domingo, 27 de marzo de 2011

¿Y donde está la gracia?


Con el titulo de este mensaje, quiero llamar tu atención, y pedirte que por favor, medites en tu corazón; verdaderamente ¿Dónde está la gracia?

Todos sabemos que por medio de Moisés vino la Ley; pero por medio de Jesucristo, vino la gracia y la verdad.

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. (Juan 1:17)

Muchos cristianos creen tener claro que no están bajo la Ley (cuyo resumen son los 10 mandamientos, Éxodo 20); y muchos incluso, llegan a despreciarla; pero la verdad es que la mayoría ni entiende lo que habla, hablan como papagayos cosas que repiten de quienes escuchan, y les parecen muy espirituales. En cambio otros cristianos, aún están enredados entre la gracia y la ley, no saben cual es la diferencia; y también hay aquellos que no están ni en la ley, ni en la gracia; yo diría que es la mayoría (andan en la carne).

Es una triste realidad, muchos cristianos hoy, ni son guiados por la ley, ni aún están siendo guiados por el Espíritu de Dios. Si les preguntas a ellos, te darás cuenta lo seguro que parecen estar de todas sus creencias y filosofías personales, pero su dios es sólo un ídolo, a la medida de ellos mismos.

Voy a ser muy directo, para que no perdamos ni un minuto:

Siendo la ley, santa justa y buena; ¿Por qué no estamos bajo la ley los cristianos verdaderos?

Porque la ley nos condenó y morimos; y con Cristo estamos juntamente crucificados y ya no vivimos nosotros, sino que Cristo vive en nosotros.

Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. (Gal 2:19)

¿Y por que nos condeno? Porque éramos pecadores, y ley condena el pecado.

De modo que la ley nos mostró la santidad de Dios y la vara de medir que es necesario cumplir para tener vida eterna; pero como nosotros éramos injustos; la ley nos reprobó y morimos.

Cuando vemos que la ley siendo buena, santa y justa; a nosotros nos resulta para muerte; vemos que hay una esperanza aún APARTE de la Ley. Es por eso que la Biblia nos enseña que la Ley nos lleva a Cristo.

De manera que la ley ha sido nuestro ayo (guía), para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. (Gal 3:24)

De modo que sabemos que la Ley nos lleva a Cristo; y Cristo nos lleva al Padre.

Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Algunos piensan que la Ley ha sido abolida por Dios, pero eso no es así; la ley no pasará.

Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. (Mat 5:18)

Ahora hermanos, la gran pregunta:

¿Y donde está la gracia?

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Rom 8:1)


La gracia está EN Cristo Jesús, sólo EN él está la gracia; fuera de él no hay gracia. Sólo los que son guiados por el Espíritu de Dios, son los que permanecen en la gracia; sin la guía del Espíritu Santo; no estamos en Cristo. Ninguna condenación hay para los que están en Jesucristo, aquellos que ya no caminan (son guiados) por la carne; sino aquellos que son guiados por el Espíritu.

¿Dónde está la gracia? La gracia está en Cristo, sólo en Cristo está la gracia; ¿y como entramos a esta gracia? Por medio de la fe.

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. (Rom 5:1-2)

La gracia opera en la guía del Espíritu de Dios, cuando andamos en el Espíritu, es decir, siendo guiados por El; ya no guiados por la Ley; ya que el fin de la ley es Cristo, es decir, cuando ya estamos en Cristo, no necesitamos la ley como guía.

…porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. (Rom 10:4)

Pero cuidado, si MUCHO CUIDADO, hoy muchos se olvidan de la ley, creen en Cristo; ¿Y por quien son guiados?

Sólo hay tres alternativas de guía para el hombre:

1º LA CARNE.
2º LA LEY.
3º EL ESPIRITU.

No hay más formas de ser guiados en esta tierra; o lo somos por la carne; es decir, por lo humano; y en lo humano influenciados por cualquier espíritu aparte de Dios. O somos guiados por La Ley que nos llevará a Cristo. O somos guiados por el Espíritu de Dios.

Cuando tomamos cualquier decisión; obedecemos a uno de estos tres guías; la carne, la Ley (justicia propia) o el Espíritu de Dios; que es por la fe.

