domingo, 1 de abril de 2012

¿Aflicciones?

Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. (Hechos 14:21-22)

Hoy te animo, si eres discípulo de Cristo, a que tengas ánimo y permanezcas en la fe; y en el mensaje que sigue, intentaré que puedas ver claramente algunos distintos tipos de aflicciones que deben ser pasadas por los discípulos de Cristo, y aquellas aflicciones que debemos evitar. No es en ningún caso más que una mirada rápida a las distintas aflicciones, sus propósitos, duración y término; para que puedas tu adentrarte en el conocimiento de lo que te sucede y te sucederá, si Dios lo permite.

Antes que nada, una recomendación para el que está afligido, como para el que está alegre:

¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. (Stgo 5:13)

En cualquier aflicción que estés, sea cual sea su causa y propósito, hay una recomendación para el discípulo de Cristo (el creyente); hacer oración; comunicarte con tu Padre y pon tu caso en su trono; espera su respuesta e intercesión; y que puedas conocer que es lo que sucede. Y si no es evitable, que te de la gracia de estar gozoso en la aflicción, dando gracias a Dios; y puedas entender prontamente la causa y propósito.

El Señor nos enseñó: En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)

Al que seguimos (al Señor) está por sobre el mundo, de manera que cualquier cosa del mundo que nos haga sufrir; está por debajo del dominio de nuestro Señor, eso significa, que el Señor tiene el control de todo; no dice que sean todas las aflicciones evitables, eso no lo dice; sino que dice que EL venció al mundo, de modo que los suyos vencen al mundo y deben vencerlo por medio de la fe que nos ha sido dada (y que debe ir creciendo y fortaleciéndose, en EL). Nada está sobre nosotros en este mundo, sin el control del Señor, y sin el potencial en nosotros de vencerlo, en la confianza en EL.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. (Rom 8:18)

Y debemos entender, que nada es comparable con la gloria que tendremos con nuestro Señor; cualquier aflicción del presente será despreciable con el galardón que nos espera; no es un invento mío; sino es lo que el Señor nos promete; y por lo tanto, lo debemos esperar como cosa ciertísima y firme, de parte de él.

Estad siempre gozosos. (1Tesal. 5:16)

El evangelio verdadero, habla de aflicciones; y cualquier evangelio que las niegue; niega parte de la verdad, y de lo que nuestro Señor nos enseñó; y por lo tanto, no es el evangelio del Dios vivo, sino un evangelio del mundo (sin poder de Dios). Pero hay una promesa que podemos alcanzar incluso en la peor aflicción que tengamos, y es que en ellas (aflicciones) no debemos perder el gozo del Señor, debemos pedir y experimentar ese gozo en medio de las aflicciones; por medio de la fe; a menos que estemos extraviados de la fe. Pero en la fe, debemos pedir y ejercer la gracia de pasarlas con gozo y esperanza.

Antes de hablar de los distintos tipos de aflicciones, quiero hacerte notar dos grandes grupos de sufrimientos que hay hoy en la tierra:

Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. (2Co 7:10)

La tristeza del mundo produce muerte, es decir, a aquellos que no están en la fe, los dolores y aflicciones del mundo los llevan a la muerte; en cambio, a aquellos que son de la fe y permanecen en ella; la tristeza que es según Dios, produce el arrepentimiento para salvación. En Dios la tristeza tiene un buen fruto, la vida; en el mundo la tristeza tiene un mal fruto, la muerte. Es por ello, que con mayor fuerza debemos orar, cuando seamos afligidos, y no perder la confianza y comunión con el Señor; y si esta ha sido debilitada (la fe y comunión con Dios), debemos volvernos al Señor, a nuestro Pastor, donde encontraremos la vida y paz.

Hablaremos de las aflicciones que pertenecen al primer grupo (obviamente); las que son de parte de Dios; ya que las otras, son el resultado de la desobediencia del hombre, él hacerse independientes de Dios y negarlo; y que produce muerte (cuando el hombre no le cree a Dios, lo niega, pues lo hace mentiroso, es decir, se pone de parte del enemigo de Dios, Satanás).

Ahora trataré de dividir los distintos tipos de aflicciones que tenemos los creyentes (o deberíamos tener); no con un sentido de establecer una clasificación “científica y exacta”; sino más bien, con que podamos ver diferentes aflicciones, con diferentes propósitos; y que debemos de alguna manera reconocer, para poder obrar en conformidad a las circunstancias. Por lo que he experimentado, no siempre una aflicción será clasificable en forma pura en cada categoría, sino que muchas veces Dios saca de ellas múltiples propósitos. Además, no es lo que yo hoy trato de explicar, lo único que existe, sino lo que hasta hoy distingo para compartir; y te puede ayudar.

Empecemos entonces, con las distintas aflicciones que podemos tener como creyentes:

LAS PRUEBAS:

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia (fortaleza). (Stgo 1:2-3)

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, (1Pe 1:6-7)

Las pruebas son aflicciones, debido a que Dios nos pone situaciones adversas, que contradicen sus promesas, o más bien dicho, contradicen lo que nos dijo. Las pruebas, contradicen aparentemente la fe, es decir, Dios nos pone a prueba nuestra fe, haciéndonos vivir circunstancias contrarias a las que esperamos por su palabra; es al caso de Abraham por ejemplo cuando por obedecer a Dios va a la tierra de Canaán, y cuando llega a Canaán hay una gran sequia y hambre; o cuando se le pide su hijo primogénito Isaac, siendo que Dios le había prometido que por Isaac tendría innumerable descendencia. La prueba la pone Dios, cuando en obediencia a la fe, vives circunstancias contrarias a lo que Dios te prometió por un poco de tiempo; para PROBARTE, FORTALECERTE y EXALTARTE (exaltarte en la manifestación de Jesucristo en su día). Las pruebas no son aflicciones producto de un pecado o algo parecido, sino que son producto del necesario fortalecimiento de la fe, en Cristo. Y cuando las superamos con gozo, nos dan un mayor peso eterno de gloria.

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; (2Co 4:17)

¿Cómo se superan las pruebas?

Las pruebas se superan por medio de la fe, es decir, confiando en lo que el Señor nos dijo (a pesar de que lo que vemos lo contradiga), y no dudando en las circunstancias, que están bajo su control; para superar una prueba debemos hacerlo con gozo y alegría de que somos probados, es decir, que estamos siendo evaluados por Dios, “para pasar de curso”.

Mira el siguiente ejemplo de la iglesia en Macedonia, como actúa una iglesia creyente con gracia, ante una prueba:

Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. (2Co 8:1-4)

Lo explico en breve, las iglesias en Macedonia estaban pasando por una prueba (tribulación) de escases económica; pero ellos con gozo querían participar de dar y compartir lo económico con los hermanos (a pesar de su “pobreza”), siendo que para la mente humana no era el mejor momento de compartir en la escases grande que estaban pasando, ellos con gozo tenían la gracia de dar según sus fuerzas y más allá de sus fuerzas (dice más allá de sus fuerzas, porque es en la gracia de Dios), ofrendas a los hermanos, y ser así participes del privilegio de dar, para la obra de Dios. Mira como ante la prueba, el creyente actúa en la fe, es decir, en la gracia que es por medio de la fe, en forma contraria como lo haría el mundo. El mundo se aflige y llora, el creyente se goza de la oportunidad; el mundo maldice ante la adversidad, el creyente bendice. El mundo atesora lo poco que tiene, el creyente da; sabiendo que es hijo de Dios, dueño de todo. El creyente vence al mundo, como su Maestro, por medio de la fe.

Como puedes ver, las pruebas son superadas sólo por medio de la fe que vence al mundo; y sin fe es imposible pasarlas; y por lo tanto, “pasar de curso”; al nuevo nivel que el Señor nos quiere llevar.

¿Y por qué sólo por medio de la fe? Porque para la fe NADA ES IMPOSIBLE; se manifiesta el poder de Dios en nosotros, por medio de la fe; y superamos las pruebas que por medios humanos, nos serían IMPOSIBLES de superar.

Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte; (2Co 1:8-10)

Si tenemos la fe que vence al mundo, debemos entender también que las pruebas que pasaremos superarán nuestra capacidad natural como hombres de superarlas, para que no sea un triunfo de la carne, sino del poder de Dios en nosotros que es por medio de la fe. Por lo anterior, debemos entender que somos probados más allá de nuestras capacidades humanas, de manera que se manifieste el poder de Dios en nosotros los creyentes; así como Pablo fue probado más allá de lo que él podía soportar; para que su confianza absoluta estuviera en Dios y no en lo que tenemos o somos, como hombres en la carne. Pablo triunfó por el poder de Dios que se manifiesta en los que creen y esperan en Dios.

