sábado, 30 de marzo de 2013

Desechado de los hombres

Vivimos una "semana santa" más en el planeta cristiano, y me llama la atención como cada vez pareciera más impropio al mundo, siquiera nombrar el nombre de Jesucristo; el mundo huye de su presencia, ya ni siquiera es nombrado, prefieren nombrar conejos, huevos y chocolates; lo que en sí mismo no es malo, pero es una tradición pagana que ha dejado fuera el verdadero sentido de esta celebración de "semana santa" en esta parte del planeta cristiano. Muy cierto como dice la Biblia en la carta del apóstol Pedro: Acercándoos a él,  piedra viva,  desechada ciertamente por los hombres,  mas para Dios escogida y preciosa,  (1Pe 2:4)
Veo cierta vergüenza en el mundo siquiera nombrarlo, veo discursos que tratan de inspirar un "buen fin de semana", pero vacíos  sin nombrar la piedra preciosa y escogida CIERTAMENTE DESECHADO POR LOS EDIFICADORES, pero preciosa para DIOS. El mundo construye su hogar, pero en su construcción; ha errado en el fundamento, su construcción no tiene sustento, caerá. No erremos también nosotros, y testifiquemos de su realidad. El que tienes oídos para oír que oiga. Saludos, gracia y paz, a los que oyen.

A cualquiera,  pues,  que me confiese delante de los hombres,  yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres,  yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos. (Mat 10:32-33)

domingo, 3 de marzo de 2013

¿Por qué dudaste?



Me gustaría reflexionar contigo un atributo importante de la fe, y veo que en el siguiente texto que encontramos en el evangelio de Mateo, es muy útil para ilustrar la importancia de la fe. Te invito a que lo leas con detención:

Despedida la multitud,  subió al monte a orar aparte;  y cuando llegó la noche,  estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas;  porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche,  Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos,  viéndole andar sobre el mar,  se turbaron,  diciendo:  ¡Un fantasma!  Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló,  diciendo:  ¡Tened ánimo;  yo soy,  no temáis! Entonces le respondió Pedro,  y dijo: Señor,  si eres tú,  manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca,  andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento,  tuvo miedo;  y comenzando a hundirse,  dio voces,  diciendo: ¡Señor,  sálvame! Al momento Jesús,  extendiendo la mano,  asió de él,  y le dijo: ¡Hombre de poca fe!  ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca,  se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron,  diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios. (Mateo 14:23-33)

Respecto al texto anterior, se pueden sacar muchas enseñanzas, pero sólo voy a hacer inca píe, en una que me parece fundamental e importantísima en nuestro caminar.

Cuando Pedro vio a Jesús venir caminando sobre las aguas, él le dijo “Señor,  si eres tú,  manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. El Señor le dijo: “Ven”. El Señor le dio la palabra, es decir, le dijo “Ven”; lo que significa obviamente según el contexto de la petición de Pedro: Ven caminando a mi sobre las aguas, ya que YO SOY. Aparte de entender que nada puede impedir que vayamos al que ES, es decir, al Señor; ni aún una ley natural de la física, que nos diría que dada la situación deberíamos hundirnos; aparte de eso, quiero que veas conmigo lo siguiente: “Y descendiendo Pedro de la barca,  andaba sobre las aguas para ir a Jesús”. Pedro a la palabra del Señor, caminó sobre las aguas; desafió las leyes naturales y caminó en la leyes espirituales que están por sobre las naturales (las leyes del reino de Dios). ¿Y por qué? Porque para el que cree, nada es imposible, esto es el poder de la fe; entendiendo muy claro que la fe es por oír y creer la palabra de Dios, y en este caso EL QUE ES dijo “Ven”; Pedro creyó la palabra del Señor, eso significa FE, y el resultado de la fe, es poder de Dios que puede transportar montañas (en este caso hizo caminar a Pedro por sobre el mar, por su fe). Miremos detenidamente lo siguiente que ocurrió: Pero al ver el fuerte viento,  tuvo miedo;  y comenzando a hundirse,  dio voces,  diciendo: ¡Señor,  sálvame!. Pedro perdió de vista  su objetivo (al Señor) y la palabra que lo sustentaba (ven), y miró con sus ojos naturales a su alrededor, y la dificultad de lo que se veía y temió  Pedro DUDO. Pedro dudo de lo que el Señor le dijo “Ven”, es decir, fluctuó en la fe; lo importante que quiero que veas es el resultado de ello: “comenzó a hundirse”, es decir, ni siquiera la palabra del Señor fue suficiente para mantenerlo sobre el mar, sino que como producto de su miedo y dudas, comenzó a hundirse en las aguas. La palabra del Señor estaba dada, Pedro la creyó, eso desato el poder de Dios en todo aquel que cree su palabra, pero la duda hizo menguar ese poder, y el resultado pudo ser muy distinto a lo dicho por el Señor al llamarlo con su Ven. Vemos entonces que Pedro pide auxilio, auxilio que es dado al momento por el Señor. Pero hay una reconvención del Señor ¡Hombre de poca fe!  ¿Por qué dudaste? El Señor le está mostrando una realidad en Pedro, su poca fe; y con su pregunta nos deja entender, de que sin dudas, seguramente lo habría logrado. El Señor nos enseña de esta manera, que el resultado de un acontecimiento para un discípulo de él (un cristiano comúnmente hablando), cuando hay una palabra de él, de por medio; son dos: Si creemos y no dudamos, obtendremos el resultado de la fe; por el contrario, si no creemos y dudamos: NO OBTENDREMOS EL RESULTADO DE LA FE.