Muchos cristianos hoy en día se vanaglorian de su salvación, de su riqueza espiritual, de su gran conocimiento de la Biblia, etc. Pero muchos de ellos; aún sólo siguen sus carnes, y sus frutos los denuncian.

Por favor queridos hermanos en Cristo, no descuides lo más importante; el ser guiados por el medio en el cual NO HAY NINGUNA CONDENACION. No seas como la mayoría, que piensan que por ellos hacen tal o cual cosa; Dios los justificará; no es así; ni seas como esos que se glorían en ser salvos; y muy lejos están de seguir los consejos del Espíritu de Dios. La gracia sólo opera en Cristo, y fuera de él NADA.

…como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor. (1Co 1:31)

Si te glorias, debe ser EN CRISTO, es decir, en el Señor; es decir, permaneciendo en él, es decir, unidos por la fe, es decir, oyéndolo y obedeciéndolo cada día.

Fuera de Cristo no hay nada, en Cristo estamos completos; no descuidemos la guía que tenemos, que habla las cosas del cielo, las cosas espirituales que el mundo no puede ni siquiera ver, las cosas que aún los ángeles anhelan conocer. No pienses que debes ser guiado por otro medio, más que por el que Jesús mismo nos enseñó, que debemos ser guiados.

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, aquel os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho. (Juan 14:26)

Ninguna gracia hay fuera de Cristo, es decir, fuera de la guía del Espíritu Santo.

¿Y por que? Porque fuera de Cristo, estás fuera de la voluntad de Dios; y fuera de su voluntad, no opera la gracia. Así de claro, así de sencillo.

Señor Dios y Padre, abre una vez más nuestros corazones para oír tu palabra día a día, que es vida eterna. Amen; en el nombre de Jesucristo te lo pedimos. Amen.

Ya sabes amigo mío donde está la gracia, no desprecies la Ley, no desprecies el consejo. Abre tus oídos, abre tu corazón; para que puedas oír quien habla desde tu interior y desde los cielos; si ya lo recibiste. Amen.


martes, 1 de febrero de 2011

Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor


Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2Co 3:18)

Quería a partir de este texto de la Biblia, compartir con ustedes del significado del mismo; como es que el Señor, por su Espíritu, al mirar por un espejo su gloria, nos transforma en su imagen. No es fácil de entender, pero la verdad es que no es tan complicado lo que el apóstol Pablo quiso explicar y enseñar.

Esto es para todos los cristianos verdaderos, por eso dice "Por tanto, nosotros todos"; no es para una casta especial de cristianos, es para TODOS.

"Mirando a cara descubierta"; ¿que significa? No es necesario explicarlo, mirando sin encubrir nada, con sinceridad, en forma desnuda, sin doblez. No como Adán que se escondió cuando pecó, sino que amparados en la sangre de Jesús, sin escondernos ante Dios el Padre.

"Como en un espejo la gloria del Señor"; hace un paralelo para comparemos y entendamos; ¿Que ves cuando miras en un espejo? Fácil, cuando miras en un espejo ves tu rostro, ¿No es verdad? Claro, a todos nos pasa lo mismo, cuando miramos en un espejo, nos vemos reflejados. ¿Y como dice entonces mirando a cara descubierta en un espejo la gloria del Señor? ¿No es acaso que en un espejo nos vemos reflejados? Claro, lo primero que vemos en un espejo es nuestro rostro natural, pero en ese espejo no sólo debemos ver ese rostro natural, sino que debemos ver la gloria del Señor, ¿cómo? Cuando lo vemos a cara descubierta (sin hipocresía), por el Espíritu Santo, y nos vemos a la vez nosotros mismos, y reconocemos nuestra realidad, y a la vez lo vemos a El en nosotros en su gloria, y no nos escondemos en excusas y justificaciones, sino que nos reconocemos tal cual somos; el Espíritu nos enseña y muestra como somos, pero no nos quedamos ahí, sino que vemos su gloria en nosotros, somos transformados en su imagen, de gloria en gloria.

Hoy muchos ven o dicen que ven, al Señor en un espejo; pero no se ven ellos mismos a cara descubierta; es decir, el Espíritu Santo les muestra su pecado y ellos no lo reconocen, sólo dicen ver la gloria del Señor: el espejo nos hace vernos a nosotros mismos, y ver en ese espejo su imagen de gloria a la cual somos llamados, ¿y como somos transformados a su imagen? Mirando en un espejo a él y a nosotros con sinceridad, reconociendo nuestra realidad ante él (a cara descubierta), y poder operar el poder que hay en Cristo, que dice que en Cristo todo lo puedo que me fortalece; para poder ver en ese espejo no sólo nuestro rostro natural, sino el rostro glorioso del Señor en nosotros.

