viernes, 2 de septiembre de 2011

¿Cuándo verdaderamente alumbra la luz en nosotros?

Con el siguiente mensaje, espero alumbrar un poco las palabras que Jesús dijo:

"Vosotros sois la luz del mundo".

Luego de las bienaventuranzas en el capítulo 5 de mateo; podemos leer los versos completos de esta cita:

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende la lámpara y se pone debajo de un almud, sino en el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mat 5:14-16)

Es interesante el tema, porque él también dijo:

- Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12)

- Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. (Juan 9:5)

- Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos. (Mat 5:16)

- Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. (Juan 9:4)

Si vemos con claridad, de la combinación de estas cuatro citas, más la que proponemos en un inició Vosotros sois la luz del mundo; ¿qué podemos ver a la luz del evangelio?:

Jesucristo es la luz del mundo, y nos llama a ser luz del mundo.

El que lo sigue, anda en luz; además que tendrá luz de la vida (en sí mismo).

Jesús nos llama a alumbrar (ser luz del mundo), alumbramos al mundo, para que vean nuestras buenas obras y de ese modo glorifiquen a Dios, no ha nosotros.

Esas obras sólo se pueden hacer a la luz del día (sin Cristo nada podéis hacer); de noche no se puede trabajar. Cuando somos guiados por El, estamos en luz.

El objetivo que alumbremos, es para la gloria de nuestro Padre; no para que nos glorifiquen a nosotros.

Sólo alumbramos el mundo cuando andamos en Cristo (guiados por su Espíritu, es decir, le seguimos); y no en la carne. Cuando andamos en la carne, es como si pusiéramos la lámpara bajo la cama. La lámpara puede estar alumbrando bajo la cama, pero no sirve de nada su luz; ya que la carne la oculta. Lo mismo el almud (cerro de áridos o tierra); no es bajo el cerro de tierra que debe estar; sino sobre el monte.

También les dijo: ¿Viene la lámpara para ser puesto debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No viene para ser puesto en el candelero? (Mar 4:21)

No es nuestra carne la que debe estar encima, sino es la luz la que debe estar encima; de esa forma alumbramos.

La verdad es que muchos cristianos no lo creen, y antes de escuchar a su Señor para poder seguirlo y obedecer; salen a predicar en su carne; y eso les da notoriedad a ellos; y como hay tanta contradicción entre lo que hablan (predican) y lo que viven (ver Romanos 2), termina el mundo blasfemando el nombre de Dios, lo contrario que debería ocurrir; que es que glorifiquen a Dios, por nuestra buenas obras. Ya que no pueden sostener con su ejemplo y vida, lo que predican. Pusieron el orden inverso, la carne encima, la luz abajo. Entendieron mal el evangelio, lo que va arriba no somos nosotros, sino la cabeza arriba del cuerpo; y no el cuerpo arriba de la cabeza (la cabeza es Cristo, el cuerpo la Iglesia). Ellos mal entienden como el Señor nos dice que somos las luz, ellos deben alumbra por si mismos, eso no es así; alumbramos cuando andamos en la luz y no en la carne, es decir, en el parecer personal.

Este es el ejemplo de romanos que cite:

He aquí, tú te llamas por sobrenombre judío; y estás apoyado en la ley, y te glorías en Dios, y sabes su voluntad y apruebas lo mejor, instruido por la ley; y confías que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, enseñador de los que no saben, maestro de niños, que tienes la forma de la ciencia y de la verdad en la ley. Tú pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? ¿Tú, que predicas que no se ha de hurtar, hurtas? ¿Tú, que dices que no se ha de adulterar, adulteras? ¿Tú, que abominas los ídolos, cometes sacrilegio? ¿Tú, que te jactas de la ley, con rebelión a la ley deshonras a Dios? Porque el Nombre de Dios es blasfemado por medio de vosotros entre los gentiles, como está escrito. (Rom 2:17-24)

Vemos claramente que cuando predicamos algo, y como dice Pablo; no lo practicamos, es decir, no es vida en nosotros; ocurre que se pierde el propósito de ser luz de mundo, y es que Dios sea glorificado; sino, por el contrario el nombre de nuestro Dios y Señor es blasfemado en el mundo; y eso es de gran dolor para los hijos de Dios, cuando su Padre es blasfemado injustamente, por causa de hombres que no entienden, y lo que muestran a es a sí mismos; en vez de la luz.

Es muy claro, si tú dices y enseñas que no hay que robar y tú robas; primero, debes enseñarte a ti mismo; antes que a los demás; una vez que hayas aprendido a no robar; puedes pregonarlo por el mundo. El Señor quiere que alumbremos, quiere que nuestro Padre sea glorificado; pero para ello, sólo debemos hablar lo que es real y vida en nuestra vida, lo que verdaderamente hemos aprendido de nuestro Maestro, y no más allá de ello. Cuando vamos avanzando en el Camino, más testimonio podremos dar de la luz del mundo; pero siempre será en base a lo real y no a doctrinas sin sustento en tu vida.

¿Y cuando podemos dar testimonio?

Desde el primer minuto en que el Señor obra en nuestras vidas, estamos capacitados para dar testimonio (y es lo que el Señor quiere que hagamos); porque dar testimonio, es testificar lo que el Señor ha hecho en tu vida, lo que el Señor te ha enseñado, es contar tu experiencia en el evangelio, lo que de él viene. Lo vemos en el ciego del capítulo 9 de Juan; cuando empezó su testimonio en forma siempre correcta, pero según avanzaba el podía decir más que al principio.

Debemos alumbrar, y no parlotear; ya hay muchos parloteando; pero muy pocos alumbrando; no debemos esperar a conocer todos los misterios del evangelio de Dios para hacerlo, sólo debemos hablar lo que es real en nuestras vidas, para que glorifiquen a Dios en ello. Y no como hoy vemos como caen muchos religiosos, en pecados peores que los in conversos, caen porque hablan desde su mente en hipocresías, debemos hablar desde el espíritu, con lo que nos alumbra nuestro Señor, desde su vida en nosotros.

Nadie puede alumbrar más allá que la luz que alumbra en su vida personal, eso es lo que debemos entender; podemos hacer grandes cosas en la carne, pero no será luz; podemos decir grandes palabras, pero si no están guiadas por la luz, nada alumbrarán. Si no andamos en la luz del día, nada podremos trabajar, nada podremos hacer; sin Cristo es imposible. Sólo en la luz del día podemos trabajar.

Lo podemos ver también de la siguiente manera:

La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas. Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas. (Luc 11:34-35)

Cuando miras y eres guiado por tu ojo bueno, son los ojos que el Señor te sanó; es la nueva vista que tienes, andarás completamente en luz; pero cuando andas guiado por tu antigua visión, es decir, por la vista de la carne (guía humana), andarás en oscuridad.

Recuerda: Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? (Juan 9:39-40)

Andemos en luz…

El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está aún en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay causa de tropiezo en él. (1Jn 2:9-10)

Paz y gracia a todos los creyentes, de nuestro Padre y Señor, saludos.

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