martes, 4 de agosto de 2009

No mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre.


Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. (1Jn 5:6)

Quiero compartir con ustedes el siguiente mensaje, inspirado en el verso anterior; el que da testimonio que Jesucristo no vino solamente mediante agua; sino mediante agua y sangre. La verdad es que yo muchas veces que leí esta parte de la Biblia, me pregunté por su verdadero significado; y es eso precisamente, lo que hoy les quiero compartir.

Vamos al grano:

¿Qué significa el agua?

El agua representa la palabra de Dios, así de simple; y lo podemos comprobar en los siguientes versículos (sólo anoto algunos ejemplos):

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. (Isa 55:10-11)

Ya en el antiguo testamento, se hacia referencia a la palabra de Dios, comparándola con la lluvia, es decir, el agua. En ausencia de lluvias todos sabemos que se produce un desierto en el cual no hay vida. En la abundancia y oportunidad de estás (lluvias) se produce la abundante vida y la fructificación. Hoy muchos cantan y cantan a Dios, danos tu lluvia, y cuando esta lluvia llega no la quieren recibir. Me refiero a la ignorancia que hay respecto al significado de la lluvia, algunos se imaginan una bendición casi mística que caerá del cielos si ellos cantan y canta abre los cielos y trae la lluvia; y cuando reciben palabra de Dios, lo único que quieren hacer es acallar esa voz desagradable que los hace ver, lo que ellos no quieren ver.

Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. (1Co 3:6)
Yo planté dice Pablo, se refiere a la semilla que es Cristo en nosotros, por medio de la palabra, y Apolos regó; ¿y con que regó? Se riega con agua: Y como es obvio, no es que haya dejado todos mojados a los hermanos de la iglesia en corintios, sino que su riego fue por medio de la palabra a la iglesia, es decir, la palabra es representada por el agua.

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, (Efe 5:25-26)
Cristo lavó la iglesia por el agua de la palabra, es muy claro y directo; no sólo Cristo se entregó por la iglesia; sino que antes entregó sus palabras a ella, y esta palabra nos lava. Nuevamente vemos que la palabra de Dios se representa por el agua.

Espero que en los versos anteriores vean claramente, que el agua representa la palabra de Dios. Y Cristo vino mediante esa palabra, es decir, él es la palabra de Dios personificada, y por lo tanto, todo lo que decía era palabra de Dios. En sus tres años de ministerio predicó el reino de Dios. Y no sólo predicó, sino que él mismo anduvo por medio de la palabra, es decir, anduvo en fe; en la palabra de su Padre (hoy también nuestro Padre, por su gracia). Ya que es él mismo el autor y consumador de la fe, caminó creyéndole a Dios en la tierra. Quiere decir esto, que vino mediante agua; anduvo en la palabra (siendo él mismo la palabra), y entregó la palabra; es decir, anduvo por fe caminando en el Espíritu de Dios. Y por medio de esa palabra, que produce fe como para mover montes (que de hecho se movieron y se mueven hoy por la misma fe); hay poder de Dios en la tierra; opera la gracia y la verdad.


¿Qué significa la sangre?

Bueno antes de citar algunos textos Bíblicos, les quiero explicar que la sangre representa la vida de una persona o un animal. Es algo muy real, estamos hablando de la sangre física que todos conocemos.

Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. (Gen 9:4)
Es claro que la vida esta en la sangre del animal u hombre; es por eso el mandato de abstenerse a comer sangre; ya que con ello te haces responsable de la vida que había en el animal.

Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado. (Lev 17:14)
Nuevamente en Levítico, nos explican que la vida está en la sangre; es por ello que se prohibía comer incluso de la sangre del cordero del sacrificio. Esto hasta que Jesús el Cordero de Dios, nos dijo algo sorprendente:

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. (Juan 6:53)
¡¿Jesús nos dice que debemos beber su sangre?!
Correcto, sin beber su sangre, es decir, beber de su vida; no tenemos vida en nosotros; la única manera es beber de su sangre. Así como en el antiguo testamento, si uno bebía la sangre de un animal, recaía sobre esa persona la responsabilidad por la vida de ese animal. Ahora es lo mismo, lo que pasa que al beber la sangre del Señor Jesús tomamos de su justicia y santidad; así como en el antiguo pacto si se bebía sangre era para condenación; ahora, en el nuevo pacto es para salvación, es decir, vivificación por la sangre justa derramada de un hombre sin pecado, para que nosotros bebamos de ella para justicia.