No sólo debes mirar el rostro del Señor por el espejo, sino que debes ver tu rostro, lo que el Espíritu te muestra que no está bien, y reconocerlo ante él, a cara descubierta, sin encubrirle nada; y en su gracia somos transformados por su Espíritu en su imagen.

"Somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor"; Somos transformados en su imagen por medio de su Espíritu, al ver su imagen de gloria y nuestra imagen descubierta, pero en esa imagen descubierta de hombre natural; reconocemos ante él nuestra debilidad, y vemos en esa misma imagen Su Imagen, la gloria del Señor; y somos transformados por su Espíritu, en su Imagen. Recuerda, debemos vernos y verlo; sin cuentos ni justificaciones personales, a cara descubierta, tal cual somos, amparados en su misericordia por medio de la fe, en la confianza de su poder; y somos transformados en la imagen de lo que anhelamos, su imagen; en el poder de su Espíritu.

Recuerda que él que nos muestra todas estas cosas es su Espíritu Santo, el Espíritu del Señor; a nosotros nos toca el ver por el espejo (vernos y verlo); la vista nos la dio el Señor, para que veamos y lo veamos, por medio de su Espíritu, es decir, vemos por medio de su Espíritu y somos transformados por este mismo Espíritu. Pero primero el Espíritu nos enseña quienes somos en realidad, en la carne y en el Señor; y la gloria de nuestro Señor, a la cual somos llamados y somos transformados, de gloria en gloria.

Primero el Espíritu nos muestra, luego nos transforma.

¿Y que debemos hacer nosotros?

Mirar como por un espejo a cara descubierta, la gloria del Señor.

Saludos y que el Señor les hable. Amén.

domingo, 23 de enero de 2011

La Puerta estrecha y el Camino angosto



Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. (Mat 7:13-14)

La puerta estrecha y el camino angosto, es algo que hoy muchos predicadores han olvidado; Jesús nos enseñó que la puerta es estrecha y angosto el camino que lleva a la vida. Muchos enseñan un evangelio de la puerta ancha, y un camino espacioso; pero que sólo te lleva a perdición; y no lo digo yo, lo dice Jesús, el Señor.

¿Y que es realmente lo que nos quiere decir y enseñar nuestro Maestro con estas palabras?

Hoy hay muchas puertas anchas que te prometen éxito, gloria, riqueza, felicidad, etc. Muchas puertas que te prometen un futuro en este mundo. ¿Y a donde, al final de la carrera te conducen? Ya lo sabemos, vanidad de vanidades; nada nuevo bajo el sol. Hay sólo una puerta que es muy estrecha, y que son pocos los que la hayan, y es por esa puerta que debemos entrar, y nos lleva a la vida.

¿Y cómo la hayamos?

La hayamos oyendo a quien dijo:

YO SOY la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Juan 10:9)

Jesús dijo “Yo Soy”; y agregó “la puerta”; es en Cristo Jesús que tenemos entrada al camino que nos conduce a la vida, al camino angosto al Padre de gloria.

¿Y cuál es ese camino?

Lo hayamos nuevamente oyendo a quien dijo:

Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Nuevamente vemos, Jesús dijo “yo Soy”; y agregó “el camino”.

No hay otro camino a la vida que no sea el Hijo de Dios, y no hay forma de entrar a este camino, sino es por Jesucristo mismo. Ahora sabemos que la puerta y el camino, es Jesús el Cristo.

Sabemos entonces que angosta es la puerta que te conduce al camino estrecho; el camino que es Cristo, y la puerta que es Cristo; ahora entendemos que entramos al camino de la vida, por la puerta de la vida; y una vez en el camino, nuestra labor en permanecer en El Camino; es decir, permanecer EN CRISTO, el camino al Padre, y no en el camino ancho de la carne.