El Señor nos hace muchas promesas, nos dice muchas palabras, pero sólo las alcanzamos (y alcanzaremos) por medio de la fe y confianza en ellas; no tienen valor ni poder para alcanzar el objetivo, sólo las palabras del Señor; si nosotros de por medio, no ponemos la confianza en ellas, es decir, la FE. Sin fe es imposible agradar a Dios. Aunque el Señor te diga una palabra muy pequeña como un grano de mostaza, como por ejemplo VEN; no hay nada que te podrá detener e impedir llegar a él  y si tienes que caminar sobre las aguas para alcanzarlo lo lograras, si le crees y no dudas. Es por eso que el Señor nos enseñó que la fe como el grano de mostaza tiene poder de mover montañas, ya que el poder viene de su palabra y se ejecuta, por medio de creerla.

Sólo quiero resaltar nuevamente lo siguiente, que me parece fundamental en nuestro Caminar cristiano; podemos llenarnos de palabras del Señor; pero si esas palabras no las creemos; no habrá poder de Dios en nosotros, sólo seremos conocedores intelectuales de la palabras de Dios, sin un camino real sobrenatural al Padre. Esto NO es por el conocimiento intelectual de la palabra de Dios, sino es por poner en práctica con confianza SU PALABRA. Pedro puso en práctica la palabra Ven del Señor, Y descendiendo Pedro de la barca; Pedro creyó en la palabra Ven del Señor, obró conforme a la fe, es decir, obedeció a la fe, bajo de la barca. No podemos decir que Pedro no tuvo fe, la tuvo; pero poca; dudo, temió al ver las adversidades de su entorno. El Señor nos enseña a no dudar, a creerle y confiar en él; de esa manera alcanzamos los objetivos prometidos, y no de otra.

Para terminar debes recordar lo siguiente: Si tienes una palabra del Señor, hay dos caminos:

El primero es creerle y confiar en lo dicho por el Señor (y actuar en conformidad a ello, como Pedro se bajo de la barca); y obtendrás lo dicho por su palabra en el poder de Dios, que está por sobre las leyes naturales y tus fortalezas personales. Habrá poder de Dios en tu vida, que vence sobre todas las circunstancias y la muerte.

El Segundo camino, es que conozcas la palabra, pero no la aplicas, es decir, no actúas en conformidad a dicha palabra (no te bajas de la barca), por incredulidad o falta de confianza. El resultado será que teniendo la promesa, mientras no las creas, no las alcanzaras. Estarás caminando como hombre natural sobre este planeta, aunque te veas muy espiritual por el exterior, pero sin poder de Dios y realidad en tu vida.

Te invito a que caminemos en el PODER DE DIOS que está por sobre todas las cosas naturales, que vence el pecado, vence al mundo y vence al maligno. Ya sabemos la receta: ya que cualquier palabra del Señor, por pequeñita que esta sea (como un grano de mostaza), tiene poder sobrenatural de mover el reino de Dios (un monte) en tu vida, si la crees. Amén.


sábado, 19 de enero de 2013

El hombre fue creado por amor


Cuando Dios creó al hombre (Adán y Eva), los creó hermosos y perfectos, resplandecientes y jóvenes, con el resplandor púrpura de su naturaleza real. Bellos y hermosos en su inocencia, Dios se sentía satisfecho y gozoso de mostrar a la creación su obra maestra, el hombre (varón y hembra los creó), en su perfección y hermosura. Dios creó al hombre por amor, y su obra fue hecha con amor, en ellos se plasmó su amor y dedicación, en su corazón estaba compartir con ellos por la eternidad.  Con un llamado real fueron creados, para reinar las obras del Creador. Había un orden perfecto entre ellos (Adán y Eva), llamados a ser uno, cabeza y cuerpo; fuerza y delicadeza, mando y obediencia, protector y protegida; compañeros en un camino abierto por Dios para ellos, libres de elegir, la vida o la muerte; el bien o el mal, la prosperidad o escases, el cielo o el abismo. Todo estaba puesto delante de ellos, y como niños en su inocencia, cayeron ante el engaño del enemigo; creyeron su mentira, desechando la verdad de Dios.