Si las pruebas sólo fueran las que podemos superar en nuestra capacidad natural de hombres; no habría ni avance, ni fortalecimiento, ni gloria futura; este Camino es una camino hacia arriba al cielo, hacia Dios Padre, y por lo tanto, necesitamos su poder en nosotros (gracia) para llegar a la meta; y ese poder se manifiesta en nosotros por medio de la fe; y la fe viene de OIRLO. Y cuando Dios dice, lo que no era, ahora ES, porque El lo dijo. Las pruebas de Dios son insuperables en la carne, pero lo que es imposible para el hombre, para Dios es posible; y esto es por creerle lo que nos dice; la fe que vence al mundo.

LA DISCIPLINA:

… y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. (Heb 12:5-8)

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. (Heb 12:11)

Bueno, es claro que cuando somos recibidos como hijos de Dios, por medio de la fe en su Hijo; cuando recibimos su Espíritu; recibimos a Dios como Padre, y en su función de que crezcamos a su imagen y semejanza, nos debe disciplinar; y no siempre la disciplina nos gustará; o será de nuestra preferencia; pero lo que es seguro, es que producirá en nosotros frutos de justicia; dignos de nuestro Padre. Acá no hablamos de aflicciones de pruebas, sino de corrección de Dios en nosotros; como nosotros lo hacemos con nuestros hijos.

Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. (Heb 11:24-26)

Tiene mayor valor una corrección del Señor, para un hijo de Dios; que todas las riquezas del mundo, porque lo que esperamos en tremendo; Moisés prefirió negar al mundo, ya no siendo hijo del mundo (hijo de la hija del Faraón); sino de Dios (aunque siendo maltratado por ello). Debemos entender, que cuando el TODOPODEROSO nos disciplina; debemos sentirnos los seres más privilegiados de la creación, no sólo porque ha puesto sus ojos sobre nosotros, sino también que se ha molestado en enseñarnos, y no sólo se ha molestado en enseñarnos, sino que también que eso nos habla de SU AMOR POR NOSOTROS. Todos los que somos padres, debemos saber que es más fácil no corregir a un hijo que corregirlo; y los corregimos porque los amamos; y por eso, nos molestamos en disciplinarlos para que sean la máxima expresión que puedan ser como hombres. Así también lo hace nuestro Padre, para que seamos perfectos, como El lo es. Por lo anterior, mucha atención a la voz del Señor debemos tener, para no desperdiciar nuestro tiempo y avanzar como hijos que agradan al Padre. Contentos y dichosos con su disciplina.

NUESTROS PECADOS (ERRORES):

Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. (Juan 5:14)

Cuando Jesús le advierte al hombre que postrado no podía caminar (tras 38 años) y había sido sanado por él ; le dice “no peques más”; claramente podemos entender que el producto del pecado es aflicción y sufrimiento; hay aflicciones que son producto de nuestros errores y no de pruebas o disciplina de Dios, sino producto de nuestro pecado; de tomar un camino errado apartado de la voluntad de Dios. La solución en ese caso, es escuchar al Señor y tomar nuestro lecho y caminar tras él; y no tras nuestro entendimiento natural que nos lleva al pecado. En su palabra, tenemos el poder de superar el pecado y levantarnos; y correr la carrera que nos pone por delante.

Otro ejemplo:

Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores (aflicciones). (1Ti 6:10 NVI)

Acá vemos como algunos, se han desviado de la fe, siguiendo al dinero, y postergando al Señor; como esto les acarrea y acarreará muchas aflicciones; es decir, seguir el pecado (error), nos trae aflicciones; este tipo de aflicciones debemos evitar. Cuando seguimos cualquier cosa que no sea el Señor, es idolatría, pues pensamos que eso es lo que nos conviene y nos dará felicidad; despreciando al Hijo de Dios; es el caso del dinero, pensamos que con dinero solucionaremos nuestros problemas y haremos lo que queremos para ser felices; un engaño del enemigo.

Pero mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos. ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera andado Israel! En un momento habría yo derribado a sus enemigos, Y vuelto mi mano contra sus adversarios. (Salmo 81:11-14)

Cuando el hombre, camina tras sus propios consejos; y no oyendo y obedeciendo al Señor; cosecha lo que siembra; aflicción producto de su pecado. El adversario que tenemos (el diablo), domina a quien no se protege en el Señor, y camina descubierto en la arrogancia de su sabiduría personal, siguiendo sus propias ideas, sin considerar y obedecer al Señor. Notemos por favor, que nuestro enemigo, el diablo quiere nuestro sufrimiento para muerte; y la forma de afligirnos que tiene es a través de las cadenas del pecado, es decir, del error por el engaño; es por ello que debemos seguir la luz (enseñanzas del Señor); y salir del error (engaño del pecado). Esto sólo lo podemos lograr en Cristo, en su palabra; escuchándolo y creyéndole; a pesar que nuestra mente carnal, nos diga NO. Porque el enemigo sabe que cuando actuamos en nuestros propios consejos, estamos bajo su dominio; es por ello que evita de cualquier forma, que vayamos a la luz y lo descubramos en sus engaños. Y son engaños, porque nuestros consejos siempre son para “nuestro bien”, pero terminan en mal (porque son mentiras del enemigo), no sólo para nosotros, sino para quienes están con nosotros; e inocentes. La luz descubre todas las cosas; su palabra revelada es luz a nuestros pies. Para que caminemos por la senda del Señor.

PERSECUCIONES POR EL REINO DE DIOS (prueba):

Nos puede ser dado ser participantes de las aflicciones de Cristo por su reino (por su iglesia), perseguidos por hacer el bien (aunque los hombres no te entiendan):

Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; (Col 1:24)

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. (1Pe 4:12-14)

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia (equidad), porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. (Mat 5:10-13)

Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. (Juan 15:18-20)

Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. (Hechos 5:40-41)

Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás; tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. (2Tesa 1:3-5)

Este es el más grande regalo y oportunidad que nos pueden dar, ser participantes de las aflicciones y persecuciones de Cristo, por su iglesia; recuerden que todos los apóstoles terminaron sus vidas entregadas como sacrificios agradables a Dios, a su debido tiempo; y con gozo morían por su Señor. Pedro que lo negó tres veces, en su carne no pudo ser fiel al Señor; pero le fue dado el morir crucificado por su Señor voluntariamente (por amor, ya no sustentado en su carne, sino en la gracia del Señor); lo cual dice la tradición lo hizo al revés, porque no se consideraba digno de morir como murió Jesús, su Señor. Este mismo Pedro, que fue incapaz, en su naturaleza humana, de ser fiel al Señor, sino que lo negó; y no sólo una vez, sino que fueron tres veces; en el poder del Dios, que es por la fe; culminó la carrera en gloria eterna, por su gracia.

De este último punto, lo dejo para que lo busques y lo entiendas en oración al Padre; es el punto de plena consagración; la fidelidad hasta la muerte; no como exigencia; sino como una gran oportunidad y entrega absoluta; amando a Dios por sobre todas las cosas.

Como conclusión; es bueno que veas que hay diferentes tipos de aflicciones, y no debes confundirlas; si estas pasando por ellas; debes orar para que se haga la voluntad de Dios en tu vida, y para que te de su gracia y entendimiento, para superarlas en su tiempo. No insistas en el error, busca la voz del Señor y créele; el poder de Dios, por su gracia te levantará.

Un abrazo a todos, espero haberles dejado el tema para vuestra meditación y oración al Padre, en Cristo.

martes, 31 de enero de 2012

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer.

Cuando escuchamos la siguiente frase Bíblica: porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer (Fil 2:13); a veces me parece que se toma fuera de contexto; ¿a que me refiero?, me refiero, a que muchas veces entendemos que Dios produce en el creyente el querer y el hacer la voluntad de Dios, eso es verdad; y gloria a Dios por ello; porque no sólo nos da el querer su voluntad y desearla, sino que también el obrar en conforme a ella, que está sustentado en su poder en nosotros; ¡eso es una muy buena noticia!, y es glorioso que Dios nos haya proveído de tan grandísimo poder que obra en nosotros los creyentes, de que no sólo nos cambian los gustos; para ya no andar por los caminos sin futuro de la carne, haciendo sólo nuestra voluntad; sino, por el Camino que lleva al Padre. Y eso no queda sólo ahí, sino que también se nos da el poder de actuar conforme a los requerimientos de Dios (ojo que es un camino, tiene un inicio y un fin; no todo está en el inicio, y no todo en la meta; hay que correrlo).

