…Y pondré enemistad entre ti y la mujer, Y entre tu simiente y su simiente. Él te herirá la cabeza cuando tú hieras su calcañar. (Gen 3:15)
Me parece que todos han leído o escuchado el pasaje anterior; y bueno, muchas cosas habremos escuchado respecto de el, o hasta muy pocas; pero cualquiera sea el caso; hasta ahora, son muy pocos los que lo comprenden, y varios que creen entenderlo o dicen entenderlo. Muchas teorías hay, y muchas doctrinas contradictorias. Pero la verdad, la revela el Espíritu de Verdad, como nuestro Señor nos enseñó; de modo que buesque mos su ayuda para comprenderlo mejor.
Empezemos:
Cuando el hombre cayó, Dios dijo a la serpiente (diablo): y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; El te herirá la cabeza, y tú le herirás el calcañar.
Ahora yo les pregunto: ¿Quiénes o que son ambas simientes (semillas)?
Vamos por partes (y al grano o simiente):
Primero, la simiente de la mujer:
¿Quién o que es la simiente de la mujer?
Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. (Gal 3:16)
A Abraham y su simiente fueron hechas la promesas (de Abraham), y claramente la simiente de la que habla la Biblia es Cristo, es decir, la simiente de la mujer es Cristo. Esto lo puedes ver en diversos pasajes; y los puedes buscar con atención.
Segundo, la simiente de la serpiente (diablo):
¿Y quien o que es la simiente de la serpiente?
Algunos dicen que Caín, otros dicen que la simiente de la serpiente es el anticristo; otros que es el conocimiento del pecado, al haber comido del fruto prohibido, otros dicen que es Judas Iscariote, otros los fariseos, otros los hijos del mal, otros el eslabón perdido, etc. No se tu cuantas teorías has escuchado aparte de las que te menciono, deben haber muchas más…
Nuevamente, ¿Y quien o que, es la simiente de la serpiente?
La simiente de la serpiente, es la semilla que la serpiente sembró en la mujer (y el hombre); al pecar estos, y no haber creído a Dios; sino haber obedecido a la serpiente (diablo); en el acto del hombre de creer y obedecer los engaños del enemigo, esté sembró su semilla corrupta en la humanidad; y esa semilla o semiente es el pecado. Así es, el pecado, es la simiente de la serpiente; pues es lo que el diablo sembró en el hombre.
¿Acaso se me ocurrió a mí esta teoría? No, mira como el apóstol Pablo lo identifica como algo en él, que lo lleva al mal (semilla de Satanás), algo que está en su carne y lo lleva cautivo al pecado en la carne:
De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. (Rom 7:17-20)
Todos nacemos con el pecado en nuestra carne, herencia de nuestros padres, y de los padres de nuestros padres, y de los padres de los padres de nuestros padres, hasta llegar a Adán y Eva; quienes recibieron el pecado de la serpiente, la simiente del diablo.
¿Y como lo recibieron? Lo recibieron de la misma manera, en que los que hemos nacido de nuevo, recibimos la nueva simiente de Dios es decir, a Cristo; por creer. La humanidad recibió la simiente del diablo por creerle al maligno; y en el evangelio recibimos la buena simiente (Cristo) por creerle a Dios. ¿No es maravilloso, como Dios es perfecto en armonía y justicia?
Adán y Eva, le creyeron a Satanás, y no pensaron que comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal morirían, como Dios lo dijo; creyeron la mentira del diablo (que no morirían) y desobedecieron a Dios; y recibieron la simiente del diablo, el pecado en su carne.
Cuando nosotros creemos a Dios, por medio de la Palabra del evangelio; ¿Qué recibimos? La simiente de Dios. ¿Quién es dicha simiente? Sabemos que es Cristo.
Ambas simientes están en enemistad, en cada uno de nosotros, los que hemos creído, como dice la Biblia :” y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente”
Mira como vemos lo mismo acá, dicho por el apóstol Pablo:
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
(Gal 5:17)
El pecado que mora en la carne, está en contra con el Espíritu del Señor (que mora en nuestro corazón); hay una lucha en cada verdadero hijo de Dios, hay una batalla, una guerra; entre la simiente de Satanás y la simiente incorruptible de Dios. Hay dos naturalezas en nosotros que combaten a muerte.