Es una puerta angosta para la carne, que no la puede traspasar, y es un camino angosto para la carne, que no lo puede recorrer. Es imposible para la carne, poder entrar por esa puerta; y es imposible para la carne el poder recorrer ese camino. Ya que este camino lo recorremos tomando la cruz cada día, es decir, dejando la carne clavada en el madero. Vale decir, ya no siendo guiados por la carne; sino por su Santo Espíritu. Oyendo y creyendo a su Espíritu, obedeciendo a la fe; es IMPOSIBLE para la carne entrar y avanzar; pero lo que es IMPOSIBLE para el hombre, para Dios es POSIBLE; y nada nos será imposible; si le creemos. Recuerden que al que cree, nada le es imposible.

En la carne es muy angosto, en Cristo es muy espacioso; es decir, para quienes son guiados por su Espíritu. Porque la carne no puede ni quiere agradar a Dios; pero los que son guiados por su Espíritu, son sus hijos. Y él que no tiene su Espíritu de Cristo, no es de él.

Obedezcamos pues, al Espíritu del Señor; y despojémonos de viejo hombre con sus pasiones y deseos del error; quien fue con Cristo juntamente crucificado.

Un abrazo, y corramos por este Camino que tenemos por delante; a la Vida.

jueves, 20 de enero de 2011

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

1. Introducción: Este es uno de los temas más profundos y, a la vez, más "escandalosos" del Evangelio de Juan (Capítulo 6). Veremos el profundo significado y la importancia de beber su sangre y comer su carne que Jesús nos enseño; pero antes una pequeña aclaración:




La tensión entre el Espíritu y la Carne (Juan 6:63): Muchos lectores se confunden cuando Jesús dice "Mi carne es verdadera comida" (v. 55) y luego dice "la carne para nada aprovecha" (v. 63).

  • Crítica: En el texto es vital aclarar que cuando Jesús dice que la carne "no aprovecha", no se refiere a Su carne (su sacrificio), sino a la capacidad humana (la carne como naturaleza caída) para entender las cosas de Dios. Sin esta distinción, podrías pensar que el sacrificio físico de Cristo no fue importante, lo cual sería un error grave.


2. ¿Cuál es el verdadero significado de beber su sangre y comer su cuerpo?

Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre Viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. (Juan 6:53-57)

Somos tan religiosos, que les aseguro que en un culto o misa; nos pueden decir Jesús dijo: “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros”; y muchos dirán amén, sin pensarlo.

Si afirmarán que eso es verdad con un amén; eso está muy bien; pero ¿entendemos lo que realmente significa beber la sangre de Jesucristo y comer su cuerpo?; a mí me parece que muchos se imaginaran que Jesús se refería al pan u ostias por su cuerpo y al vino por su sangre ¿no es verdad?; pero en realidad ustedes que son personas inteligentes, ¿creen realmente que Dios les dará vida a las personas que comen pan u ostias y toman vino en un rito? No digo que no se deba hacer, pero mi pregunta va más allá. ¿Acaso Dios tiene favoritismos por aquellos que practican ritos en su Nombre? ¿O no será que nos quiere enseñar algo más allá de los rituales que hoy conocemos como las misas y cenas del Señor?

A mi me parece que muchos dirán amen hermano, cuando decimos que Jesús dijo “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros”; pero en verdad no entienden que están afirmando, y sólo lo dicen en forma automática porque es algo que siempre lo han escuchado y hecho, y por lo tanto, después de tanta repetición saben que es así, pero en realidad, ni idea tienen de lo que significa realmente comerlo y beberlo; que es lo más importante. Bueno lo más importante es que lo  entendamos bien, esa es la diferencia entre él que da frutos y él que se queda estéril sin frutos, sólo repitiendo tradiciones, aunque muy Bíblicas por cierto.

Vamos derecho al asunto:

¿Cómo bebemos su sangre? CREYÉNDOLE.

¿Cómo comemos su carne? SIGUIÉNDOLO, es decir, OBEDECIÉNDOLE.

¿Y por qué lo digo?

Lean por favor con cuidado, lo siguiente: Y Jesús les dijo: YO SOY el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35)

¿El que cree en Jesús que le ocurrirá? no tendrá sed jamás”.

¿El que va a él, es decir, lo sigue, que le ocurrirá? nunca tendrá hambre

Ahora vemos que queda muy claro, pues lo dice textualmente ¿o no?


