domingo, 20 de abril de 2008

Ese pecadito que no parece tan malo…


Sólo quiero en esta oportunidad, reflexionar con ustedes ¡cuan mala y destructora es la envidia!; lo que hoy muchas veces pasa como un pecadito menor; mirándolo a los ojos de la historia, las Escrituras y el Espíritu, veremos la realidad destructora de la envidia.

Si leemos la historia de Caín y Abel, veremos que Caín se enojó mucho después de que Dios se agradó de la ofrenda de su hermano Abel y no de la suya; La Escritura no lo dice explícitamente, pero ¿que fue lo que Caín sintió por su hermano? ¿No fue envidia…? Aparte de odio, enemistad y muchas cosas más…claro que suena obvio que fue envidia...¿El resultado? Caín acecina premeditadamente a Abel. Es algo horrible, fue el primer asesinato en la historia y sin razón…

Nota que es un hombre religioso Caín, el que mata a Abel; ya que Caín había presentado ofrenda a Dios, es decir, el sabia que Dios existía…

Los hermanos de José, los hijos de Jacob, sintieron envidia de José (hermano menor) y por eso lo entregaron a Egipto como esclavo…

Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él, y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. (Act 7:9-10)

Y mira también como al final de la historia, el amor de José perdonó el pecado que cometieron contra él y los alimentó…

Si ves la historia de Moisés en el desierto, veraz que también hubo envidia contra ellos, en Números 16, puedes leer la historia completa. Aún ni Moisés ni Aarón se levantaron a si mismos, sino que Dios los llamó y les ordenó.

Tuvieron envidia de Moisés en el campamento,
Y contra Aarón, el santo de Jehová. Entonces se abrió la tierra y tragó a Datán,
Y cubrió la compañía de Abiram.
(sal 106:16-17)


Para no ir más lejos, miremos el testimonio que nos dan los evangelios de Mateo y Marcos; de la causa de entrega a muerte de Jesús, por parte de los sacerdotes:

Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado. (Mat 27:17-18)

Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. (Mar 15:9-10)


Nuestro Señor fue entregado por envidia, es algo que debemos recordar…

La envidia no es un pecado menor, y se presenta en los círculos religiosas más prestigiosos; imagínense los principales sacerdotes, del pueblo escogido de Dios; es decir, la crema de la crema “espiritual” en su tiempo.

Muy verdadero es el proverbio:
Cruel es la ira, e impetuoso el furor;
Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?
(Pro 27:4)

Y recordando lo que nos enseño Jesús que contamina al hombre, no es lo que entra por la boca, sino lo que sale del corazón:
Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. (Mar 7:21-23)

Y entendiendo que la envidia es una obra de la carne:
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. (Gal 5:19-21)

Debemos estar atentos y desechar cualquier asomo de ella en nuestras vidas; ya que si la cultivamos sin darnos cuenta; nos hará sus instrumentos de iniquidad. Pero Gloria a Dios que la simiente nos protege, ya que “Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”.1Jn3:9

Santiago nos da un consejo muy sabio en contra de la envidia:

Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. (Stgo 4:2)

Pedid, y no envidiéis…pero pedid no para la carne; sino para la verdadera edificación en amor.

Y por último hermanos, y lo más hermoso y duradero; lo más sólido y sublime, lo que nuestro lenguaje no puede describir nos enseña que el amor no tiene envidia

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; (1Co 13:4)

Desechemos pues toda obra de la carne (envidia) y vistámonos del amor, el vínculo perfecto; es decir, la perfecta unión con nuestro Padre, con nuestro Señor y entre nosotros muchos hermanos, por su gran amor. Y seremos perfectos en unidad. Amen.

La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos. (Juan 17:22-26)

En eso esta nuestro gozo hermanos, en la perfecta unión al Padre, al Hijo y entre nosotros; nosotros en Cristo y Cristo en el Padre; El Padre en Cristo y Cristo en nosotros; porque el amor es el cumplimiento de la ley.


¡NO ES MARAVILLOSO SER UNO!

Un abrazo.

Rodrigo

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