domingo, 10 de julio de 2011

Las dos simientes



Y pondré enemistad entre ti y la mujer, Y entre tu simiente y su simiente. Él te herirá la cabeza cuando tú hieras su calcañar. (Gen 3:15)

Me parece que todos han leído o escuchado el pasaje anterior; y bueno, muchas cosas habremos escuchado respecto de el, o hasta muy pocas; pero cualquiera sea el caso; hasta ahora, son muy pocos los que lo comprenden, y varios que creen entenderlo o dicen entenderlo. Muchas teorías hay, y muchas doctrinas contradictorias. Pero la verdad, la revela el Espíritu de Verdad, como nuestro Señor nos enseñó; de modo que buesque mos su ayuda para comprenderlo mejor.

Empezemos:

Cuando el hombre cayó, Dios dijo a la serpiente (diablo): y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; El te herirá la cabeza, y le herirás el calcañar.

Ahora yo les pregunto: ¿Quiénes o que son ambas simientes (semillas)?

Vamos por partes (y al grano o simiente):

Primero, la simiente de la mujer:

¿Quién o que es la simiente de la mujer?

Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. (Gal 3:16)
A Abraham y su simiente fueron hechas la promesas (de Abraham), y claramente la simiente de la que habla la Biblia es Cristo, es decir, la simiente de la mujer es Cristo. Esto lo puedes ver en diversos pasajes; y los puedes buscar con atención.

Segundo, la simiente de la serpiente (diablo):

¿Y quien o que es la simiente de la serpiente?

Algunos dicen que Caín, otros dicen que la simiente de la serpiente es el anticristo; otros que es el conocimiento del pecado, al haber comido del fruto prohibido, otros dicen que es Judas Iscariote, otros los fariseos, otros los hijos del mal, otros el eslabón perdido, etc. No se tu cuantas teorías has escuchado aparte de las que te menciono, deben haber muchas más…

Nuevamente, ¿Y quien o que, es la simiente de la serpiente?

La simiente de la serpiente, es la semilla que la serpiente sembró en la mujer (y el hombre); al pecar estos, y no haber creído a Dios; sino haber obedecido a la serpiente (diablo); en el acto del hombre de creer y obedecer los engaños del enemigo, esté sembró su semilla corrupta en la humanidad; y esa semilla o semiente es el pecado. Así es, el pecado, es la simiente de la serpiente; pues es lo que el diablo sembró en el hombre.

¿Acaso se me ocurrió a mí esta teoría? No, mira como el apóstol Pablo lo identifica como algo en él, que lo lleva al mal (semilla de Satanás), algo que está en su carne y lo lleva cautivo al pecado en la carne:

De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. (Rom 7:17-20)

Todos nacemos con el pecado en nuestra carne, herencia de nuestros padres, y de los padres de nuestros padres, y de los padres de los padres de nuestros padres, hasta llegar a Adán y Eva; quienes recibieron el pecado de la serpiente, la simiente del diablo.

¿Y como lo recibieron? Lo recibieron de la misma manera, en que los que hemos nacido de nuevo, recibimos la nueva simiente de Dios es decir, a Cristo; por creer. La humanidad recibió la simiente del diablo por creerle al maligno; y en el evangelio recibimos la buena simiente (Cristo) por creerle a Dios. ¿No es maravilloso, como Dios es perfecto en armonía y justicia?

Adán y Eva, le creyeron a Satanás, y no pensaron que comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal morirían, como Dios lo dijo; creyeron la mentira del diablo (que no morirían) y desobedecieron a Dios; y recibieron la simiente del diablo, el pecado en su carne.

Cuando nosotros creemos a Dios, por medio de la Palabra del evangelio; ¿Qué recibimos? La simiente de Dios. ¿Quién es dicha simiente? Sabemos que es Cristo.

Ambas simientes están en enemistad, en cada uno de nosotros, los que hemos creído, como dice la Biblia:” y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente”

Mira como vemos lo mismo acá, dicho por el apóstol Pablo:
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
(Gal 5:17)

El pecado que mora en la carne, está en contra con el Espíritu del Señor (que mora en nuestro corazón); hay una lucha en cada verdadero hijo de Dios, hay una batalla, una guerra; entre la simiente de Satanás y la simiente incorruptible de Dios. Hay dos naturalezas en nosotros que combaten a muerte.