3. Ahora ¿Cómo lo bebemos y lo comemos?

Es necesario que esto lo entiendan muy bien, y lo mediten en el Señor; debemos creerle y seguirle (obedecerle); de esa manera tenemos vida eterna, seremos resucitados el día postrero y es la forma como permanecemos en él, como él permanece en nosotros.

No es por comer muchas ostias, ni pan sin levadura; ni por la copa de vino; sino es por creerle y seguirlo; como verdaderos discípulos del él; no digo que no se deba practicar en lo que él dijo que hiciéramos en su menoría; sino que no nos quedemos con los ritos como le ocurrió a Israel (y tuvieron al Señor de gloria ante su ojos y no lo vieron; porque estaban en lo exterior, en la carne, en la religión, en las formas, en las tradiciones, en el reino de este mundo y su corazón estaba muy lejos del Señor).

Es muy claro, de AQUÍ parte el evangelio; quien no ha partido de beber su sangre y comer su carne; no tiene vida eterna, ni mucho menos puede permanecer en él.

4. No separes el creerle con el obedecerle: 

Algunos separan la fe de la obediencia, y dicen que somos salvos por fe; pero no ven que la fe no puede ser separada de la obediencia; van juntas; el que no obedece es porque no cree; ya que todos sus mandatos son para vida y prosperidad. Cuando separas el cuerpo de alguien con su sangre; ocurre inevitablemente la muerte; así también si separas el creerle a Jesús con el obedecerle; no pueden separarse; ya que habrá muerte espiritual, cuando sólo se le “cree” y no se le “obedece”. De la misma forma en que si separas el cuerpo de la sangre; la verdadera comida con la verdadera bebida. ¿O caso alguno puede vivir con sólo beber o sólo comer? Por algún tiempo puede ser, pero necesitamos beber y comer, para estar sanos en El.


5. El término griego Trogo: 

En el original, cuando Jesús habla de "comer", no usa la palabra común phago (que  se usa comúnmente en el resto de la Biblia para comer), sino trogo, que significa "masticar" o "roer". Es una palabra muy física, exalta mucho la acción física de masticar

Jesús usó un lenguaje crudo a propósito, para enfatizar que debemos "alimentarnos" de Su humanidad y Su entrega de manera real y constante, no solo intelectualmente, todos los días y no sólo los domingos u otro día.

 

¿Sientes que hoy te estás alimentando de la fuente verdadera o estás intentando saciar tu alma con cosas que no aprovechan? 

Déjame tu reflexión en los comentarios.

Te dejo como tarea que busques en el evangelio de Juan, más ejemplos que nos enseñan que la verdadera bebida se toma al creerle, y la verdadera comida se come al obedecerle. Un saludo afectuoso, y que la gracia y entendimiento del Espíritu Santo, los llene.



sábado, 8 de enero de 2011

No confundas la Palabra de Dios con la Biblia




¿Confundes el mapa con el territorio? Muchos honran la Biblia como un objeto, pero ignoran que la "letra" puede traer muerte si no se recibe en Cristo. En este artículo analizamos por qué no todo lo que está escrito es un mandato divino (como el caso de los filisteos) y cómo evitar la idolatría textual. La Verdad solo se hace vida cuando el Hijo es la tierra fértil en nosotros; de lo contrario, la Palabra solo confirma nuestra condena. No busques solo un libro, busca al Hijo que hace viva la Verdad en tu corazón.

Es común escuchar que "la Biblia es la Palabra de Dios". Sin embargo, si no somos precisos, podemos caer en un error grave: confundir el objeto físico (papel y tinta) con la Persona de quien el libro testifica.

1. No todo lo que dice la Biblia es la voluntad de Dios

Debemos distinguir entre lo que está inspirado y lo que es un mandato. 2 Timoteo 3:16 dice que toda la Escritura es útil, pero no todo lo que registra es la voz de Dios dándote una instrucción.

Un ejemplo claro lo podemos ver en 1 Samuel 4:9: "Esforzaos, oh filisteos... sed hombres, y pelead". Que fue el lema que se uso en un retiro cristiano que asistí. Estas palabras están en la Biblia, pero son el grito de guerra de un pueblo pagano y enemigo de Israel. Claramente eso no es mandato del Padre a sus hijos. Y si el "lema" estaba tan errado, cuanto más todo el resto, sin importar lo lindo que eso retiro fue encontrado por muchos.

