martes, 1 de febrero de 2011

Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor


Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2Co 3:18)

Quería a partir de este texto de la Biblia, compartir con ustedes del significado del mismo; como es que el Señor, por su Espíritu, al mirar por un espejo su gloria, nos transforma en su imagen. No es fácil de entender, pero la verdad es que no es tan complicado lo que el apóstol Pablo quiso explicar y enseñar.

1º Esto es para todos los cristianos verdaderos, por eso dice "Por tanto, nosotros todos"; no es para una casta especial de cristianos, es para TODOS.

2º "Mirando a cara descubierta"; ¿que significa? No es necesario explicarlo, mirando sin encubrir nada, con sinceridad, en forma desnuda, sin doblez. No como Adán que se escondió cuando pecó, sino que amparados en la sangre de Jesús, sin escondernos ante Dios el Padre.

3º "Como en un espejo la gloria del Señor"; hace un paralelo para comparemos y entendamos; ¿Que ves cuando miras en un espejo? Fácil, cuando miras en un espejo ves tu rostro, ¿No es verdad? Claro, a todos nos pasa lo mismo, cuando miramos en un espejo, nos vemos reflejados. ¿Y como dice entonces mirando a cara descubierta en un espejo la gloria del Señor? ¿No es acaso que en un espejo nos vemos reflejados? Claro, lo primero que vemos en un espejo es nuestro rostro natural, pero en ese espejo no sólo debemos ver ese rostro natural, sino que debemos ver la gloria del Señor, ¿cómo? Cuando lo vemos a cara descubierta (sin hipocresía), por el Espíritu Santo, y nos vemos a la vez nosotros mismos, y reconocemos nuestra realidad, y a la vez lo vemos a El en nosotros en su gloria, y no nos escondemos en excusas y justificaciones, sino que nos reconocemos tal cual somos; el Espíritu nos enseña y muestra como somos, pero no nos quedamos ahí, sino que vemos su gloria en nosotros, somos transformados en su imagen, de gloria en gloria.

Hoy muchos ven o dicen que ven, al Señor en un espejo; pero no se ven ellos mismos a cara descubierta; es decir, el Espíritu Santo les muestra su pecado y ellos no lo reconocen, sólo dicen ver la gloria del Señor: el espejo nos hace vernos a nosotros mismos, y ver en ese espejo su imagen de gloria a la cual somos llamados, ¿y como somos transformados a su imagen? Mirando en un espejo a él y a nosotros con sinceridad, reconociendo nuestra realidad ante él (a cara descubierta), y poder operar el poder que hay en Cristo, que dice que en Cristo todo lo puedo que me fortalece; para poder ver en ese espejo no sólo nuestro rostro natural, sino el rostro glorioso del Señor en nosotros.

No sólo debes mirar el rostro del Señor por el espejo, sino que debes ver tu rostro, lo que el Espíritu te muestra que no está bien, y reconocerlo ante él, a cara descubierta, sin encubrirle nada; y en su gracia somos transformados por su Espíritu en su imagen.

4º "Somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor"; Somos transformados en su imagen por medio de su Espíritu, al ver su imagen de gloria y nuestra imagen descubierta, pero en esa imagen descubierta de hombre natural; reconocemos ante él nuestra debilidad, y vemos en esa misma imagen Su Imagen, la gloria del Señor; y somos transformados por su Espíritu, en su Imagen. Recuerda, debemos vernos y verlo; sin cuentos ni justificaciones personales, a cara descubierta, tal cual somos, amparados en su misericordia por medio de la fe, en la confianza de su poder; y somos transformados en la imagen de lo que anhelamos, su imagen; en el poder de su Espíritu.