Ahora, ¿Qué es lo que veo que no se entiende bien de esto, del verso citado?

Veo que no se entiende bien cuando pensamos que Dios lo hará, sin importar en que esté uno como persona; ¡hay que tener cuidado!, eso no es así; Dios no lo hará, si no cumplimos con sus requisitos.

Pensar que nos cambiará sin importar nosotros, es una interpretación que es una desviación de la verdad, el pensar que él obra en nosotros sin importarnos nosotros; Dios obra en nosotros trasformándonos cuando andamos en el Espíritu por la fe, es decir, con la mira en la cosas de los cielos; y no con la mira en las cosas de la carne y el mundo (la tierra); un hermano que anda en la carne, guiado por su mentalidad sin renovación, no sufrirá ningún tipo de transformación renovadora de Dios en su ser, a menos que ande guiado por el Espíritu, es decir, por fe, será transformado día a día (mientras no lo haga, pierde su tiempo)

¿Y por que lo digo?

Lo digo porque cuando citamos “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer”, para justificar hacer lo que se nos da la gana; se nos olvida que justo el verso anterior dice: ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, y luego dice: porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

No podemos creer que Dios nos trasformará, sin creerle lo que realmente nos enseña en forma completa; El lo hace (nos transforma), mientras nos ocupamos en nuestra salvación (no preocuparnos; sino ocuparnos, trabajamos u obramos en nuestra salvación) con temor y temblor (eso habla de importancia máxima).

Estos errores ocurren, cuando un verso en la Biblia lo usamos en forma parcial (sólo una parte o la mitad); entonces tenemos una media verdad; que en verdad no es la verdad, sino un artilugio del enemigo para desviarnos, es decir, se transforma en un engaño, un tropiezo.

Ahora podemos ver que Dios nos transforma mientras estamos ocupados (repito, no preocupados), en nuestra salvación con temor y temblor; es decir, cuando la tenemos por primera prioridad en nuestra vida; en ese caso su Espíritu obra en nosotros cambiando nuestros gustos, a los gustos de Dios, y nos da el poder de obrar conforme a su voluntad (eso es grandioso, y es verdaderamente la gracia); pero si estamos ocupados en otras cosas; cosas de la carne y el mundo, la Escritura no dice que somos transformados en la imagen del Hijo de Dios, sino que lo que sembremos, cosecharemos (Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Rom 8:6)

.En la carne todos tenemos la inclinación a interpretar el evangelio, según la conveniencia de la carne; por eso se ven estas distorsiones, y sumado esto al engañador que siempre nos dirá lo que queremos escuchar, usando parte truncada de las Escrituras, para mantenernos en su dominio; el domino que le fue dado sobre toda carne, por el pecado.

Ahora entendemos, ¿queremos que Dios nos transforme por su gracia? ¡Claro que si!; entonces ocupémonos de lo que decimos que valoramos sobre todas las cosas (no preocupémonos, sino ocupémonos). Ahora lo lograremos, si realmente lo creemos; y eso es fe; y eso viene de oír al Señor; entonces tenemos trabajo hermanos, más oír y menos hablar; ocupándonos en sembrar lo que a vida eterna cosecharemos, por la fe.

Ocuparse en la salvación significa, que en lo que el Señor ya ha obrado en ti, en el querer; lo trabajes, para que de frutos. Aunque no sea muy grande al principio ese querer, pero debes hacerlo trabajar en ti; para que mientras te ocupas en ello; Dios por su buena voluntad te vaya transformado en su Imagen, es decir, a la estatura de su Hijo. No esperes tener una gran inspiración para empezar a trabajar, empieza ya a ocuparte en las cosas del reino de Dios, buscarlo, llamarlo y oírlo; y en lo que él vaya poniendo su querer en ti; empieza a obedecer y caminar, según su poder va obrando en ti; no te desanimes, mira que esto funciona; y verás como su poder obrará en ti, mientras te ocupas de El, y ya no de lo que no es. Ocupado en El, El se ocupa de ti, y te transforma.

Esto se transforma en un circulo virtuoso, mientras empiezas a usar ese querer (aunque sea aún pequeño en ti) en ocuparte del Señor, veras como eso te ira fortaleciendo y trasformando, y ese querer irá aumentado y así también el poder producir en ti, su voluntad. Irás de menos a más, cada día, por su buena voluntad; aumentado el querer y el obrar en él.

No pierdas tu tiempo, manos a la obra; la obra de la fe.

Un abrazo a todos mis amigos en Cristo; y hagamos trabajar el talento que nos dieron, para que produzca mucho fruto, para gloria de nuestro Padre.

Rodrigo C.

PD. Cito en forma completa el los versículos analizados:

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. (Fil 2:12-13)

Un tema muy bueno, relacionado con este tema, es el siguiente: 

Haced morir por el Espíritu, las obras de la carne


viernes, 13 de enero de 2012

¿Y quién te dijo que había otro camino? (Sólo el camino de la cruz)

Hoy veo muchos cristianos caminando en forma muy similar a lo que lo hace este animalito (hámster), en su rueda; gira y gira, pero no avanza. No llegan a ningún lado. Encontré en la web esta simpática foto, aunque simpática para un animalito, no es para nada de simpática la comparación con lo que muchos piensan que avanzan, y en realidad no dan un paso.

Bueno es ese el tema de este mensaje, ¿Cómo avanzamos verdaderamente, y salimos de la rutina?

Esto no es cumplir mandamientos, esto no es religión, esto es un camino, el camino de la cruz.

El ser cristianos, es decir, discípulos de Cristo; es un camino, el camino de la cruz, no se trata de cumplir y cumplir ordenanzas (aunque las incluye), y no se trata de ritos religiosos (aunque también pueden incluirse), se trata de correr una carrera (correr dije, vale decir, máxima velocidad), una carrera que tiene un comienzo, un trayecto y tiene un final, es decir, una meta. Si yo les cito lo siguiente, estoy claro que todos estarán de acuerdo:

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Jesucristo es el camino; eso lo hemos repetido muchas veces; pero este mismo Jesús que dijo que era el camino ¿Qué más dijo al respecto?

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Mat 16:24)

Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Mar 8:34)

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. (Luc 9:23)

Estos tres evangelios, lo dicen en forma coincidente, usando el mismo lenguaje, no hay forma de seguir y avanzar en el Camino que es Jesucristo, sin tomar la cruz cada día, y así poder seguirlo (sin la cruz, no sales de la rutina de la rueda).

Me parece que hasta ahora nada nuevo he dicho (creo no haber dicho nada que no hayas escuchado antes); pero quiero hacer la siguiente reflexión:

A veces nos ponemos tan religiosos y místicos, que cuando nos hablan de la cruz, y sobre todo cuando nos dicen que debemos tomar la cruz, tenemos en mente muchas cosas, como sufrimientos, muerte, sangre, dolor, tribulación, sacrificios, etc. Si yo te pregunto en forma directa y práctica, ¿Qué es tomar la cruz cada día, que significa, como la explicas? Por favor medítala, con esa pregunta te dejo algunos instantes, luego puedes seguir leyendo…

(… meditando, no molestar…)

Si nos interesa llegar a la meta de este Camino, es decir, llegar al Padre y con todo lo que eso significa (estatura que debemos tener, pureza, gloria, herencia, amor, unidad, etc); debemos avanzar cada día, y la única forma de hacerlo, es no olvidando la cruz; el que camine sin cruz (la llave), no avanza; es como el hámster de la foto; corre y corre, pero ¿A dónde llega? Nadie podría decir que ese hámster no ha corrido; pero eso no significa que haya dado algún paso importante hasta la meta; mientras no salga de su rueda (y obviamente de su jaula), no sirven de nada sus esfuerzos; mientras nosotros olvidamos en la partida (o a medio trayecto) la cruz, no hay caso, no avanzamos (a menos que el Señor se contradiga en su palabra, cosa que nunca hace, ni hará). Es la cruz, el medio que nos hace salir de la rutina de sólo cumplir ordenanzas, y que todo se transforme en sólo una religión; es la cruz la llave maestra al Reino de los Cielos; salimos de la ruedita, y de verdad, avanzamos.

Vuelvo a la pregunta del párrafo anterior ¿Qué es y cómo se explica el tomar la cruz cada día?

Te podrá sonar muy poco espiritual lo que te voy a decir, pero la verdad es la verdad; tomar la cruz cada día y seguir al Señor, es una DECISIÓN diaria de obedecer, a pesar de no querer hacerlo.