Si usas cualquier versículo como este ejemplo "del lema" sin entender el contexto, corres el riesgo de obedecer a los filisteos pensando que obedeces al Creador. La Biblia es el registro fiel de la verdad, pero requiere al Espíritu para ser entendida.

2. El peligro de la Bibliolatría (Romanos 1:25)

Hay un riesgo espiritual sutil: honrar la Biblia y menospreciar a su Creador, el Espíritu Santo. Pablo advierte en Romanos 1:25 sobre quienes "cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador".

Cuando alguien defiende el libro con fanatismo pero no tiene una relación viva con el Espíritu, está convirtiendo el papel en un ídolo. La Biblia fue hecha por el Espíritu; no podemos usar el regalo para ignorar al Dador. Honrar la "letra" sin el "Autor" es una forma de ceguera espiritual, es idolatría.

3. La Palabra como "Sentencia de Muerte"

La Palabra de Dios es santa, y frente a la santidad, el pecado es condenado. Por eso, si recibes la Palabra "en el mundo" (bajo tu propia lógica, bajo mis emociones y sin Cristo), esa Palabra se convierte en muerte.

La Verdad sin el Hijo es un veredicto. Es un diagnóstico terminal que te muestra tu pecado pero no te da la cura. Sin la intervención de la Gracia, la Biblia solo sirve para confirmar que estamos bajo condena. La Verdad, si no es hecha Vida por el Hijo, solo trae muerte al pecador.

4. El Hijo: La única Tierra Fértil

Aquí está la clave de todo: la tierra fértil no eres tú, es el Hijo en ti. Muchos intentan "prepararse" para que la Palabra les funcione, pero la realidad es que nosotros, por nuestra cuenta, somos tierra seca e infértil. El Señor nos enseña:

"Mi palabra en ustedes no produce frutos buenos si no está Mi Hijo en sus vidas. Si no hay tierra fértil, Mi palabra no da frutos... Mi palabra trae condena al pecado y no hay verdad si no está Mi Hijo. Mi palabra es la verdad y Mi Hijo la hace vida en ustedes."

Para que la Palabra sea el Pan de Vida, debe caer en la tierra que es Cristo en nosotros. Él es quien recibe la semilla, quien la procesa, quien la hace germinar y luego dar frutos.


Conclusión final

 El Encuentro con la Vida Detrás de la Letra

Llegados a este punto, debemos hacernos una pregunta vital: ¿Estamos buscando un libro o estamos buscando a una Persona? La distinción entre la Biblia y la Palabra de Dios no es un mero tecnicismo lingüístico; es la diferencia entre la religión y la Vida. La Biblia es el testimonio perfecto, inerrante e inspirado por el Espíritu Santo, pero su propósito no es que nos detengamos en sus páginas, sino que a través de ellas crucemos el umbral hacia el Hijo y permanezcamos en El.

Como hemos visto, la Escritura puede registrar incluso el grito de guerra de los filisteos. Si no discernimos esto, corremos el riesgo de convertirnos en esclavos de la "letra", ignorando que el Espíritu es el único que puede vivificar el mensaje. Peor aún, corremos el riesgo de la bibliolatría: honrar el papel y la tinta (la criatura) antes que al Espíritu Santo (el Creador). Cuando la Biblia se convierte en un fin en sí misma, dejamos de ser adoradores del Dios vivo para convertirnos en coleccionistas de mandamientos que no podemos cumplir.

La advertencia es seria: la Palabra de Dios en el hombre "del mundo" no es una promesa de bendición, sino una palabra de muerte. Sin la mediación de Jesucristo, la Verdad de Dios solo sirve para exponer nuestra miseria y dictar nuestra sentencia. La Palabra es un fuego; para el que está en Cristo, es luz que guía y calor que santifica, pero para el que está fuera de Él, es un incendio que consume el pecado y trae condena. No hay verdad real en nosotros si el Hijo no está presente para sostenerla.

Finalmente, la revelación más transformadora es esta: la tierra fértil no es tu voluntad, ni tu intelecto, ni tu bondad; la tierra fértil es el Hijo en ti. No intentes por tus propios medios que la Palabra dé fruto, porque tu carne es tierra seca. Es el Hijo quien prepara el terreno, quien recibe la semilla y quien la hace germinar.

