tamaño similar; tiene algunas diferencias que Jesús quiere mostrar (sólo a los que les interesa el tema, por supuesto).
Primero que nada, un grano de mostaza es una semilla, y como toda semilla tiene un vida potencial en ella; tiene el poder de crecer y desarrollarse, y llegar a un arbusto (o árbol) completo. En cambio, un grano de arena; no tiene potencial en sí mismo, no tiene vida. Esta diferencia, nos habla que la fe, tiene al igual que las semillas, un potencial en su interior, tiene vida.
Segundo; el grano de mostaza; Jesús lo usa en otras oportunidades para referirse al reino de los cielos; y en esta ocasión al relacionarlo con la fe; nos está diciendo; ojo, la fe es la que nos mueve a su reino (o hace venir su reino). Veamos algunos ejemplos:
Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. (Mat 13:31-32)
Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra. (Mar 4:30-32)
Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? (Luc 13:18-20)
Podemos concluir, que la fe verdadera, no sólo tiene vida en sí misma (no es inerte) y el potencial de desarrollarse; sino que también es el medio del desarrollo del reino de Dios, en nuestros campos, es decir, en nosotros.
A lo mejor, lo que he dicho hasta ahora, no es un gran descubrimiento; para algunos puede que no lo sea; pero sigamos adelante (hay más):
Jesús dice: “que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará”. Yo les pregunto: ¿Cuántos montes han visto moverse por medio de la fe? A lo mejor, muchos cristianos están un poco frustrados, ya que no hay (que yo sepa, si me equivoco me corrigen) registros científicos, ni históricos de montes que se hayan desplazado por medio de la fe, me parece que no los hay (a lo mejor me equivoco, y lo más probable es que si los haya; pero supongamos que no es lo común ver montes que se mueven). Y nos frustramos, pues decimos; uf que nos falta tanto…(recuerden que el Señor, siempre habló en parábolas, para que los de afuera, no entiendan).
Muchas veces tomamos en forma tan literal la Biblia, y otras veces somos tan espirituales; cuando Jesús habla de mover montes; está hablando no sólo del poder de mover un monte físico (que obviamente la fe tiene ese poder); sino que el monte más impresionante que mueve la fe, es el reino de Dios, el reino de nuestro Señor en la Biblia muchas veces, se compara a un monte (esa tarea de buscarlo la dejo para ustedes). Los montes que movemos por medio de la fe, es el reino de Dios, es a Dios mismo, que podemos mover, por medio de la fe.
Bueno, hasta ahora hemos descubierto algunas cosas, que para los sabios y entendido no deben ser nuevas, por supuesto que ya lo sabían; es obvio, ¡si ya lo saben todo!, ¡ojala no sólo lo sepan, sino que lo crean! Sigamos entonces, con aquellos que si les interesa aprender, y como consecuencia, que haya un cambio en sus vidas (por el poder de Dios), no se conforman a lo presente, sino que dejan lo que no vale, por lo valedero y eterno.
Hasta acá, sabemos que la fe es viva como una semilla, tiene la naturaleza de formar en nosotros el reino de Dios; y por último, mueve el reino de Dios, es decir, a Dios mismo, y con tal poder, que nada se nos vuelve imposible. Absolutamente NADA, que impida el propósito de Dios en nosotros, SI CREEMOS.
La pregunta que todos se hacen, o deberían hacer es la siguiente:
¿Y cómo obtenemos y aumentamos esa fe, tan poderosísima?
Bueno, la respuesta no se puede dar sin antes, ver muy claramente, que es la fe; de donde proviene la fe y como se obtiene en principio. Antes de obtener y abundar en esa fe poderosa, creo que es prioritario saber que es, su fuente y medio (ojo, no todo lo que el hombre llama fe, es verdadera fe en el sentido de poder de Dios en nosotros, muchas son creencias de origen humano, sin poder sobrenatural).
