lunes, 19 de enero de 2026

La Victoria sobre los Cielos: El destino final de la Iglesia que el mundo no conoce.

¿Qué es la verdadera victoria espiritual? 

Más allá del éxito personal o el alivio temporal, existe un decreto eterno reservado para un remanente que ama al Padre por sobre todas las cosas. En este artículo, exploramos la profundidad de la Victoria sobre los Cielos, el misterio de la corona compartida y la transformación de la Iglesia en el Rostro mismo de Cristo. Prepárate para conocer una jerarquía de luz y una promesa de gloria que ojo no vio, ni oído oyó, ni ha subido en corazón de hombre.



Un gran saludo, antes que nada y como pilar fundamental de este mensaje, les comparto un mensaje profético de Dios en diciembre de 2024, que como iglesia del Señor, hemos recibido de Dios a través de un hermano, acerca de la Victoria Eterna que sólo encontramos en Cristo, lo copio, y luego un pequeño análisis al final:


Mensaje 23 de diciembre 2023

[El Hijo]

"Busco que la vida y el camino sea para aquellos que aman a mi Padre; por, sobre todo: por sobre el mundo, por sobre el afán, por sobre el dinero, por sobre las esperanzas de cada uno. Porque sobre todo eso están los cielos, sobre todo eso está la gloria de mi Padre, la gloria de la vida eterna, la gloria del Hijo y de lo que es eterno.

La corona que el Padre ha puesto en mi cabeza, es para su poder manifestado en mí, como hombre también. Tuve esa corona desde el principio de todo, pero al estar entre ustedes y entregarme por ustedes, esa corona también es puesta en la cabeza del hombre que entra en el nuevo pacto del Hijo de Dios hecho hombre; que por su obediencia, puede ahora entrar al reino de los cielos, victorioso y pleno en la gloria de mi Padre. Así también ustedes, al reino de los cielos entrarán victoriosos y en carros de fuego, victoriosos en el Hijo del hombre, con el Espíritu de Dios plasmado en sus frentes. La corona brilla como el oro y las piedras preciosas, e irradia sabiduría, poder, gloria y permanencia en el camino.

Los cielos están bajo sus pies, bajo mis pies, porque no estoy en el cielo, sino sobre el cielo. Hoy están ustedes bajo el cielo, bajo el reino de Dios, más mi Padre y yo anhelamos que estén sobre el cielo, no bajo él. Los hijos que obedecen son esos, y los hijos que no pudieron, que no fueron luz en el mundo, estarán en el cielo, pero no sobre el cielo.

La búsqueda en mí los hace ceñirse el cinto como vencedores y los vencedores llegarán a tener los cielos bajo sus pies. La vida de Cristo, en cada uno de los hijos de Dios, es victoria en los cielos y las puertas se abren de par en par ante mí, porque llego al Padre con mi iglesia, porque llego al Padre con los victoriosos, en cánticos de victoria, en aleluya y gracia de vida en mí.

Cuando abren sus bocas es cuando reciben de mí, yo voy a ustedes en verdad y eternidad y, sobre todo, en carros de victoria. La victoria es la senda para mi iglesia, la victoria es la forma de que los cielos se abran sobre ustedes, la victoria en mí es la victoria sobre el mundo y sobre satanás. La victoria hará cambiar al universo y eso ocurrirá por mi iglesia, por mis amados hijos. Hijos de la esperanza, hijos de la sabiduría y de la obediencia.

[Espíritu Santo]

La victoria es eterna y no tiene comparación con nada en el mundo. No hay nada en el mundo que pueda reflejar o ser cercano al inicio de la victoria en los cielos. No hay nada en sus mentes que pueda mostrarles la victoria. Sin embargo, si quieren tenerla y hacerse de ella, Cristo es la victoria, Jesús es la victoria del hombre en la tierra.

Jesús trajo la victoria al hombre, porque antes de eso, la victoria estaba sólo en los cielos y cada pequeño triunfo de los hombres que escucharon a Dios, antes de la venida de Cristo, muestra una parte de la victoria de Cristo. Pero Jesús trajo la victoria, en complacencia total del Padre y la puso al alcance de sus hijos. La mano de los hijos de Dios que siguen a Cristo, puede tomar la victoria para su iglesia. Para su iglesia, pero no para sí mismo.

Porque luego de la subida de Cristo, al reino de los cielos, la victoria queda en el mundo; pero sólo para su iglesia y no para personas o para hombres; sino para la iglesia de Cristo.

