sábado, 12 de mayo de 2012

"Déjame terminar…"


"Déjame terminar…", le dice el hermano mayor que habla, en la reunión de los hermanos, al hermano menor que lo quiere interrumpir, para agregar algo nuevo que no puede callar. Después de un rato, nuevamente insiste el hermano menor tratando de aportar a lo que el hermano mayor expone interrumpiéndolo; y nuevamente escucha "déjame terminar la idea, por favor…". Como las palabras siguen y siguen, y se ve lejano el término de la idea, insiste una vez más el hermano menor, a lo que el mayor responde "no me interrumpas, déjame terminar..."

Yo me pregunto; ¿si él Señor estuviera presente, este hermano mayor le diría al Señor lo mismo, "no interrumpas, déjame terminar la idea..”.? Creo que no.

¿No sería que este hermano debería estar callado escuchando al Maestro y no haciéndolo callar?

Bueno es así, lo hacemos callar como el hermano mayor del ejemplo, cada vez que hacemos callar al menor que nos quiere interrumpir.

¿O no sabemos qué cuando nos congregamos en su nombre, él está en medio de nosotros?

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos. (Mat 18:20)

Entonces, cuando hacemos callar al hermano menor, que inspirado por el Espíritu de Dios, nos interrumpe; al mismo Espíritu del Señor hacemos callar, para exponer por sobre el Espíritu, todo nuestro raciocinio carnal. Hermanos, eso es la carne; que no da espacio para el Espíritu; no debe ser así en nuestras reuniones; sino que cada uno hable en orden, y si alguno tiene algo nuevo que decir que el Señor le mostró, calle el primero y hable el menor. Y así, todos crecerán escuchando al Dios vivo.

Nadie puede estar por sobre el Espíritu de Dios en la reunión de los Santos, sino que todos en su debido orden, deben hablar según son inspirados por el Espíritu; y los que hablan deben callar obedeciendo al mismo Espíritu, cuando son interrumpidos. El centro de la reunión debe ser siempre el Espíritu y él tiene la palabra; y sólo de él sale la palabra, por quien él quiere.

Veamos lo que Pablo enseñó:

Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si a otro que estuviere sentado, fuere revelado, calle el primero. (1Co 14:29-30)

Pablo nos enseña, que si el profeta habla (el que habla por orden de Dios); y si el que está sentado escuchando le fuere revelado (mostrado, descubierto, etc.), es decir, tuviere una nueva revelación; cállese el que habla, y escuchen. Habrá tiempo para juzgar si lo dicho es en el Señor o no lo es, pero si no dejamos hablar al Espíritu ¿A qué vamos a la congregación, sino a escuchar al Maestro?

En muchas reuniones veo que callamos al Espíritu, para exponer en la carne; y quedar nosotros como centros de la reunión; desplazando como Adán a Dios como centro y poniéndonos nosotros; eso viene del espíritu del enemigo.

Aprendamos un buen consejo, que nos enseña Santiago:

Por esto, hermanos míos amados, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; (Stgo 1:19)

No dice que no hablemos, sino que seamos tardos (lentos) para hablar y prontos para oír, que es donde está la ganancia; oyendo al Señor.

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