Como comentario reforzando lo anterior, no todo lo que el hombre llama fe, es realmente la fe que habla Jesús (y la que la Biblia menciona); no todas las creencias de los hombres aunque estos sean muy creyentes, son realmente fe (por lo menos la fe que nos interesa, la Bíblica); puede ser fe desde un punto de vista humano, porque se cree en algo no visto, pero la fe verdadera, tiene una diferencia fundamental, TIENE PODER. Explico esto, porque muchos hermanos muchas veces ponen fe a ciertas cosas, y la verdad es que después se frustran, por no ocurre lo que ellos creyeron, no ven resultados o los resultados que ven no cuadran con su fe. Plop.
Para todos los que nos ha ocurrido en más de alguna oportunidad lo anterior (esto es sólo para seres humanos reales, los súper héroes no necesitan de esto; los sabios en sus propias opiniones, saben cosas mucho mejores…), me refiero, a que cuando creemos algo y no ocurre, o ocurre una contradicción. La razón pueden ser la siguientes: Lo que creímos no era fe verdadera, lo que vimos como resultado a lo mejor no lo entendimos, o si no ha ocurrido nada aún, también puede ser que el tiempo que no ha llegado. Pero muchas veces, los cristianos se ven enfrentados a un fracaso de su fe, y es por no tener la fe que habla Jesús y toda la Biblia, la fe verdadera. En cambio en otras ocasiones, si hemos visto cosas increíbles, movidas por la fe.
Haré un análisis del origen de la fe, para que entendamos su proceso y podamos entender su naturaleza, origen y como obtenerla; después de todo esto veremos cómo aumentarla.
Un paréntesis: No me gusta citar la Biblia en algunas oportunidades, y esta es una de ellas. En la mayoría de los casos cito la Biblia para justificar mis afirmaciones, para que no piensen que me arranco con cosas extrañas y teorías personales, pero en esta oportunidad, no me gusta. ¿Y por qué preguntarán? Porque muchas veces que citó un verso, los que lo han leído, sus mentes les dice “esto tú ya lo sabes”; y pasa que no ven más de lo que creen saber; es decir, su fe humana no cambia (porque son sabios en sus propias opiniones, su fe carnal les vela la verdadera fe); y no hay lugar para la verdadera fe. Porque ya lo saben, eso lo han leído, y como lo “comprenden” como para una prueba de teología, piensan que eso ya lo alcanzaron, y no entienden que no están ni cerca aún de esa fe (los sabios y entendidos que Jesús decía que Dios oculta las cosas, no necesariamente son grandes estudiosos de la Sagradas Escrituras como solemos imaginar, muchas veces son las personas más corrientes e ignorantes que podemos encontrar, pero son sabios en sus propias opiniones, que nada nuevo les entra; en otras oportunidades pueden ser sabios de renombre).
Por lo anterior, te diré, sin citar aún nada que la fe viene de oír. El que no oye, no puede tener fe; primero hay que oír. Y el oír viene de la palabra de Dios. Recuerda que la palabra de Dios no es la Biblia, muchos al confundir la palabra de Dios con la Biblia, creen que cuando leyeron la Biblia ya tienen fe, eso no necesariamente es así. La palabra de Dios, es todo lo que Dios te HA DICHO PERSONALMENTE A TI. Ya sea por el medio que sea, lo que tú has oído de Dios para ti, establece si lo oyes y lo crees, la verdadera FE.
La fe verdadera viene de OIR la palabra de Dios (no necesariamente la Biblia, recuerda que Dios usa muchos medios); y cuando oímos y creemos lo que Dios nos dice; HAY PODER DE DIOS EN NOSOTROS PARA QUE OCURRA LO QUE EL NOS DIJO, NADA NOS ES IMPOSIBLE.
No puede existir fe verdadera en un hombre, a quien Dios no le haya hablado; es imposible; por eso lo prioritario es que Dios hable, nos hable. Luego nosotros oigamos lo que nos dice (por medio de su Espíritu habla, y oímos por medio de nuestro corazones); y una vez que oímos, debemos CREERLE lo que nos dijo; esa fe es la que vence, sobre todas las cosas; es poder de Dios en nosotros. Pero lo primero es que Dios nos hable; luego, escucharlo; luego, creer lo que nos dijo (no siempre es fácil, muchas veces va en contra de lo que esperamos oír).