Cuando los hombres hablan de victoria y creen que la victoria está para cada uno por separado, se equivocan, ese no es el camino de la victoria, la victoria es para la iglesia, no para personas. Eso el mundo hoy no lo ve, si los hijos de Dios supieran que la victoria es sólo para la iglesia, entonces ya no buscarían más la gloria personal y buscarían la gloria de

Hasta hoy muy pocos han comprendido esto y algunos, viéndolo, no lo han buscado; porque buscar la verdadera victoria, implica dejar las victorias personales. ¿Quién buscaría la gloria personal, si sólo es un peón en el ejército de su señor? Mas quien busca ser general, su propia victoria busca. Cuando el ejército de Dios entre al reino de los cielos, será uno sólo el general, uno sólo el capitán y sólo el rostro de Jesús, irá en las almas de cada uno de ustedes, resplandeciendo como el sol de la mañana; lleno de gloria. Aquél que muestre su propio rostro, no entrará al reino de los cielos; aquél que lleve su propia victoria, no tendrá el resplandor de la victoria. Sólo Cristo abre las puertas de la victoria, sólo el Hijo unigénito transita de victoria en victoria, sólo el Hijo del hombre resucitado, lleva consigo al injusto que se volvió justo, en la humildad y en la obediencia.

¿Cómo podría el soberbio, tener victoria?

¿Cómo podría el ciego, tener resplandor en su senda?

Sólo el Hijo del hombre, tiene la victoria marcada en su frente con fuego. Por eso sus ojos lo ven todo, por eso su gloria es tal, que su mirada refleja compasión eterna, amor y búsqueda de justicia para su iglesia. Su mirada busca en los hijos de Dios, con compasión, la victoria ya hecha, para mostrar el camino al Padre. Si su iglesia lo sigue, verán su espalda, pero tendrán su rostro reflejado en ellos. Al buscar su espalda siguen su camino, sus enseñanzas y la senda victoriosa. Cada paso en el camino de la victoria, va reflejando una parte del rostro de Cristo, en la vida de su iglesia. Ese rostro que lo vio y que lo vivió todo por amor. Cada brillo en su rostro, está formado por uno de los hijos de Dios. Cada hijo de Dios, forma parte de su rostro.

Los hijos y su iglesia es santa ante los ojos del Padre, porque tienen en su pecho el rostro de Cristo. Su iglesia lleva a Cristo en ella, lo refleja en el mundo, pero en el reino de los cielos, su iglesia es Cristo mismo. Jesús mismo hecho hombre en su iglesia.

El Padre espera a su Hijo, a su lado, en plenitud. La plenitud de Cristo junto al Padre será restaurada cuando su iglesia se siente a la mesa. Porque el Hijo del hombre se dejó en su iglesia, El está entre nosotros y volverá a ser pleno en los cielos, con su iglesia victoriosa, con su iglesia santa y pura. Esto es parte del sacrificio de Cristo por su iglesia, junto al Padre.

El Espíritu de Dios ha hablado a la iglesia de Cristo con la autoridad del Padre, para llevar la voluntad de Dios a sus hijos.

Que su palabra sea cumplida".


Cuando hablamos de victoria en términos espirituales, corremos el riesgo de reducirla a una superación personal o a un alivio temporal. Sin embargo, la revelación del 23 de diciembre de 2024 nos sitúa en una escala cósmica: la verdadera Victoria es un decreto eterno que precede a la creación y que está reservado exclusivamente para un remanente específico.

1. El Requisito: Un Amor que trasciende el sistema

El camino a esta gloria no está abierto para todos los que dicen "Señor, Señor". El mensaje comienza con una delimitación tajante: es para aquellos que aman al Padre por sobre todo.

Para entrar en esta senda, el hombre debe haber subyugado el sistema del mundo, el afán de la supervivencia, la seguridad del dinero y, fundamentalmente, sus propias esperanzas personales. La victoria requiere una muerte previa; solo quien ha desplazado su propio "yo" de la prioridad puede heredar lo que es eterno. Como bien señala la Escritura: "Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe" (1 Juan 5:4).

2. La Corona compartida: Atributos del Nuevo Pacto

Jesucristo posee la corona de gloria desde antes del principio de todas las cosas. No obstante, el misterio del Nuevo Pacto es que esa misma corona es puesta sobre la cabeza del hombre que entra en la obediencia perfecta del Hijo.

Esta corona no es un adorno simbólico; es una investidura legal que irradia cuatro realidades inmutables: Sabiduría para conocer los diseños del Padre, Poder para ejecutar Su voluntad, Gloria como resplandor de Su presencia y Permanencia en el Camino. El vencedor no entra al Reino como un rescatado que apenas se salva, sino en "carros de fuego", victorioso y pleno, con el Espíritu de Dios plasmado en su frente.