Recuerda que él que nos muestra todas estas cosas es su Espíritu Santo, el Espíritu del Señor; a nosotros nos toca el ver por el espejo (vernos y verlo); la vista nos la dio el Señor, para que veamos y lo veamos, por medio de su Espíritu, es decir, vemos por medio de su Espíritu y somos transformados por este mismo Espíritu. Pero primero el Espíritu nos enseña quienes somos en realidad, en la carne y en el Señor; y la gloria de nuestro Señor, a la cual somos llamados y somos transformados, de gloria en gloria.

Primero el Espíritu nos muestra, luego nos transforma.

¿Y que debemos hacer nosotros?

Mirar como por un espejo a cara descubierta, la gloria del Señor.

Saludos y que el Señor les hable. Amén.

domingo, 23 de enero de 2011

La Puerta estrecha y el Camino angosto



Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. (Mat 7:13-14)

La puerta estrecha y el camino angosto, es algo que hoy muchos predicadores han olvidado; Jesús nos enseñó que la puerta es estrecha y angosto el camino que lleva a la vida. Muchos enseñan un evangelio de la puerta ancha, y un camino espacioso; pero que sólo te lleva a perdición; y no lo digo yo, lo dice Jesús, el Señor.

¿Y que es realmente lo que nos quiere decir y enseñar nuestro Maestro con estas palabras?

Hoy hay muchas puertas anchas que te prometen éxito, gloria, riqueza, felicidad, etc. Muchas puertas que te prometen un futuro en este mundo. ¿Y a donde, al final de la carrera te conducen? Ya lo sabemos, vanidad de vanidades; nada nuevo bajo el sol. Hay sólo una puerta que es muy estrecha, y que son pocos los que la hayan, y es por esa puerta que debemos entrar, y nos lleva a la vida.

¿Y cómo la hayamos?

La hayamos oyendo a quien dijo:

YO SOY la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Juan 10:9)

Jesús dijo “Yo Soy”; y agregó “la puerta”; es en Cristo Jesús que tenemos entrada al camino que nos conduce a la vida, al camino angosto al Padre de gloria.

¿Y cuál es ese camino?

Lo hayamos nuevamente oyendo a quien dijo:

Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Nuevamente vemos, Jesús dijo “yo Soy”; y agregó “el camino”.

No hay otro camino a la vida que no sea el Hijo de Dios, y no hay forma de entrar a este camino, sino es por Jesucristo mismo. Ahora sabemos que la puerta y el camino, es Jesús el Cristo.

Sabemos entonces que angosta es la puerta que te conduce al camino estrecho; el camino que es Cristo, y la puerta que es Cristo; ahora entendemos que entramos al camino de la vida, por la puerta de la vida; y una vez en el camino, nuestra labor en permanecer en El Camino; es decir, permanecer EN CRISTO, el camino al Padre, y no en el camino ancho de la carne.

Es una puerta angosta para la carne, que no la puede traspasar, y es un camino angosto para la carne, que no lo puede recorrer. Es imposible para la carne, poder entrar por esa puerta; y es imposible para la carne el poder recorrer ese camino. Ya que este camino lo recorremos tomando la cruz cada día, es decir, dejando la carne clavada en el madero. Vale decir, ya no siendo guiados por la carne; sino por su Santo Espíritu. Oyendo y creyendo a su Espíritu, obedeciendo a la fe; es IMPOSIBLE para la carne entrar y avanzar; pero lo que es IMPOSIBLE para el hombre, para Dios es POSIBLE; y nada nos será imposible; si le creemos. Recuerden que al que cree, nada le es imposible.

En la carne es muy angosto, en Cristo es muy espacioso; es decir, para quienes son guiados por su Espíritu. Porque la carne no puede ni quiere agradar a Dios; pero los que son guiados por su Espíritu, son sus hijos. Y él que no tiene su Espíritu de Cristo, no es de él.

Obedezcamos pues, al Espíritu del Señor; y despojémonos de viejo hombre con sus pasiones y deseos del error; quien fue con Cristo juntamente crucificado.