No es así, en los que son aún esclavos del pecado; que no han recibido la buena simiente (la buena semilla que es la Palabra de Dios, quien es Cristo).

Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. (Juan 8:34)

¿Y para que vino Jesús a la tierra?

El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. (1Jn 3:8)

Jesús nos vino a libertar del pecado, de la simiente de la serpiente que mora en nuestra carne.

El aposto Pablo lo ratifica, ya somos libres del pecado:

Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. (Rom 6:17-18)

Así como hay dos simientes, una de Dios, Cristo; y otra del maligno, el pecado. Y hay dos posiciones o formas de andar, para los hombres:

- En la carne: para quienes no tienen la simiente de Dios; o aquellos que si la tienen, pero la tienen guardada en un pañuelo.

- En Cristo: para los nacidos de nuevo. Es en la posición que debemos andar, la cual nos libera de la simiente del maligno, el pecado.

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Rom 8:1)

Esto es hermoso; Cristo hizo morir al pecado en la carne, haciéndose semejante a nuestra carne; condenó al pecado en la carne. Destruyó la simiente del maligno en el hombre que estaba en la carne. El haciéndose semejante a nuestra carne, condenó al pecado en la carne; es decir, le destruyó el hábitat a la simiente del maligno (la carne).

Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Rom 8:3-4)

Esto es sabiduría pura de Dios, el pecado ha sido condenado en la carne (al matar la carne, muere la simiente que está en ella); y ya no vivimos por la carne; sino que estamos muertos en la carne, pero vivos para Dios. Cristo vive en nosotros, la simiente de Dios; y esa simiente nos vivifica, de la misma manera que la simiente del diablo nos arrastraba a la muerte. La simiente de Dios, Cristo; nos santifica; la simiente del diablo, en la carne; nos destruye.

Nota: La simiente del diablo, el pecado; no es lo mismo que pecados; el pecado produce como "resultados" los pecados; es la fuente y origen en nosotros, de nuestros pecados; es la semilla de los pecados.

Ahora vemos lo importante que es andar y permanecer EN CRISTO, el hábitat natural de la nueva simiente, de la nueva vida; y no andar en la carne;que es donde gobierna satanás, a través de su simiente, es decir, el pecado (cuyos "resultados" son los pecados).

¿Y como sabemos cuando andamos en la carne, y cuando andamos en el Espíritu?

Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. (Rom 8:5)

Es claro entonces, donde debe estar y permanecer nuestra mente; de esta manera detectamos si andamos en la carne o en el Espíritu (observando nuestros pensamientos).

¿Y cual es el consejo del Señor? (algunos ejemplos):

- Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. (Rom 8:6)

- Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Rom 8:12-14)

- Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
(Gal 5:16)

- Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. (Gal 6:8)

Después de leer los pasajes anteriores ¿A quien le cave duda de cómo debemos andar? Creo que no es necesario agregar más, es clarísimo lo que el apóstol  Pablo nos dice, andemos en el Espíritu, y no en la carne.

Vemos también que cuando dice la Biblia; y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; esa batalla está en cada uno de nosotros; pero en Jesucristo tenemos la VICTORIA, contra el pecado.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. (1Co 15:55-57)

Al ser muertos en la carne, estamos muertos a la ley (la ley ya no nos puede condenar dos veces, porque ya lo hizo y morimos en al carne, en Cristo); para pertenecer a nuestro Dios y Señor; y ya no bajo el poder del pecado; podemos libremente servir al Señor. Sólo que debemos permanecer en esa nueva posición celestial y espiritual; EN CRISTO; que ahí (en Cristo) está la victoria; siguiéndolo a El, y no a nuestra carne (mente antigua y carnal; nuestros propios consejos y deseos).

También lo podemos ver en el siguiente pasaje; como en la nueva naturaleza en Cristo, dejamos la antigua naturaleza de Adán (nuestra herencia en la carne):

Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. (1Co 15:22)

Volviendo, dice:  Él te aplastará la cabeza cuando tú hieras su calcañar. 

El Señor Jesucristo venció al diablo, cuando éste (el diablo) le hería el calcañar; lo venció en su misma mordida, es decir, lo venció por medio de la muerte (al que tenía el imperio de la muerte).