¿Y como se bebe la sangre de Jesucristo?
Las palabras anteriores, no pueden ser literales; ya que si así fueran es imposible beber su sangre; y obviamente, nadie lo ha hecho jamás en lo literal, ni podrá hacerlo. Es por ello que son palabras que debemos entender muy claramente, ¿como bebemos la sangre de Jesús, es decir, de su vida?. En el siguiente verso lo descubrirás:

Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35)

Beber la sangre significa creer en Jesús, y creer no significa sólo creer que existió; sino creer enteramente en su persona, es decir, en su obra y sus palabras. Y comer su cuerpo, significa seguirlo. Seguirlo es verdadera comida, y creerle vendedera bebida. Así es que bebemos su sangre creyéndole, y no creyendo un Cristo histórico, sino creyéndole hoy mismo porque está vivo.
Hemos visto hasta aquí que significa la sangre; ahora, debemos ver que significa que Jesucristo vino mediante sangre.

El culminó su obra con la entrega de su sangre, eso es la obra de Dios y él la entregó en la cruz. ¿Y que significa eso?

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. (Juan 15:13)
Si lo vemos claramente, veremos que él al entregar su sangre, nos entregó su vida. Y al entregar su vida entregó el mayor amor que existe; entregó su vida por nosotros, los llamados a se sus amigos. Venir mediante sangre, significa que se entregó por completo por amor, por amor al Padre y por amor a nosotros. Es la muestra más grande de amor que podemos tener en la creación. Cristo entregó toda su sangre por nosotros, como testimonio y consumación de su amor y el del Padre.

Es por eso que debemos recalcar:

Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre.

No sólo vino mediante agua, es decir, anduvo por fe en la palabra; sino que anduvo por fe y amor. Eso es la obra completa y perfecta de Jesucristo, en fe y amor (en agua y sangre). No puede faltar el agua, ya que primero es el agua, pero no puede faltar la sangre; ya que sin la sangré la obra no es completa y cabal; no sería consumada.

El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. (1Jn 2:6)
Jesús, el Hijo del hombre; es decir, el hombre caminó en agua y sangre; y Juan nos enseña, que el que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo, es decir, en agua y sangre; en fe y amor, ese es nuestro caminar por medio del agua y la sangre; no solamente el agua, sino también la sangre.

Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. (1Jn 5:6)
El Espíritu Santo da testimonio de estas cosas, y este mismo Espíritu da testimonio en nosotros que estas cosas son verdaderas y fieles. Este Jesús el Mesías, camino como hombre en fe y amor.

Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo (la Palabra) y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. (1Jn 5:7)
Son tres que dan testimonio en el cielo que estas cosas son verdad (realidad), Dios nuestro Padre, su Hijo y el Espíritu Santo; los tres son uno. Son tres testigos, que son uno. Y testifican que mediante agua y sangre vino.

Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan. (1Jn 5:8)
Y son tres los testigos en la tierra que testifican estas cosas. El Espíritu, que hoy está en nosotros. El agua, que es la palabra de Dios que ha producido fe en sus oyentes, es decir, le fe que vence al mundo, que es real en su iglesia. Y la sangre, que es el amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones que clama Abba Padre, y ese amor que hoy se puede palpar, en el amor que tenemos por los hermanos. Estos tres testigos hoy están en la tierra; el Espíritu, la fe y el amor. Es decir, el Espíritu, el agua que es la palabra de Dios entregada y la sangre derramada en la cruz, como consumación de esta obra de fe y amor.

Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. (1Jn 5:9-10)
El mayor testimonio que existe es el testimonio de Dios, lo que da garantía absoluta de veracidad; y este testimonio nos dice; que el que cree en su Hijo tiene el testimonio en sí mismo; es decir, el Espíritu, el agua y la sangre. Tiene el Espíritu, la fe y el amor. Es decir, tiene a Cristo en él.
El que niega cualquiera de estos tres, el Espíritu, el agua o la sangre; hace a Dios mentiroso; ya que estos tres dan testimonio en la tierra, de la obra de Jesús el Hijo del hombre.

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. (1Jn 5:11-12)
Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo, que está en nosotros; quien no tiene a su Hijo no tiene la vida, y quien lo tiene, tiene la vida eterna.

Es Jesucristo quien transforma el agua en vino, eso tiene un significado especial; ya que el vino representa su sangre y el agua la palabra de Dios; en las bodas de Caná nos lo manifestó, es decir, es Cristo quien transforma la palabra de Dios, el agua en un muy bien vino, es decir, amor. Cristo transforma esa palabra, por medio de la fe en, buen vino, en amor en nosotros.

Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora. (Juan 2:7-10)

El Señor nos dice que debemos llenar nuestras tinajas de agua; es decir, de su Palabra; y él la trasformará en vino. Y obedecieron y las llenaron hasta arriba. Hoy es lo mismo ¿Cuan llenas tenemos nuestras tinajas? A su orden, debemos sacar el agua de nuestros corazones, y saldrá un muy buen vino, un vino excelente que es por medio de El. El amor nos brota, como una realidad divina de nuestros corazones, a su Palabra, que es el agua. Sin llenar las vasijas de agua, no hay vino; si escasea el agua, escaseará el vino. ¡Llenemos nuestras vasijas al tope! Y a su palabra, seremos colmados de su excelente vino.

El Señor nos da a beber un muy buen vino, un vino que representa su sangre preciosa; ¿y que es lo que nosotros de dimos a beber en un principio, en la cruz?

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. (Juan 19:28-30)

El nos dio y nos da el mejor vino; nosotros cuando él tuvo sed le dimos el peor vino, le dimos vinagre. Nosotros como humanidad le dimos un vino corrupto, que representa nuestra sangre corrupta, es decir, vinagre, una vida en pecado; al tomar de ese vino, tomó toda nuestra miseria y muerte; POR AMOR. Para darnos vida eterna, junto a El y el Padre. El tomó de nuestro vino corrupto, cuando tenía sed; para poder darnos de su buen vino; su sangre.

Una vez que hubo tomado el vinagre; exclamo: “Consumado es” y entregó el espíritu; tomó todo nuestro pecado y entregó la vida. Completó la obra de hombre, andando por medio del agua y la sangre. Ya sólo quedaba lo que Dios iba ha hacer, levantarlo de entre los muertos y exaltarlo hasta lo sumo; un hombre que camino por medio del agua y la sangre; hoy está sentado a la diestra de Dios en las alturas.

Hermanos ¿no es esto algo que nos enseña como debemos andar?; debemos andar en fe y amor; porque ya tenemos la palabra y la vida de Dios en nosotros; en Cristo. Hoy podemos andar, por medio del agua y la sangre; en fe y amor.

El Espíritu Santo hoy te está enseñando como debes caminar en el Señor, debes andar por medio del agua y de la sangre; como él anduvo, mira el siguiente ejemplo de Jesús.

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Heb 12:1-2)
Jesús creyó el gozo puesto por delante de él, y sufrió la cruz, menospreció la vergüenza y Dios lo sentó a su diestra en su trono. Eso es caminar por fe, creyendo la palabra de Dios, es por eso que se nos exhorta a correr de la misma manera que lo hizo Jesús. El texto anterior es un ejemplo como vino por medio del agua, es decir, creyendo la palabra de Dios.

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Fil 2:5-11)

Cristo Jesús obedeció hasta el final al Padre, porque lo amaba; y conocía el amor del Padre; y sabía que el Padre lo exaltaría hasta lo sumo por permanecer en obediencia en su amor. El no buscaba su propio bien, sino que el buscaba satisfacer su Padre por amor, él sabia y conocía que era el Padre quien velaba por el bien de su Hijo, él confiaba y creía en el amor del Padre, por eso obedeció hasta la muerte de cruz. Y fue el Padre que por su obediencia perfecta lo exalto y le dio nombre sobre todo nombre.