Un abrazo, y corramos por este Camino que tenemos por delante; a la Vida.

jueves, 20 de enero de 2011

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

1. Introducción: Este es uno de los temas más profundos y, a la vez, más "escandalosos" del Evangelio de Juan (Capítulo 6). Veremos el profundo significado y la importancia de beber su sangre y comer su carne que Jesús nos enseño; pero antes una pequeña aclaración:




La tensión entre el Espíritu y la Carne (Juan 6:63): Muchos lectores se confunden cuando Jesús dice "Mi carne es verdadera comida" (v. 55) y luego dice "la carne para nada aprovecha" (v. 63).

  • Crítica: En el texto es vital aclarar que cuando Jesús dice que la carne "no aprovecha", no se refiere a Su carne (su sacrificio), sino a la capacidad humana (la carne como naturaleza caída) para entender las cosas de Dios. Sin esta distinción, podrías pensar que el sacrificio físico de Cristo no fue importante, lo cual sería un error grave.


2. ¿Cuál es el verdadero significado de beber su sangre y comer su cuerpo?

Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre Viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. (Juan 6:53-57)

Somos tan religiosos, que les aseguro que en un culto o misa; nos pueden decir Jesús dijo: “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros”; y muchos dirán amén, sin pensarlo.

Si afirmarán que eso es verdad con un amén; eso está muy bien; pero ¿entendemos lo que realmente significa beber la sangre de Jesucristo y comer su cuerpo?; a mí me parece que muchos se imaginaran que Jesús se refería al pan u ostias por su cuerpo y al vino por su sangre ¿no es verdad?; pero en realidad ustedes que son personas inteligentes, ¿creen realmente que Dios les dará vida a las personas que comen pan u ostias y toman vino en un rito? No digo que no se deba hacer, pero mi pregunta va más allá. ¿Acaso Dios tiene favoritismos por aquellos que practican ritos en su Nombre? ¿O no será que nos quiere enseñar algo más allá de los rituales que hoy conocemos como las misas y cenas del Señor?

A mi me parece que muchos dirán amen hermano, cuando decimos que Jesús dijo “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros”; pero en verdad no entienden que están afirmando, y sólo lo dicen en forma automática porque es algo que siempre lo han escuchado y hecho, y por lo tanto, después de tanta repetición saben que es así, pero en realidad, ni idea tienen de lo que significa realmente comerlo y beberlo; que es lo más importante. Bueno lo más importante es que lo  entendamos bien, esa es la diferencia entre él que da frutos y él que se queda estéril sin frutos, sólo repitiendo tradiciones, aunque muy Bíblicas por cierto.

Vamos derecho al asunto:

¿Cómo bebemos su sangre? CREYÉNDOLE.

¿Cómo comemos su carne? SIGUIÉNDOLO, es decir, OBEDECIÉNDOLE.

¿Y por qué lo digo?

Lean por favor con cuidado, lo siguiente: Y Jesús les dijo: YO SOY el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35)

¿El que cree en Jesús que le ocurrirá? “no tendrá sed jamás”.

¿El que va a él, es decir, lo sigue, que le ocurrirá? “nunca tendrá hambre”

Ahora vemos que queda muy claro, pues lo dice textualmente ¿o no?


3. Ahora ¿Cómo lo bebemos y lo comemos?

Es necesario que esto lo entiendan muy bien, y lo mediten en el Señor; debemos creerle y seguirle (obedecerle); de esa manera tenemos vida eterna, seremos resucitados el día postrero y es la forma como permanecemos en él, como él permanece en nosotros.

No es por comer muchas ostias, ni pan sin levadura; ni por la copa de vino; sino es por creerle y seguirlo; como verdaderos discípulos del él; no digo que no se deba practicar en lo que él dijo que hiciéramos en su menoría; sino que no nos quedemos con los ritos como le ocurrió a Israel (y tuvieron al Señor de gloria ante su ojos y no lo vieron; porque estaban en lo exterior, en la carne, en la religión, en las formas, en las tradiciones, en el reino de este mundo y su corazón estaba muy lejos del Señor).