 Así que, por cuanto los hijos fueron consubstanciales con sangre y carne, de igual manera Él también participó de estas, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, (Heb 2:14) 

El diablo fue vencido en su principal fortaleza, su cabeza; recuerden que es el más astuto de la creación; pero fue vencido por medio de la muerte, a quien tenia el reino de la muerte; el Señor lo venció, y a nosotros en particular nos corresponde hacer nuestra esa victoria, como su cuerpo.

Miren lo que Pablo escribió a los romanos: Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. (Rom 16:20)

Hay un momento en el cual todos debemos aplastar a Satanás bajo nuestros pies. ¿Increíble?

Bueno el evangelio se trata de CREER la Palabra de Dios; si Pablo se lo dijo a los creyentes en Roma, era porque eso había de ocurrir, y ocurriría en breve, y eso debe suceder en cada hijo de Dios, ya que lo que es nacido de Dios vence al mundo; y por supuesto, al dios de este mundo (o sistema) quien es el diablo.

Veamos como también, el apóstol Juan lo dice:

.Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno…. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.(1Jn 2:13-14)

Hay un momento en que un discípulo de Cristo debe vencer al maligno, y esto es, herirlo en su cabeza. Y esto lo logramos por medio de la Palabra de Dios, quien es Cristo Jesús. En la etapa de Juventud de cada hijo de Dios, debemos vencer al maligno. Lo vencemos cuando OÍMOS, CREEMOS, ENTENDEMOS, RETENEMOS, ACEPTAMOS y OBEDECEMOS la Palabra de Dios, quien es Cristo, es decir, por FE en la Palabra.

Es diferente lo que te digo, que lo que comúnmente te enseñarían en cualquier congregación; donde te harían esperar en forma inerte, hasta que al final de los tiempos Jesús venza por ti al maligno. Eso no es así, él ya nos dotó de lo necesario (él habita en nosotros, la buena semilla); y hoy debemos crecer en El, para vencer el maligno (que él ya venció).

¿Y por que la cabeza es la que herimos al enemigo? La cabeza no sólo es el órgano principal de un ser viviente, sino en especial del diablo; es su súper órgano; y es su súper arma, con la que prepara sus engaños contra nosotros y el mundo entero; mira lo que dice la Biblia:

Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios dijo: No comáis de ningún árbol del huerto? (Gen 3:1)

La vencemos es su fortaleza, en su astucia, en su mente, en su inteligencia y sabiduría diabólica; al alcanzar la mente de Cristo y obedecerla; la herimos en la cabeza; y ya no puede con la iglesia; que es guiada por el Espíritu Santo, el Espíritu del Dios vivo.

¿Y cual es el medio por la cual lo vencemos?

Con Cristo y en Cristo, por su Palabra de Verdad; que nos hace madurar. Todo hijo de Dios, debe, llegado el momento, vencer al maligno; y decir como lo dijo nuestro Señor acá en la tierra: No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.(Juan 14:30)

Cuando Satanás nos herirá el talón, si permanecemos en obediencia a la fe, lo pisamos y vencemos.

Algunas reflexiones finales:

Mira como el apóstol Pedro, también nos enseñaba que ya hemos nacido de una nueva simiente incorruptible, no como la que nos tenía corrompidos, el pecado. Y nos dice que esa simiente es la Palabra de Dios, quien sabemos que es Cristo Jesús.

…siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.(1Pe 1:23)

Acá el apóstol Juan nos enseña que los que hemos nacido de la simiente de la mujer, es decir, de Cristo la buena semilla, ya no practicamos el pecado; porque Cristo permanece en nosotros.

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.(1Jn 3:9)

Dos naturalezas, para dos simientes; en la carne heredamos el pecado; en Cristo, heredamos de Dios.

El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.(1Co 15:47-49)

Y por último, ya fuimos crucificados con Cristo, y por lo tanto, estamos muertos en la carne, y el cuerpo de pecado fue destruido (la simiente del diablo está en un medio muerto, en Cristo, y por lo tanto, sin poder).

…sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.(Rom 6:6-7)

Este es un tema muy importante para orar y reflexionar; las dos simientes.

¿Cual gobierna tu vida?