¿No es en ese mismo amor y confianza que debemos correr nuestra carrera que tenemos por delante? Así es, debemos andar por medio del agua y la sangre.

Cuando Cristo fue crucificado, y el soldado romano le traspasó el costado una vez muerto, para probar si realmente lo estaba, brotó sangre y agua. En orden inverso, sangre y agua.

Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. (Juan 19:33-34)
Salió sangre y agua; entregó todo su amor completo; murió por amor al Padre y a nosotros; y entregó toda su agua; camino en fe su carrera; hasta lo último sin dudar de Dios ni un instante. Es sólo por la entrega de su sangre, es decir, de su vida; que hoy podemos por medio del agua, es decir, por medio de la fe en él, la palabra, obtener la vida eterna. Es por eso que primero salió sangre, luego agua. El caminó por medio del agua y la sangre; pero entregó su sangre, para que por medio del agua, dar vida por medio de la fe. Fe que por su palabra, produce en nosotros el mejor vino que se puede dar en una boda. Y la boda es de él con nosotros, un encuentro de amor perfecto. ¡ Cristo y la iglesia !. Aleluya.

Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. (Gen 2:20-24)

Así como Eva nació del costado de Adán; Cristo es postrer Adán; así la iglesia nació del costado de Cristo. Cuando Cristo hubo entregado su espíritu, es decir, ya estaba muerto (entregó su vida, no se la quitaron); al abrir su costado brotó sangre y agua. De la misma manera que al dormirse Adán, fue tomada una de sus costillas, y a partir de ella formó Dios a Eva. La misma sustancia constitutiva de Adán fue necesaria para formar a Eva; la misma sustancia constitutiva de Cristo fue tomada para formar la iglesia; la sangre y el agua es la costilla de Cristo. La iglesia es formada por Dios, a partir de Cristo mismo; por la sangre y el agua. Así Cristo podrá exclamar, el día de las bodas del Cordero (nuestras bodas con El); Esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne; y seremos una sola carne, es decir, unos con Cristo. Grande es el misterio, unos con el Hijo unigénito del Padre; en quien habita corporalmente toda la plenitud de Dios.

La materia prima utilizada para formar la mujer, fue el hombre; la materia prima para formar la iglesia, fue Jesucristo. La sangre y el agua, es la costilla, A PARTIR DE LA CUAL DIOS FORMA LA IGLESIA. No hay otra materia prima, sino el agua y la sangre; no solo agua; sino agua y sangre. Es por eso hermanos que hoy debemos andar en fe y amor; no sólo en fe; sino en fe y amor. Que Dios está realizando una obra maravillosa en nosotros, si andamos como Cristo Jesús, el hombre; anduvo. La materia prima ya está, la obra ya está consumada; sólo debemos tomar lo que ya está dado para nosotros por su gran amor. Ya estamos capacitados para correr esta senda, porque hemos sido tomados de su costado; y a partir de ello, Dios nos forma a la imagen de su Hijo, para gloria de Dios y su Hijo. Amen.

Hermanos, nosotros somos llamados a la estatura de un varón perfecto; a la estatura de Cristo; ese es el propósito de Dios para la iglesia; que sea hueso de sus huesos, y carne de su carne. Y la única forma de lograrlo; es que andemos de la forma que El anduvo; por medio del agua y sangre; por fe y amor. La obra la hace Dios, nosotros ya tenemos la materia prima en nosotros, ahora debemos andar en ella; y no en lo viejo hombre, que ya está colgado del madero.

Cuando Jesús llamó a Pedro, este estaba pescando; echaba las redes al mar para pescar. Y el Señor lo hizo pescador de hombres; por medio de Pedro se convirtieron muchas personas; primero tres mil, luego cinco mil dice la Biblia.

Pablo fue llamado siendo fariseo; y su profesión era hacer carpas; Pablo fue el apóstol que fundó muchas iglesias (al modo de carpas).