Es muy claro, de AQUÍ parte el evangelio; quien no ha partido de beber su sangre y comer su carne; no tiene vida eterna, ni mucho menos puede permanecer en él.

4. No separes el creerle con el obedecerle: 

Algunos separan la fe de la obediencia, y dicen que somos salvos por fe; pero no ven que la fe no puede ser separada de la obediencia; van juntas; el que no obedece es porque no cree; ya que todos sus mandatos son para vida y prosperidad. Cuando separas el cuerpo de alguien con su sangre; ocurre inevitablemente la muerte; así también si separas el creerle a Jesús con el obedecerle; no pueden separarse; ya que habrá muerte espiritual, cuando sólo se le “cree” y no se le “obedece”. De la misma forma en que si separas el cuerpo de la sangre; la verdadera comida con la verdadera bebida. ¿O caso alguno puede vivir con sólo beber o sólo comer? Por algún tiempo puede ser, pero necesitamos beber y comer, para estar sanos en El.


5. El término griego Trogo: 

En el original, cuando Jesús habla de "comer", no usa la palabra común phago (que  se usa comúnmente en el resto de la Biblia para comer), sino trogo, que significa "masticar" o "roer". Es una palabra muy física, exalta mucho la acción física de masticar. 

Jesús usó un lenguaje crudo a propósito, para enfatizar que debemos "alimentarnos" de Su humanidad y Su entrega de manera real y constante, no solo intelectualmente, todos los días y no sólo los domingos u otro día.

 

¿Sientes que hoy te estás alimentando de la fuente verdadera o estás intentando saciar tu alma con cosas que no aprovechan? 

Déjame tu reflexión en los comentarios.

Te dejo como tarea que busques en el evangelio de Juan, más ejemplos que nos enseñan que la verdadera bebida se toma al creerle, y la verdadera comida se come al obedecerle. Un saludo afectuoso, y que la gracia y entendimiento del Espíritu Santo, los llene.



sábado, 8 de enero de 2011

No confundas la Palabra de Dios con la Biblia




¿Confundes el mapa con el territorio? Muchos honran la Biblia como un objeto, pero ignoran que la "letra" puede traer muerte si no se recibe en Cristo. En este artículo analizamos por qué no todo lo que está escrito es un mandato divino (como el caso de los filisteos) y cómo evitar la idolatría textual. La Verdad solo se hace vida cuando el Hijo es la tierra fértil en nosotros; de lo contrario, la Palabra solo confirma nuestra condena. No busques solo un libro, busca al Hijo que hace viva la Verdad en tu corazón.

Es común escuchar que "la Biblia es la Palabra de Dios". Sin embargo, si no somos precisos, podemos caer en un error grave: confundir el objeto físico (papel y tinta) con la Persona de quien el libro testifica.

1. No todo lo que dice la Biblia es la voluntad de Dios

Debemos distinguir entre lo que está inspirado y lo que es un mandato. 2 Timoteo 3:16 dice que toda la Escritura es útil, pero no todo lo que registra es la voz de Dios dándote una instrucción.

Un ejemplo claro lo podemos ver en 1 Samuel 4:9: "Esforzaos, oh filisteos... sed hombres, y pelead". Que fue el lema que se uso en un retiro cristiano que asistí. Estas palabras están en la Biblia, pero son el grito de guerra de un pueblo pagano y enemigo de Israel. Claramente eso no es mandato del Padre a sus hijos. Y si el "lema" estaba tan errado, cuanto más todo el resto, sin importar lo lindo que eso retiro fue encontrado por muchos.

Si usas cualquier versículo como este ejemplo "del lema" sin entender el contexto, corres el riesgo de obedecer a los filisteos pensando que obedeces al Creador. La Biblia es el registro fiel de la verdad, pero requiere al Espíritu para ser entendida.