Saludos; y que la gracia y paz, de nuestro Padre y Señor os abunden.


Nota: Corrección hecha el 01/11/2016.- según traducción correcta que es la simiente (Cristo) quien hiere la cabeza del diablo. 

Y pondré enemistad entre ti y la mujer, Y entre tu simiente y su simiente. Él te herirá la cabeza cuando tú hieras su calcañar. (Gen 3:15) 


Este tema que es muy interesante, se puede complementar tremendamente con este mensaje de este sitio: 

El hombre cayó por incredulidad

viernes, 27 de mayo de 2011

¿QUÉ ES LA VERDAD?

¿QUE SIGNIFICA LA VERDAD?; VERDAD = SIN ESCONDER

¿COMO CONOCEMOS LA VERDAD?: POR REVELACIÓN.

¿QUE ES REVELACIÓN?: MOSTRAR LO ESCONDIDO.

¿COMO OBTENEMOS REVELACIÓN?: POR MEDIO DE LA FE.

¿Y DE DONDE PROVIENE LA FE?: ES UN DON DE DIOS, QUE VIENE DE OÍR SU PALABRA.


CONOCER LA VERDAD, NO ES RELIGIÓN; SINO QUE ES CONOCER LA VERDADERA REALIDAD DE TODAS LAS COSAS, ES VER SIN QUE NADA NOS SEA ESCONDIDO.

POR ESO HAY UN ENEMIGO DE LA VERDAD, QUE NOS QUIERE EN TINIEBLAS (ESCONDERNOS LAS COSAS), SIN CONOCER LA VERDAD, ES DECIR, LA REALIDAD ETERNA.

PARA MANTENERNOS EN EL ENGAÑO, Y ASÍ PODER MANIPULARNOS.

PERO CUANDO VAMOS CONOCIENDO LA VERDAD, ES DECIR, VIENDO LA VERDADERA REALIDAD, YA NO HAY ENGAÑO, YA NO HAY MANIPULACIÓN DEL ENEMIGO. YA NO MÁS POR EL CAMINO DE LA DESTRUCCIÓN.

SALUDOS A TODOS.

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Y donde está la gracia?


Con el titulo de este mensaje, quiero llamar tu atención, y pedirte que por favor, medites en tu corazón; verdaderamente ¿Dónde está la gracia?

Todos sabemos que por medio de Moisés vino la Ley; pero por medio de Jesucristo, vino la gracia y la verdad.

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. (Juan 1:17)

Muchos cristianos creen tener claro que no están bajo la Ley (cuyo resumen son los 10 mandamientos, Éxodo 20); y muchos incluso, llegan a despreciarla; pero la verdad es que la mayoría ni entiende lo que habla, hablan como papagayos cosas que repiten de quienes escuchan, y les parecen muy espirituales. En cambio otros cristianos, aún están enredados entre la gracia y la ley, no saben cual es la diferencia; y también hay aquellos que no están ni en la ley, ni en la gracia; yo diría que es la mayoría (andan en la carne).

Es una triste realidad, muchos cristianos hoy, ni son guiados por la ley, ni aún están siendo guiados por el Espíritu de Dios. Si les preguntas a ellos, te darás cuenta lo seguro que parecen estar de todas sus creencias y filosofías personales, pero su dios es sólo un ídolo, a la medida de ellos mismos.

Voy a ser muy directo, para que no perdamos ni un minuto:

Siendo la ley, santa justa y buena; ¿Por qué no estamos bajo la ley los cristianos verdaderos?

Porque la ley nos condenó y morimos; y con Cristo estamos juntamente crucificados y ya no vivimos nosotros, sino que Cristo vive en nosotros.

Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. (Gal 2:19)

¿Y por que nos condeno? Porque éramos pecadores, y ley condena el pecado.

De modo que la ley nos mostró la santidad de Dios y la vara de medir que es necesario cumplir para tener vida eterna; pero como nosotros éramos injustos; la ley nos reprobó y morimos.

Cuando vemos que la ley siendo buena, santa y justa; a nosotros nos resulta para muerte; vemos que hay una esperanza aún APARTE de la Ley. Es por eso que la Biblia nos enseña que la Ley nos lleva a Cristo.

