En el panorama actual de la fe, es imperativo recuperar la profundidad del mensaje bíblico. No podemos permitir que la verdad sea diluida por una teología de conveniencia que ignora la totalidad del consejo de Dios. Debemos distinguir entre el fundamento en el que nos apoyamos y la meta hacia la cual corremos, camino al Padre.
1. La Obra Consumada y el Regalo de la Gracia
Debemos comenzar con la verdad innegable: la salvación es por gracia y la obra completa está en la cruz. No hay nada que el hombre pueda añadir al sacrificio de Cristo para obtener la vida eterna y salvación. La cruz es suficiente, el pago fue total y la salvación se recibe como un regalo inmerecido mediante la fe. Sin embargo, este es el cimiento, no el edificio terminado; es la puerta, no el destino final. 1 Corintios 3:11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
2. El Camino Ignorado: De la Conversión a la Formación de Cristo en nosotros.
Muchas iglesias modernas han reducido el evangelio a un simple punto de entrada y no ven que es un Camino. Se ha cometido el error de enseñar con maestría cómo comenzar con Cristo, pero se ha fracasado en enseñar cómo permanecer en Él. Colosenses 2:6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;
Se celebra la conversión, pero se descuida la formación. El énfasis está en "pasar al frente", pero no en llevar la cruz cada día.
Se predica del perdón, pero se evita hablar de la rendición y entrega a Dios. Queremos un Salvador que nos libre del infierno, pero nos resistimos a un Señor que gobierne nuestra voluntad.
El evangelio no es solo un boleto al cielo; es un llamado a que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina por la astucia de hombres que emplean el error. La meta es que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
3. Iglesias Ocupadas vs. Iglesias Preparadas
Hoy vemos un fenómeno alarmante: existen iglesias muy ocupadas y, sin embargo, nada de preparadas (casi sin aceite). El activismo desenfrenado —luces, eventos, programas y una actividad religiosa incesante— a menudo se confunde con la verdadera comunión. Se puede estar en el templo siete días a la semana y estar vacío de la vida de Cristo. La preparación para el Reino no depende de cuánto hacemos "para Dios", sino de cuánto hemos permitido que Dios haga en nosotros, acumulando el "aceite" de Su Espíritu en nosotros.
4. El Engaño Interno y la Falsa Seguridad
Debemos ser muy críticos y directos: existe una falsa seguridad en muchos creyentes producida por una falta total de temor de Dios. Esta falsa seguridad no nace de la fe, sino de la presunción e ignorancia. Muchos viven bajo la premisa de que "una vez salvos", el crecimiento espiritual viene automático y/o es responsabilidad de Dios.
Es necesario despertar a la realidad de que el mayor engaño está dentro de la iglesia, pues el mundo ya está engañado. El enemigo no gasta sus recursos en engañar a quienes ya están en tinieblas; sus artimañas más sutiles se despliegan en el púlpito y en los bancos de las iglesias, promoviendo un cristianismo sin transformación, es decir, sin cruz. Aquí es donde la gracia se confunde con la permisividad, convirtiendo la libertad en Cristo en una licencia para satisfacer los deseos de la carne.
5. Regalo vs. Recompensa: El Arrebatamiento
Es fundamental entender la aritmética de Dios: la salvación es un regalo, pero la recompensa está ligada a la obediencia. Mientras que el cielo es para todos los que creen, heredar el Reino de Dios es un honor vinculado a la fidelidad, obediencia y madurez.
Esto nos lleva a una verdad incómoda: no todos los creyentes aman la venida del Señor; eso no es incredulidad, eso es tibieza. 2 Timoteo 4:8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
Muchos evitan pensar en Su regreso porque sus intereses están en este mundo. Si no anhelamos Su manifestación, es porque nuestra realidad interior aún no ha sido saturada por Su vida. La corona de justicia no es para los que simplemente "saben" que Él volverá, sino para los que aman Su venida.
Conclusión
No confundas más salvación con madurez. El regalo de la vida eterna es el punto de partida para una carrera que exige entrega, vigilancia y crecimiento. No se conformen con la actividad religiosa; busquen la formación del "varón perfecto" en su interior. El Rey viene, y Su recompensa viene con Él para aquellos que no solo fueron perdonados por Su gracia, sino que vivieron rendidos a Su señorío.
Preguntas para Reflexionar y Comentar
Si el arrebatamiento ocurriera hoy, ¿tu "lámpara" tiene suficiente aceite de comunión íntima, o solo tiene el brillo de tus actividades en la iglesia?
¿Confundes la paz de la salvación con una complacencia que te impide crecer hacia la estatura del "varón perfecto"?
¿Amas realmente la venida del Señor, o hay algo en este sistema del mundo que todavía te hace desear que Él tarde un poco más?
¿Es tu obediencia el fruto de tu amor por Cristo, o solo cumples con una agenda religiosa para calmar tu conciencia?