2. El peligro de la Bibliolatría (Romanos 1:25)

Hay un riesgo espiritual sutil: honrar la Biblia y menospreciar a su Creador, el Espíritu Santo. Pablo advierte en Romanos 1:25 sobre quienes "cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador".

Cuando alguien defiende el libro con fanatismo pero no tiene una relación viva con el Espíritu, está convirtiendo el papel en un ídolo. La Biblia fue hecha por el Espíritu; no podemos usar el regalo para ignorar al Dador. Honrar la "letra" sin el "Autor" es una forma de ceguera espiritual, es idolatría.

3. La Palabra como "Sentencia de Muerte"

La Palabra de Dios es santa, y frente a la santidad, el pecado es condenado. Por eso, si recibes la Palabra "en el mundo" (bajo tu propia lógica, bajo mis emociones y sin Cristo), esa Palabra se convierte en muerte.

La Verdad sin el Hijo es un veredicto. Es un diagnóstico terminal que te muestra tu pecado pero no te da la cura. Sin la intervención de la Gracia, la Biblia solo sirve para confirmar que estamos bajo condena. La Verdad, si no es hecha Vida por el Hijo, solo trae muerte al pecador.

4. El Hijo: La única Tierra Fértil

Aquí está la clave de todo: la tierra fértil no eres tú, es el Hijo en ti. Muchos intentan "prepararse" para que la Palabra les funcione, pero la realidad es que nosotros, por nuestra cuenta, somos tierra seca e infértil. El Señor nos enseña:

"Mi palabra en ustedes no produce frutos buenos si no está Mi Hijo en sus vidas. Si no hay tierra fértil, Mi palabra no da frutos... Mi palabra trae condena al pecado y no hay verdad si no está Mi Hijo. Mi palabra es la verdad y Mi Hijo la hace vida en ustedes."

Para que la Palabra sea el Pan de Vida, debe caer en la tierra que es Cristo en nosotros. Él es quien recibe la semilla, quien la procesa, quien la hace germinar y luego dar frutos.


Conclusión final

 El Encuentro con la Vida Detrás de la Letra

Llegados a este punto, debemos hacernos una pregunta vital: ¿Estamos buscando un libro o estamos buscando a una Persona? La distinción entre la Biblia y la Palabra de Dios no es un mero tecnicismo lingüístico; es la diferencia entre la religión y la Vida. La Biblia es el testimonio perfecto, inerrante e inspirado por el Espíritu Santo, pero su propósito no es que nos detengamos en sus páginas, sino que a través de ellas crucemos el umbral hacia el Hijo y permanezcamos en El.

Como hemos visto, la Escritura puede registrar incluso el grito de guerra de los filisteos. Si no discernimos esto, corremos el riesgo de convertirnos en esclavos de la "letra", ignorando que el Espíritu es el único que puede vivificar el mensaje. Peor aún, corremos el riesgo de la bibliolatría: honrar el papel y la tinta (la criatura) antes que al Espíritu Santo (el Creador). Cuando la Biblia se convierte en un fin en sí misma, dejamos de ser adoradores del Dios vivo para convertirnos en coleccionistas de mandamientos que no podemos cumplir.

La advertencia es seria: la Palabra de Dios en el hombre "del mundo" no es una promesa de bendición, sino una palabra de muerte. Sin la mediación de Jesucristo, la Verdad de Dios solo sirve para exponer nuestra miseria y dictar nuestra sentencia. La Palabra es un fuego; para el que está en Cristo, es luz que guía y calor que santifica, pero para el que está fuera de Él, es un incendio que consume el pecado y trae condena. No hay verdad real en nosotros si el Hijo no está presente para sostenerla.