Gran dolor hubo en el PADRE de perder al hombre, gran dolor por su inmenso amor por ellos, gran dolor por verlos partir del paraíso, de su cercanía y comunión. La obra maestra estaba manchada, había sido estropeada por el enemigo, sembrando en ella su naturaleza caída, es decir, el pecado, el error y la muerte. El hombre llegaría a tener mayor comunión con el enemigo, que con quien lo creó por amor, con un propósito grandioso. Se hacía cada vez más imagen de los animales, que de su Creador. Su resplandor de reinado ya no estaba, su nueva naturaleza ya no asemejaba a la de un rey, sino a la de un esclavo, sometido y oprimido bajo todo aquello a lo cual, él debía gobernar. Ya no reinaba, sino que era reinado por aquello que lo destruía, empobrecía y era llevado a muerte. Su hermosura ya no estaba, su perfección perdida, su comunión cortada, su unión en pareja trastocada, y su propósito inalcanzable por sus medios. Su vida terminaría, en el polvo de la tierra (de donde fue tomado), una vida sin mayor sentido que la hierba del campo. Gran dolor del Padre por ver al hombre partir, gran dolor por no tener esa comunión intima con él, gran dolor de ver al enemigo destruir su obra de amor, su culminación en la creación, el hombre. En el corazón del Padre estaba rescatar al hombre, estaba el volverlo hacia él. Su amor por el hombre no cesaba, a pesar del pecado en el hombre, a pesar que el hombre lo negaba, a pesar de ser blasfemado por él. Su continuo amor por el hombre, lo hizo enviar su Hijo como salvador de lo perdido, para recuperar al hombre de las garras de Satanás, del pecado y de la muerte. El hombre necesitaba un salvador, que arriesgase su vida por ellos, y pueda ir a buscarlos, a las bajezas del mundo, donde estaba perdido el hombre. Se necesitaba un valiente, uno que diera su vida, por dar alegría al corazón del Padre, por lo que había perdido, por rescatar al hombre. Este enviado, debía despojarse de su naturaleza divina, de su naturaleza eterna, de su naturaleza real; debía dejar la hermosura de su perfección, y su poder absoluto y su gloria; y entrar en el territorio del enemigo, en semejanza a un simple mortal; sin hermosuras exteriores, sino como el más común de los hombres sobre la tierra, debía hacerse como los hombres caídos, pero sin mancha ni pecado. Se hizo como nosotros, se nos igualó, pero sin lo que el enemigo había sembrado en el hombre para destruirlo, es decir, sin pecado. Aquel valiente, no fue recibido por el mundo; sino que debió huir desde sus inicios del enemigo en su territorio usurpado, quien tenía tomado el control del mundo. Sin gloria, sin hermosura exterior, sin riquezas, sin educación de nobles, sin posesiones terrenas, sin ejércitos y sin poder mundano, sólo debía avanzar en territorio enemigo, hasta cumplir la misión (aunque no estaba sólo, sino en perfecta comunión con el Padre, que lo envió). Despreciado, mal entendido, cargando con todos nosotros, obedeció a su misión por amor. Cumplió su propósito y el del Padre, y rompió nuestras cadenas, abrió caminos en el mar, estableció puentes en el abismo, alzo escaleras para el cielo, es decir, por medio de su carne abrió un camino que era imposible para el hombre, un camino de regreso al Padre. Y hoy podemos huir del tirano que nos apresa, del pecado que nos asedia y de la muerte que nos quisiera capturar. Nos hace caminar sobre las aguas del mundo, en su nombre; y nos ha abierto un camino perfecto de regreso a nuestro amado Creador, que nos espera como Padre, con los brazos abiertos, después de tanta espera por nosotros. Gloria al valiente, gloria al que despreció su vida por nosotros, gloria eterna porque es digno de todo honor, gloria y majestad. Porque vino al mundo a rescatar lo perdido, a buscar lo extraviado, a sacar de la muerte nuestras almas. Sin hermosura caminó entre nosotros, sin ejércitos, sin riquezas, sin gloria y honor; más él siendo el resplandor de la gloria y el poder del Creador.

