domingo, 18 de abril de 2010

Cállese el primero


En cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen. Si algún otro que está sentado tiene una revelación, cállese el primero. Pues podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados. (1Cor 14:29-31)

Cállese el primero dice el apóstol Pablo, cuando un hermano está predicando en la congregación y a otro que está sentado tiene una revelación.

¿Porque? Esa es la pregunta y la respuesta que debemos conocer, y no sólo conocer sino que practicar. ¿Y porque? Bueno, es fundamental que primero entendamos cual es el primer objetivo que existe cuando nos congregamos en torno al precioso nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Si bien cuando estamos juntos podemos orar, podemos leer, podemos alabar, cantar y adorar; pero el principal objetivo de que nos juntemos en congregación, es que podamos : ENTENDER, si hermano querido, lo principal que debemos practicar es poder entender todas las cosas que Dios nos quiere enseñar por medio de la Palabra (nuestro Maestro Jesucristo) en la revelación del Espíritu Santo .

Si mi querido hermano, lo principal que necesitamos es ENTENDER, mira como lo explica el mismo apóstol Pablo:

... pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida. (1Co 14:19)

Cinco palabras con ENTENDIMIENTO, son mejores que diez mil en lengua desconocida. ¿Y porque nuevamente? Porque este es el principal objetivo que existe cuando nos congregamos, que podamos ser renovados en nuestro entendimiento, las diez mil palabras en lenguas, son muy útiles para el crecimiento personal (si el don ha sido dado); pero eso se puede hacerse sólo en un cuarto, pero el poder ser nutridos en conjunto en la congregación sólo se logra si es el Espíritu Santo quien lleva la dirección de la reunión, y no las tradiciones de los hombres y/o el erudito del púlpito de turno.

Tu puedes orar en lengua, puedes alabar en lenguas y adorar al Padre; pero la verdadera adoración no es sólo es en Espíritu, sino en Espíritu y en VERDAD, y para conocer la verdad es necesario primero escucharla y luego por medio de la revelación que viene de la fe, ENTENDERLA.

¿Cuanto se ve hoy practicar este mandato del Señor?
¿En cuantas congregaciones se ve practicar que la persona que está hablando pueda ser interrumpida libremente?
¿En cuantas congregaciones esto sería un escándalo y/o un insulto a la autoridad?
¿En cuantas congregaciones esto sería una falta de sujeción?

Muy poco es lo que se ve en la práctica hoy este mandato del Señor; primero en los cristianos que asisten a misas católicas, es prácticamente imposible ver esta posibilidad, ya que no existe la instancia de poder dialogar y exponer lo que el Espíritu Santo revele a cualquier asistente que esté sentado, sin que eso haya sido previamente planificado y autorizado por la autoridad eclesiástica. Y los cristianos que asisten a las congregaciones evangélicas, su realidad en general no es muy diferente, existe todo un protocolo del culto, y es la persona que está predicando la que tiene el "micrófono", y es prácticamente imposible quitárselo, si el Espíritu Santo da una revelación a alguno que esté sentado escuchando y quiere compartirla.

Estamos envueltos en cada tradición humana, limitando la libre expresión del Espíritu Santo. ¿Y por que?

Porque es el mismo Enemigo quien ha sustituido la libertad por un culto programado, estructurado y limitado, con el objetivo que la verdad de la Palabra revelada por el Espíritu Santo no pueda fluir libremente y se cumpla el principal objetivo por el cual nos congregamos: CAMBIAR NUESTRO ENTENDIMIENTO, es decir, ser renovados en nuestro ENTENDER.

El Enemigo sabe que con esa libertad el Espíritu Santo podría hablar por medio de cualquier miembro y exponer la verdad del evangelio, y así alumbrar nuestras mentes , y ya no serían las tinieblas (ignorancia y confusión) las que dominarían en muchas congregaciones, sino la luz de la verdad, que es revelada a cada miembro del cuerpo de Cristo, en la libertad del Espíritu Santo.

Cállese el primero, incluso va contra nuestras "buenas costumbres y normas sociales", pero no es el hombre que está hablando sino el Espíritu Santo que le ha revelado algo al hermano sentado y es prioritario lo que Dios quiere decir en ese momento a la congregación, y no el hombre; sino que el hombre debe escuchar ¿No es eso lo que buscamos? ¿No es eso lo que nos da vida? ¿No es eso lo que nos da libertad? ¿Y porque no lo practicamos?

Hoy los cultos, misas y ceremonias religiosas cristianas, están tan estructuradas que prácticamente no hay posibilidad de que el Espíritu Santo pueda libremente dirigir en nada lo que se práctica, incluso en la mayoría de los casos no hay posibilidad de que ni siquiera pueda opinar; es para los hombres hoy mucho más importante seguir la tradición y "orden del rito", que dar la posibilidad a que una Palabra con revelación se pueda escuchar en el templo, palabra que por cierto, nunca podrá ser planificada y/o programada por los hombres, ya que ella proviene directamente de Dios, nuestro Padre.

Nadie mal entienda, es bueno entender en el sentido correcto la Biblia; no digo que no sea importante la oración, la lectura de la Biblia, ni la alabanza y adoración en la congregación; eso no lo he dicho; sólo digo que el principal objetivo de juntarnos es que podamos mutuamente edificarnos por medio de la palabra revelada, por su gracia y todo esto por medio de la fe; para la mutua edificación en amor. Eso es lo principal, que podamos crecer saludablemente en Cristo.

Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. (Rom 14:19)

Todo el culto religioso que mayormente se practica, está establecido de tal manera que no pueda hablar Dios libremente; sino los hombres y sus tradiciones; no es en la libertad del liderazgo del Espíritu Santo, que muchas iglesia hoy se conducen, sino bajo sus tradiciones, costumbres y les resulta muy incomodo que Dios opine, ya que podrían quedar expuestos por la verdad. Es por ello que mejor les parece planificar el culto, es más seguro a sus intereses, y no exponerse a lo que Dios realmente quiera decir.

Alguno me dirá, hermano yo me congrego a compartir el pan.
Yo le digo muy bien hermano, ¿y no es el verdadero pan toda palabra que sale de la boca de Dios? Ese es el verdadero pan por el cual debemos orar, y una vez que nos es dado escuchar, y no cerrar las puertas por nuestras tradiciones y ritos religiosos, que impiden que Dios nos hable.
¿Y por que no damos ancho espacio para que podamos compartir verdaderamente este pan del cielo como la Biblia lo enseña?

¿No es lo que buscamos cuando nos congregamos lo que nos enseña Pablo en el siguiente texto?

Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (1Cor 12:7-11)

¿Y como se podrá cumplir, si no damos al Espíritu Santo la libertad de expresión; si no es Cristo la cabeza de nuestras reuniones; si tenemos todo tan perfectamente planificado y estructurado que no cabe el plan de Dios?

Cada uno saque sus conclusiones, pero el evangelio en la iglesia tiene el propósito de transformarnos a la imagen de la estatura de un varon perfecto, a la imagen de Cristo; y esa transpormación que es hecha por medio de la palabra de su gracia, ¿y que poder tendrá esa palabra si no la entendemos? ¿Y si no la escuchamos? ¿Y si al que la predique, lo censuramos con nuestras tradiciones? Es por eso que Pablo prefiere darnos cinco palabras con entendimiento, que miles sin ello. Y es por medio de la renovación de nuestro entendimiento que somos transformados.

Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto. (Rom 12:2)

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