domingo, 5 de octubre de 2008

Un tesoro escondido en un campo


Mucho me ha llamado la atención, la siguiente parábola, que ocupó el Señor Jesús para referirse al reino de los cielos. Es una parábola que nos llena de esperanzas, expectativas y asombro de lo tremendo que son los tesoros del reino de Dios. Si la lees con atención, y con la ayuda del Espíritu Santo que nos guía, compartamos la siguiente reflexión:

Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. (Mat 13:44)

Si lo vemos e imaginamos en lo literal de la parábola, podremos tener una idea de lo grande que tenemos por tomar y lo dispuestos que estaremos por conseguirlo.

Imagina un campo en el que encuentras enterrado una fortuna en oro, plata y joyas. Según tus primeras excavaciones calculas que el precio asciende a por lo menos 100 millones de dólares; ya que lo que alcanzaste a ver es sólo una parte del gran tesoro escondido. Es un tesoro escondido de tiempos antiguos, y cuyo dueño del campo desconoce.

¿Qué haces?

Claro que intentarás tomar posesión de dicho campo para poder disponer de dicho tesoro; te puedes imaginar lo que significa tremenda fortuna. Bueno lo decides y vas al dueño de dicho campo y preguntas por el valor de esa tierra. El dueño te informa que su precio es alto, y que asciende a 100 mil dólares. Bueno a la verdad no tienes ese efectivo (sólo si te despojaras de todo lo que tienes podrías reunir esa suma), así que decides de alguna forma conseguir el dinero. Para empezar, reunes todos tus ahorros, luego vendes tu casa, tu auto, etc; incluso gustoso pedirías un crédito en el banco para juntar la suma. Luego de que por fin te has deshecho de todas tus posesiones, bienes y propiedades; después de mucho trabajo, logras reunir dicha suma. Y compras el campo.

Obviamente recuperaras con creces todo lo que invertiste, y te sobrará en abundancia.

Semejante al ejemplo es el reino de los cielos; cuando tú descubres el tesoro escondido en el campo (y no antes); estarás dispuesto a entregarlo todo por obtener dicha tierra y así poder tomar posesión del tesoro. Las personas del mundo te mirarán y no entenderán por que te despojas de todo; y tú lo haces con gran gozo. Incluso muchos creyentes no te entenderán y te dirán; oye hermano no hay que ser tan extremistas; no es necesario que te despojes de todo; sólo un poco es suficiente. Tú sabes a ciencia cierta que la suma debes reunirla completa y entiendes que no sirve la mitad del dinero, sino que el precio son 100 mil dólares y no 50 mil dólares, ni ninguna otra cifra inferior a esta.

Algunos viendo tu actitud tan piadosa trataran de imitarte, pero ellos no tendrán esa alegría ya que ellos sólo lo hacen como una obra, no ven la ganancia de aquello, y no venderán todo gozosos como tú lo harías (es que ellos no entienden el propósito que tienes, después del descubierto que has hecho, ellos no han visto aún el tesoro).

Bueno es recordar que esta parábola, como todas las parábolas son para los hijos del reino de Dios; no se trata de poner altas metas para la salvación de los hombres; es una parábola para ya creyentes convertidos llamados al reino de los cielos. Y bueno es decirlo, para todo el que quiera venir a él. Es un Camino en el cual todos los que lo hemos recibido, tenemos las puestas abiertas.

Bueno, te tengo que contar una muy buena noticia, una noticia más grande que 100 millones de dólares; una noticia mayor que 1.000 millones de dólares; una noticia aún mucho, pero mucho mayor.

¡ Si tú has recibido en tu corazón al Señor Jesús, es decir, le has creído y él ha hecho morada en ti; por medio de su Santo Espíritu; tú tienes enterrado en tu corazón un tesoro inescrutable, un tesoro incontable en inmensidad !

Tu ya has sido salvo por fe, pero hay algo grandioso adelante aún, la salvación es sólo el comienzo. Lo que queda hoy es pagar el precio de dicho campo y tener dominio sobre aquella tierra para poder desenterrar el tesoro que en ella está escondido. El actual dueño del campo, es tu carne (carnalidad) que es ignorante e incrédula (no ve ni entiende); y no sabe apreciar lo que hay bajo ella, enterrado en tu corazón. La carne desprecia este tesoro porque no lo ve y no lo entiende. Por eso tú debes tomar posesión de dicho campo (alma) para poder disponer del tesoro. Pero fíjate que no es gratis, ya que tienes que pagar un precio de 100 mil dólares; aunque en realidad es gratis, porque una vez que tomes posesión del campo tu dinero se te devolverá con creces hasta sobreabundar, si vendieras una pequeñísima parte de dicho tesoro.