Corramos todos en este nuevo camino abierto por precio de sangre, abierto en la agonía del valiente, abierto por amor del Padre, camino precioso y hermoso, de celestial destino, camino a la vida, camino a la eterna felicidad. Recuperamos el resplandor púrpura de nuestra naturaleza perdida, para que podamos gobernar con nuestro Señor todas las cosas. Recuperemos la perfección perdida y la hermosura del principio, recuperemos cada día más nuestra comunión con el Padre, en el gozo de su intimidad. Hoy no hay excusas, el camino está abierto, y su costo fue la sangre preciosa, la carne perfecta, del Divino que se hizo hombre, por todos nosotros. Todos juntos corramos, cruzando mares, cruzando ríos, aplastando ejércitos enemigos; nada hay que pueda detenernos hoy, del propósito del que dio su vida por nosotros. Huyan los montes, huyan los mares, huyan las huestes celestiales de maldad; ya que caminamos en vida, en luz y en poder de Dios, que es en su Amado y poderoso Hijo, nuestro Señor. Nada hay que nos pueda detener en Cristo,  nada hay que nos pueda apartar de este hermoso camino; si permanecemos en aquel, cuya vida dio por nosotros. No apreciemos más lo que nos apresaba y sometía, despojémonos  de ello completamente, del pecado que nos quisiera nuevamente esclavizar. Botemos todas nuestras cargas y afanes, que el mundo nos ofrece; queriendo el enemigo apartarnos de nuestro bendito Camino; volemos como las aves, a la eterna libertad en Cristo; somos invencibles en su gracia. Amén.


sábado, 12 de enero de 2013

Y no podía hacer allí ningún milagro


Este mensaje  en la Biblia, me parece muy cortito, pero muy  relevante.  Cuando leemos en el evangelio de Marcos, cuando Jesús visitó su tierra (Nazaret), leemos lo siguiente  “Y no podía hacer allí ningún milagro”.

¿Y cuál sería esta dificultad para el hombre que ejerció tal poder de Dios, que dio vista a los ciegos, resucitó a los muertos, tranquilizó el mar, hizo caminar paralíticos, limpió leprosos,  caminó sobre las aguas, saco espíritus inmundos, multiplicó el pan, e incluso perdono pecados; que no pudiera hacer ningún milagro?

Hay algo que impide al poder de Dios (el Todopoderoso) en nuestras vidas, y eso se llama incredulidad.

Leamos el texto a continuación: Y no pudo hacer allí ningún milagro,  salvo que sanó a unos pocos enfermos,  poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos.  Y recorría las aldeas de alrededor,  enseñando. (Mar 6:5-6)

Sin entrar en las razones de la incredulidad del hombre (sea quien sea); hay algo que ni el Señor puede salvar, es poder ejercer el poder de Dios en la vida del incrédulo (o de los creyentes, cuando no le creen). Cuando no creemos en él, es imposible que él ejerza su poder en nosotros. Cuando dudamos de su palabra, no hay poder de Dios en nosotros, sino que nos debilitamos en él, y andamos como hombres naturales.

Estimadísimos, debemos ser como fue Samuel (el profeta), quien no dejó caer a tierra ninguna palabra de Dios, eso significa valorarlas todas, atesorarlas y guardarlas en tu corazón, es decir, creerlas todas. Sólo así, podemos caminar en el poder de Dios, que salva nuestras almas de la muerte y esclavitud del pecado, sin fe es imposible agradar a Dios. Pero para el que cree, todo es posible.

Y Samuel creció, y el SEÑOR fue con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. (1Sa 3:19)

El Todopoderoso, se auto limita en nosotros, por la falta de fe; y al contrario, se manifiesta por medio de la fe; por algo Pablo lo explica con mucha fuerza en su carta a los Gálatas:


Aquel,  pues,  que os suministra el Espíritu,  y hace maravillas entre vosotros,  ¿lo hace por las obras de la ley,  o por el oír con fe? (Gal 3:5)

La única manera que el Señor haga maravillas entre nosotros (los que tenemos el Espíritu, dado un día por la fe); es por OÍR con FE, a su Santo Espíritu; no hay otro medio dado a los hombres para ser salvos, sino la fe. ¿Queremos ver maravillas entre nosotros? Si claro, entonces oigamos al Señor y creámosle, día a día; y caminemos en su palabra; que en él no nos faltará, ni faltará nada. Caminemos en el poder de Dios, en el poder que es por medio de la fe en su Hijo, que vence al mundo, que vence al maligno y nos liberta del pecado en nuestra carne.

¿Queremos ver maravillas entre nosotros? Entonces, oigamos al Señor y pongamos por obras sus palabras (eso es fe). Eso desata el poder de Dios en nuestras vidas; no hay otro medio, no veremos milagros si no le creemos (o limitaremos su poder en nosotros, por la fe incompleta). Su poder por medio de la fe, nos hace ver, nos hace oír, nos limpia de todo pecado, nos hace caminar, nos da el pan de cada día, nos hace caminar sobre las aguas turbulentas de este mundo,  nos hace vencer la tentación, nos da victoria ante el maligno,  nos da todo lo que necesitamos para llegar al Padre.

Vamos adelante; la paz y gracia de nuestro Dios y Señor, sea con los creyentes. Amén.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

No confundamos, el Hades con el Infierno.


