sábado, 31 de julio de 2010

Te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra




En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. (Lucas 10:21)

Este mensaje no es nada nuevo para un cristiano, pero me parece que aún no hemos alcanzado a comprender en plenitud este pasaje que nos enseña Jesús y está registrado en la Biblia. Es por ello que necesito poder compartir con ustedes esta breve reflexión, que nos permita extendernos más allá de lo que hoy comprendemos y vemos.

Jesús se regocijo, tuvo una gran alegría y gozo al exclamar que el Padre, había hecho esto muy sabiamente, había dado revelación (entendimiento) a los niños, es decir, a los humildes; y a aquellos que son en sí mismos sabios y entendidos, estas cosas espirituales, reales y eternas; les eran ocultas.

Hoy es lo mismo, Dios nuestro Padre no ha cambiado, El es el mismo por la eternidad; pero me llama mucho la atención, que hoy poco comprendemos el corazón de Dios y nuestro Señor; muchas veces en vez de alabar a Dios, porque estas cosas son ocultas a quienes dicen conocerlas; y son reveladas a quienes no tienen en sí mismos más mérito que su humildad en fe, y atentos están a escuchar la voz de su Señor, para aprender.

Pero lo más tremendo es que hoy la iglesia olvida alabar a Dios porque estas cosas son ocultas a los sabios y entendidos, sino que con sabiduría humana pretende convencer a los sabios y entendidos con muchos argumentos humanos, de cosas que ni siquiera son revelaciones de Dios, nuestro Padre (sino que teologías y doctrinas enseñadas por hombres). Mucho veo que nos desgastamos como hombres, dando argumentos de hombres, imponiendo doctrinas de hombres y sin siquiera acercarnos a los misterios que Dios predestinó, para nosotros. ¿Y que falla? Es claro que nos estorba nuestra gran sabiduría y entendimiento carnal.

No es la voluntad de Dios, nuestro Padre, revelar sus cosas a nadie que no tenga una actitud de corazón de humildad ante El, la de un niño, que por cierto no puede ser de otra forma, desde una criatura ante su Creador, que es bendito por los siglos de los siglos, amen. Es por ello que cuando nos encontramos con personas sin estos atributos en su corazón para con Dios; no conseguiremos avanzar ni un centímetro. Y mucho me temo, que muchos que se empeñan en estas quijotadas tareas, ni siquiera enseñan misterios de Dios.

Cuando Jesús habla de la cualidad de humildad de corazón, no la menciona directamente, sino que usa la figura de un niño; en el siguiente verso pueden ver como la cualidad más importante del niño destacada por el Maestro, es la humildad, para que no tengamos dudas leamos: Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Mateo 18:4

Pero Jesús dice “y las has revelado a los niños”; y es que un niño no sólo es humilde, principal condición destacada por Jesús, sino que además el niño conoce que esta en una etapa de crecimiento y desarrollo (no es ignorante en ello); él tiene todo el futuro por delante, y muy poca historia aún. Un niño es quien tiene puestos los ojos en crecer y formarse en alguien semejante a su Padre. Lo vemos claramente en el siguiente verso: De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Lucas 18:17 Un niño es quien conoce que aún está en desarrollo, y tiene sus esperanzas en el futuro prometido; y atento está para crecer y formarse según su Progenitor, confiando en su Padre.

Si entramos al reino de Dios como adultos, es decir, personas ya formadas y con entendimiento desarrollado, es imposible entrar; debemos despojarnos de todo lo viejo para llenarnos con lo nuevo que proviene de Dios. Ya que los sabios y entendidos se quedan fuera, y lo peor es que ni siquiera lo ven ni entienden, es decir, siguen auto engañados en sus entendimientos y sabiduría personal.

¿Qué podemos decir?

Te alabamos Padre, Señor del cielo y de la tierra; porque eres muy sabio y justo.

Otra pregunta que nos debemos hacer:

¿Y cuanto de esto oculto y secreto de Dios, hoy conocemos y podemos por ello dar gloria a Dios?

En la respuesta de esta pregunta, que por cierto es personal, nos debemos preguntar; ¿cuan niños hemos sido para recibir el reino de Dios; cuan conocedores somos de nuestras limitaciones para con el?.

Me parece que la definición de humildad es bueno incluirla, para que tengamos una visión más clara de lo que ella significa (según la RAE):

Humildad: Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

Si vemos la definición anterior, debemos reconocer que para entrar al reino de Dios debemos primero nacer de nuevo (ya que la vieja naturaleza no puede ni quiere sujetarse a este reino); y una vez nacidos de nuevo, no podemos ser instantáneamente sabios y entendidos en el reino, eso es imposible, debemos crecer como niños (sin pausa), hasta alcanzar la madurez; pero acá hay una condición, no salirnos de nuestra nueva naturaleza heredada de Dios en Cristo; es esta nueva vida que debe crecer y desarrollarse diariamente, es por ello que lo viejo debe quedar atrás; debemos permanecer en Cristo.


¿Cuántos misterios de Dios conocemos?
Creo que la pregunta correcta sería, ¿hemos ido avanzando en el conocimiento que nos ha dado el Espíritu Santo de los misterios y secretos de Dios, o sólo nos hemos llenado de doctrinas humanas aprendidas e imitadas sin sustento espiritual, es decir, sin vida?; o lo que es peor ¿nos hemos olvidado de este Camino, y seguimos nuestro propios caminos que sólo nos llevan a la destrucción y muerte? o malo también ¿Sólo seguimos tradiciones y nada entendemos y vemos?