La cruz es una decisión de cada día, una decisión como la que enseñan en la universidad; si como ese ramo de toma de decisiones, si correcto; la RAE lo define así: 1. f. Determinación, resolución que se toma o se da en una cosa dudosa.

Y la toma de decisiones, encontré lo siguiente: La toma de decisiones es el proceso mediante el cual se realiza una elección entre las opciones o formas para resolver diferentes situaciones de la vida en diferentes contextos.

Seguir al Señor cada día es estar dispuesto a tomar la mejor decisión cada día, es estar dispuesto a tomar la mejor decisión a pesar que esa decisión nos signifique algo tan terrible como la vergüenza pública o la muerte, a pesar que no sea la decisión de nuestra preferencia. Eso es tomar la cruz, es decir; mi alternativa es inferior a la tuya Señor, la mía la desecho ante la tuya; ya que tú has preparado lo mejor para mí. Es decir, obedecer a su voluntad, entendiendo lo siguiente:

La decisión que me propone el Señor es la mejor, a pesar que mi mente natural entienda lo contrario y no me guste; es por ello que decido obedecer; aunque no vea, pero le creo a Dios, que es el camino que me tiene preparado.

La decisión que me propones es la mejor Señor, a pesar que mi mente y sentimientos naturales se opongan, la sigo porque te amo, y no quiero desagradarte, sino que ese amor me impulsa a que nada permitiré que nos separe, y un dolor en ti, sería un dolor en mí.

Ahora leamos:

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. (Mat 10:37-38)

Si no estamos convencidos que seguir al Señor es nuestro propósito, único y mejor camino; no lo haremos; si no creemos que él es la mejor opción, no lo haremos; si nuestro amor es limitado; no lo haremos; seremos deficientes en nuestro caminar. Si amamos algo más que él, no podremos avanzar; porque en el momento que haya que decidir entre lo que amamos en la tierra y él; seguiremos lo que amamos más (eso es obvio). Seremos novia de otro, y no de Jesucristo.

El camino de la cruz, es tomar las decisiones correctas cada día; ¿y cómo lo logramos?

Antes de tomar una decisión debemos conocer las alternativas, sin conocer las alternativas; tomaremos una mala decisión. Debemos conocer la alternativa que nos propone el Señor; esa es la alternativa que no debemos desconocer, y que muchas veces pensamos entender, no siendo siempre así. Conocer la voluntad de Dios, no es instantáneo, es una búsqueda de cada día, es escuchar cada día lo que él nos plantea (que puede ser completamente nuevo para nosotros); despojarnos de nuestros prejuicios, y creerle, lo que nos dice. Despojarnos de nuestro orgullo, de todo lo que creemos saber, sabiéndolo deficientemente.

Sin conocer la voluntad de Dios, es imposible; tomar la decisión correcta (es posible sólo por azar). Lo primero que debemos buscar, y es donde está nuestra fortaleza, es buscar la voluntad del Señor en todos nuestros caminos en la tierra; y una vez que oímos, obedecemos; ya que es lo mejor que podemos hacer, su voluntad (de hecho es lo que pedimos en la oración del Padre nuestro, si la pedimos para la tierra, ¿no será buena para nosotros también, y no sólo si nos gusta?).

La voluntad de Dios, no siempre nos será agradable y deseable en nuestros gustos personales; a veces, nos parecerá que es algo errado; y otras veces no veremos en ella mucho valor (el mundo no se enteró casi, cuando condenaron a Jesús); todo lo anterior son prejuicios de la carne; la voluntad de Dios es PERFECTA; y en ella hay poder, seguridad, fortaleza y alimento. Pero para comprenderla y seguirla, debemos primero buscarla; debemos ser transformados en nuestro entendimiento, para caminar en ella.

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a este siglo; mas trasformaos por la renovación de vuestra alma, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Rom 12:1-2)

Hemos visto hasta acá, que para poder tomar la mejor decisión, debemos estar informados de las alternativas, de hecho es sólo una la alternativa que necesitamos conocer, la voluntad del Señor para cada día; y para cada alternativa que enfrentamos y emprendemos.

Hay una frase que escuche desde niño en la radio en la región que me crié (Bio-Bio), que dice algo así “el hombre que no está informado, no puede tomar decisiones”; y creo que esa es la verdad en muchas malas decisiones que tomamos; lo primero que debemos hacer para tomar una buena decisión, es decir, seguir al Señor con nuestra cruz; es estar informados de la mejor alternativa, su alternativa, la alternativa del Espíritu y no de la carne. ¿Y quién nos la informa? Ya lo sabemos, para eso nos dejaron el Espíritu Santo; para que nos guie a toda verdad. Es el Espíritu Santo, el que nos muestra la alternativa del Señor (nos informa), para que podamos tomar la decisión correcta cada día. ¿Y por que la tomamos? Lo repito, porque le creemos, y sabemos que es la mejor opción, y también porque le amamos; como a nuestros hermanos; y siguiéndolo estaremos más cerca de él, nuestro amor y le agradamos.

Ahora podemos ver, que para salir de la ruedita del hámster; debemos entender que si no obedecemos, no hay avance, y no obedeceremos, sin creer que la opción del Señor es la mejor (las buenas obras que Dios dispuso para que caminemos en ellas), y no podremos creer la opción del Señor, sin antes OIR AL SEÑOR CADA DIA, lo que él nos enseña (informa).

Tomar la cruz y seguirlo es una tarea diaria, la mejor tarea que tenemos; un camino a las alturas y no de rutinas (ruedita) en la tierra. Lo haremos si le creemos realmente y le amamos, y nos damos el tiempo de escucharlo cada día, con más atención y dedicación a él, que a todas las opciones que nos propongan nuestra carne, el mundo y el mismo diablo. Si reamente amamos a DIOS, y por lo tanto, todo lo que de él proviene, como por ejemplo su voluntad; seremos consecuentes con ese amor, buscaremos su voluntad para agradarlo. Si realmente le creemos que no hay mejor opción para nosotros, buscaremos esa mejor opción día a día. Venderemos todo, por comprar el campo del tesoro.

NO hay otro Camino; el camino es Jesucristo, y para seguirlo, sin la cruz es imposible. Sólo lograríamos una religión exterior, y rutinas exteriores; pero no habrá cambios transformadores en nuestras vidas (no avanzamos). Ya lo sabemos, entendemos ahora que la cruz significa, como el Señor lo dijo al Padre (una vez que supo que no había otra alternativa que la cruz); que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

No como a nosotros nos parece o queremos (a veces será coincidente, en otras no lo será, con lo que nosotros queremos); pero que sea sobre todo como el Señor quiere y dice; eso es fe; eso es esperanza, eso es amor.

Ahora tienes una tarea muy práctica y muy espiritual, de buscar la voluntad de Dios cada día en tu vida, y tener el privilegio de no sólo encontrarla, sino que obedecerla; y así dar pasos gigantes, a la meta que anhelamos. Así, si que avanzaremos; fuera de las rutinas y ruedas del mundo. Al llamado divino en Cristo, todos juntos en él.

La cruz significa estar dispuesto a desechar tu gusto o preferencia personal, por una opción mejor que no es necesariamente la que nosotros erigiríamos; pero diremos “no se haga como yo quiero, sino como tu Señor”.

Cuando el Señor tomó la cruz, antes de averiguar y estar seguro que no había otra opción (recuerda que oró tres veces para que pase de él esa copa si era posible); oró para descartar que había otra posibilidad; pero una vez que supo que no la había, sino ir a la cruz, que esa era la alternativa divina; lo hizo básicamente por dos razones, que las podemos ver a continuación; y que son la razones que debemos nosotros también tener, en cada decisión que tomamos siguiendo al Señor.

“el cual (Jesús) por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Heb12:2

Esto nos habla de la fe y esperanza de Jesús; el vio por fe en esperanza el galardón que tenía por delante; sentado a la diestra de Dios; por lo que puedo sufrir la muerte de cruz y despreciar la vergüenza que eso significaba. Por FE, lo hizo; creía lo que después de la muerte, vendría como recompensa lo prometido.

También leemos lo siguiente del antiguo testamento: Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre. (Gen 44:34)

Proféticamente Judá hablo lo que cito, cuando se entregó por su hermano Benjamín (Judá figura de Jesús se entregó por Benjamín figura de nosotros, los hermanos menores de Jesús); es lo que Jesús pensaba y sentía, cuando tenía la cruz por delante; él no podría ver el dolor del Padre, si no recuperaba lo que se había perdido (al hombre); porque de tal manera amó Dios al mundo, que entregó su Hijo por el mundo; y el Hijo amo de tal manera al Padre, que no volvería sin nosotros, porque no podría soportar ver el dolor del Padre cuando perdió al hombre, y él volver sin nosotros.