En varias traducciones de la Biblia e interpretaciones teológicas, he visto que los términos Hades (Seol) e Infiernos, se toman como sinónimos y se confunden; eso no debiera ser así, por lo que nos enseña la Biblia es dieferente; y creo muy interesante e importante notar la diferencia, para no tener una visión tan simplista de la realidad y futuro, que no es la realidad en sí. Sino una adaptación a un entendimiento errado, que por lo tanto, nos lleva a errores y limitaciones en la fe verdadera.

Antes de comenzar el mensaje, me gustaría que leyeras el siguiente texto del evangelio de Lucas, en él hay una clara descripción del Hades (Seol) y que el destino de las almas no es el mismo para todos, dependiendo de la condición del hombre, antes de la muerte del cuerpo:

Había un hombre rico,  que se vestía de púrpura y de lino fino,  y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro,  que estaba echado a la puerta de aquél,  lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico;  y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo,  y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham;  y murió también el rico,  y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos,  estando en tormentos,  y vio de lejos a Abraham,  y a Lázaro en su seno. Entonces él,  dando voces,  dijo: Padre Abraham,  ten misericordia de mí,  y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua,  y refresque mi lengua;  porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo,  acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida,  y Lázaro también males;  pero ahora éste es consolado aquí,  y tú atormentado. Además de todo esto,  una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros,  de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros,  no pueden,  ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego,  pues,  padre,  que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos,  para que les testifique,  a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen;  óiganlos. El entonces dijo: No,  padre Abraham;  pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos,  se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas,  tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos. (Luc 16:19-31)

Por el texto anterior, se podría entender que el Hades representa el infierno, pero no es así. Cuando la Biblia habla de Hades, usa la palabra en griego (ᾅδης hades; de G1 (como partícula neg.) y G1492; prop. no visto, i.e. «Hades» o el lugar (estado) de las almas que han partido:-Hades, sepulcro)

Esta misma palabra es la que se usa para el término Seól en el antiguo testamento, en hebreo (H7585  שְׁאוֹל sheól; oשְׁאֹל sheól; de 7592; hades o mundo de los muertos (como si fuera retiro subterráneo), incl. sus accesorios y reclusos allí:-Seol).

Entendemos que Hades y Seol, son a misma palabra; la primera en el idioma griego, y la segunda de origen hebreo, es decir, Hades = Seol.

¿Y cómo lo sabemos? Bueno si vemos cuando en el Nuevo Testamento se cita con la palabra griega Hades, referenciando al Antiguo Testamento, es a la palabra en hebreo Seol que referencia, es decir, cuando el Nuevo Testamento se hace uso de la palabra Hades (en Griego), en ese mismo pasaje, en el Antiguo Testamento, se una la palabra Seol (en Hebreo).

Acá tenemos el ejemplo, que nos hace explicita esa concordancia:

En el Nuevo testamento tenemos en los Hechos de los Apóstoles la siguiente cita del Antiguo Testamento:

Porque no dejarás mi alma en el Hades,  Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. (Hechos 2:27)

Este texto viene de la cita del siguiente Salmo en el Antiguo Testamento:

Porque no dejarás mi alma en el Seol,  Ni permitirás que tu santo vea corrupción. (Salmo 16:10)

De las dos citas anteriores, vemos claramente que el Hades y el Seol son la misma cosa (lugar que llegan los muertos en pecado); vemos claramente que son sinónimos.

Ahora nos preguntamos: ¿Qué es entonces el infierno?

Antes de seguir, me gustaría que notaras del verso anterior citado, que el Señor cuando murió bajó al Hades o Seol (lugar de los muertos en pecado, no bajó al infierno); lo dice claramente “no dejarás mi alma en el hades…” pero ¡resucito!, ¡gloria a Dios!. El Hades es el lugar preparado para quienes están en pecado (almas apartadas de Dios, sin Dios), y como el Señor murió cargado de todos nuestros pecados (Dios lo abandonó por un momento, por eso Jesús dijo en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”), tuvo que bajar al Hades por nosotros, pero Dios lo levantó de ese lugar, y su cuerpo no vio corrupción, ya que resucitó al tercer día (antes que se descompusiera su cuerpo).

¿Qué es el infierno, entonces…? Ya sabemos lo que es el Hades o Seol, lo mismo; ¿no es lo mismo el infierno?

Veamos la siguiente cita, donde Jesús mismo cita el infierno:

¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito,  y una vez hecho,  le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. (Mat 23:15)

La palabra usada para infierno en el griego (Nuevo Testamento), es la  palabra Gehena  (G1067 γέεννα géenna; de orig. heb. [H1516 y H2011]; valle del (hijo de) Hinón; gehena (o Ge-hinón), valle de Jerusalén, usado (fig.) como nombre del lugar (o estado) de castigo eterno:-infierno).