Finalmente, la revelación más transformadora es esta: la tierra fértil no es tu voluntad, ni tu intelecto, ni tu bondad; la tierra fértil es el Hijo en ti. No intentes por tus propios medios que la Palabra dé fruto, porque tu carne es tierra seca. Es el Hijo quien prepara el terreno, quien recibe la semilla y quien la hace germinar.

Si quieres que la Palabra deje de ser una letra que te condena y pase a ser el Pan de Vida que te alimenta, ríndete hoy. Deja de adorar el mapa y empieza a caminar con el Guía. No busques entender la Biblia para ser sabio; busca que el Hijo habite en ti para que Su Palabra sea, finalmente, Verdad y Vida.

No te quedes en el papel; busca al Autor que vive en ti.


domingo, 14 de noviembre de 2010

Sed perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos


Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mat 5:48)

El propósito de la Palabra olvidado, es lo que hoy vemos en el cristianismo moderno; un cristianismo que desconoce el evangelio de Dios, la forma de operar y su propósito. Es por lo anterior, les comparto el siguiente mensaje, según lo que nuestro Señor Jesucristo, unigénito del Padre, nos enseñó “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Es esa perfección, ese llamado lo que hoy olvidan gran cantidad de agrupaciones llamadas cristianas.

Obviamente el llamado a la perfección no está sustentado en nuestra capacidad natural (humana), ya que con nuestros medios humanos ni siquiera tuvimos la capacidad de guardar y cumplir la ley de Dios escrita en mandatos, la cual es santa justa y buena. Es por ello que Dios debe proveer otro medio capaz, para poder cumplir y llegar al propósito de ser como él lo es, y cómo nos demanda llegar a ser.

¿Y cuál es ese medio tan maravilloso y potente, que nos puede llevar la perfección llamada por el Maestro?

Debe ser un medio muy especial, ya que para llevarnos a la altura de Dios nuestro Padre, no hay medio humano en el que podamos confiar; hacerlo sería una locura. Es algo imposible para el hombre, pero todo es posible para Dios. ¿Ahora recuerdas cual es el medio por el cual nada nos será imposible?

Bien, así es: Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. (Mat 17:20)

Si antes no creemos que esta perfección es llamada, solicitada y posible acá en la tierra, es imposible que la alcancemos; primero hay que creer; luego viene el poder de Dios que nos trasforma día a día, según su imagen y semejanza; por su gracia.

¿Y se alcanza acá en la tierra, o en el cielo como predican erróneamente muchas sectas cristianas?

La respuesta es que el reino de los cielos está acá en medio nuestro, lo alcanzamos en la tierra y no cuando ya no haya más que hacer, que esperar recibir lo prometido, según cada cual sembró.

Por ahí me pidieron que diera sólo un ejemplo de la Biblia de una persona que haya alcanzado esa perfección; y esta persona reconocería su error al decir que esta perfección llamada por Jesús no era alcanzable acá en la tierra, sino en el cielo, cuando le veamos tal cual es él; seremos según él.
El ejemplo lo di; la retracción del error nunca llegó; y lo repito acá.

Jesús dijo: Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. (Mat 5:8)

Nosotros tendemos a pensar que eso ocurrirá cuando muramos, cuando estemos ante su presencia.

¿Pero será tan así, como siempre nos han enseñado?

Veamos un ejemplo de un hombre que llego a ese corazón puro y limpio; que le permitió ver a Dios antes de morir; un hombre que llegó al final de la carrera de la perfección llamada por Jesús, un ejemplo de los muchos que está en la Biblia.

Es el caso de Esteban: Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel. (Act 6:15)… ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que antes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis. Y oyendo estas cosas, regañaban de sus corazones, y crujían los dientes contra él. Más él, estando lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos dando grandes voces, se taparon sus oídos, y arremetieron unánimes contra él; (Act 7:52-57)

Esteban logró alcanzar el llamado, alcanzó lo prometido. Vio a Dios en su gloria, y a su Hijo en su diestra. No murió Esteban, hasta que lo apedrearon posterior a este hecho; logró concluir su carrera; alcanzó el supremo llamado que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Vemos acá un hombre que alcanzó a tener un corazón limpio, y por lo tanto, puedo ver a Dios acá en la tierra.