De manera que la ley ha sido nuestro ayo (guía), para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. (Gal 3:24)

De modo que sabemos que la Ley nos lleva a Cristo; y Cristo nos lleva al Padre.

Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Algunos piensan que la Ley ha sido abolida por Dios, pero eso no es así; la ley no pasará.

Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. (Mat 5:18)

Ahora hermanos, la gran pregunta:

¿Y donde está la gracia?

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Rom 8:1)


La gracia está EN Cristo Jesús, sólo EN él está la gracia; fuera de él no hay gracia. Sólo los que son guiados por el Espíritu de Dios, son los que permanecen en la gracia; sin la guía del Espíritu Santo; no estamos en Cristo. Ninguna condenación hay para los que están en Jesucristo, aquellos que ya no caminan (son guiados) por la carne; sino aquellos que son guiados por el Espíritu.

¿Dónde está la gracia? La gracia está en Cristo, sólo en Cristo está la gracia; ¿y como entramos a esta gracia? Por medio de la fe.

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. (Rom 5:1-2)

La gracia opera en la guía del Espíritu de Dios, cuando andamos en el Espíritu, es decir, siendo guiados por El; ya no guiados por la Ley; ya que el fin de la ley es Cristo, es decir, cuando ya estamos en Cristo, no necesitamos la ley como guía.

…porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. (Rom 10:4)

Pero cuidado, si MUCHO CUIDADO, hoy muchos se olvidan de la ley, creen en Cristo; ¿Y por quien son guiados?

Sólo hay tres alternativas de guía para el hombre:

1º LA CARNE.
2º LA LEY.
3º EL ESPIRITU.

No hay más formas de ser guiados en esta tierra; o lo somos por la carne; es decir, por lo humano; y en lo humano influenciados por cualquier espíritu aparte de Dios. O somos guiados por La Ley que nos llevará a Cristo. O somos guiados por el Espíritu de Dios.

Cuando tomamos cualquier decisión; obedecemos a uno de estos tres guías; la carne, la Ley (justicia propia) o el Espíritu de Dios; que es por la fe.

Muchos cristianos hoy en día se vanaglorian de su salvación, de su riqueza espiritual, de su gran conocimiento de la Biblia, etc. Pero muchos de ellos; aún sólo siguen sus carnes, y sus frutos los denuncian.

Por favor queridos hermanos en Cristo, no descuides lo más importante; el ser guiados por el medio en el cual NO HAY NINGUNA CONDENACION. No seas como la mayoría, que piensan que por ellos hacen tal o cual cosa; Dios los justificará; no es así; ni seas como esos que se glorían en ser salvos; y muy lejos están de seguir los consejos del Espíritu de Dios. La gracia sólo opera en Cristo, y fuera de él NADA.

…como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor. (1Co 1:31)

Si te glorias, debe ser EN CRISTO, es decir, en el Señor; es decir, permaneciendo en él, es decir, unidos por la fe, es decir, oyéndolo y obedeciéndolo cada día.

Fuera de Cristo no hay nada, en Cristo estamos completos; no descuidemos la guía que tenemos, que habla las cosas del cielo, las cosas espirituales que el mundo no puede ni siquiera ver, las cosas que aún los ángeles anhelan conocer. No pienses que debes ser guiado por otro medio, más que por el que Jesús mismo nos enseñó, que debemos ser guiados.

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, aquel os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho. (Juan 14:26)

Ninguna gracia hay fuera de Cristo, es decir, fuera de la guía del Espíritu Santo.

¿Y por que? Porque fuera de Cristo, estás fuera de la voluntad de Dios; y fuera de su voluntad, no opera la gracia. Así de claro, así de sencillo.

Señor Dios y Padre, abre una vez más nuestros corazones para oír tu palabra día a día, que es vida eterna. Amen; en el nombre de Jesucristo te lo pedimos. Amen.

Ya sabes amigo mío donde está la gracia, no desprecies la Ley, no desprecies el consejo. Abre tus oídos, abre tu corazón; para que puedas oír quien habla desde tu interior y desde los cielos; si ya lo recibiste. Amen.


martes, 1 de febrero de 2011

Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor


Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2Co 3:18)

Quería a partir de este texto de la Biblia, compartir con ustedes del significado del mismo; como es que el Señor, por su Espíritu, al mirar por un espejo su gloria, nos transforma en su imagen. No es fácil de entender, pero la verdad es que no es tan complicado lo que el apóstol Pablo quiso explicar y enseñar.

