martes, 1 de febrero de 2011

Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor


Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2Co 3:18)

Quería a partir de este texto de la Biblia, compartir con ustedes del significado del mismo; como es que el Señor, por su Espíritu, al mirar por un espejo su gloria, nos transforma en su imagen. No es fácil de entender, pero la verdad es que no es tan complicado lo que el apóstol Pablo quiso explicar y enseñar.

Esto es para todos los cristianos verdaderos, por eso dice "Por tanto, nosotros todos"; no es para una casta especial de cristianos, es para TODOS.

"Mirando a cara descubierta"; ¿que significa? No es necesario explicarlo, mirando sin encubrir nada, con sinceridad, en forma desnuda, sin doblez. No como Adán que se escondió cuando pecó, sino que amparados en la sangre de Jesús, sin escondernos ante Dios el Padre.

"Como en un espejo la gloria del Señor"; hace un paralelo para comparemos y entendamos; ¿Que ves cuando miras en un espejo? Fácil, cuando miras en un espejo ves tu rostro, ¿No es verdad? Claro, a todos nos pasa lo mismo, cuando miramos en un espejo, nos vemos reflejados. ¿Y como dice entonces mirando a cara descubierta en un espejo la gloria del Señor? ¿No es acaso que en un espejo nos vemos reflejados? Claro, lo primero que vemos en un espejo es nuestro rostro natural, pero en ese espejo no sólo debemos ver ese rostro natural, sino que debemos ver la gloria del Señor, ¿cómo? Cuando lo vemos a cara descubierta (sin hipocresía), por el Espíritu Santo, y nos vemos a la vez nosotros mismos, y reconocemos nuestra realidad, y a la vez lo vemos a El en nosotros en su gloria, y no nos escondemos en excusas y justificaciones, sino que nos reconocemos tal cual somos; el Espíritu nos enseña y muestra como somos, pero no nos quedamos ahí, sino que vemos su gloria en nosotros, somos transformados en su imagen, de gloria en gloria.

Hoy muchos ven o dicen que ven, al Señor en un espejo; pero no se ven ellos mismos a cara descubierta; es decir, el Espíritu Santo les muestra su pecado y ellos no lo reconocen, sólo dicen ver la gloria del Señor: el espejo nos hace vernos a nosotros mismos, y ver en ese espejo su imagen de gloria a la cual somos llamados, ¿y como somos transformados a su imagen? Mirando en un espejo a él y a nosotros con sinceridad, reconociendo nuestra realidad ante él (a cara descubierta), y poder operar el poder que hay en Cristo, que dice que en Cristo todo lo puedo que me fortalece; para poder ver en ese espejo no sólo nuestro rostro natural, sino el rostro glorioso del Señor en nosotros.

No sólo debes mirar el rostro del Señor por el espejo, sino que debes ver tu rostro, lo que el Espíritu te muestra que no está bien, y reconocerlo ante él, a cara descubierta, sin encubrirle nada; y en su gracia somos transformados por su Espíritu en su imagen.

"Somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor"; Somos transformados en su imagen por medio de su Espíritu, al ver su imagen de gloria y nuestra imagen descubierta, pero en esa imagen descubierta de hombre natural; reconocemos ante él nuestra debilidad, y vemos en esa misma imagen Su Imagen, la gloria del Señor; y somos transformados por su Espíritu, en su Imagen. Recuerda, debemos vernos y verlo; sin cuentos ni justificaciones personales, a cara descubierta, tal cual somos, amparados en su misericordia por medio de la fe, en la confianza de su poder; y somos transformados en la imagen de lo que anhelamos, su imagen; en el poder de su Espíritu.

Recuerda que él que nos muestra todas estas cosas es su Espíritu Santo, el Espíritu del Señor; a nosotros nos toca el ver por el espejo (vernos y verlo); la vista nos la dio el Señor, para que veamos y lo veamos, por medio de su Espíritu, es decir, vemos por medio de su Espíritu y somos transformados por este mismo Espíritu. Pero primero el Espíritu nos enseña quienes somos en realidad, en la carne y en el Señor; y la gloria de nuestro Señor, a la cual somos llamados y somos transformados, de gloria en gloria.

Primero el Espíritu nos muestra, luego nos transforma.

¿Y que debemos hacer nosotros?

Mirar como por un espejo a cara descubierta, la gloria del Señor.

Saludos y que el Señor les hable. Amén.