Esa es la segunda razón por la que tomamos la cruz, y no hacemos nuestra voluntad, sino la de Dios, EL AMOR. Jesús no pidió una legión de ángeles que lo liberarán de la cruz, sino que como un cordero callado, se entregó hasta la muerte; por AMOR.

Ahora sabemos que su aflicción tuvo frutos, consiguió lo que la fe le decía y esperaba (resucitó y fue exaltado hasta lo sumo); y obtuvo lo que el Amor le dictaba; ver su Padre contento y a nosotros en El. No volvió con las manos vacías al Padre, volvió con lo perdido.

Ahora, ¿seguiremos dudando que la opción de Dios sea la mejor?

No caigamos en ese engaño del enemigo; sino que con toda prontitud y diligencia, busquemos su reino cada día; su reino en nuestras vidas. Que así sea.

Un cariñoso abrazo a todos, en el Amado. Y no pierdas el tiempo, aprovéchalo en lo verdadero y eterno. Escucha al Señor y obedécele.

Rodrigo C.

He aquí yo envío el Angel (Jesucristo) delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión; porque mi Nombre está en él. Pero si en verdad oyeres su voz, e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo a tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi Angel (Jesucristo) irá delante de ti, y te introducirá a la tierra del amorreo, y del heteo, y del ferezeo, y del cananeo, y del heveo, y del jebuseo, a los cuales yo haré cortar. (Exo 23:20-23)

lunes, 2 de enero de 2012

¿Con quién te comparas?

Muchos hemos caído en el error de mirar hacia al lado y compararnos con los hermanos, y en ocasiones podemos llegar al extremo de compararnos con las gentes del mundo (eso no tiene ningún valor); hoy veo como muchas iglesias se comparan unas a otras , que estiman inferiores, y como gran cantidad de cristianos, encuentran su satisfacción en compararse con el resto, en ver que ellos son más justos que el resto. Incluso los hay que llegan a ver sus justicas comparándose con las gentes del mundo, o de tantos falsos ministros de Dios, que han sido sorprendidos en actos depravados que aún ni los mundanos, han caído en tales aberraciones.

Nuestra carne, como es una buscadora nata de vanagloria, siempre buscará la forma de sentirse mejor que otros en sí misma, y esto agudizado por el príncipe de las tinieblas que nos susurra lo perdidos que están tal y cual persona, como no ven lo evidente. Nuestras comparaciones siempre son desde nuestra perspectiva, y por lo tanto, son parciales y como tal, prejuicios injustos. Ahora, pudiese ser que en algunas comparaciones haya cierta verdad, pero pregunto ¿Qué valor tiene eso para el propósito del Señor en nosotros?

Cuando caemos en la trampa de compararnos unos a otros (y sentirnos mejores), y esto no sea para imitar lo bueno como la fe y el amor de tal hermano; sino para tener autosatisfacción de que los “mejores” que somos (según nosotros mismos, eso no vale de nada), nos apartamos de lo que el Señor quiere lograr en nosotros, y nos ponemos a mirar para el costado, y dejamos de ver nuestro objetivo; y lo que es peor, el poder de alcanzarlo.

En muchos cristianos esta se vuelve una práctica muy habitual y frecuente, dado que en ellos mismos no ven muchos cambios ni transformaciones, y deben buscar la forma de conformarse en que son mejores.

¿Y con quien debemos compararnos entonces?

En el Señor sólo tenemos un patrón de medida, sólo Uno es nuestro patrón de medida y comparación; y sólo con ese patrón nos debemos comparar; con nuestro Señor Jesucristo, sólo con él nos debemos comparar; él es la medida perfecta y el llamado que tenemos, cada vez que nos comparamos con otra persona, para sentirnos superiores, erramos, sólo nos debemos gloriar en lo que respecto a Su medida (Cristo) vamos alcanzando.

Si sólo nos está permitido compararnos con nuestro Señor Jesucristo, debemos entender, que la segunda comparación que debemos hacer regularmente, es con nosotros mismos; si, con nosotros mismos; debemos compararnos en que hemos sido ya transformados por su poder en nosotros, esta comparación es muy importante; ya que si no vemos su poder transformador en nosotros al pasar el tiempo, significa inequívocamente, que en algún punto nos desviamos del camino. ¿Pero cómo? Claro, si dejas de avanzar, significa que has abandonado (por error), en algún punto la Senda correcta, lo que te ha dejado fuera del poder transformador de Dios, que es por medio de la fe, que obra por el Espíritu en ti.

Sed perfectos como nuestro Padre lo es, es el llamado; y el Hijo perfecto ya nos va siendo revelado por su Espíritu; ese es el patrón de comparación correcto que debemos tener día a día, hasta alcanzar su estatura. Y para ver los avances, debemos compararnos con nosotros mismos regularmente, para ver nuestros avances que alcanzamos en Cristo.

Si te quieres gloriar. Hazlo de ti mismo, y para ello debes ver cómo vas siendo transformado día a día por su poder, y si eso no ocurre pone muchas atención, ya que la meta es llegar a la estatura de quien nos llamó; y si no ves cambios en tu vida; lo que puede estar pasando es que no estás avanzando.

Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; (Gal 6:4)

Todo lo que te he explicado, Pablo lo resumió en lo siguiente:

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2Co 3:18)

A cara descubierta, es sin hipocresía ante el Señor, mirando con nuestros nuevos ojos de la fe (corazón sensible ante él, sin endurecerlo), la gloría del Señor, es decir, Cristo glorificado. ¿Y donde lo vemos? En un espejo. ¿Y qué más vemos en el espejo? Nuestro rostro natural. Vemos al Señor la meta y el llamado en nosotros mismos, y como eso se va concretando, pero sin perder de vista nuestro rostro natural, sin hipocresía ante él. Nuestro rostro natural nos muestra todo lo que aún debe ser transformado y santificado, todo aquello que debemos abandonar, para tomar lo nuevo.

Dale vueltas a lo que te digo, y que el Espíritu te revele la profundidad y la operación de Dios transformadora por medio de su Hijo que es en la fe, por su gracia. Pero recuerda, sin cambios, no hay avance; y debe haber muchos cambios por el poder de Dios en ti, ya que la meta es tremenda e inalcanzable sin la fe que mueve montañas; el Reino de Dios.

Busca el evangelio verdadero; sólo en él, hay poder de Dios que nos transforma día a día en su gloria. No te conformes con lo que te han contado, vívelo completo, en EL. AMEN.

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; (Rom 1:16)

La paz del Señor sea contigo.

Para leer:

Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

(Luc 18:10-14)

domingo, 25 de diciembre de 2011

La fe, como un grano de mostaza

La fe; mucho se habla de ella, muchos la usan para justificar sus actos, a muchas creencias se les llama fe; pero ¿Qué es la fe?; ¿todo lo que creemos es fe de verdad?, ¿Cuándo tiene poder?, ¿Cómo la llegamos a poseer?, ¿Cómo la aumentamos?, etc. hay muchas preguntas, que espero en un poquitito, poder apuntar:

Por favor, lean lo siguiente que enseñó Jesús:

Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera (al demonio)? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Pero este género no sale sino con oración y ayuno. (Mat 17:19-21)

Jesús nos enseño que si tenemos fe como un grano de mostaza, NADA NOS SERA IMPOSIBLE. ¿No es tremenda la afirmación? Creo que no hay poder humano que se le pueda comparar, a hacer que NADA SE VUELVA IMPOSIBLE. Creo que vale la pena descubrir un poco más, ¿Qué es realmente la fe?; a lo mejor, lo que hoy entendemos por fe, no es la fe que Jesús hablaba y se refería. Sólo quienes han movido montes, conocen en alguna medida, la verdadera FE.

Cuando Jesús compara la fe, lo hace con una semilla de mostaza; ¿Y por qué no lo hace con un grano de arena, que a lo mejor, es del mismo tamaño? Pero no fue así, lo comparó con un grano de mostaza; y a diferencia de un grano de arena, que puede tener un tamaño similar; tiene algunas diferencias que Jesús quiere mostrar (sólo a los que les interesa el tema, por supuesto).

Primero que nada, un grano de mostaza es una semilla, y como toda semilla tiene un vida potencial en ella; tiene el poder de crecer y desarrollarse, y llegar a un arbusto (o árbol) completo. En cambio, un grano de arena; no tiene potencial en sí mismo, no tiene vida. Esta diferencia, nos habla que la fe, tiene al igual que las semillas, un potencial en su interior, tiene vida.