Cuando en los evangelios se habla de infierno, se usa la palabra Gehena en griego, y no Hades; por lo que entendemos; que el infierno es algo distinto al Hades (ya que se usa otra palabra diferente; además, de otras razones que veremos más adelante).

En el texto vimos como el Hades (Seol) es el lugar de llegada del hombre cuando su cuerpo muere y sus almas están vacías, sin Dios (hombres que mueren en pecado y no en Cristo); y también veremos, en el siguiente texto,  como el infierno es un lugar de destrucción del alma, es decir, una persona que muere sin Cristo, muere su cuerpo, pero su alma es llevada al Hades, luego en la segunda resurrección, su alma es juzgada por sus obras, y luego destruida en el infierno. En el Hades no hay destrucción del alma, como si la hay en el infierno (se ve en el siguiente texto).

Y no temáis a los que matan el cuerpo,  mas el alma no pueden matar;  temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. (Mat 10:28)

Cuando el hombre muere, su alma no muere; sólo el infierno la puede destruir…lo dice muy claro Jesús, en el infierno se puede destruir el cuerpo y el alma. En el Hades (como vimos en la primera cita de Lucas) van quienes han muerto en el cuerpo (sin Dios, es decir, fuera de la fe; juicio sin misericordia les espera, a quien no tuvo misericordia), y sus almas permanecen en esa lugar esperando, la resurrección para juicio.

¿De dónde nace el infierno?, ¿lo hizo Dios?

Nace de la costumbre y culto pagano, al dios Moloc (idolatría) en el  valle de Hinom, (nosotros sabemos que es culto a los demonios, por sus frutos o malas obras) de pasar los hijos e hijas por el fuego, es decir, quemarlos vivos como ofrendas al dios Moloc; con el fin de obtener buenas cosechas, prosperidad económica, salud, larga vida, éxito, o simplemente como medios de eliminar hijos no deseados (como no existía en ese tiempo el aborto, era un medio de deshacerse de hijos no deseados, y quedar socialmente bien).

Nunca ha estado en Dios tal ordenanza, ni en su corazón, Dios nunca ha querido que los hombres quemen a sus hijos como ofrendas, como lo podemos ver acá:

Y  han edificado los lugares altos de Tofet,  que está en el valle del hijo de Hinom,  para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas,  cosa que yo no les mandé,  ni subió en mi corazón. (Jer 7:31)

Y edificaron lugares altos a Baal,  los cuales están en el valle del hijo de Hinom,   para hacer pasar por el fuego sus hijos y sus hijas a Moloc;  lo cual no les mandé,  ni me vino al pensamiento que hiciesen esta abominación,  para hacer pecar a Judá. (Jer 32:35)

Entendemos, que el origen del infierno; no es algo que Dios haya ideado; si no ha sido lo que los hombres han ideado siguiendo a los demonios, es decir, la idolatría (quemando a sus propios hijos, para que a ellos le vaya bien); y como estos hombres se han hecho hijos del diablo (voluntariamente), no pueden esperar que se le de una paga diferente, como ellos mismos han hecho con sus propios hijos…, su padre el diablo, hará con ellos, si no se arrepienten, serán juzgados con sus propias varas de medir…

Cuando Jesús dice “le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros”; claramente referencia ese lugar cerca de Jerusalén, en que se hacia ese culto abominable; el valle de Hinon; es decir, donde los hombres que se apartaban del Dios verdadero, cometían esas abominaciones nunca pedidas por el Dios de Israel, buscando sus propios "beneficios terrenales".

El infierno no es algo que Dios haya ideado, sino ha sido el resultado de las mismas malas obras de los hombres, que les será pagado conforme a sus propios actos. Esa es la verdadera justicia, dar a cada uno según sus obras. Y cuando los hombres desprecian la misericordia de Dios, y toman por inmunda la sangre preciosa del Salvador del mundo ¿Qué más les espera, sino que den cuantas de sus actos personales directamente al Creador? Eso es lo justo, si no aceptan el rescate.

Ya entendemos que cuando una persona muere en el Señor, es decir, en la fe; va al seno de Abraham (Abraham es el padre por la fe); pero cuando se muere fuera de la fe, es decir, en pecado; va al Hades (Seol); nuestro Señor bajó por nosotros al Hades (Seol); pero Dios lo resucitó de los muertos. Cuando una persona está en el Hades, está en desolación, ya que al no tener cuerpo, su alma se encuentra totalmente vacía y en tormentos; su vida sólo se satisfacía en deleitar su carne en el mundo; al momento de perder su carne y el mundo (al morir su cuerpo), su alma queda en un profundo desierto y oscuridad, por eso vemos como el hombre rico está en profunda sed y tormentos, no tiene agua viva que lo calme (no es así con el hombre espiritual, quien su satisfacción está en la comunión con el Señor, cosa que no se pierde por la muerte del cuerpo).

