jueves, 30 de abril de 2009

Como usar nuestra boca


Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,

sino la que sea buena para la necesaria edificación,

a fin de dar gracia a los oyentes. (Efesios 4:29)

Me llamó hoy mucho la atención este versiculo, y lo quiero compartir con ustedes:

Dice el apóstol Pablo; Ninguna palabra corrompida (podrida, que no vale nada) salga de vuestra boca; esto lo dice la la iglesia de Efeso; fíjate que el mensaje era para una iglesia, como lo es la gran mayoría de lo que nos enseña la Biblia, y no para los incrédulos. Lo digo porque en muchas partes he visto iglesias o hermanos que se sienten superiores por el sólo hecho de no ser incrédulos del mundo; y desprecian ellos mismos las palabras del Señor sintiéndose tan justos en sí mismos que ya no pueden aprender nada más (eso se llama justicia propia, y no vale de nada para con Dios; sino al contrario es algo que Dios detesta).

Bueno el mensaje nos enseña a no usar nuestra boca vanamente o mejor dicho con basura; sino por el contrario; que nuestras palabras sean buenas (buenas significa que provienen del único que nos puede proveer de lo bueno, ya que toda buena dádiva proviene de lo alto). Nuestras palabras deben ser buenas y apropiadas para la edificación de la iglesia, es decir, de los hermanos. Cuando tu entregas palabra corrompida, obtienes corrupción en los oyentes (y en el mejor caso cuando el oyente no te escucha, no obtienes nada). No puedes obtener un buen fruto en alguien si sólo le entregas basura, eso es muy obvio y lo debemos recordar. Cuando tu entregas, por el contrario, palabra buena; es decir, palabra de Dios para la necesaria y oportuna edificación, das gracia a los oyentes. ¿Que significa? Que tus oyentes (es decir, los que tienen oídos para oír), obtendrán ganancia con tus palabras buenas. Es decir, contribuyes a su crecimiento espiritual y ellos ganan en vida. verdad y amor. Cuando entregamos buenas palabras, cumplimos con el propósito de verdadero amor en lo hermanos; el ver que son edificados en amor, por las palabras de Dios genuinas, en nuestros labios. Es verdaderamente una bendición para todos nosotros que así sea, ya que hay más alegría en dar que en recibir; es lo que nos enseñó Jesús.

Nosotros somos los que debemos disponer nuestras bocas a que sean un manantial de bendición a nuestros hermanos, y no una fuente sin valor de ruido y basura.

Que el Señor nos llene nuestros corazones de sus buenas palabras, ya que de la abundancia del corazón habla la lengua. Por amor a nuestros hermanos, y los que aún tienen que venir, al conocimiento de la verdad. Amen.
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¡¿Que piensan ustedes?!
¿Como es que los que reciben gracia son los oyentes?
¿Como ocurre eso? Si nosotros leemos sin detenernos podemos pensar que el que habla debe hacerlo con gracia, pero acá nos dice que el que recibe gracia es el oyente...¿?
Recuerden que son los oyentes, es decir, los que pueden oír los que reciben gracia...
Si alguien quiere opinar, en libertad estamos para hacerlo.
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Estábamos viendo el siguiente versículo de la Biblia:
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. (Efesios 4:29)
Y les quería llamar a poner atención que son los oyentes los que reciben gracia al oír la buena palabra (sin descartar que el que habla también hable en la gracia). Esto es muy valioso de entender y practicar entre todos nosotros; cuando nosotros hablamos la buena palabra, es decir, la palabras de Dios inspiradas, con sabiduría, revelación y ciencia; los beneficiados son los oyentes que reciben gracia; osea son edificados. Acá está hablando que todos los que pertenecemos a la iglesia de Jesucristo, podemos hablar la buena palabra, o podemos escucharla de un hermano, y nos dará gracia (nos edificará).
Nos dará gracia, lo podemos decir de la siguiente manera también (no se muy bien cuales serían las palabras más apropiadas para definir gracia, pero intentare algo).
Nos dará gozo, nos dará favor de Dios, nos dará un regalo, nos dará aprobación ante Dios, nos dará una influencia divina en nuestras vidas y sus frutos.
Mira ahora si tienes presente estos dos pasajes, queda claro el medio por el cuál Dios nos hace crecer en El.
Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (2Pe 3:18)
Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. (Rom 14:19)
Dice que debemos crecer en la gracia, osea que la gracia no es algo estático sino que debe ir creciendo en nosotros cada día; ¿Y como se logra? Ya sabemos que por la buena palabra.
Dice que sigamos la mutua edificación, es decir, hablándonos buenas palabras según la gracia o don que nos ha sido dado.
¡Más claro no puede quedar del medio por el cual somos edificados!
Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. (Act 20:32)
Encomendados a Dios y a la palabra de su gracia, es el modo que Dios dispuso para nuestra edificación, y que debe ser ordenada como un cuerpo que no tiene desavenencias entre sí (no sólo edificación sino también herencia eterna).
De modo hermanos, que todos los que tenemos por la gracia de Dios, la Palabra de Dios en nuestros corazones, esto es Cristo en nosotros, tenemos la maravillosa posibilidad de ir ejerciendo nuestra función en el cuerpo de Cristo para el crecimiento de todos nuestros hermanos.
Por último, la última pregunta ¿Y como se obtiene gracia por medio de la buena palabra?
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. (Rom 5:1-2)
Una vez justificados por la fe, por medio de nuestro Señor Jesucristo; tenemos entrada a la gracia por la FE, es decir, por creer a la buena palabra de Dios.
¿Donde está esta gracia?
Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. (2Ti 2:1)
En Cristo Jesús está la gracia, fuera de él es imposible; permaneciendo en él opera su gracia en nosotros; de modo que debemos esforzarnos en esta gracia que es en El.
Señor abre nuestros ojos para que veamos y entendamos todas estas cosas que tú quieres que conozcamos, por tu gracia. Perdónanos cuando usamos nuestras bocas en palabras corrompidas y sin valor, y no contribuimos en nada en tu obra y en el bien de nuestros hermanos. Danos Señor tu gracia para hablar como debemos, por amor a los tuyos y a ti Señor y para tu gloria. Amén.
Y que la gracia de Dios y del Señor Jesucristo, sea con todos ustedes. Amen.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso todo esto e estado estudiando aserca la gracia d Dios y esto me ayuda mas