Segundo; el grano de mostaza; Jesús lo usa en otras oportunidades para referirse al reino de los cielos; y en esta ocasión al relacionarlo con la fe; nos está diciendo; ojo, la fe es la que nos mueve a su reino (o hace venir su reino). Veamos algunos ejemplos:

Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. (Mat 13:31-32)

Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra. (Mar 4:30-32)

Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? (Luc 13:18-20)

Podemos concluir, que la fe verdadera, no sólo tiene vida en sí misma (no es inerte) y el potencial de desarrollarse; sino que también es el medio del desarrollo del reino de Dios, en nuestros campos, es decir, en nosotros.

A lo mejor, lo que he dicho hasta ahora, no es un gran descubrimiento; para algunos puede que no lo sea; pero sigamos adelante (hay más):

Jesús dice: “que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará”. Yo les pregunto: ¿Cuántos montes han visto moverse por medio de la fe? A lo mejor, muchos cristianos están un poco frustrados, ya que no hay (que yo sepa, si me equivoco me corrigen) registros científicos, ni históricos de montes que se hayan desplazado por medio de la fe, me parece que no los hay (a lo mejor me equivoco, y lo más probable es que si los haya; pero supongamos que no es lo común ver montes que se mueven). Y nos frustramos, pues decimos; uf que nos falta tanto…(recuerden que el Señor, siempre habló en parábolas, para que los de afuera, no entiendan).

Muchas veces tomamos en forma tan literal la Biblia, y otras veces somos tan espirituales; cuando Jesús habla de mover montes; está hablando no sólo del poder de mover un monte físico (que obviamente la fe tiene ese poder); sino que el monte más impresionante que mueve la fe, es el reino de Dios, el reino de nuestro Señor en la Biblia muchas veces, se compara a un monte (esa tarea de buscarlo la dejo para ustedes). Los montes que movemos por medio de la fe, es el reino de Dios, es a Dios mismo, que podemos mover, por medio de la fe.

Y entonces, ¿cómo se diría, si entendemos bien, lo que Jesús nos dijo?: “si tuviereis una fe aunque muy pequeña proveniente del reino de los cielos (Dios), habrá poder en ti, de mover el reino de los cielos, y nada os será imposible”. ¿Tremendo No? ; ¿y por que nada nos será imposible? Porque para Dios nada es IMPOSIBLE; y el reino de los cielos, es decir, para el reino de nuestro Padre; no hay límites, como los hay para los hombres. Ese si es un verdadero monte, no como los montes que vemos de roca y tierra; sino el monte de su reino. Si le creemos, movemos su reino; movemos a Dios mismo. ¿No es tremendo?

Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible. (Mat 19:26)

No se frustren queridos hermanos, muchos montes se han movido por los siglos por medio de la fe; el reino de Dios se ha movido; y se seguirá moviendo hasta que se cumpla en los que lo esperan, que venga a nosotros su reino, completamente su reino. A lo mejor, montes físicos no hemos visto muchos o ninguno, pero los veremos si son necesarios mover, por el poder de Dios. Pero el monte más importante que se mueve por medio del que cree, es el reino de Dios, y en esto si que hay poder, y literalmente, nada es imposible, absolutamente NADA.

Bueno, hasta ahora hemos descubierto algunas cosas, que para los sabios y entendido no deben ser nuevas, por supuesto que ya lo sabían; es obvio, ¡si ya lo saben todo!, ¡ojala no sólo lo sepan, sino que lo crean! Sigamos entonces, con aquellos que si les interesa aprender, y como consecuencia, que haya un cambio en sus vidas (por el poder de Dios), no se conforman a lo presente, sino que dejan lo que no vale, por lo valedero y eterno.

Hasta acá, sabemos que la fe es viva como una semilla, tiene la naturaleza de formar en nosotros el reino de Dios; y por último, mueve el reino de Dios, es decir, a Dios mismo, y con tal poder, que nada se nos vuelve imposible. Absolutamente NADA, que impida el propósito de Dios en nosotros, SI CREEMOS.

La pregunta que todos se hacen, o deberían hacer es la siguiente:

¿Y cómo obtenemos y aumentamos esa fe, tan poderosísima?

Bueno, la respuesta no se puede dar sin antes, ver muy claramente, que es la fe; de donde proviene la fe y como se obtiene en principio. Antes de obtener y abundar en esa fe poderosa, creo que es prioritario saber que es, su fuente y medio (ojo, no todo lo que el hombre llama fe, es verdadera fe en el sentido de poder de Dios en nosotros, muchas son creencias de origen humano, sin poder sobrenatural).

Como comentario reforzando lo anterior, no todo lo que el hombre llama fe, es realmente la fe que habla Jesús (y la que la Biblia menciona); no todas las creencias de los hombres aunque estos sean muy creyentes, son realmente fe (por lo menos la fe que nos interesa, la Bíblica); puede ser fe desde un punto de vista humano, porque se cree en algo no visto, pero la fe verdadera, tiene una diferencia fundamental, TIENE PODER. Explico esto, porque muchos hermanos muchas veces ponen fe a ciertas cosas, y la verdad es que después se frustran, por no ocurre lo que ellos creyeron, no ven resultados o los resultados que ven no cuadran con su fe. Plop.

Para todos los que nos ha ocurrido en más de alguna oportunidad lo anterior (esto es sólo para seres humanos reales, los súper héroes no necesitan de esto; los sabios en sus propias opiniones, saben cosas mucho mejores…), me refiero, a que cuando creemos algo y no ocurre, o ocurre una contradicción. La razón pueden ser la siguientes: Lo que creímos no era fe verdadera, lo que vimos como resultado a lo mejor no lo entendimos, o si no ha ocurrido nada aún, también puede ser que el tiempo que no ha llegado. Pero muchas veces, los cristianos se ven enfrentados a un fracaso de su fe, y es por no tener la fe que habla Jesús y toda la Biblia, la fe verdadera. En cambio en otras ocasiones, si hemos visto cosas increíbles, movidas por la fe.

Haré un análisis del origen de la fe, para que entendamos su proceso y podamos entender su naturaleza, origen y como obtenerla; después de todo esto veremos cómo aumentarla.

Un paréntesis: No me gusta citar la Biblia en algunas oportunidades, y esta es una de ellas. En la mayoría de los casos cito la Biblia para justificar mis afirmaciones, para que no piensen que me arranco con cosas extrañas y teorías personales, pero en esta oportunidad, no me gusta. ¿Y por qué preguntarán? Porque muchas veces que citó un verso, los que lo han leído, sus mentes les dice “esto tú ya lo sabes”; y pasa que no ven más de lo que creen saber; es decir, su fe humana no cambia (porque son sabios en sus propias opiniones, su fe carnal les vela la verdadera fe); y no hay lugar para la verdadera fe. Porque ya lo saben, eso lo han leído, y como lo “comprenden” como para una prueba de teología, piensan que eso ya lo alcanzaron, y no entienden que no están ni cerca aún de esa fe (los sabios y entendidos que Jesús decía que Dios oculta las cosas, no necesariamente son grandes estudiosos de la Sagradas Escrituras como solemos imaginar, muchas veces son las personas más corrientes e ignorantes que podemos encontrar, pero son sabios en sus propias opiniones, que nada nuevo les entra; en otras oportunidades pueden ser sabios de renombre).

Por lo anterior, te diré, sin citar aún nada que la fe viene de oír. El que no oye, no puede tener fe; primero hay que oír. Y el oír viene de la palabra de Dios. Recuerda que la palabra de Dios no es la Biblia, muchos al confundir la palabra de Dios con la Biblia, creen que cuando leyeron la Biblia ya tienen fe, eso no necesariamente es así. La palabra de Dios, es todo lo que Dios te HA DICHO PERSONALMENTE A TI. Ya sea por el medio que sea, lo que tú has oído de Dios para ti, establece si lo oyes y lo crees, la verdadera FE.

La fe verdadera viene de OIR la palabra de Dios (no necesariamente la Biblia, recuerda que Dios usa muchos medios); y cuando oímos y creemos lo que Dios nos dice; HAY PODER DE DIOS EN NOSOTROS PARA QUE OCURRA LO QUE EL NOS DIJO, NADA NOS ES IMPOSIBLE.

No puede existir fe verdadera en un hombre, a quien Dios no le haya hablado; es imposible; por eso lo prioritario es que Dios hable, nos hable. Luego nosotros oigamos lo que nos dice (por medio de su Espíritu habla, y oímos por medio de nuestro corazones); y una vez que oímos, debemos CREERLE lo que nos dijo; esa fe es la que vence, sobre todas las cosas; es poder de Dios en nosotros. Pero lo primero es que Dios nos hable; luego, escucharlo; luego, creer lo que nos dijo (no siempre es fácil, muchas veces va en contra de lo que esperamos oír).

