viernes, 26 de marzo de 2010

Mirad, velad y orad.


A casi un mes de ocurrido un gran sismo en nuestra nación, siento la carga de recordarles las palabras de nuestro Señor Jesús cuando estuvo acá en la tierra, ya que el cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no, todas ellas se cumplirán inexorablemente.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. (Mar 13:31-33)

El día y la hora nadie sabe, si aún los ángeles del cielo, ni siquiera el Hijo, sino sólo el Padre. El Señor nos enseña que el día y la hora no es, ni será, de nuestro conocimiento anticipado, pero si lo son los tiempos en que vivimos y vendrá.

Es por lo anterior, que tengo que comunicarte que hoy es tiempo de primero que nada MIRAR; si mirar a nuestro alrededor, mirar en nosotros mismos y mirar al cielo; lo más importante. Debemos ser entendidos en lo que está ocurriendo en el mundo entero, y lo que viene por ocurrir; esto no es trabajo de un solo hombre; sino de un cuerpo completo que somos la iglesia, trabajando como un solo hombre, unidos a la Cabeza, que es Jesucristo. Primero debemos aprender a mirar, y no como el mundo ve las cosas, sino con la mirada con luz que da el Espíritu Santo. No veremos nada si no lo hacemos con nuestros medios divinos, si no lo hacemos con nuestras lámparas encendidas, para ver lo que realmente está sucediendo en el mundo, en los cielos y si en nosotros mismos estamos a las alturas que debemos estar.

¿Por qué al Señor le molestaba tanto, que los judíos de su tiempo podían anticipar el clima y no los tiempos de Dios? Es porque en el corazón de esos hombres no estaba Dios en primer lugar, es por ello que para ellos era mucho más valioso entender el clima para atender sus cosechas, que perder el tiempo en entender los tiempos de Dios. ¡Terrible error!, lo tuvieron frente a sus ojos y no lo reconocieron; tuvieron al Señor de gloria ante sí mismos, y no lo vieron; porque no estaban mirando con los ojos que Dios espera que miremos.

Nada veremos si primero estamos preocupados de nuestras cosechas acá en la tierra, y cuando ya no haya tiempo nos daremos cuenta de nuestro error; cuando el tiempo ya se haya perdido. Es por ello que ciento la obligación y responsabilidad, decirles a mis queridos hermanos que miremos juntos, para que ese día no nos pille como a ladrón en la noche. Si en algún momento hemos estado un poco dormidos, despertemos que con los ojos bien abiertos, todo es más hermoso y fácil; los baches y hoyos del camino son fáciles de esquivar y llegaremos a buen puerto al final. No seamos necios, los que hemos recibido al Señor en nuestros corazones por medio de la fe; es tiempo de no sustentarnos más que en El, en Jesucristo, no hay otro apoyo confiable; sino la roca que los edificadores desecharon y ha venido a ser piedra principal, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

Velad; estar despiertos al Espíritu Santo, es decir, estar siempre atentos a responder a cualquier señal que veamos sea de Dios, eso significa velar, estar en estado de vigilia, en capacidad de responder a las circunstancias espirituales; un dormido no puede responder a los estímulos del medio (si bien está vivo) a menos que despierte; mucho menos lo puede hacer un muerto; el riesgo que muchos cristianos es dormirse; si así no lo fuera, demás nos advirtió el Señor que debemos velar en las fuerzas de su Espíritu Santo, que ya lo tenemos; nos dormimos cuando nuestra confianza está puesta en cualquier otra cosa que no sea en Dios nuestro Padre Todopoderoso, y eso se llama en la Biblia idolatría; y es la idolatría la que nos puede llevar a un estado de insensibilidad espiritual peligroso, y que Satanás de muy buena gana nos alentará con hermosos engaños a nuestros oídos carnales. Digo oídos carnales, los oídos que no pueden oír la voz de Dios, ya que son sordos por el pecado.

Orad dice el Señor, debemos orar sin cesar, para mantenernos despiertos y vigilantes, para poder interceder en forma certera, para poder pedir lo que es necesario; orad para no perder la comunicación del cielo, para poder traer la voz de Dios a la tierra. Orad que este mundo necesita una solución, un remedio, una respuesta; y eso lo tenemos nosotros en nuestro corazón, oremos pues para que esas palabras de Dios que están en nuestro corazón puedan salir y fluir a este mundo que se muere de sed y de hambre de Dios; este mundo ciego que no sabe en que tropieza, este mundo necio que no entiende la verdad, este mundo que agoniza en su soberbia, este mundo que el Padre tanto amó, por el cual dio su primogénito Hijo amado; orad para que podamos ser un canal de comunicación del la Verdad eterna, para que el salvador de este mundo pueda fluir por medio de su cuerpo que es la iglesia. Oremos hermanos, para que seamos entendidos en la voluntad de nuestro Padre, oremos hermanos para que se cumpla el propósito de Dios acá en la tierra. Oremos por la manifestación de Su Reino acá en medio de los hombres, oremos sin cesar que este mundo nos necesita como portadores del remedio, de la solución y como portadores del evangelio de la vida eterna. No paremos de orar a nuestro Padre que es mucho lo que tenemos que pedir, es mucho el dolor que hay en el mundo, es mucha la confusión religiosa, es mucha la desesperanza del hombre sin Dios; oremos para que se manifieste el evangelio como debe ser manifestado, el glorioso evangelio de salvación, para que con poder Dios haga milagros y proezas; y los hombres puedan ver que este universo es gobernado por un Grandísimo SER, un Hermoso Ser que nos ama, y que no quiere que nadie perezca; pero que no dará por inocente al culpable, de ninguna manera.

Mirad, velad y orad; en mi corazón siento que es el estado que debemos mantener, de atención, vigilia y comunicación celestial. Eso no es trabajo de un hombre, eso es trabajo de la iglesia, los que me puedan oír, juzguen en sus corazones en la luz del Espíritu Santo, y como uno sólo busquemos del cielo lo que nos falta aún.

Sinceramente en Cristo.