Entonces, cuando el Señor nos dice “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”; no debemos caer en incredulidad, como si algo imposible nos pidiera el Maestro; ya que si no lo creemos; será imposible alcanzarlo; pero para él que cree, nada le será imposible.

Es por eso que, creyéndole y siguiéndole podemos decir, al igual que el apóstol Pablo dijo: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Fil 4:13)

La clave es que EN CRISTO, nada nos será imposible.

sábado, 2 de octubre de 2010

La mujer aprenda en silencio






Texto: La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia. 1Ti 2:11-15

“La mujer debe aprender en silencio”, le dice el obispo a una hermana que quiere expresar lo que el Señor le revela en su corazón; con las rudezas de estas palabras es acallada “La mujer aprenda en silencio”… Han pasado los años y muchas denominaciones, religiones, sectas, templos o iglesias; como quieran llamarlas, han enseñado que las mujeres no deben hablar en la congregación (bueno en la mayoría ni los hombres pueden hacerlo, sólo los con “supuesta autoridad”, limitando así la libre manifestación de la Verdad por medio del Espíritu Santo, y la mutua edificación).

¿Qué significa realmente esta frase“ La mujer aprenda en silencio”, que Pablo escribió?

Antes requiero citar lo siguiente:

Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. Luc 10:38-42

Marta y María representan dos tipos de iglesias. Marta es la iglesia que sirve al Señor con mucho trabajo, esmero y afán, y tiene menosprecio de la iglesia que está a los pies del Maestro escuchando su Palabra, sin aparentemente hacer nada productivo. Marta ciertamente era creyente y había recibido a Jesús en su casa, es decir, podríamos decir que en en su corazón. Pero María tomaba la mejor parte, es decir, en silencio escuchaba su palabra; cuyo fruto es eterno; pues dice “la cual no le será quitada”. Vemos entonces a Marta, que es guiada por su mente y emociones, y hace todo lo que le parece correcto; pero deja lo más importante antes de obrar; que es escuchar al Maestro. Marta vemos que es guiada por la carne, María en cambio es guiada por el Espíritu de Dios.

Ahora volvamos a lo nuestro “La mujer aprenda en silencio”; dice el Espíritu Santo a la iglesia, si hermanos y hermanas, la mujer es la iglesia; debemos estar como María a los pies de nuestro Maestro “con toda sujeción”. No es que las mujeres no puedan hablar en la congregación, como practicaríamos si sólo vemos la letra de la Biblia, sin tocar su Espíritu; sólo debemos tener muy claro que la iglesia antes de hablar debe escuchar y estar sujeta a su Señor. Así se cumple: La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. 1Ti 2:11

El marido de la iglesia es Jesucristo, ¿acaso los matrimonios entre hermanos deben ser diferentes a esta relación? De ninguna manera, ellos deben ser reflejo de Cristo y la iglesia.

También vemos como Santiago nos lo repite, como el silenciar la carne es una virtud: Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; Stgo 1:19

Sigamos escuchando:

Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. 1Ti 2:12

El Espíritu Santo nos enseña, que el hombre es Cristo; y la iglesia no puede enseñar a Cristo y ejercer dominio sobre El. Al contrario debe estar en sujeción a su Cabeza. ¿Cuánto de esto vemos hoy? Si se cumpliera no habría tanto desorden y confusión en el pueblo cristiano. ¿Cuántas supuestas iglesias hoy están en silencio ante El, escuchándolo? Es por eso que hay tanta contradicción en el pueblo cristiano. Lo mismo debe verse en el modelo a escala que somos, Dios diseño que el hombre sea cabeza de la mujer.