No quiero que creas que esto se trata de una carrera por quien ve más secretos de Dios, sino que es una carrera por alcanzar Aquel por quien fuimos alcanzados en Cristo Jesús, y para cada etapa hay una nueva revelación, lo triste es que no las alcancemos por creernos lo que no somos aún, y por el orgullo ciego, dejar de alcanzar estas hermosas y eternas promesas que tenemos por delante, por no creer a quien nos llamó, y preferir nuestros propios consejos humanos que no tiene ningún fundamento sólido.

A partir de esta primera revelación de Dios en nosotros, bienaventurados somos; no nos quedemos en los pañales sino que sigamos como niños adelante, que nuestro Padre nos espera. Pedro el apóstol partió como todos nosotros los creyentes verdaderos con esta primera revelación del Padre, el fundamente de toda la edificación: La fe que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Mateo 16:15-17

Así como partimos, así debemos seguir en Cristo; siendo enseñados no por carne ni sangre, sino por nuestro Padre que está en los cielos; no nos quedemos en el comienzo. Mucho más debemos entender, muchas cosas más nuestro Padre debe aún enseñarnos; muchas cosas más hay preparadas para nosotros; ¿Por qué no dejarse de perder el tiempo en lo que da nada aprovecha y como niños seguir adelante?

Te albo Padre, porque estas cosas sólo son entendidas por los niños, y lo seguirán siendo así; HASTA EL DÍA EN QUE TODO HAYA DE SER MANIFESTADO.

Te albo Padre, porque nos enseñas que la única manera de entender y ver estas cosas de verdad, es con una corazón humilde ante tu presencia.

Te alabo Padre, porque en realidad eres muy justo, y todos tenemos la posibilidad de acercarnos con humildad en fe; a los pies de tu Hijo y entender.

Te alabo Padre porque las cosas las hiciste de esa manera, para nuestra gloria, porque así te agradó oh Dios.

Este es un camino imposible de seguir con los recursos humanos de la carne; es por ello que como nos debemos desistir de nuestras fortalezas humanas, y confiar en quien nos llamó que nos llevará hasta el final; y así será si confiamos y le creemos.

Ahora quiero hacer un pequeño y gran alcance; los misterios que Dios preparó para que descubramos en este Camino, están allí para nuestra gloria (no ahora), sino para nuestra gloria eterna con nuestro Salvador y Señor Jesucristo. Es por ello que todo lo que alcancemos será para dar alabanza al Padre, porque por su amor y misericordia alcanzamos las etapas de sus misterios (los entendemos), pero sólo con corazones de niños en Cristo.

Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, (1Cor 2:7)


Es imposible que vayamos avanzando y no vayamos viendo cosas nuevas, nos sean revelados nuevos secretos de Dios el Padre, no puede ser que eso no ocurra; a menos que no estemos avanzando. No me refiero, como bien lo sabes, a conocimiento teológico académico, me refiero a ver la Realidad que Dios nos presenta por medio de su Espíritu; es por ello que a esto debemos proyectarnos y no perder nuestro tiempo en lo temporal y pasajero.

¿Y cómo lo alcanzamos?

Cómo niños en Cristo.

Hablamos sabiduría de Dios en misterio (secreto), oculta, pero que en humildad por fe nos es revelada en Cristo; porque así agradó al Padre; no nos desgastemos en tratar de enseñar a los sabios y entendidos; no es esa la voluntad del Padre; enseñemosnos entre los niños despreciados de este mundo; pero con sabiduría que proviene de Dios, el Padre. Hoy nos enseñan una clave, y ella es la humildad. Y humildad no significa apocamiento, necedad, imperfección, negligencia, etc. Por el contrario, humildad es entender quienes somos y quien es el Creador; humildad es ponernos en el lugar que nos corresponde y esperar en el Creador la exaltación del Padre, despojándonos de nosotros mismos. Humildad es conocer nuestra realidad; es conocer quienes somos por nosotros mismos, y quienes somos EN CRISTO; es algo tremendo; la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Amen.

sábado, 26 de junio de 2010

¿Y como distinguirlos?


¿Y cómo lograremos distinguir los verdaderos seguidores de Jesús de Nazaret?
Hoy por hoy, son muchos los que a grandes voces y ruidos, claman por ser observados como seguidores de Jesús de Nazaret. Pero ¿Qué hay de verdad en eso? Hoy son muchos, que emprenden grandes obras y quieren ser observados como verdaderos seguidores del Maestro. ¿Y que verdad hay en eso? Hoy hay muchos que con grandes doctrinas y enseñanzas, claman que son los verdaderos seguidores del Cristo. ¿Y que verdad hay en eso? Hoy por hoy son muchos los pavos reales que con sus plumas de colores quieren atraer e impresionar a las masas incautas declarando que por ellos pasa la unción del Dios verdadero. ¿Y que verdad hay en ello?

Los verdaderos discípulos del Jesús no se distinguen por su color, no se distinguen por su lengua, no se distinguen por su nación; ellos no se distinguen en su forma de vestir, ni en su forma de orar, no son los verdaderos necesariamente los que se reúnen en templos, ni los que se reúnen fuera de ellos, no son verdaderos los que dicen serlo de sí mismos. Ni son verdaderos los que más gritan, ni tampoco lo son la mayoría, no son los verdaderos seguidores los que cantan y cantan, ni por mucho saltar son los escogidos. No son los letrados, ni lo son los cultos; no son los pobres ni lo son los ricos; no los son los religiosos, no lo son los paganos; no lo son los viejos, n lo son los jóvenes; no son de aquí, ni son de allá; sino que le pertenecen al Eterno que y vivirán en eternidad.

¿Y cuales son los verdaderos seguidores de Jesús?

