
1. Entrar al Reino no es solo "ir al cielo"
Tradicionalmente, se nos ha enseñado una división simple: los que van al cielo y los que van al infierno; los creyentes que han nacido de nuevo y los incrédulos. Pero aquí Jesús hace una distinción más fina: los que entran al Reino de los Cielos y los que no pueden entrar (los que no entran al reino de los cielos, no significa que no sean salvos, pero a lo más entraran al cielo, y no al reino de Dios).
Muchos creyentes dan por hecho que llamar a Jesús "Señor" es el boleto de entrada a su Reino, pero eso no es así.
Sin embargo, el requisito no es la confesión de labios, sino hacer la voluntad del Padre, sin ello es imposible entrar (para hacerla primero hay que conocerla).
Se puede ser un creyente y quedar fuera del Reino por no estar alineado con Su voluntad; por no estar en los negocios del Padre.
2. El shock de los excluidos: "Señor, debe haber un error"
Lo más estremecedor de este pasaje es la sorpresa absoluta de quienes se quedan fuera. Ellos no supieron que estaban en peligro hasta el último segundo; vivieron y murieron convencidos de su aprobación divina.
Su reacción no es de arrepentimiento (que a esta altura ya no es la vía), sino de estupor: "Señor, Señor... ¡debe haber una equivocación!".
Esta gente no estaba escondida en las sombras; estaban en el frente de "batalla espiritual", convencidos de que eran los favoritos del Rey, pero engañados, peleando para el otro bando.
Descubren, demasiado tarde, que se puede pasar una vida entera sirviendo a un "Jesús" construido a la medida de su propio entusiasmo y su propia opinión, sin haber tenido jamás una conexión espiritual con el verdadero Cristo (no con El que ellos suponían que era).
Muchos pueden pensar que estos no eran verdaderos creyentes (falsos hermanos), pero no es así, ellos están muy sorprendidos de la situación que pasan y muestran todo su currículum ante Jesús para poder entrar, lo que no haría un incrédulo o impío; la verdad es que ellos reconocían muy bien a Jesús, pero Jesús no los conocía. Su currículum de obras, sin la guía del Espíritu Santo, no servía de nada.
3. El activismo que no salva
El perfil de los que son rechazados es impactante. No son personas pasivas, sino líderes y activistas que presentan sus credenciales con orgullo:
Profetizaron en Su nombre.
Echaron fuera demonios en Su nombre.
Hicieron muchos milagros en Su nombre.
A pesar de este despliegue de poder, el Señor les declara: "Nunca os conocí". Esto nos enseña que el poder espiritual y/o los milagros no son prueba de una relación íntima y aprobada por Dios (como muchos suponen y buscan).
4. La raíz del problema: Anomía (Vivir sin Ley)
La mayoría de las biblias traducen la palabra final como "hacedores de maldad", pero el término original griego es anomía.
A-nomía: Significa literalmente "sin ley".
No se refiere a personas inmorales según los estándares del mundo, sino a personas que actúan fuera de la legalidad espiritual, es decir, sin sujetarse a la ley de Cristo (1Cor 9:21).
Son hacedores "ilegales": hacen cosas para Dios, pero no bajo la ley del Espíritu ni bajo la sujeción a Cristo. Se gobiernan a sí mismos bajo una apariencia de piedad, según lo que se supone que se debe hacer, es decir, con una motivación del hombre exterior.
Observación Crítica: ¿Eres un "ilegal" espiritual?
Es posible pasar toda una vida en la iglesia, predicando y hasta viendo y haciendo milagros, y ser un "anomós" (alguien sin ley). Si tus obras no nacen de la obediencia al Espíritu, sino de tu propia voluntad, entendimiento, mundo y/o entusiasmo religioso, estás trabajando fuera de la ley de Cristo.
Lo más importante en la eternidad no será cuántas cosas hiciste "para" el Señor, sino si el Señor puede decir de ti: "Yo te conozco, somos uno". El reconocimiento humano no cuenta; lo único que abre la puerta del Reino es que el Rey vea Su propia vida y Su obediencia reflejada en ti, es decir, Su vida en ti.
Preguntas para la reflexión
¿Haces lo que haces por obediencia al Padre o por iniciativa propia?
¿Te conformas con que tus obras sean "exitosas" o buscas que sean "legales" ante el Espíritu?
Si hoy te presentaras ante el Rey, ¿apoyarías tu entrada en tus milagros o en tu unión íntima con Él?
Mateo 7:21-23 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. (22) Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? (23) Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores sin ley de Cristo.
Serie Especial: Advertencias del Rey a Su Iglesia
Este artículo es parte de una serie de tres estudios profundos sobre la responsabilidad, la intimidad y la legalidad espiritual en el Reino de Dios. Te invitamos a leer la serie completa para obtener la visión total de lo que el Señor espera de Sus hijos:
Parte 1 |
El Juicio Olvidado: ¿Cielo o Reino? El enfoque: El fruto del Señor en nosotros y la fidelidad. El peligro de ser un "siervo malo" que, siendo salvo, pierde el Reino por su negligencia y falta de producción espiritual.
Parte 2 |
¿Religión o Unión? El Secreto de las Diez Vírgenes El enfoque: La fuente interna y la intimidad (Yada). La distinción entre tener la Biblia (lámpara) y tener la unión real con el Espíritu (suficiente aceite) para ser reconocido por el Esposo.
Parte 3 | ¿Te conoce el Señor? El peligro de la anomia y la sorpresa en el juicio.
El enfoque: La legalidad espiritual en la anomía. Una advertencia sobre el activismo religioso sin obediencia, donde el shock de los excluidos revela que los milagros no sustituyen al conocimiento mutuo.
El Hilo Conductor: No puede haber fruto real (Minas) sin una fuente de intimidad (Vírgenes), y no puede haber intimidad sin caminar bajo la ley del Espíritu (Anomía). El Rey busca siervos que sean uno con Él en obediencia y amor. Todos reconocen al Señor, pero el Señor no los conoce a ellos; es más importante ser conocido por El, que saber mucho de Jesús.
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