Si quieres que la Palabra deje de ser una letra que te condena y pase a ser el Pan de Vida que te alimenta, ríndete hoy. Deja de adorar el mapa y empieza a caminar con el Guía. No busques entender la Biblia para ser sabio; busca que el Hijo habite en ti para que Su Palabra sea, finalmente, Verdad y Vida.

No te quedes en el papel; busca al Autor que vive en ti.


domingo, 14 de noviembre de 2010

Sed perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos


Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mat 5:48)

El propósito de la Palabra olvidado, es lo que hoy vemos en el cristianismo moderno; un cristianismo que desconoce el evangelio de Dios, la forma de operar y su propósito. Es por lo anterior, les comparto el siguiente mensaje, según lo que nuestro Señor Jesucristo, unigénito del Padre, nos enseñó “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Es esa perfección, ese llamado lo que hoy olvidan gran cantidad de agrupaciones llamadas cristianas.

Obviamente el llamado a la perfección no está sustentado en nuestra capacidad natural (humana), ya que con nuestros medios humanos ni siquiera tuvimos la capacidad de guardar y cumplir la ley de Dios escrita en mandatos, la cual es santa justa y buena. Es por ello que Dios debe proveer otro medio capaz, para poder cumplir y llegar al propósito de ser como él lo es, y cómo nos demanda llegar a ser.

¿Y cuál es ese medio tan maravilloso y potente, que nos puede llevar la perfección llamada por el Maestro?

Debe ser un medio muy especial, ya que para llevarnos a la altura de Dios nuestro Padre, no hay medio humano en el que podamos confiar; hacerlo sería una locura. Es algo imposible para el hombre, pero todo es posible para Dios. ¿Ahora recuerdas cual es el medio por el cual nada nos será imposible?

Bien, así es: Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. (Mat 17:20)

Si antes no creemos que esta perfección es llamada, solicitada y posible acá en la tierra, es imposible que la alcancemos; primero hay que creer; luego viene el poder de Dios que nos trasforma día a día, según su imagen y semejanza; por su gracia.

¿Y se alcanza acá en la tierra, o en el cielo como predican erróneamente muchas sectas cristianas?

La respuesta es que el reino de los cielos está acá en medio nuestro, lo alcanzamos en la tierra y no cuando ya no haya más que hacer, que esperar recibir lo prometido, según cada cual sembró.

Por ahí me pidieron que diera sólo un ejemplo de la Biblia de una persona que haya alcanzado esa perfección; y esta persona reconocería su error al decir que esta perfección llamada por Jesús no era alcanzable acá en la tierra, sino en el cielo, cuando le veamos tal cual es él; seremos según él.
El ejemplo lo di; la retracción del error nunca llegó; y lo repito acá.

Jesús dijo: Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. (Mat 5:8)

Nosotros tendemos a pensar que eso ocurrirá cuando muramos, cuando estemos ante su presencia.

¿Pero será tan así, como siempre nos han enseñado?

Veamos un ejemplo de un hombre que llego a ese corazón puro y limpio; que le permitió ver a Dios antes de morir; un hombre que llegó al final de la carrera de la perfección llamada por Jesús, un ejemplo de los muchos que está en la Biblia.

Es el caso de Esteban: Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel. (Act 6:15)… ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que antes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis. Y oyendo estas cosas, regañaban de sus corazones, y crujían los dientes contra él. Más él, estando lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos dando grandes voces, se taparon sus oídos, y arremetieron unánimes contra él; (Act 7:52-57)

Esteban logró alcanzar el llamado, alcanzó lo prometido. Vio a Dios en su gloria, y a su Hijo en su diestra. No murió Esteban, hasta que lo apedrearon posterior a este hecho; logró concluir su carrera; alcanzó el supremo llamado que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Vemos acá un hombre que alcanzó a tener un corazón limpio, y por lo tanto, puedo ver a Dios acá en la tierra.

Entonces, cuando el Señor nos dice “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”; no debemos caer en incredulidad, como si algo imposible nos pidiera el Maestro; ya que si no lo creemos; será imposible alcanzarlo; pero para él que cree, nada le será imposible.

Es por eso que, creyéndole y siguiéndole podemos decir, al igual que el apóstol Pablo dijo: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Fil 4:13)

La clave es que EN CRISTO, nada nos será imposible.

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