Tanto tiempo ha pasado que ya hemos olvidado su principal característica, tu Señor lo enseñaste y lo declaraste hace tanto, y este mundo ya lo olvidó, incluso muchos que de ti alardean. Todos como un circo sin propósito tratan de atraer las personas a sus espectáculos, sus filas quieren engrosar y se olvidan de lo principal.

Si tú quieres conocer un verdadero discípulo de Jesucristo el Señor, sólo hay una característica que debes observar; si, sólo una es la principal característica y sin ella, no hay multitud de palabras que te puedan engañar. Es simple es sencillo, pero imposible de imitar; nuestro Padre lo hizo sencillo pero el mismo Diablo no puede lo puede suplantar.

Conoce amigo mío lo que nos distingue, y no te confundas con nada más:

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. Juan 13:35

El amor, el amor y sin El, nada hay; el amor, el amor que nuestro corazón llenará. No hay otro atributo más importante y fundamental, que las huestes de tinieblas no lo pueden soportar. El amor, el amor que nuestras vidas llenarán, y junto a nuestro Padre y su Hijo eternamente nos hará habitar. El amor, el amor que si El, nada hay, el amor el amor que nos edifica cada día , para en Tu presencia estar.

martes, 25 de mayo de 2010

Niños, jóvenes y padres



Vemos en la primera carta del apóstol Juan, que este hace referencia a niños (hijos), jóvenes y padres; en un principio yo pensaba que su interpretación era literal, que realmente les hablaba a niños, jóvenes y padres de la iglesia local a la cual él le escribía; bueno, después de algunos años de caminar, por ahí escuche (o leí) a algún hermano que decía que esto se refería a una cierta madurez espiritual, y la verdad es que tenía toda la razón; es por ello que hoy les comparto este pequeño mensaje que creo nos dará un poco más de luz de las etapas de desarrollo del cristiano y los signos característicos de cada una de ellas; por lo tanto, les copio el trozo de la primera carta de Juan, de la cual hago referencia:

Os escribo a vosotros, hijos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que ha sido desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os he escrito a vosotros, niños, porque conocéis al Padre. Os he escrito a vosotros, padres, porque conocéis al que ha sido desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno. (1Jn 2:12-14)

Acá vemos como Juan hace referencia a los niños, jóvenes y padres; esto se refiere a tres grados de crecimiento espiritual de los creyentes; como todos sabemos, todo comienza con un nuevo nacimiento en el Espíritu; y obviamente luego de ese nuevo nacimiento viene un desarrollo muy similar a lo que hoy conocemos en lo natural en el hombre (siempre que digo hombre estoy incluyendo obviamente a las mujeres, lo digo para que no quepan dudas), se cumplen las etapas de niños, de jóvenes y de adultos. Es imposible llegar a ser adulto sin haber sido joven y antes niño, eso es imposible; así también en las cosas del Señor, debemos vivir cada etapa y crecer para no quedarnos en las etapas intermedias, sino llegar a la etapa que Juan denomina como padres, con minúsculas no Padre; porque ese hay uno sólo, y está en el cielo; pero fíjate que es el propósito de Dios que lleguemos a ser según El es, es decir, padres.


Primero, la Infancia:

La primera etapa que todos pasamos luego de nuestro nuevo nacimiento es de infantes, y en eso Juan hace referencias a dos palabras distintas en griego; la primera que tiene que ver con un niño pequeño (hijitos); que es tekníon; y Juan les dice:

Os escribo a vosotros, hijos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. (1Jn 2:12)

Esto es lo primero que un niño en el Señor debe conocer, que en su nombre y por medio de la fe, nuestros pecados han sido perdonados; y ya no quedan más sacrificios para agradar a Dios, sino que somos aceptos a Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, y esto por medio de la fe en El; eso es lo primero que un niño debe tener claro y saber, que sus pecados han sido perdonados.

Luego Juan les habla a los niños en la forma de la palabra griega paidíon; y les dice:

Os he escrito a vosotros, niños, porque conocéis al Padre. (1Jn 2:13)

La segunda característica de un niño de Dios, es decir, de un nuevo creyente; es que conoce a Dios como Padre; y ya no está sólo en la tierra, sino que tiene un Padre que vela por él, un Padre que lo enseña y guía para que llegue a ser un adulto en la fe.

O sea lo podemos resumir como una persona que ya tiene paz con Dios por medio del Señor Jesucristo, pues sus pecados ya les han sido perdonados por la fe en su sangre; y segundo, conoce que ha sido hecho hijo de Dios, es por eso que reconoce a Dios como Padre. ¿Y que cosa no es más hermoso que esta etapa cunado somos niños y vemos que tenemos padres que nos cuidan, guían y descansamos en ellos plenamente? Bueno eso es muy hermoso y nunca se debe perder, pero Dios no quiere que sólo nos quedemos en esa posición, sino quiere que avancemos para incorporar nuevas cosas en nosotros y en su ralación con El.


Segundo, la Juventud:

Bueno, los jóvenes al igual que los niños no han perdido ni perderán su condición de hijos de Dios, ya que reconocen a Dios como Padre, y también conocen que sus pecados han sido perdonados por su Nombre. Pero hay algo nuevo que ellos deben lograr:

Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. (1Jn 2:13)

Claramente lo que diferencia un joven de un niño en la fe, es que hay una victoria espiritual contra el enemigo, contra el maligno. Eso Juan no lo dice a los niños, ya que ellos aún no están preparados para vencer, pero si es la característica de los jóvenes en la fe, el vencer el maligno. Juan sabe que los creyentes no deben quedarse en la primera etapa, ya que hay una estatura final que debemos lograr en Cristo, pero el caracteriza esta segunda etapa dentro del desarrollo cristiano normal, como la etapa de la juventud y en cuya etapa, la principal característica es vencer al maligno.