Sigamos escuchando:

Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. 1Ti 2:13-14

Acá Adán (el hombre) representa a Jesucristo, y Eva a la iglesia. Dice “Adán fue formado primero, después Eva”; Cristo fue engendrado por el Padre en el principio, y por medio de él hizo todas las cosas; la iglesia nació de la costilla de Cristo; cuando fue clavado en la cruz y resucitó el tercer día. Por eso se cumple “Adán fue formado primero, después Eva”.

¿Quiénes son la iglesia? Todos los que tenemos por cabeza a Cristo y nacimos de su costado, del agua y de su sangre ¿no es verdad?. Jesucristo cuando fue tentado, no fue engañado por Satanás; Cristo triunfó sobre el Diablo (recuerden la tentación en el desierto por 40 días). ¿Cuándo el hombre en el huerto fue tentado que sucedió? Fue engañado y calló. Por eso se cumple: “Adán no fue engañado, sino que la mujer”. (Si hablara del Adán histórico, vemos que este también fue engañado y comió junto a Eva).

Sigamos escuchando las instrucciones de nuestro Señor: Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia. 1Ti 2:15

Nuevamente, si leemos sólo en la letra, quedamos cortos; el Espíritu Santo nos enseña que la iglesia, es decir, los que nacimos de Cristo y lo tenemos por cabeza, ya que somos su cuerpo; nos salvamos engendrando hijos. ¿Y que son los hijos? Muchos han condenado a las mujeres estériles con este verso, ya que lo interpretan en lo literal; ciertamente los hijos nacen del ministerio de la iglesia, de haced discípulos a las naciones. No dice que por medio de los hijos somos salvados, sino que en el proceso de salvación engendraremos hijos; si y sólo si permanecemos en fe, amor y santificación, con un ingrediente importantísimo que muchas veces olvidamos con modestia. Repito el orden: Fe, Amor y Santificación (ya que sólo los limpios de corazón, verán a Dios), pero con Modestia.

Para las hermanas que leen estas palabras, ¿ya pueden ver como la letra mata y sólo es Espíritu vivifica? Y la iglesia hoy debe aprender a estar en silencio y aprender primero antes de obrar. Nadie debe ser contencioso, y levantarse con sus propios medios, Dios estableció un orden en su casa, en ese orden perfecto todo funciona; el marido debe amar su mujer como Cristo amó a la iglesia, y mujer debe respetar su marido.

…no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. 2Co 3:5-6

Conclusión: La Belleza de la Sujeción en el Orden Divino

Entender que la mujer aprenda en silencio no es un llamado a la anulación de su voz, sino una invitación a la profundidad de su espíritu. Este silencio bíblico (hesuchia) debe ser entendido como una elección espiritual consciente; no es una mordaza impuesta por el hombre, sino una quietud interior que permite que la Palabra de Dios eche raíces sin la interferencia de la soberbia o la contención. Para el creyente, el aprendizaje divino es realmente un privilegio, un tiempo sagrado de recepción donde el alma se aquieta para ser formada por su Creador.

Esta actitud de mansedumbre y sosiego es de gran valor ante Dios, pues no nace de la debilidad, sino de una comprensión profunda de la autoridad y poder espiritual. Debemos recordar que la sumisión siempre es un reflejo de la relación de Cristo con el Padre. Así como el Padre es la cabeza de Cristo, el Hijo mismo —siendo Dios en esencia— no estimó el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo y asumió una posición de obediencia voluntaria para cumplir el propósito eterno.

Cuando la mujer abraza este orden, no está perdiendo dignidad; al contrario, está manifestando la misma gloria y el mismo carácter que Cristo mostró ante el Padre. La verdadera libertad no se encuentra en la lucha por el protagonismo, sino en el reposo de un corazón que, al igual que su Maestro, encuentra su mayor honra en el cumplimiento del diseño divino, lo cual el Padre lo ve.


A la memoria de Jorge Fox.

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