3. La Jerarquía de la Luz: "Sobre el Cielo" vs. "En el Cielo"

Uno de los puntos más reveladores del mensaje es la distinción jerárquica en el Reino. Existe una diferencia eterna entre los hijos de Dios basada en su obediencia y en cuánta luz fueron capaces de manifestar en el mundo:

  • Los hijos que están en el cielo: Aquellos que alcanzaron la salvación pero no fueron luz, no gobernaron sus vidas bajo el Espíritu o no alcanzaron la estatura de vencedores. Ellos habitan el cielo, pero permanecen bajo su estructura.

  • Los hijos que están SOBRE el cielo: Estos son los victoriosos que se posicionan donde Él está. Se trata del cielo no creado, el que existe antes de todas las cosas. Estos hijos tienen "los cielos bajo sus pies", ocupando una posición de autoridad absoluta junto al Hijo.

Como está escrito: "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Corintios 2:9).

Es el cumplimiento de la promesa en Apocalipsis 3:21: "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono".



4. Shamá: El Peso de la Atención Divina

En el Antiguo Testamento, vimos a hombres que conmovieron la tierra con pequeños triunfos para el cielo, y grandes para la tierra. ¿Cuál fue su secreto? El Shamá: oír y obedecer lo que Dios decía. Si bajo una revelación parcial y triunfos temporales la obediencia produjo tales resultados, ¿Cuánta mayor debe ser nuestra atención ahora en el nuevo pacto?

Si la Victoria que se nos ofrece hoy es eterna y de una magnitud que transforma el universo, nuestro descuido es inexcusable. La atención que prestamos a Su voz debe ser proporcional a la gloria de la promesa.

Hebreos 2:1 -3   Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?

5. La Iglesia es "Cristo" en los Cielos

Debemos hacer una distinción espiritual profunda: Jesús es el nombre del Hijo hecho hombre que caminó entre nosotros, pero en los cielos, la Iglesia victoriosa es Cristo mismo.

En la eternidad, la individualidad desaparece para que el Rostro del Hijo sea formado por todos Sus hijos. La Iglesia no solo "sigue" a Cristo; se funde en Su identidad. Al buscar Su espalda y seguir Su camino de obediencia, Su rostro se refleja en nosotros hasta que, en el Reino, el Cuerpo se une a la Cabeza de forma inseparable. Cristo es la Iglesia manifestada en gloria.



6. La Victoria es Eclesial, no Individual

La victoria no es para que cada uno la reclame por separado, y mucho menos es para el beneficio del mundo. La victoria es el patrimonio de la Iglesia como cuerpo místico.

Cristo no llega al Padre con una multitud de creyentes aislados, sino con Su Iglesia Victoriosa. Aquel que busca su propia gloria personal o su propio triunfo espiritual fuera de la unidad del cuerpo, se encuentra fuera del diseño. Vencemos como uno, o no vencemos.

  "Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó" (Romanos 8:37).

7. La Plenitud que el Padre espera

Actualmente, el Padre todavía espera a Su Hijo a Su lado en plenitud total. Este es un misterio del sacrificio: el Hijo "se dejó" en Su Iglesia. Su plenitud celestial será restaurada solo cuando la Iglesia victoriosa se siente a la mesa del banquete final.

El sacrificio de Cristo se perfecciona cuando el Cuerpo se une al Espíritu en la eternidad. El Padre aguarda el momento en que el Hijo regrese con Su Iglesia santa y pura, pues solo entonces el diseño de la redención estará completo.

8. Una Gloria Inimaginable: El Comienzo de la Eternidad

Finalmente, debemos reconocer que nuestra mente está limitada. No podemos imaginar ni siquiera el comienzo de la victoria en los cielos. No hay triunfo humano, ni riqueza terrenal, ni paz alcanzada en este mundo que sirva como punto de comparación. El universo mismo cambiará producto de la manifestación de esta Iglesia victoriosa; hijos de la esperanza, la sabiduría y la obediencia. Lo que Dios ha preparado es tan vasto que el concepto de "victoria" que hoy manejamos es apenas una sombra muy pálida de la realidad que nos espera.

Como está escrito: "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Corintios 2:9).


La Victoria es un decreto. No es una opción, es el destino de los hijos que deciden que su rostro desaparezca para que el Rostro de Cristo brille por la eternidad.


Acá está el mensaje original: https://caminoalpadre.com/la-victoria-es-la-senda-para-mi-iglesia/

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