Cuando tu ves los niños, los ves que juegan, saltan y corren; y también juegan a que vencen a Satanás; pero en realidad lo que ellos hacen es jugar y prepararse para el desafío que tienen por delante, vencer a quien Cristo venció en la cruz; los niños pueden gritar correr y alardear que vencen al enemigo; pero es al fin y al cabo su Padre quien los protege del enemigo. Pero el Padre no quiere que eternamente seamos niños, sino que avancemos en nuestra segunda creación, en Cristo; el quiere que así como el primogénito venció; nosotros en Cristo venzamos nuestra batalla personal contra el enemigo; y es por eso que en la segunda cita de Juan vemos algunas claves del éxito en la lucha:

Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno. (1Jn 2:14)

El niño después de algún tiempo de desarrollo normal, se fortalece y crece; ahora debemos tener claro que para crecer hay que comer el alimento que nos hace crecer y fortalecernos, el pan de vida, es decir, la Palabra de Dios; ya que no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. La fortaleza es producto de recibir cada día ese pan de cada día, por el cual SI DEBEMOS TRABAJAR Y ORAR (en Cristo obviamente, y no en la carne), y ejercitarnos en la pruebas que Dios nos prepara para que venzamos; porque el objetivo de la prueba que Dios nos prepara es que nos fortalezcamos en él. Las pruebas son pruebas de fe, y proporcionales a la estatura de cada uno de nosotros, y la única forma de pasarlas es por fe, de otra manera sólo vagamos en un desierto espiritual y sin frutos (recuerden que fue el Espíritu Santo quién llevó a Jesús al desierto para ser probado, y no el diablo).

Por eso Juan dice porque sois fuertes; ¿Y como podremos serlo sin antes haber sido ejercitados? Es imposible que un niño se fortalezca en la inactividad y sin la alimentación adecuada, sabemos que para crecer fuertes debemos comer, ejercitarnos y descansar.

Y lo segundo, en unión a la fortaleza alcanzada es Y LA PALABRA DE DIOS PERMANECE EN VOSOTROS; sin la palabra de Dios morando en nosotros ¿Cómo venceremos? Y dice “Y la palabra de Dios permanece en vosotros”, es algo que es requisito para vencer, no es posible vencer sin la Palabra morando en nosotros. ¿Por qué? Porque esto es una guerra espiritual, donde el campo de batalla está en nuestra alma; y es por medio de la fe que vencemos el enemigo, y la fe no es posible si no tenemos la Palabra a creer, es decir, debemos primero escucharla y guardarla (atesorarla) para creerla. Y cuando vienen los ataques, es esa misma palabra la que nos protege, y no sólo eso es nuestra arma de contraataque al enemigo, cuando esa palabra se hace vida en nosotros.

Bueno lo importante de entender, es que en la segunda etapa, es decir, en al juventud; es la etapa donde debemos aprender a vencer al enemigo con las armas que Dios nos da para ello.

Tercero, la Madurez:

La tercera etapa de nuestra vida de cristianos, como discípulos de Jesucristo; es la que Juan llama padres. ¿Y por que llama padres? Yo veo que es por lo siguiente, cuando Jesús dijo:

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mat 5:48)

¿Qué nos quería decir? Yo creo que nos dice claramente que el llamado es a ser como es nuestro Padre de los cielos. ¿Cómo tanto? Si tanto, no creo que un Padre se conforme con hijos mediocres, un Padre siempre quiere que sus hijos lleguen a la máxima expresión (si hay amor, por supuesto). Es por lo anterior, que el apóstol Juan al llamarlos padres, en cierta medida menciona en ellos que ya están en una etapa en sus vidas donde cada vez más empiezan a reflejar en sus vidas el carácter de Dios, el carácter del Padre. Un carácter que es dador de vida, un carácter que siempre como papá cuida al débil, un carácter de tomar la carga del que lo necesita, un carácter de dar la buena palabra a su tiempo y fuera de tiempo, un carácter en que no se vive más para sí mismo sino para que otros puedan crecer y desarrollarse plenamente. Un carácter en el cual a pesar de ser desagradable, se tiene que corregir lo errado y dar un buen rumbo a lo torcido. Un carácter de protector, de sustentador un carácter de amor.

Es por ello que Juan a los padres les dice en dos veces:

Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que ha sido desde el principio. (1Jn 2:13)

Os he escrito a vosotros, padres, porque conocéis al que ha sido desde el principio. (1Jn 2:14)

Fíjate que no dice, como lo dice a los niños, Os he escrito a vosotros, niños, porque conocéis al Padre, sino que conocéis al que ha sido, o es desde el principio. No es que Dios deje de ser Padre para los que han alcanzado madurez, sino que la relación de intimidad (conocimiento eso significa en la Biblia, intimidad); es con el SER SUPREMO QUE ES ETERNAMENTE. Es una relación mucho más alta que la relación de Padre a hijo, ya que esa relación debe ir madurando, mientras el hijo va creciendo, para llegar plenamente a ser amigos, como lo fue Abraham. Dios ya es nuestro amigo, por medio de su Hijo lo demostró; pero lo que falta es que nosotros lleguemos a ser amigos de El o que lo demostremos, y el amigo verdadero es el que da la vida por el amigo; Dios ya nos lo demostró; ¿y nosotros acaso estaremos excluidos de ello?; en ningún caso, es por eso que cuando algunos cristianos fueron martirizados por causa de la fe, ellos morían con gozo porque sabían que habían sido tomados por dignos de entregar sus vidas por su AMIGO, por su amor.