Cuando Juan fue llamado por el Señor, él se encontraba remendando las redes; y el Espíritu Santo con esto nos quiere mostrar que es muy importante escuchar al apóstol Juan en estos tiempos finales; hoy necesitamos remendar las redes para verdaderamente poder pescar. Hoy las redes están rotas; el evangelio debe ser predicado en forma completa y verdadera. Es este Juan que nos enseña a remendar las redes, para que el propósito de Dios se cumpla. Y Juan nos dice no sólo mediante agua, sino median agua y sangre.

Hoy muchos predican un evangelio extraño que se basa en las obras, y fuera de la gracia y la verdad que vino con Jesucristo. Ese evangelio no tiene poder de Dios, ya que no viene de Dios. Pero hoy en la iglesia hay mucha división, y esa división es muestra que la iglesia se a olvidado en parte de la sangre; hoy la iglesia está recobrando la palabra, y por medio de esa palabra está trabajando. Pero hermanos, no es sólo palabra, sino palabra y amor. Esa es la forma perfecta de remendar las redes, se entretejen la fe y el amor. No sólo fe, sino amor que provienen de un verdadero nacimiento de lo alto.

Es por eso que Juan, el discípulo a quien el Señor amaba; nos resume el mandamiento de Jesús en dos:
Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. (1Jn 3:23)
Que creamos en él, y que nos amemos, nos manda el Señor. De esa forma Juan sintetiza los mandatos del Señor. Si tu lees la primera carta de Juan; veras como hace principal hincapié en lo que hoy es muy escaso en lo que se llama iglesia (digo en lo que se llama iglesia), hoy es muy escaso el amor de verdad; se ve mucha zalamería e hipocresía; ya que el verdadero amor es el que da la vida por los amigos. ¿Cuántos son verdaderamente amigos donde tú te congregas? Espero que sean muchos, pero si no es así, recuerda que por sus frutos se reconoce todo árbol.
Mira como es tan falso el “amor” religioso, que a la primera diferencia de opinión, ese “amor” no es capaz de resistir y seguir uniendo a sus miembros, sino que se separan y hacen una nueva “iglesia”.

La ley dada por medio de Moisés, también se puede resumir en dos mandamientos que son los primordiales:
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mat 22:37-40)

Si observas bien, verás que el segundo mandamiento de la ley es muy similar, al segundo mandato del Señor (amar al prójimo y amar al hermano); ¿pero que pasó el mandamiento de Jesús que omitió el amor al Padre?
La respuesta es simple, cuando creíste en Jesús el Señor, y como consecuencia de la fe en él, recibiste el Espíritu Santo (por cumplimiento del primer mandato de Jesús), ahora puedes exclamar ¡Abba Padre!; es decir, el amor de Dios ha sido derramado en ti. Es por eso, que ya no es un mandato que ames a Dios, sino que una bendita realidad en ti. Es por lo mismo que ya no está en los mandatos de Jesús, ya que es real en nosotros y amamos a Dios, pues nos ha recibido como hijos suyos.
Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! (Gal 4:6)
Y hay otra diferencia fundamental, entre los que van por el camino de la ley; y quienes vamos por el Camino que es Cristo.
Mientras la ley dada por medio de Moisés, nos dice que el que cumpla con dichas disposiciones vivirá por ello, es decir, la vida como recompensa a las obras (cosa imposible de alcanzar para los pecadores, por su condición caída).

Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. (Rom 10:5)

En cambio, los mandamientos de Jesús, son dados no con el propósito de alcanzar la salvación, sino a partir de la salvación como un mandato del Señor por amor a él, es una consecuencia natural de haber nacido de nuevo; y de tener nueva vida en El; que nos lleva a guardar sus mandamientos por amor a él.

Si me amáis, guardad mis mandamientos. (Juan 14:15)

Cuando guardamos sus mandamientos, le decimos; ¡te amo! Y no sólo se lo decimos, sino que lo hacemos realidad, por medio de El. Aquí esta el secreto de la intimidad y comunión perfecta con el Padre y el Hijo.