No es así, en los que son aún esclavos del pecado; que no han recibido la buena simiente (la buena semilla que es la Palabra de Dios, quien es Cristo).
Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. (Juan 8:34)
¿Y para que vino Jesús a la tierra?
El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. (1Jn 3:8)
Jesús nos vino a libertar del pecado, de la simiente de la serpiente que mora en nuestra carne.
El aposto Pablo lo ratifica, ya somos libres del pecado:
Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. (Rom 6:17-18)
Así como hay dos simientes, una de Dios, Cristo; y otra del maligno, el pecado. Y hay dos posiciones o formas de andar, para los hombres:
- En la carne: para quienes no tienen la simiente de Dios; o aquellos que si la tienen, pero la tienen guardada en un pañuelo.
- En Cristo: para los nacidos de nuevo. Es en la posición que debemos andar, la cual nos libera de la simiente del maligno, el pecado.
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Rom 8:1)
Esto es hermoso; Cristo hizo morir al pecado en la carne, haciéndose semejante a nuestra carne; condenó al pecado en la carne. Destruyó la simiente del maligno en el hombre que estaba en la carne. El haciéndose semejante a nuestra carne, condenó al pecado en la carne; es decir, le destruyó el hábitat a la simiente del maligno (la carne).
Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Rom 8:3-4)
Esto es sabiduría pura de Dios, el pecado ha sido condenado en la carne (al matar la carne, muere la simiente que está en ella); y ya no vivimos por la carne; sino que estamos muertos en la carne, pero vivos para Dios. Cristo vive en nosotros, la simiente de Dios; y esa simiente nos vivifica, de la misma manera que la simiente del diablo nos arrastraba a la muerte. La simiente de Dios, Cristo; nos santifica; la simiente del diablo, en la carne; nos destruye.
Nota: La simiente del diablo, el pecado; no es lo mismo que pecados; el pecado produce como "resultados" los pecados; es la fuente y origen en nosotros, de nuestros pecados; es la semilla de los pecados.
Ahora vemos lo importante que es andar y permanecer EN CRISTO, el hábitat natural de la nueva simiente, de la nueva vida; y no andar en la carne;que es donde gobierna satanás, a través de su simiente, es decir, el pecado (cuyos "resultados" son los pecados).
¿Y como sabemos cuando andamos en la carne, y cuando andamos en el Espíritu?
Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. (Rom 8:5)
Es claro entonces, donde debe estar y permanecer nuestra mente; de esta manera detectamos si andamos en la carne o en el Espíritu (observando nuestros pensamientos).
¿Y cual es el consejo del Señor? (algunos ejemplos):
- Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. (Rom 8:6)
- Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Rom 8:12-14)
- Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
(Gal 5:16)
- Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. (Gal 6:8)
Después de leer los pasajes anteriores ¿A quien le cave duda de cómo debemos andar? Creo que no es necesario agregar más, es clarísimo lo que el apóstol Pablo nos dice, andemos en el Espíritu, y no en la carne.
Vemos también que cuando dice la Biblia ; y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; esa batalla está en cada uno de nosotros; pero en Jesucristo tenemos la VICTORIA , contra el pecado.
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. (1Co 15:55-57)
Al ser muertos en la carne, estamos muertos a la ley (la ley ya no nos puede condenar dos veces, porque ya lo hizo y morimos en al carne, en Cristo); para pertenecer a nuestro Dios y Señor; y ya no bajo el poder del pecado; podemos libremente servir al Señor. Sólo que debemos permanecer en esa nueva posición celestial y espiritual; EN CRISTO; que ahí (en Cristo) está la victoria; siguiéndolo a El, y no a nuestra carne (mente antigua y carnal; nuestros propios consejos y deseos).
También lo podemos ver en el siguiente pasaje; como en la nueva naturaleza en Cristo, dejamos la antigua naturaleza de Adán (nuestra herencia en la carne):
Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. (1Co 15:22)
Volviendo, dice: Él te aplastará la cabeza cuando tú hieras su calcañar.
El Señor Jesucristo venció al diablo, cuando éste (el diablo) le hería el calcañar; lo venció en su misma mordida, es decir, lo venció por medio de la muerte (al que tenía el imperio de la muerte).