Un abrazo a todos y que el amor de nuestro Padre y Señor sea derramado en nuestros corazones. Amen.

sábado, 22 de mayo de 2010

Viviendo con sentido


Muchos cristianos hoy en día, viven en ignorancia, y esta ignorancia no es de teologías profundas acerca de las Escrituras, yo diría que es una ignorancia básica del corazón, ignorancia de la vida y su propósito.

En estas breves palabras no es mucho lo que puedo alcanzar, pero con la gracia y ayuda de nuestro Padre y nuestro Señor Jesucristo, te pregunto:

¿Para quien vives?

No respondas con tu mente, sino con tu corazón; no es una doctrina humana o aprendida lo que necesitamos, sino lo que Dios ve y está en nuestros corazones:

¿Para quién vivimos?

La respuesta la dan nuestras acciones y nuestros proyectos, nuestros sueños y nuestros anhelos, nuestras esperanzas y nuestros ideales.

¿Para quién vivimos?

También la respuesta la dan nuestras frustraciones, nuestros desvelos, nuestros problemas.

¿Para quién y para que vivimos?

Nuevamente digo, muchos cristianos hoy en día, no entienden el propósito de sus vidas, y que si realmente son cristianos, ya no deben vivir para sí mismos, sino para quien y para aquello para lo cual han sido salvados.

Hoy muchos cristianos hacen del Señor un amuleto que los ayude y los respalde en sus proyectos e ideas personales; hacen del Señor un talismán para cumplir sus propios caprichos. Caminan según sus mentes carnales y esperan que Dios esté tras ellos bendiciendo lo que ni siquiera han preguntado es su voluntad. No voy a decir que hay mala intención, eso no lo sé, pero si hay mucha ignorancia, e ignorancia de corazón que es peor.

Hay un hombre que nos lavó con su sangre, eso lo hemos escuchado a lo mejor muchas veces; pero ¿realmente le tomamos el peso?, pues que alguien nos haya lavado con su sangre, es que esa persona estuvo dispuesta a entregar su sangre (su vida) para limpiarnos, estuvo dispuesto a derramarse completamente por amor. ¿Y nosotros dudamos aún para quien vivimos?

Hermanos nosotros los que creemos y le hemos recibido, ya no vivimos para nosotros mismos, sino para aquel que nos salvó; ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a aquel que pagó el más alto precio por nuestro rescate.

¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1Co 6:19-20

Muchos hoy predican un evangelio diferente, un evangelio sin vida y un evangelio sin poder; ¿Por qué? Porque no entienden que el foco es completamente cambiado con el verdadero evangelio, ya nuestro norte no está en nosotros mismos, ni en agradarnos, sino en quien no vivió para sí, sino que se entregó por todos nosotros. El evangelio que se predique que no diga esto, es un evangelio que está mucho más cerca de la idolatría que de la Verdad de Dios, son ídolos que nos seducen para poder cumplir nuestros deleites y pasiones humanas, y cuyo fin es fracaso.

Hay algo que nunca podrá ser a la fuerza, es algo que nunca podrás comprar, es algo que te deja en completa libertad y espera; ese algo es el Amor, el amor no nos fuerza, el Amor no nos paga para que lo reconozcamos, el Amor nos deja en completa libertad y nos espera. El Amor, espera que espontáneamente del fruto de nuestro corazón podamos reconocerlo, honrarlo, darle gracias y Amarlo con todo nuestro corazón, nuestra mente, alma y fuerzas; que es lo santo, justo y perfecto. El Amor no nos fuerza a amarlo, pero ese amor nos constriñe a amarlo cada día más, entendiendo que si El se entregó por nosotros y no vivió para sí, ¿Cómo nosotros seguiremos viviendo en la vanidad de nuestra mente, para nosotros mismos?

Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. 2Co 5:14-15

Y ya no vivimos para nosotros, sino para Aquel que murió por nosotros, y no sólo murió por nosotros, sino que también resucito por nosotros. Eso es de toda justicia, de toda perfección y de toda bondad. Es en el Amor que está el sentido de nuestra vida, y no sigamos más lo que está muerto y próximo a la destrucción.

¿Para quien vivimos?

Para ti Padre y hermoso Señor, para ti morimos; y para ti vivimos, eternamente juntos y para siempre. Amen. Gloria a tu Nombre ahora y por los siglos de los siglos, Amen y Amen. Gracias Padre y Señor Gracias, porque tuyos somos y en ti esperamos, en un mismo Espíritu, corazón, mente, alma y fuerzas tu venida; socórrenos Señor en tu poder; para que seamos UNO como a ti te agrada. Amén.

Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Rom 14:7-8

domingo, 18 de abril de 2010

Cállese el primero


En cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen. Si algún otro que está sentado tiene una revelación, cállese el primero. Pues podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados. (1Cor 14:29-31)

Cállese el primero dice el apóstol Pablo, cuando un hermano está predicando en la congregación y a otro que está sentado tiene una revelación.

¿Porque? Esa es la pregunta y la respuesta que debemos conocer, y no sólo conocer sino que practicar. ¿Y porque? Bueno, es fundamental que primero entendamos cual es el primer objetivo que existe cuando nos congregamos en torno al precioso nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Si bien cuando estamos juntos podemos orar, podemos leer, podemos alabar, cantar y adorar; pero el principal objetivo de que nos juntemos en congregación, es que podamos : ENTENDER, si hermano querido, lo principal que debemos practicar es poder entender todas las cosas que Dios nos quiere enseñar por medio de la Palabra (nuestro Maestro Jesucristo) en la revelación del Espíritu Santo .