Yendo un poco al paréntesis anterior, cuando Dios nos habla, no siempre le reconocemos, porque no siempre dice lo que nos resulta agradable oír; y cuando le reconocemos, no siempre es fácil creerle, ya que nos dice a veces, cosas que nos parecen IMPOSIBLES, ¿y cómo no?; ¿Cómo ocurrirían cosas imposibles, sin antes creerlas a Dios? Para que ocurran cosas que parecen imposibles, vemos que primero debe Dios decírnoslas, luego nosotros creerlas y luego ocurrirán. Sin esa secuencia lógica, imposible.

Voy a citar (aunque no me gusta hacerlo) lo siguiente: Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. (Rom 10:17)

La frase anterior, es tan cortita; pero si la meditas (y por favor hazlo, y por horas y días…); es tan tremenda; ¡cuántos sin sabores no evitaríamos; cuantas pérdidas de tiempo evitaríamos!, ¡Cuánto poder de Dios veríamos en nuestras vidas! Ya nuestro camino no consistiría tanto en lo exterior, sino en el interior; donde habita la Palabra.

La fuente de la fe es Dios mismo; por eso se dice que la fe es un don (regalo) de Dios; y para quienes reciben ese regalo, que es la Palabra de Dios, Dios les da la potestad de ser SUS HIJOS DIVINOS. La Palabra de Dios se hizo carne, habitó entre nosotros, y hoy habita en quienes la han recibido, quienes han OIDO Y CREIDO la PALABRA DE DIOS, no hay forma de que Dios habite en nosotros sin antes haberle CREIDO LO QUE NOS ANUNCIO.

La fe es divina, porque procede de Dios; y quienes oyen esa Palabra y la CREEN, obtienen la fe que VENCE AL MUNDO. La Biblia no es la Palabra de Dios, la Biblia da testimonio de la Palabra de Dios, la Biblia es correcta completamente; pero sin el Espíritu Santo, esa semilla de mostaza que ves en la Biblia, es una semilla SIN VIDA; solo el Espíritu vivifica, la letra no lo puede hacer. Si a la letra, le agregas el Espíritu de Dios; puedes oír y ver, su maravillosa PALABRA.

¿Y cómo obtenemos y aumentamos esa fe, tan poderosísima?

Hasta ahora, sólo quiero que entiendas y medites en la lógica de lo que te enseño; son misterios para el mundo, pero el Señor quiere que nosotros lo entendamos, para que avancemos en este Camino; no hay forma de avanzar ni un solo milímetro, sin fe. No son cosas que me puse a estudiar en un libro, ni por mucho leer la Biblia (ambas cosas no son descartables por sí mismas); son cosas que provienen del Maestro del Universo; de quien procede toda ciencia. Su Espíritu es el que me guía (alguno le puede parecer soberbia), pero si no fuera así, no tendría ningún valor lo que digo; y para que veas que si tiene valor, puedes ponerlo en práctica en tu vida, y verás los resultados. De eso se trata esto, de compartir lo que proviene de Dios, para bien de todos los creyentes; cada uno en lo suyo.

Bueno, para contestar la pregunta que tenemos formulada, (pregunta que busque por varios años su respuesta, y no hace mucho ya puedo compartir lo que veo), ¿Y cómo obtenemos y aumentamos esa fe, tan poderosísima? Ahora la respuesta es más sencilla, ahora las cosas no son tan complejas (siéndolas), aumentamos nuestra fe cuando:

Dios nos habla.

Le oímos.

Le creemos, lo que nos dijo.

No quiero establecer, los tres pasos de la fe poderosa (como para escribir un libro best seller), no lo quiero hacer; sólo lo dividí así, para hacerlo más fácil.

Si queremos obtener y aumentar nuestra fe (cosa que Dios si quiere que hagamos), tenemos por lógica lo siguiente:

Que Dios nos hable, y nos hablé más.

Que seamos buenos oidores, debemos ser adiestrados en oír (no hablar, mientras DIOS HABLA).

Debemos poner toda nuestra confianza en lo que la Palabra de Dios nos dice, creerle siempre, y no dependiendo de lo que nuestra mente natural dice.

¿Y cómo hacemos para que lo anterior ocurra?

Orando, Dios nos habla cuando le pedimos su Palabra; de hecho el Padre Nuestro que nos enseño Jesús, nos enseña a pedir el pan de cada día, y ese pan es la Palabra de Dios; debemos orar por esa palabra para que venga a nosotros todos los días (si todos los días); esa debe ser nuestra prioridad.

Debemos ser buenos oidores de Dios, de su Palabra (que ya pedimos); Palabra que en los que ya nacimos de nuevo, tenemos ya implantada en nosotros; pero debemos ser buenos oidores de ella; y para ello debemos buscar eliminar todo lo que nos distrae de la carne, que no nos haga escuchar su Palabra. Eliminar cualquier ruido, para poder oírlo.

Tenemos que creerle, sin endurecer nuestros corazones; independientemente de lo bien o mal que nos parezcan lo que escuchamos del Señor por medio de su Espíritu; debemos creerle siempre y no dudar (también tenemos la opción de endurecer el corazón y no escuchar, tendremos una gran pérdida de oportunidad).

Si volvemos a la cita del encabezado; Jesús les dijo a sus discípulos en recriminación de su poca fe, por lo cual no pudieron sacar a tal demonio; luego les enseño el remedio para aumentar la fe: Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Pero este género no sale sino con oración y ayuno.

Mucho me demoré en entender esto (habrá algunos más avezados); pero a mí me costó mucho, y mucho tiempo; para aumentar la fe, la solución es la oración y el ayuno. ¿Cómo lo entiendo? La oración nos hace pedir a Dios su Palabra (cosa imprescindible para recibirla cada día); y el ayuno, es abstenerse de todo lo que proviene como deseos de la carne, antes de poner toda nuestra atención y disposición en oír su Palabra (pan del cielo para nuestra alma, antes que el pan de la tierra). ¿Ves como esto cuadra con lo anterior? Oración, para pedir su Palabra, y ayuno, para oír, su Palabra. El ayuno, no necesariamente es dejar de comer físicamente; sino que postergar lo que es añadidura en nuestra vida, por buscar el reino de los cielos; que prioricemos para nuestra alma, el pan del cielo, antes que el pan de la tierra.

Una última reflexión; lo quiero agregar, a pesar que veo, entiendo, creo y siento; que lo que he dicho es de suma importancia; no porque yo lo diga; no, porque el Señor nos lo enseña, y lo enseña para que lo pongamos por práctica, y nada nos sea imposible. El objetivo es el poder de Dios manifestado en el hombre para su completa y gloriosa salvación. Y la reflexión que agrego es la siguiente:

Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. (Juan 6:27-29)

Lo que acabo de citar es tremendo, es importantísimo comprender: El Señor nos dice que debemos TRABAJAR por la comida que a vida eterna permanece. ¿Y cuál es esa comida? La Palabra de Dios, es decir, Cristo y todo lo que el Señor nos dice y enseña. Por esa comida SI DEBEMOS TRABAJAR, esa es nuestra prioridad, de ese modo buscamos el reino de Dios y su justica, trabajando por él, buscándolo. El Señor nos enseña además, que nuestros esfuerzos no deben estar enfocados a la comida que perece; es decir, a lo que necesitamos en este mundo para sobrevivir; eso es la añadidura; y si lo ponemos por obra, creyéndolo; la obtendremos como añadidura, a la búsqueda de su reino. Debemos trabajar por la comida del cielo, ¿Y cómo? Con oración y ayuno; pidiendo y escuchando su Palabra.

Luego dice, “la cual el Hijo del Hombre os dará”; quien nos da la Palabra de Dios es Jesucristo, la palabra ya ha sido implantada en nosotros los que creemos, así que debemos oír cuando nos habla de nuestro interior (también lo puede hacer del exterior). Y para oírlo, pedirlo cada día; y para luego poner toda nuestra atención en lo que nos quiere decir y enseñar.

¿Y qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Creer en el que Dios a enviado, es decir, creer en su Palabra que nos ha sido dada; es decir, nuestro trabajo se traduce en CREER; y como ya lo sabes bien, para creer a la Palabra de Dios, que es Cristo; primero debemos pedirle que nos hable y enseñe, luego oírla sin interrumpir; para entonces creerla; es decir, ORACION Y AYUNO; ese en nuestra principal obra o trabajo.