Esto es para todos los cristianos verdaderos, por eso dice "Por tanto, nosotros todos"; no es para una casta especial de cristianos, es para TODOS.

"Mirando a cara descubierta"; ¿que significa? No es necesario explicarlo, mirando sin encubrir nada, con sinceridad, en forma desnuda, sin doblez. No como Adán que se escondió cuando pecó, sino que amparados en la sangre de Jesús, sin escondernos ante Dios el Padre.

"Como en un espejo la gloria del Señor"; hace un paralelo para comparemos y entendamos; ¿Que ves cuando miras en un espejo? Fácil, cuando miras en un espejo ves tu rostro, ¿No es verdad? Claro, a todos nos pasa lo mismo, cuando miramos en un espejo, nos vemos reflejados. ¿Y como dice entonces mirando a cara descubierta en un espejo la gloria del Señor? ¿No es acaso que en un espejo nos vemos reflejados? Claro, lo primero que vemos en un espejo es nuestro rostro natural, pero en ese espejo no sólo debemos ver ese rostro natural, sino que debemos ver la gloria del Señor, ¿cómo? Cuando lo vemos a cara descubierta (sin hipocresía), por el Espíritu Santo, y nos vemos a la vez nosotros mismos, y reconocemos nuestra realidad, y a la vez lo vemos a El en nosotros en su gloria, y no nos escondemos en excusas y justificaciones, sino que nos reconocemos tal cual somos; el Espíritu nos enseña y muestra como somos, pero no nos quedamos ahí, sino que vemos su gloria en nosotros, somos transformados en su imagen, de gloria en gloria.

Hoy muchos ven o dicen que ven, al Señor en un espejo; pero no se ven ellos mismos a cara descubierta; es decir, el Espíritu Santo les muestra su pecado y ellos no lo reconocen, sólo dicen ver la gloria del Señor: el espejo nos hace vernos a nosotros mismos, y ver en ese espejo su imagen de gloria a la cual somos llamados, ¿y como somos transformados a su imagen? Mirando en un espejo a él y a nosotros con sinceridad, reconociendo nuestra realidad ante él (a cara descubierta), y poder operar el poder que hay en Cristo, que dice que en Cristo todo lo puedo que me fortalece; para poder ver en ese espejo no sólo nuestro rostro natural, sino el rostro glorioso del Señor en nosotros.

No sólo debes mirar el rostro del Señor por el espejo, sino que debes ver tu rostro, lo que el Espíritu te muestra que no está bien, y reconocerlo ante él, a cara descubierta, sin encubrirle nada; y en su gracia somos transformados por su Espíritu en su imagen.

"Somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor"; Somos transformados en su imagen por medio de su Espíritu, al ver su imagen de gloria y nuestra imagen descubierta, pero en esa imagen descubierta de hombre natural; reconocemos ante él nuestra debilidad, y vemos en esa misma imagen Su Imagen, la gloria del Señor; y somos transformados por su Espíritu, en su Imagen. Recuerda, debemos vernos y verlo; sin cuentos ni justificaciones personales, a cara descubierta, tal cual somos, amparados en su misericordia por medio de la fe, en la confianza de su poder; y somos transformados en la imagen de lo que anhelamos, su imagen; en el poder de su Espíritu.

Recuerda que él que nos muestra todas estas cosas es su Espíritu Santo, el Espíritu del Señor; a nosotros nos toca el ver por el espejo (vernos y verlo); la vista nos la dio el Señor, para que veamos y lo veamos, por medio de su Espíritu, es decir, vemos por medio de su Espíritu y somos transformados por este mismo Espíritu. Pero primero el Espíritu nos enseña quienes somos en realidad, en la carne y en el Señor; y la gloria de nuestro Señor, a la cual somos llamados y somos transformados, de gloria en gloria.

Primero el Espíritu nos muestra, luego nos transforma.

¿Y que debemos hacer nosotros?

Mirar como por un espejo a cara descubierta, la gloria del Señor.

Saludos y que el Señor les hable. Amén.

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