Yendo un poco al paréntesis anterior, cuando Dios nos habla, no siempre le reconocemos, porque no siempre dice lo que nos resulta agradable oír; y cuando le reconocemos, no siempre es fácil creerle, ya que nos dice a veces, cosas que nos parecen IMPOSIBLES, ¿y cómo no?; ¿Cómo ocurrirían cosas imposibles, sin antes creerlas a Dios? Para que ocurran cosas que parecen imposibles, vemos que primero debe Dios decírnoslas, luego nosotros creerlas y luego ocurrirán. Sin esa secuencia lógica, imposible.
Voy a citar (aunque no me gusta hacerlo) lo siguiente: Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. (Rom 10:17)
La fuente de la fe es Dios mismo; por eso se dice que la fe es un don (regalo) de Dios; y para quienes reciben ese regalo, que es la Palabra de Dios, Dios les da la potestad de ser SUS HIJOS DIVINOS. La Palabra de Dios se hizo carne, habitó entre nosotros, y hoy habita en quienes la han recibido, quienes han OIDO Y CREIDO la PALABRA DE DIOS, no hay forma de que Dios habite en nosotros sin antes haberle CREIDO LO QUE NOS ANUNCIO.
La fe es divina, porque procede de Dios; y quienes oyen esa Palabra y la CREEN, obtienen la fe que VENCE AL MUNDO. La Biblia no es la Palabra de Dios, la Biblia da testimonio de la Palabra de Dios, la Biblia es correcta completamente; pero sin el Espíritu Santo, esa semilla de mostaza que ves en la Biblia, es una semilla SIN VIDA; solo el Espíritu vivifica, la letra no lo puede hacer. Si a la letra, le agregas el Espíritu de Dios; puedes oír y ver, su maravillosa PALABRA.
¿Y cómo obtenemos y aumentamos esa fe, tan poderosísima?
Hasta ahora, sólo quiero que entiendas y medites en la lógica de lo que te enseño; son misterios para el mundo, pero el Señor quiere que nosotros lo entendamos, para que avancemos en este Camino; no hay forma de avanzar ni un solo milímetro, sin fe. No son cosas que me puse a estudiar en un libro, ni por mucho leer la Biblia (ambas cosas no son descartables por sí mismas); son cosas que provienen del Maestro del Universo; de quien procede toda ciencia. Su Espíritu es el que me guía (alguno le puede parecer soberbia), pero si no fuera así, no tendría ningún valor lo que digo; y para que veas que si tiene valor, puedes ponerlo en práctica en tu vida, y verás los resultados. De eso se trata esto, de compartir lo que proviene de Dios, para bien de todos los creyentes; cada uno en lo suyo.
Bueno, para contestar la pregunta que tenemos formulada, (pregunta que busque por varios años su respuesta, y no hace mucho ya puedo compartir lo que veo), ¿Y cómo obtenemos y aumentamos esa fe, tan poderosísima? Ahora la respuesta es más sencilla, ahora las cosas no son tan complejas (siéndolas), aumentamos nuestra fe cuando:
1º Dios nos habla.
2º Le oímos.
3º Le creemos, lo que nos dijo.
No quiero establecer, los tres pasos de la fe poderosa (como para escribir un libro best seller), no lo quiero hacer; sólo lo dividí así, para hacerlo más fácil.
Si queremos obtener y aumentar nuestra fe (cosa que Dios si quiere que hagamos), tenemos por lógica lo siguiente:
1º Que Dios nos hable, y nos hablé más.
2º Que seamos buenos oidores, debemos ser adiestrados en oír (no hablar, mientras DIOS HABLA).
3º Debemos poner toda nuestra confianza en lo que la Palabra de Dios nos dice, creerle siempre, y no dependiendo de lo que nuestra mente natural dice.
¿Y cómo hacemos para que lo anterior ocurra?
1º Orando, Dios nos habla cuando le pedimos su Palabra; de hecho el Padre Nuestro que nos enseño Jesús, nos enseña a pedir el pan de cada día, y ese pan es la Palabra de Dios; debemos orar por esa palabra para que venga a nosotros todos los días (si todos los días); esa debe ser nuestra prioridad.