Si mi querido hermano, lo principal que necesitamos es ENTENDER, mira como lo explica el mismo apóstol Pablo:

... pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida. (1Co 14:19)

Cinco palabras con ENTENDIMIENTO, son mejores que diez mil en lengua desconocida. ¿Y porque nuevamente? Porque este es el principal objetivo que existe cuando nos congregamos, que podamos ser renovados en nuestro entendimiento, las diez mil palabras en lenguas, son muy útiles para el crecimiento personal (si el don ha sido dado); pero eso se puede hacerse sólo en un cuarto, pero el poder ser nutridos en conjunto en la congregación sólo se logra si es el Espíritu Santo quien lleva la dirección de la reunión, y no las tradiciones de los hombres y/o el erudito del púlpito de turno.

Tu puedes orar en lengua, puedes alabar en lenguas y adorar al Padre; pero la verdadera adoración no es sólo es en Espíritu, sino en Espíritu y en VERDAD, y para conocer la verdad es necesario primero escucharla y luego por medio de la revelación que viene de la fe, ENTENDERLA.

¿Cuanto se ve hoy practicar este mandato del Señor?
¿En cuantas congregaciones se ve practicar que la persona que está hablando pueda ser interrumpida libremente?
¿En cuantas congregaciones esto sería un escándalo y/o un insulto a la autoridad?
¿En cuantas congregaciones esto sería una falta de sujeción?

Muy poco es lo que se ve en la práctica hoy este mandato del Señor; primero en los cristianos que asisten a misas católicas, es prácticamente imposible ver esta posibilidad, ya que no existe la instancia de poder dialogar y exponer lo que el Espíritu Santo revele a cualquier asistente que esté sentado, sin que eso haya sido previamente planificado y autorizado por la autoridad eclesiástica. Y los cristianos que asisten a las congregaciones evangélicas, su realidad en general no es muy diferente, existe todo un protocolo del culto, y es la persona que está predicando la que tiene el "micrófono", y es prácticamente imposible quitárselo, si el Espíritu Santo da una revelación a alguno que esté sentado escuchando y quiere compartirla.

Estamos envueltos en cada tradición humana, limitando la libre expresión del Espíritu Santo. ¿Y por que?

Porque es el mismo Enemigo quien ha sustituido la libertad por un culto programado, estructurado y limitado, con el objetivo que la verdad de la Palabra revelada por el Espíritu Santo no pueda fluir libremente y se cumpla el principal objetivo por el cual nos congregamos: CAMBIAR NUESTRO ENTENDIMIENTO, es decir, ser renovados en nuestro ENTENDER.

El Enemigo sabe que con esa libertad el Espíritu Santo podría hablar por medio de cualquier miembro y exponer la verdad del evangelio, y así alumbrar nuestras mentes , y ya no serían las tinieblas (ignorancia y confusión) las que dominarían en muchas congregaciones, sino la luz de la verdad, que es revelada a cada miembro del cuerpo de Cristo, en la libertad del Espíritu Santo.

Cállese el primero, incluso va contra nuestras "buenas costumbres y normas sociales", pero no es el hombre que está hablando sino el Espíritu Santo que le ha revelado algo al hermano sentado y es prioritario lo que Dios quiere decir en ese momento a la congregación, y no el hombre; sino que el hombre debe escuchar ¿No es eso lo que buscamos? ¿No es eso lo que nos da vida? ¿No es eso lo que nos da libertad? ¿Y porque no lo practicamos?

Hoy los cultos, misas y ceremonias religiosas cristianas, están tan estructuradas que prácticamente no hay posibilidad de que el Espíritu Santo pueda libremente dirigir en nada lo que se práctica, incluso en la mayoría de los casos no hay posibilidad de que ni siquiera pueda opinar; es para los hombres hoy mucho más importante seguir la tradición y "orden del rito", que dar la posibilidad a que una Palabra con revelación se pueda escuchar en el templo, palabra que por cierto, nunca podrá ser planificada y/o programada por los hombres, ya que ella proviene directamente de Dios, nuestro Padre.

Nadie mal entienda, es bueno entender en el sentido correcto la Biblia; no digo que no sea importante la oración, la lectura de la Biblia, ni la alabanza y adoración en la congregación; eso no lo he dicho; sólo digo que el principal objetivo de juntarnos es que podamos mutuamente edificarnos por medio de la palabra revelada, por su gracia y todo esto por medio de la fe; para la mutua edificación en amor. Eso es lo principal, que podamos crecer saludablemente en Cristo.

Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. (Rom 14:19)

Todo el culto religioso que mayormente se practica, está establecido de tal manera que no pueda hablar Dios libremente; sino los hombres y sus tradiciones; no es en la libertad del liderazgo del Espíritu Santo, que muchas iglesia hoy se conducen, sino bajo sus tradiciones, costumbres y les resulta muy incomodo que Dios opine, ya que podrían quedar expuestos por la verdad. Es por ello que mejor les parece planificar el culto, es más seguro a sus intereses, y no exponerse a lo que Dios realmente quiera decir.

Alguno me dirá, hermano yo me congrego a compartir el pan.
Yo le digo muy bien hermano, ¿y no es el verdadero pan toda palabra que sale de la boca de Dios? Ese es el verdadero pan por el cual debemos orar, y una vez que nos es dado escuchar, y no cerrar las puertas por nuestras tradiciones y ritos religiosos, que impiden que Dios nos hable.
¿Y por que no damos ancho espacio para que podamos compartir verdaderamente este pan del cielo como la Biblia lo enseña?

¿No es lo que buscamos cuando nos congregamos lo que nos enseña Pablo en el siguiente texto?

Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (1Cor 12:7-11)

¿Y como se podrá cumplir, si no damos al Espíritu Santo la libertad de expresión; si no es Cristo la cabeza de nuestras reuniones; si tenemos todo tan perfectamente planificado y estructurado que no cabe el plan de Dios?

Cada uno saque sus conclusiones, pero el evangelio en la iglesia tiene el propósito de transformarnos a la imagen de la estatura de un varon perfecto, a la imagen de Cristo; y esa transpormación que es hecha por medio de la palabra de su gracia, ¿y que poder tendrá esa palabra si no la entendemos? ¿Y si no la escuchamos? ¿Y si al que la predique, lo censuramos con nuestras tradiciones? Es por eso que Pablo prefiere darnos cinco palabras con entendimiento, que miles sin ello. Y es por medio de la renovación de nuestro entendimiento que somos transformados.

Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto. (Rom 12:2)

viernes, 2 de abril de 2010

Tu propia opinión

Hoy les quiero rescatar un tema que me parece que es uno de los estorbos más grandes que tiene el Espíritu de Dios, para desarrollar la obra de Dios en cada uno de nosotros; y eso se llama "NUESTRA PROPIA OPINIÓN".

¿Acaso es mala nuestra propia opinión? Bueno la verdad es que yo no la catalogaría como mala, sino como ERRÓNEA si no es la opinión de Dios, puede ser una opinión muy bien argumentada y de mucho peso humano, pero no tiene valor si al enfrentarla con la Verdad de Dios, ella no tiene sustento.

Hoy muchos cristianos están empantanados y ahogados en sus propias opiniones e interpretaciones de la realidad; es ello uno de los principales problemas que existen hoy para que estos hermanos puedan crecer y desarrollarse en gracia y verdad; ¿Y porque lo digo? Porque si tu opinión, no es la palabra de Dios, no tiene ningún poder, no tiene solidez y no tiene ni tendrá eternidad; es como la yerba del campo un día es y nunca más será.

Nuestras opiniones, que muchas veces tanto defendemos, son verdaderas fortalezas en nosotros que deben caer para que podamos avanzar, muchas de nuestras opiniones personales (y diría que todas) tienen un apoyo en las concupiscencias de nuestra carne y el legado de tradiciones humanas heredado del mundo y auspiciadas por Satanás; a menos que esas opiniones no sean sólo personales, sino que sean las opiniones del Señor, Dios nuestro Padre y su Hijo, que ya se han formado en nosotros. Y cuando nos sustentamos en estas opiniones personales, lo único que podemos esperar es el fracaso, ya que si no son verdaderamente fundadas en la verdad, ni Dios mismo hará que por medio de ellas nos sostengamos, sino que reconozcamos nuestra ignorancia para que de corazón busquemos y pidamos verdadera sabiduría al Padre, el conocimiento de su Palabra y esta Palabra hecha vida cada día en nosotros.

Hermano y hermana, hoy estamos (o debemos estarlo) en un tiempo de transformación, y la transformación comienza con el cambio de nuestro entendimiento, al entendimiento de la mente de Cristo, y eso significa desechar lo que es del viejo hombre y ser revestido del nuevo; es tomar nuestra cruz y seguirlo, no hay otra forma de hacerlo; creer al Señor y ser enseñados por él; ya que nuestras propias ideas de las cosas no son útiles en el reino de Dios, sino lo que proviene de una mente renovada en Cristo. Por eso digo que estamos en una etapa de transformación a la imagen del Cristo, a la estatura de un varón perfecto; y eso implica que nuestra mente debe ser transformada día a día por la palabra de Dios en nosotros; si no hay cambios; imposible avanzar, imposible llegar a la estatura que somos llamados, si hoy piensas igual que ayer y que antes de ayer, y lo mismo que el año pasado y que hacer cinco años, etc. hay algo que no está funcionando en tu vida, y lo que puede ser es que eres muy sabio en tu propia opinión y no en la palabra de Dios, es decir, en la opinión de nuestro Padre. No puede ser que al pasar los años pensemos de la misma manera (a menos que hayamos alcanzado la estatura del varón perfecto); no puede ser que eso ocurra, y si ese es tu caso; significa que algo falla, estás patinando en tu propia sabiduría, tus propios consejos no te dejan avanzar; y no es precisamente el Espíritu Santo el que te avala dichos consejos, sino el enemigo que te afirma en tu opinión equivocada.

Lo resumiría en un sólo verso.

Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. (1Co 3:18)

Ser transformados significa tener la valentía de creer y creerle al Señor y desechar lo que hoy tenemos como seguro y confiable "Nuestra Propia Opinión" por alcanzar la opinión de Dios en nuestra alma, es decir, la verdad del evangelio. Amen.

Bueno adjunto algunos versos sobre el tema:

No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; (Pro 3:7)

Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los espíritus. (Pro 16:2)

Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; Pero Jehová pesa los corazones. (Pro 21:2)

Responde al necio como merece su necedad, Para que no se estime sabio en su propia opinión. (Pro 26:5)

¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él. (Pro 26:12)

En su propia opinión el perezoso es más sabio Que siete que sepan aconsejar. (Pro 26:16)

El hombre rico es sabio en su propia opinión; Mas el pobre entendido lo escudriña. (Pro 28:11)

Hay generación limpia en su propia opinión, Si bien no se ha limpiado de su inmundicia. (Pro 30:12)

Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. (Rom 12:16)

viernes, 26 de marzo de 2010

Mirad, velad y orad.


A casi un mes de ocurrido un gran sismo en nuestra nación, siento la carga de recordarles las palabras de nuestro Señor Jesús cuando estuvo acá en la tierra, ya que el cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no, todas ellas se cumplirán inexorablemente.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. (Mar 13:31-33)

El día y la hora nadie sabe, si aún los ángeles del cielo, ni siquiera el Hijo, sino sólo el Padre. El Señor nos enseña que el día y la hora no es, ni será, de nuestro conocimiento anticipado, pero si lo son los tiempos en que vivimos y vendrá.