Espero puedan ver la importancia de lo que les estoy diciendo; en el Padre y su Hijo, ruego para que así sea. Amén.

Que estén muy bien, en Cristo.


Si te interesa el tema, pues ver el siguiente mensaje del "Poder de Dios"

domingo, 27 de noviembre de 2011

La venida del Señor Jesucristo ¿Rapto, arrebatamiento o nos viene a buscar?

Un saludo cariñoso a todos, hoy me atrevo a escribir sobre este tema después de muchos años de meditar y digerir este tema tan importante para los verdaderos discípulos de Jesucristo; no me había atrevido antes a escribir de este tema, ya que no tenía la paz de tenerlo claro, hoy les comparto lo que hasta la fecha veo con claridad, gracias a nuestro Padre y Señor.

Hoy es mucha la confusión en el pueblo cristiano respecto a la venida de nuestro Señor, muchos siendo sinceros creyentes hablan de rapto, otros de arrebatamiento, algunos de que nos viene a buscar… etc. ¿Qué es lo que realmente esperamos, y que es lo que ya sucedió?

Bueno para comenzar les cuento que la palabra rapto, no existe en la Biblia, no está esa palabra asociada en ninguna manera a la venida de nuestro Señor. Creo que usar esta palabra, es ir contra el verdadero sentido de la venida del Señor; un rapto implica tomar a personas contra su voluntad y llevarlas a un lugar que no quieren, eso es un rapto, es un secuestro o robo. El Señor no va a secuestrar o robar lo que le pertenece, su iglesia (él como ladrón se llevará lo que no le pertenece, la cizaña).

También se dice que el Señor nos VIENE A BUSCAR; esto es verdad en parte; ya que tampoco la Biblia dice que el Señor nos viene a buscar como para sacarnos de la tierra, la Biblia dice que el Señor viene, y que le recibiremos; no que nos viene a buscar. Al haberle agregado a la venida del Señor la palabra buscar, que no está tampoco en la Biblia, se cambió su significado; y la gente espera que venga el Señor a rescatarlos del mundo; y eso no debería ser así; somos los creyentes los ya rescatados, y los que necesitan rescate son los incrédulos. Nosotros somos los que heredamos la tierra, no los impíos, de modo que no debemos esperar que nos saquen de acá, sino que el Señor venga a gobernar.

Recuerda lo siguiente:

Porque los malignos serán talados, mas los que esperan al SEÑOR, ellos heredarán la tierra. (Salmo 37:9)

Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con la multitud de la paz. (Salmo 37:11)

Porque los benditos de él heredarán la tierra; y los malditos de él serán talados. (Salmo 37:22)

Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella. (Salmo 37:29)

Bienaventurados los mansos; porque ellos recibirán la tierra por heredad. (Mat 5:5)

La idea errónea que el Señor nos viene a buscar (con la idea de sacarnos de acá, y llevarnos al cielo), surge de la errónea interpretación de lo que el Señor dijo:

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. (Juan 14:2-4)

Cuando leemos estos versos, tenemos generalmente una interpretación futurista, como la de un cuento de hadas, vemos eso en el futuro, cuando lo que el Señor nos dice, ya ocurrió en los que han sido bautizados por el Espíritu Santo; los que han nacido de nuevo. ¿Cómo es eso? Es muy claro, el Señor habla de un Lugar con el Padre y establece un Camino, nosotros sabemos que el Camino es EL, de modo que ya tenemos el acceso a ese Lugar (y la casa de Dios, también es El mismo).

Veámoslo de otra forma, con las cartas del apóstol Pablo: Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. (Col 3:2-3)

No vas a entender nada de lo que te digo, si lo ves con tu mente natural y desde la carne; no lo veras; por favor, toma aire y escucha: Pablo nos enseña que ya estamos muertos, y que nuestra vida está oculta junto a Cristo en Dios. ¿No te suena lo mismo que decía el Señor? “…voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis…”

Bueno hay muchas más evidencias, que lo que se describe en Juan 14:2-4, ya ocurrió en los que han nacido de nuevo; también lo podemos ver en el primer verso del capítulo citado de Pablo: Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. (Col 3:1)

Si hemos resucitado con Cristo, ¿Dónde está nuevamente nuestra vida?; en Cristo estamos con él sentados en las alturas.

¿Ves que la clave de lo que Jesús enseñó no es para el futuro? Por algo él decía que el reino de Dios se había acercado, de hecho esta en medio nuestro, sólo lo pueden llegar a ver los que han nacido de nuevo. ¿Lo ves?

Lo mismo decimos en la oración del Padre Nuestro, Venga a nosotros tu reino. En Cristo somos participes de ese reino, y por ello, debemos andar en el Espíritu y no guiados por la carne. Tenemos que hacer morir las obras de la carne: Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. (Col 3:5-7)

Siguiendo con el tema de la venida del Señor, como te cité el verso de Juan que se cita para justificar que el Señor nos llevará físicamente al cielo; a la casa de Dios. Pablo nos enseña claramente que eso es ahora, es en ese lugar donde debemos vivir AHORA, y no como un medio de escape del mundo.

Cuando el enemigo introdujo sólo una palabra a la venida del Señor, la palabra BUSCARNOS, y en vez decir que CRISTO VIENE, dijo, CRISTO VIENE A BUSCARNOS (cosa que no está escrita en la Biblia); cambió la realidad y significado de la venida del Señor; ya no es un encuentro con su iglesia gloriosa y sin mancha, iglesia triunfante; sino con una iglesia apocada, débil, agobiada, timorata, con sentido escapista y no de enfrentar las cosas, una iglesia que huye del enemigo y no lo vence. Esa es la estrategia de siempre de Satanás, engañar, y sólo le bastó poner una palabra en sentido de huida, y cambió el sentido de muchas cosas del evangelio; hay toda una generación de verdaderos creyentes atrapados en ese engaño, esperando su huida con el Señor, como lo estuve varios años. Y cuando uno cree algo errado, por muy mínimo que sea ese error, eso Bíblicamente ya no es fe, es decir, si no es fe, es una creencia particular, y por lo tanto, NO TIENE PODER DE DIOS EN USTED. A pesar, de que lo creamos con toda sinceridad, no hay PODER DE DIOS. Ya que la fe, viene de OIR AL SEÑOR, y el SEÑOR no engaña, ni en lo más mínimo, y menos cumple los engaños del enemigo.

Cuando el Señor dijo: En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. (Juan 14:2-4)

El habla de la casa del Padre, bueno si lo piensas Dios no vive en casas, la casa del Padre o Templo, es el lugar de morada de Dios; el mismo Jesús dijo: Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. (Juan 2:19) Con esto el enseñó que él, era el verdadero templo de Dios, o casa de Dios; cuando nos dice que en la casa de su Padre muchas moradas hay, nos dice que en él hay lugar para todos, y cuando nos dice que va a preparar lugar para nosotros, nos enseña que con el sacrificio de la cruz rasgó el velo, para que pudiésemos entrar a la presencia de Dios en El (y no fuera de El). No debemos pensar que la casa de Dios es una mansión en el cielo al que Jesús nos llevará en un rapto secreto, eso no es así; la casa de Dios es él mismo, y tenemos hoy entrada a ese lugar, desde el día de pentecostés.

Hasta ahora hemos visto que ni hay rapto, y que no nos viene a buscar; ¿y qué hay del arrebatamiento?

Bueno, leamos lo siguiente:

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras. (1Tesa 4:15-18)

Hay muchas ideas reveladoras en los versos citados, vamos por parte:

1. Lo citado está en palabra del Señor, por lo tanto es ciertísimo.

2. Los muertos en Cristo (los que durmieron en el Señor, y NO los que murieron sin el Señor), resucitarán primero, en la venida del Señor.

3. Luego los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos para RECIBIR al Señor; nota que dice RECIBIR y no IRSE con el Señor; lo vamos a recibir, porque él viene a la tierra, a reinar.

Es correcto que seremos arrebatados, los que quedemos (porque los impíos ya no quedarán, la cizaña se saca primero); pero no para ir al cielo; sino para establecer definitivamente el reino de Dios acá en la tierra, es por ello que recibiremos al Señor, como cuando alguien viene a tu casa, tu vas a la puerta a recibirle, y luego entras con él a tu casa. Lo mismo, será con la venida del Señor, iremos a recibirlo.

Espero seguir escribiendo de este tema en otros mensajes, por ahora, siento que es suficiente para que lo consideres y medites; hay mucho más aún...

Que la paz y gracia de nuestro Padre y Señor los llenen.

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