Así que, por cuanto los hijos fueron consubstanciales con sangre y carne, de igual manera Él también participó de estas, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, (Heb 2:14)
El diablo fue vencido en su principal fortaleza, su cabeza; recuerden que es el más astuto de la creación; pero fue vencido por medio de la muerte, a quien tenia el reino de la muerte; el Señor lo venció, y a nosotros en particular nos corresponde hacer nuestra esa victoria, como su cuerpo.
Miren lo que Pablo escribió a los romanos: Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. (Rom 16:20)
Hay un momento en el cual todos debemos aplastar a Satanás bajo nuestros pies. ¿Increíble?
Bueno el evangelio se trata de CREER la Palabra de Dios; si Pablo se lo dijo a los creyentes en Roma, era porque eso había de ocurrir, y ocurriría en breve, y eso debe suceder en cada hijo de Dios, ya que lo que es nacido de Dios vence al mundo; y por supuesto, al dios de este mundo (o sistema) quien es el diablo.
Veamos como también, el apóstol Juan lo dice:
.Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno…. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.(1Jn 2:13-14)
Hay un momento en que un discípulo de Cristo debe vencer al maligno, y esto es, herirlo en su cabeza. Y esto lo logramos por medio de la Palabra de Dios, quien es Cristo Jesús. En la etapa de Juventud de cada hijo de Dios, debemos vencer al maligno. Lo vencemos cuando OÍMOS, CREEMOS, ENTENDEMOS, RETENEMOS, ACEPTAMOS y OBEDECEMOS la Palabra de Dios, quien es Cristo, es decir, por FE en la Palabra.
Es diferente lo que te digo, que lo que comúnmente te enseñarían en cualquier congregación; donde te harían esperar en forma inerte, hasta que al final de los tiempos Jesús venza por ti al maligno. Eso no es así, él ya nos dotó de lo necesario (él habita en nosotros, la buena semilla); y hoy debemos crecer en El, para vencer el maligno (que él ya venció).
¿Y por que la cabeza es la que herimos al enemigo? La cabeza no sólo es el órgano principal de un ser viviente, sino en especial del diablo; es su súper órgano; y es su súper arma, con la que prepara sus engaños contra nosotros y el mundo entero; mira lo que dice la Biblia :
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios dijo: No comáis de ningún árbol del huerto? (Gen 3:1)
La vencemos es su fortaleza, en su astucia, en su mente, en su inteligencia y sabiduría diabólica; al alcanzar la mente de Cristo y obedecerla; la herimos en la cabeza; y ya no puede con la iglesia; que es guiada por el Espíritu Santo, el Espíritu del Dios vivo.
¿Y cual es el medio por la cual lo vencemos?
Con Cristo y en Cristo, por su Palabra de Verdad; que nos hace madurar. Todo hijo de Dios, debe, llegado el momento, vencer al maligno; y decir como lo dijo nuestro Señor acá en la tierra: No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.(Juan 14:30)
Algunas reflexiones finales:
Mira como el apóstol Pedro, también nos enseñaba que ya hemos nacido de una nueva simiente incorruptible, no como la que nos tenía corrompidos, el pecado. Y nos dice que esa simiente es la Palabra de Dios, quien sabemos que es Cristo Jesús.
…siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.(1Pe 1:23)
Acá el apóstol Juan nos enseña que los que hemos nacido de la simiente de la mujer, es decir, de Cristo la buena semilla, ya no practicamos el pecado; porque Cristo permanece en nosotros.
Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.(1Jn 3:9)
Dos naturalezas, para dos simientes; en la carne heredamos el pecado; en Cristo, heredamos de Dios.
El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.(1Co 15:47-49)
Y por último, ya fuimos crucificados con Cristo, y por lo tanto, estamos muertos en la carne, y el cuerpo de pecado fue destruido (la simiente del diablo está en un medio muerto, en Cristo, y por lo tanto, sin poder).
…sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.(Rom 6:6-7)
¿Cual gobierna tu vida?
Saludos; y que la gracia y paz, de nuestro Padre y Señor os abunden.
Nota: Corrección hecha el 01/11/2016.- según traducción correcta que es la simiente (Cristo) quien hiere la cabeza del diablo.
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, Y entre tu simiente y su simiente. Él te herirá la cabeza cuando tú hieras su calcañar. (Gen 3:15)
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