Es por lo anterior, que tengo que comunicarte que hoy es tiempo de primero que nada MIRAR; si mirar a nuestro alrededor, mirar en nosotros mismos y mirar al cielo; lo más importante. Debemos ser entendidos en lo que está ocurriendo en el mundo entero, y lo que viene por ocurrir; esto no es trabajo de un solo hombre; sino de un cuerpo completo que somos la iglesia, trabajando como un solo hombre, unidos a la Cabeza, que es Jesucristo. Primero debemos aprender a mirar, y no como el mundo ve las cosas, sino con la mirada con luz que da el Espíritu Santo. No veremos nada si no lo hacemos con nuestros medios divinos, si no lo hacemos con nuestras lámparas encendidas, para ver lo que realmente está sucediendo en el mundo, en los cielos y si en nosotros mismos estamos a las alturas que debemos estar.

¿Por qué al Señor le molestaba tanto, que los judíos de su tiempo podían anticipar el clima y no los tiempos de Dios? Es porque en el corazón de esos hombres no estaba Dios en primer lugar, es por ello que para ellos era mucho más valioso entender el clima para atender sus cosechas, que perder el tiempo en entender los tiempos de Dios. ¡Terrible error!, lo tuvieron frente a sus ojos y no lo reconocieron; tuvieron al Señor de gloria ante sí mismos, y no lo vieron; porque no estaban mirando con los ojos que Dios espera que miremos.

Nada veremos si primero estamos preocupados de nuestras cosechas acá en la tierra, y cuando ya no haya tiempo nos daremos cuenta de nuestro error; cuando el tiempo ya se haya perdido. Es por ello que ciento la obligación y responsabilidad, decirles a mis queridos hermanos que miremos juntos, para que ese día no nos pille como a ladrón en la noche. Si en algún momento hemos estado un poco dormidos, despertemos que con los ojos bien abiertos, todo es más hermoso y fácil; los baches y hoyos del camino son fáciles de esquivar y llegaremos a buen puerto al final. No seamos necios, los que hemos recibido al Señor en nuestros corazones por medio de la fe; es tiempo de no sustentarnos más que en El, en Jesucristo, no hay otro apoyo confiable; sino la roca que los edificadores desecharon y ha venido a ser piedra principal, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

Velad; estar despiertos al Espíritu Santo, es decir, estar siempre atentos a responder a cualquier señal que veamos sea de Dios, eso significa velar, estar en estado de vigilia, en capacidad de responder a las circunstancias espirituales; un dormido no puede responder a los estímulos del medio (si bien está vivo) a menos que despierte; mucho menos lo puede hacer un muerto; el riesgo que muchos cristianos es dormirse; si así no lo fuera, demás nos advirtió el Señor que debemos velar en las fuerzas de su Espíritu Santo, que ya lo tenemos; nos dormimos cuando nuestra confianza está puesta en cualquier otra cosa que no sea en Dios nuestro Padre Todopoderoso, y eso se llama en la Biblia idolatría; y es la idolatría la que nos puede llevar a un estado de insensibilidad espiritual peligroso, y que Satanás de muy buena gana nos alentará con hermosos engaños a nuestros oídos carnales. Digo oídos carnales, los oídos que no pueden oír la voz de Dios, ya que son sordos por el pecado.

Orad dice el Señor, debemos orar sin cesar, para mantenernos despiertos y vigilantes, para poder interceder en forma certera, para poder pedir lo que es necesario; orad para no perder la comunicación del cielo, para poder traer la voz de Dios a la tierra. Orad que este mundo necesita una solución, un remedio, una respuesta; y eso lo tenemos nosotros en nuestro corazón, oremos pues para que esas palabras de Dios que están en nuestro corazón puedan salir y fluir a este mundo que se muere de sed y de hambre de Dios; este mundo ciego que no sabe en que tropieza, este mundo necio que no entiende la verdad, este mundo que agoniza en su soberbia, este mundo que el Padre tanto amó, por el cual dio su primogénito Hijo amado; orad para que podamos ser un canal de comunicación del la Verdad eterna, para que el salvador de este mundo pueda fluir por medio de su cuerpo que es la iglesia. Oremos hermanos, para que seamos entendidos en la voluntad de nuestro Padre, oremos hermanos para que se cumpla el propósito de Dios acá en la tierra. Oremos por la manifestación de Su Reino acá en medio de los hombres, oremos sin cesar que este mundo nos necesita como portadores del remedio, de la solución y como portadores del evangelio de la vida eterna. No paremos de orar a nuestro Padre que es mucho lo que tenemos que pedir, es mucho el dolor que hay en el mundo, es mucha la confusión religiosa, es mucha la desesperanza del hombre sin Dios; oremos para que se manifieste el evangelio como debe ser manifestado, el glorioso evangelio de salvación, para que con poder Dios haga milagros y proezas; y los hombres puedan ver que este universo es gobernado por un Grandísimo SER, un Hermoso Ser que nos ama, y que no quiere que nadie perezca; pero que no dará por inocente al culpable, de ninguna manera.

Mirad, velad y orad; en mi corazón siento que es el estado que debemos mantener, de atención, vigilia y comunicación celestial. Eso no es trabajo de un hombre, eso es trabajo de la iglesia, los que me puedan oír, juzguen en sus corazones en la luz del Espíritu Santo, y como uno sólo busquemos del cielo lo que nos falta aún.

Sinceramente en Cristo.


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