No es por alcanzar la vida por meritos personales; sino como una consecuencia de la vida y del amor de Dios derramado en nosotros. Y ese amor nos constriñe a amar a los hermanos, por amor a nuestro Señor, al Padre y sus hijos. Porque no podríamos decir que amamos a Dios, si no amamos a los que han sido engendrados por Dios, nuestros hermanos. Y esta es la verdad del testimonio de sus discípulos, el amor.
En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. (Juan 13:35)
La forma de permanecer en el amor de Cristo, es la misma forma en que Cristo se mantuvo y permaneció en el amor del Padre.
Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor (Juan 15:10)

Hoy el Espíritu Santo nos habla, y nos enseña a caminar en fe y en amor; es la forma en que anduvo Jesús acá en la tierra; y la materia prima ya ha sido plantada en nosotros; hoy debemos andar de la forma que él anduvo; y alcanzó el lugar más alto de la creación; y no sólo eso, sino que cumplió el verdadero propósito de Dios que es el AMOR.

También vemos que para amar verdaderamente, se debe hacer con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas; y que es mucho más que un sentimiento bonito; es todo tu ser en el propósito de Dios. Todo tu ser esperando el encuentro con él amado; es todo tu ser empeñado, en estar a la altura de ese encuentro de amor sublime. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Hoy vemos las redes rotas, falta dar a conocer la verdad del evangelio; que sin sangre no está completo. Es por medio del agua y la sangre, que Dios nos forma a la imagen de su Hijo; a la estatura de un varón perfecto, también nuestro llamado. Y como bien lo dice el apóstol Pablo en su carta:

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. (1Co 13:1-3)

Sin amor nada somos y nada de lo que hagamos sirve, es sencillo; no hay existencia sin amor; no podemos ser uno con él que un día nos enseño su nombre, y su nombre es: “YO SOY”. Con el que es desde el principio, estamos llamados a ser eternamente con El, sin amor imposible.

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. (1Jn 4:9-11)

¡Si Dios nos ha amado así!, también nosotros debemos amarnos unos a otros.


En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. (1Jn 3:16)


Cristo cumplió la ley, el amaba tanto al Padre; lo amaba con todo su corazón, alma, mente y fuerzas; es por eso que pudo dar su vida en obediencia al Padre (cumplió el primer mandato de amar a Dios sobre todas las cosas); y nos amó de tal manera que se entregó por todos nosotros. Hoy que ese amor nos constriña, a amarlo más y permanecer en su amor; amando a Cristo, poniendo nuestras vidas por los hermanos. En la fe de Cristo, que el Padre lo exaltaría hasta lo sumo; confiando en el amor del Padre. Hermanos que nuestro caminar sea en fe y amor; como nuestro REY y SEÑOR; nuestro verdadero AMIGO en la verdad. Por medio del agua y la sangre. Amen.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias por estas palabras fue de gran bendición para mi vida,me enseño a conocer mas Dios.DIOS LOS BENDIGA

Anónimo dijo...

Que hermoso mensaje, y que profundidad en la enseñanza dada, que el Señor nos ayude a vivir en su amor para permanecer en él. Que el Señor les bendiga.-

Anónimo dijo...

muchas gracias por despejar algunas cosas que no podía entender, Dios le continúe dando revelación y entendimiento de su palabra, y que lo mismo suceda con todos nosotros porque las personas necesitan conocer la verdad.

Mercedes Olea dijo...

Bendita sea la vida que expresa estas palabras santas y verdaderas. Aleluya!!

Emmanuel Galvez Quiroz dijo...

Excelente mensaje, lleno de fe y de la palabra de Dios (agua) y con plena invitación a cumplir su propósito de amor (sangre). Dios le bendiga

Rodolfo Ramos dijo...

Gracias por Compartir la palabra de Dios. Es de mucha ayuda para crecer en Él

Rodrigo Cárdenas B. dijo...

Gracias al Señor en primer lugar; y a ustedes por vuestras palabras!!!

La gloria es sólo para El!!!

Gracia y paz del Señor para todos mis hermanos!!!

Rgo