martes, 21 de noviembre de 2006

Poder de Dios


Hermanos,
Por favor lean este salmo, que el otro día el Señor me mostró y me alegró el corazón; me da ánimo, confianza y esperanza en la grandeza de nuestro llamado. Ya que es tremendo él que llamó.

Salmos 114
Las maravillas del Exodo
1 Cuando salió Israel de Egipto, La casa de Jacob del pueblo extranjero,
2 Judá vino a ser su santuario, E Israel su señorío.
3 El mar lo vio, y huyó; El Jordán se volvió atrás.
4 Los montes saltaron como carneros, Los collados como corderitos.
5 ¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás?
6 Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros, Y vosotros, collados, como corderitos?
7 A la presencia de Jehová tiembla la tierra, A la presencia del Dios de Jacob,
8 El cual cambió la peña en estanque de aguas, Y en fuente de aguas la roca.

Como ustedes saben, cuando Dios saco de Egipto a su pueblo, abrió el Mar Rojo y el pueblo pasó por medio como en seco, y cuando los egipcios trataron de pasar se ahogaron todos. Luego en el desierto el monte Sinaí temblaba cuando entregó la Ley; y por último, cuando entraron en la tierra prometida, cruzaron por el rio Jordán, el cual se detuvo para que pasara Israel.

¿Qué te pasó mar? ¿Qué te pasó rio Jordán? ¿Qué te paso monte? ¿Qué les pasó, que cosas así no se habían visto nunca?

Tremenda respuesta, a la presencia del Señor tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob. Es decir, él que caminaba era Dios mismo en ellos, El mar, los montes y el rio vieron a Dios pasando por ahí y se replegaron.

Hermanos, el Dios que tenemos en nuestros corazones es el mismo. Pero noten lo que dice el versículo 2 “Judá vino a ser su santuario, E Israel su señorío.”

Hay dos condiciones para que se cumpla esto tan extraordinario.

Primero, ser su santuario, es decir, ser habitados por el Espíritu de Dios,
Segundo ser su dominio, es decir, andar en su voluntad.

Cuando se cumplen estas condiciones, se detienen los ríos, se abre el mar, tiembla la tierra, etc etc. ¡No hay nada imposible ni difícil para nuestro Dios!.

Que el Señor nos enseñe a andar en su voluntad y obedecer a su llamado, de manera que en nuestro caminar hacia El, no habrá nada que nos pueda detener. Se manifestará el Poder de Dios. Somos su santuario, obedezcamos a la Fe.

Un abrazo.

Rodrigo