2º Debemos ser buenos oidores de Dios, de su Palabra (que ya pedimos); Palabra que en los que ya nacimos de nuevo, tenemos ya implantada en nosotros; pero debemos ser buenos oidores de ella; y para ello debemos buscar eliminar todo lo que nos distrae de la carne, que no nos haga escuchar su Palabra. Eliminar cualquier ruido, para poder oírlo.
3º Tenemos que creerle, sin endurecer nuestros corazones; independientemente de lo bien o mal que nos parezcan lo que escuchamos del Señor por medio de su Espíritu; debemos creerle siempre y no dudar (también tenemos la opción de endurecer el corazón y no escuchar, tendremos una gran pérdida de oportunidad).
Si volvemos a la cita del encabezado; Jesús les dijo a sus discípulos en recriminación de su poca fe, por lo cual no pudieron sacar a tal demonio; luego les enseño el remedio para aumentar la fe: Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Pero este género no sale sino con oración y ayuno.
Mucho me demoré en entender esto (habrá algunos más avezados); pero a mí me costó mucho, y mucho tiempo; para aumentar la fe, la solución es la oración y el ayuno. ¿Cómo lo entiendo? La oración nos hace pedir a Dios su Palabra (cosa imprescindible para recibirla cada día); y el ayuno, es abstenerse de todo lo que proviene como deseos de la carne, antes de poner toda nuestra atención y disposición en oír su Palabra (pan del cielo para nuestra alma, antes que el pan de la tierra). ¿Ves como esto cuadra con lo anterior? Oración, para pedir su Palabra, y ayuno, para oír, su Palabra. El ayuno, no necesariamente es dejar de comer físicamente; sino que postergar lo que es añadidura en nuestra vida, por buscar el reino de los cielos; que prioricemos para nuestra alma, el pan del cielo, antes que el pan de la tierra.
Una última reflexión; lo quiero agregar, a pesar que veo, entiendo, creo y siento; que lo que he dicho es de suma importancia; no porque yo lo diga; no, porque el Señor nos lo enseña, y lo enseña para que lo pongamos por práctica, y nada nos sea imposible. El objetivo es el poder de Dios manifestado en el hombre para su completa y gloriosa salvación. Y la reflexión que agrego es la siguiente:
Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. (Juan 6:27-29)
Lo que acabo de citar es tremendo, es importantísimo comprender: El Señor nos dice que debemos TRABAJAR por la comida que a vida eterna permanece. ¿Y cuál es esa comida? La Palabra de Dios, es decir, Cristo y todo lo que el Señor nos dice y enseña. Por esa comida SI DEBEMOS TRABAJAR, esa es nuestra prioridad, de ese modo buscamos el reino de Dios y su justica, trabajando por él, buscándolo. El Señor nos enseña además, que nuestros esfuerzos no deben estar enfocados a la comida que perece; es decir, a lo que necesitamos en este mundo para sobrevivir; eso es la añadidura; y si lo ponemos por obra, creyéndolo; la obtendremos como añadidura, a la búsqueda de su reino. Debemos trabajar por la comida del cielo, ¿Y cómo? Con oración y ayuno; pidiendo y escuchando su Palabra.
Luego dice, “la cual el Hijo del Hombre os dará”; quien nos da la Palabra de Dios es Jesucristo, la palabra ya ha sido implantada en nosotros los que creemos, así que debemos oír cuando nos habla de nuestro interior (también lo puede hacer del exterior). Y para oírlo, pedirlo cada día; y para luego poner toda nuestra atención en lo que nos quiere decir y enseñar.
¿Y qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Creer en el que Dios a enviado, es decir, creer en su Palabra que nos ha sido dada; es decir, nuestro trabajo se traduce en CREER; y como ya lo sabes bien, para creer a la Palabra de Dios, que es Cristo; primero debemos pedirle que nos hable y enseñe, luego oírla sin interrumpir; para entonces creerla; es decir, ORACION Y AYUNO; ese en nuestra principal obra o trabajo.
Espero puedan ver la importancia de lo que les estoy diciendo; en el Padre y su Hijo, ruego para que así sea. Amén.
Que estén muy bien, en Cristo.
Si te interesa el tema, pues ver el siguiente mensaje del "Poder de Dios"