Mientas tú carne (carnalidad o viejo hombre) tenga el dominio de tu vida, mientas tu viejo hombre sea el que toma las decisiones; ni sueñes con alcanzar el tesoro; él es ignorante e incrédulo, para él ese tesoro no existe y si se lo contaras no creerá jamás, y por lo tanto, para él no tiene ningún valor, él desperdiciará el campo, porque no lo puede ver.

Hermano hoy te informo que si recibiste por fe, el Espíritu Santo; ese tesoro está en tu corazón y sólo queda creerle a Dios y comprar el campo.

¿Cuál es el precio?

El precio es que pierdas el alma por dicho tesoro; es decir, debes entregar todo lo que tienes (y lo harás con gozo si realmente lo crees) por poder desenterrar y descubrir ese tesoro.

Queridos hermanos, eso es el camino de la cruz; no es un camino triste, sino un camino con gozo y con la certeza de lo que estas alcanzando; las personas que están a tu alrededor te miraran y algunos dirán que estas loco, otros te dirán que no debes ser extremista y otros te imitaran te dirán que piadoso es ese hombre, y otros te escucharán y gozarán contigo buscando ese tesoro; y tú en tu interior tendrás el testimonio; que no es por razones humanas que tú lo haces, sino que con ello alcanzas un tremendo tesoro que es Cristo en ti; y de paso recuperas el precio pagado, es decir, tu alma; salvarás tu alma.

Como ya nos lo dijo nuestro Señor, hace mucho tiempo:

Porque todo el que quiera salvar su vida (alma), la perderá; y todo el que pierda su vida (alma) por causa de mí, éste la salvará. (Luc 9:24)

El original usa la palabra psujé en griego, que significa alma (las traducciones no son muy buenas siempre; pero hoy Dios nos da los medios para encontrar estas cosas); si no vendemos todo y compramos el campo perdemos el alma; si por causa de Cristo (el tesoro) vendemos todo y lo compramos, la ganamos. No hay nada que perder, y si mucho que ganar; sólo debemos ver el tesoro y lo haremos con gozo.

Esto no se trata de partir y vender literalmente tus bienes; se trata de donde tienes el corazón y que estás dispuesto ha hacer por alcanzar lo que Dios ya te dio. Mientras no veamos el tesoro, lo haremos de mala gana y como una gran obra (o no lo haremos, que sería lo más seguro, ya que nadie estaría dispuesto a perder su alma por algo que desconoce); cuando vemos por gracia de nuestro Señor ese tesoro; ya no es carga sino con alegría te despojas de lo que hoy no te aprovecha y compras esa tierra de la cual fluye leche y miel. Te despojas de todo, ya que sabes que así estas tomado dominio del campo.

Ahora nuevamente ¿cómo alcanzas el tesoro?

La respuesta es simple; lo alcanzas por fe, y si es por fe es por gracia; y sabemos que la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios, es decir, del jréma de Dios; palabra hecha espíritu y vida en ti.

Hermanos necesitamos pedir al Señor que abra los ojos de nuestro entendimiento para que veamos las cosas grandes que tenemos por delante, para que avancemos hacia ellas. Sin esta visión, es imposible alcanzar nada; y la visión proviene de Dios.

Cuando por medio de la fe tu alma es santificada; vas tomado posesión de dicho campo en el cual está el tesoro escondido, cuyo tesoro es Cristo en ti. Cristo ya lo está, si hoy tienes el Espíritu Santo morando en ti. Pero la tierra debes ser de tu dominio y no del viejo dueño que no sabe nada, no entiende nada y no le interesa nada de lo de Dios; porque no puede, ni quiere entender; me refiero al viejo hombre.

Sólo para terminar les copio la oración de Pablo por la iglesia de Efeso; creo que debemos orar como él oró; y lo debemos hacer de corazón ante nuestro Padre; ya que sin él no podemos avanzar. En ella verás como Pablo trata del mismo tema y entiende que esto es obra de Dios en nosotros, y por ello debemos orar para que Dios nos de entendimiento y revelación de sus maravillas en nosotros.

Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. (Efesios 1:15-23)

Que la paz y la gracia de nuestro Padre y de su amado Hijo, sea con todos y cada uno de ustedes. Amen.

Rodrigo

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