martes, 19 de junio de 2012

El camino angosto


Jesús dijo: Entrad por la puerta estrecha: porque el camino que lleva a perdición es ancho y espacioso; y los que van por él, son muchos. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que lo hallan. (Mat 7:13-14)


Quiero reflexionar un poco, acerca lo que Jesús nos enseñó; la puerta estrecha y el camino angosto; y referirme específicamente al camino angosto, que debemos transitar.

Antes, debemos notar cual es la puerta. Y cual es el camino, acá pueden verlo claramente:


YO SOY la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Juan 10:9)

Primero, debemos ver muy claro que la puerta es el Señor mismo, el que no entrare por él, no será salvo; no saldrá de sus prisiones (pecado) y no hallará alimento para su alma.

Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)


En segundo lugar, el camino que debemos recorrer, para llegar a nuestro destino final y objetivo (el Padre); es el Señor mismo, nuevamente. Nadie puede avanzar, si no corre la carrera en Cristo; es Cristo el camino que debemos correr, para llegar al Padre.

Teniendo el contexto general claro que acabo de exponer, que la puerta que nos saca de nuestras prisiones (el pecado) es Cristo; y el que nos lleva al Padre, es un camino que es él mismo. Nos preguntamos ahora:

¿Qué quiso decir el Señor cuando dijo “y angosto el camino que lleva a la vida”?

Nota lo siguiente: No dijo que el camino que lleva a la vida era difícil, ni tampoco dijo que el camino a la vida se estrechaba en el futuro; sino dijo que ese camino era angosto siempre. ¿Qué significa eso?

El otro día mientras salía a caminar y meditar, caminé por la parte superior de un muro de unos 30 cm de ancho (nada de alto, pero largo), en la costanera del Estrecho de Magallanes; y mientras caminaba sobre el borde superior del muro, meditaba acerca del camino angosto, que habla el Señor.

Mientas caminaba me di cuanta de dos cosas, que yo creo son muy importantes distinguir:

Primero: El Señor no dijo que el camino se iba angostando, sino dijo que era angosto (se entiende que todo el camino); la característica del camino, era que era angosto; no que será angosto; sino que es angosto de principio a fin. Yo antes pensaba, que lo angosto venía después (eso había escuchado), pero no es lo que él dijo, sino que dijo que era angosto.

Segundo: Mientras caminaba, me di cuenta que para no salirme de mi camino estrecho (la parte superior de ese muro), tenía que estar muy atento, de manera de no desviarme ni a derecha, ni a izquierda, para no salirme. No era difícil el camino, pero si requería de toda mi concentración; pues si daba un par de pasos errados, inevitablemente saldría del camino (eso no quiere decir que luego no lo podría retomar, pero no era la idea salirme de mi camino angosto).

Ahora les puedo compartir mis conclusiones en el Señor:

El camino que tomamos una vez que entramos por la puerta, es el Señor mismo, es decir, debemos andar en Cristo (a lo mejor para estos tiempos la palabra más apropiada no es andar, sino correr) o correr en Cristo.

¿Y cómo andamos (o corremos) en Cristo?

Bueno, siendo guiados POR SU ESPIRITU, es decir, obedeciendo su voz interior que nos habla y enseña todas las cosas. No hay forma de poder avanzar en este camino a las alturas, si nos es por la guía permanente y continua del Espíritu Santo en nosotros; y para eso debemos PONER EL MAXIMO DE NUESTRA ATENCIÓN (mirar, velar y orar), para no desviarnos ni a derecha, ni a izquierda. Ya que debemos notar, que el camino es angosto ahora (y después también lo es); y si hoy transitamos por un camino ancho y espacioso, lo más probable es que nos hayamos extraviado; en alguna parte del camino perdimos la guía del Espíritu Santo interior en nosotros, y debemos diligentemente buscar hoy nuevamente su voz y guía.

Ahora podemos ver que este camino es siempre angosto, y a la vez no es difícil (pero imposible para el hombre natural); pero si requiere de que lo pongamos en el primer lugar de nuestra vida, o perdemos nuestro tiempo. Primero debemos buscar el reino de Dios y su justicia, y las otras cosas son añadiduras que el Señor nos da según nuestra necesidad real. No hay forma de seguir este camino, sin la guía del Espíritu Santo, y para oírlo, debemos poner toda nuestra atención; para aprovechar bien el tiempo; es una gran oportunidad que tenemos cada día, cada hora, cada minuto y cada instante; no dejemos de oir su voz interior en nosotros cada día, que nos guía a completa santidad, para poder estar ante la presencia del Padre, con gran alegría.

El camino es angosto, es decir, en cada momento necesitamos su guía en nosotros (para no desviarnos), y para eso debemos despojarnos de todo lo que nos pesa, y del pecado que nos estorba. Para poder oír claramente su voz, y avanzar en esta carrera celestial, carrera imposible para el hombre; pero para el que cree, todo es posible.

Un abrazo a todos, en Cristo.