Bueno para resumir, la Biblia habla de dos muertes y dos resurrecciones, lo explico brevemente:

Cuando el Señor venga a la tierra, los que murieron en Cristo resucitarán primero; luego los que vivimos seremos transformados y recibiremos al Señor en el aire. Esta es la primera resurrección.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor:  que nosotros que vivimos,  que habremos quedado hasta la venida del Señor,  no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando,  con voz de arcángel,  y con trompeta de Dios,  descenderá del cielo;  y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos,  los que hayamos quedado,  seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire,  y así estaremos siempre con el Señor. (1Tesa 4:15-17)

La segunda resurrección, será de aquellos que están en el Hades  (Seol), el mar representa al mundo; quienes resucitarán para juicio según sus obras:

Y el mar entregó los muertos que había en él;  y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos;  y fueron juzgados cada uno según sus obras. (Rev 20:13)

Luego acá notamos algo importante:

Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego.  Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. (Rev 20:14-15)

Primero en el texto vemos la segunda muerte, de quienes no están en la Vida, es decir, no escritos en el libro de la Vida (Jesús dijo que él es la Vida, no están en Cristo).

También vemos que si el infierno, fuera lo mismo que el Hades, no podría el infierno ser lanzado al infierno ¿no te parece?, es decir, la Biblia no podría decir: “Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego”; pero como el Hades (Seol) son diferentes al infierno, pueden ser lanzados al infierno (lago de fuego) para ser destruidos, para siempre.

El infierno es un lugar de destrucción del alma, y el Hades es un lugar provisorio del alma, para los muertos que esperan juicio Divino.

Y vi a los muertos,  grandes y pequeños,  de pie ante Dios;  y los libros fueron abiertos,  y otro libro fue abierto,  el cual es el libro de la vida;  y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros,  según sus obras. (Rev 20:12)

Hay dos muertes, y hay dos resurrecciones:

La primera muerte, es sólo del cuerpo; dependiendo en que condición morimos, es que vamos al Hades o al seno de Abraham.

La primera resurrección es para los que están en Cristo, o durmieron en Cristo (el día del Señor).
La segunda resurrección, es para quienes no murieron en Cristo, es decir, en incredulidad a Dios; resucitan para presentarse al juicio divino (juicio eterno).

La segunda muerte, es cuando el hombre es juzgado por sus obras, y por ellas es condenado (ya que sus obras eran malas, de otra manera en vida se habrían acercado a la luz), en ese caso es lanzado al infierno (lago de fuego), donde es destruida su alma. Ya que la condenación es eso mismo, que algunos hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque la luz los delata; prefieren ocultarse y seguir pecando. Pero todo saldrá a luz, todo será declarado por el día.

Ya puedes ver, como el infierno no es el Hades (Seol); y como su origen está en la maldad del hombre que sigue al demonio con su mente carnal (buscando su propio provecho, sin importar el inocente o victima, al quemar por ejemplo a sus hijos ); y como Dios es justo; y cada uno recibirá conforme a sus obras; ya que todas las cosas están escritas, en libros de las obras de los hombres; pero quienes están en el libro de la vida, son salvos de condenación, pues amaron la luz, y se acercaron a ella (nota que Dios no sólo es justo, sino que misericordioso, ponindo hoy delante del hombre el camino de la vida, Jesucristo; para que el hombre alcance a su Padre, pero sólo para quienes quieran por ese camino transitar).

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo,  y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,  porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo,  aborrece la luz y no viene a la luz,  para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz,  para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. (Juan 3:19-21)

Espero puedas revisar mis reflexiones, y veas por tus propios medios que son correctas; pero es importante empezar a conocer las cosas como realmente son y serán; y como toda la Biblia es un conjunto perfectamente armónico; y dispuesto por Dios para enseñarnos la verdad, e ir avanzando en el conocimiento de Dios por su Espíritu.


En este video encontraras este mismo mensaje:  https://youtu.be/1sWuM9sNh8s





PD: Un mensaje relacionado a este es ¿Es lo mismo el infierno que el lago de fuego?, lo puedes leer en este misma página.




domingo, 2 de diciembre de 2012

En Casa de mi Padre


Leemos del evangelio de Juan, lo que Jesús nos dijo:

En la Casa de mi Padre muchas moradas hay; de otra manera os lo hubiera dicho; porque voy a aparejaros el lugar. Y si me fuere, y os aparejare el lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (Juan 14:2-3)

Se ha interpretado erróneamente, que esto se refiere a la segunda venida de nuestro Señor (en el futuro), pero en verdad no es así, sino que nos está enseñando un verdadero misterio de la verdadera vida cristiana, en Cristo.
El Señor nos enseña que después de su muerte y resurrección nos tomará a sí mismo, para que habitemos donde él está, ¿Dónde? A la diestra de Dios en las alturas.

Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está el Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con el Cristo en Dios. (Col 3:1-3)

Nos enseña cómo llegar a ese lugar, que nuevamente es él mismo:

Así que sabéis a dónde yo voy; y sabéis el camino. Le dice Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:4-6)

También nos enseña, a Quien vemos en la luz de su rostro:

Si me conocieseis,  también a mi Padre conoceríais;  y desde ahora le conocéis,  y le habéis visto. Felipe le dijo:  Señor,  muéstranos el Padre,  y nos basta. Jesús le dijo:  ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros,  y no me has conocido,  Felipe?  El que me ha visto a mí,  ha visto al Padre;  ¿cómo,  pues,  dices tú:  Muéstranos el Padre? (Juan 14:7-9)


También la Biblia nos enseña donde habita Dios, ya que él no habita en casa hecha por mano humana, pero tiene un lugar de habitación:

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas,  según las tradiciones de los hombres,  conforme a los rudimentos del mundo,  y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, (Col 2:8-9)

La casa del Padre, es Cristo (en esta creación, él es el verdadero templo que levantó al tercer día); en él hay muchas moradas, y el fue y preparó lugar para nosotros, y volvió y nos tomó a sí mismo; para que estemos donde él está. Lo explica en los siguientes versos:

Aún un poquito, y el mundo no me verá más; sin embargo vosotros me veréis; porque yo vivo vosotros también viviréis. Aquel día vosotros conoceréis que yo soy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. (Juan 14:19-20)

Fue un poquito, lo que nos dejó solos (desde su muerte hasta su resurrección y ascensión) , pero volvió y le vemos, es su vida por la cual vivimos, y hoy sabemos que él es en el Padre, nosotros en él, y él en nosotros. Esto sólo se cumple en la fe, como él dijo ¿Creéis en Dios? Creed también en mí…

Hoy no hay posibilidad de unidad, sino sólo en Cristo; el Señor ya hizo la oración y lo explicó, en Cristo somos uno con el Padre, con él y entre nosotros…, fuera de Cristo sólo hay desolación, Cristo es el camino y el lugar…, sólo en él, damos verdadero testimonio.

Mas no ruego solamente por éstos,  sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno;  como tú,  oh Padre,  en mí,  y yo en ti,  que también ellos sean uno en nosotros;  para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste,  yo les he dado,  para que sean uno,  así como nosotros somos uno. Yo en ellos,  y tú en mí,  para que sean perfectos en unidad,  para que el mundo conozca que tú me enviaste,  y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre,  aquellos que me has dado,  quiero que donde yo estoy,  también ellos estén conmigo,  para que vean mi gloria que me has dado;  porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. (Juan 17:20-24)

Ya conocemos el camino, y ya estamos en Cristo sólo por medio de la fe; permanezcamos en la fe (en él), como él permanece en nosotros.

Permaneced en mí,  y yo en vosotros.  Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo,  si no permanece en la vid,  así tampoco vosotros,  si no permanecéis en mí. (Juan 15:4)

Ya debemos saber, que el Señor ya cumplió estas palabras, y no debemos esperarlas para el futuro, sino que debemos procurar entrar y buscar cada día más, esta bendita realidad en él, por la fe; a la Casa de su Padre, que ya tenemos un lugar en él.

En la Casa de mi Padre muchas moradas hay; de otra manera os lo hubiera dicho; porque voy a aparejaros el lugar. Y si me fuere, y os aparejare el lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (Juan 14:2-3)

sábado, 17 de noviembre de 2012

Yo soy el primero y el último


Cito: Yo soy el Alfa y la Omega,  el principio y el fin,  el primero y el último. (Rev 22:13)

Yo soy dice, soy el alfa y la omega; el principio y el fin, el primero y el último; cuando el Señor habla estas cosas, nos enseña que hay un orden en ello; primero nos enseña que es el alfa y omega, luego el principio y el fin, y luego el primero y el último.

El alfa y omega: Responde a la primera letra y última del alfabeto griego, no hay letra que no esté entre ambas letras; el Señor es e incluye todo lo que Dios ha dicho, es la Palabra de Dios completa, viva y creadora; él debe tener no sólo la última palabra en nuestra vida, sino también la primera palabra, así como el alfa y la omega. El alfa y la omega, representan el poder creador de Dios; Yo soy dice, que él es, el poder creador de Dios, el alfa y la omega, toda la palabra del Creador, es decir, la palabra por la cual se crearon todas las cosas (buenas en gran manera). Alfa y omega, habla de poder y potencia del creador, Palabra con sabiduría, inteligencia y ciencia, de que fuera de él, nada de lo que existe puede existir.

El principio y el fin: Responde al inicio y término de lo creado; acá nos enseña que el tiempo empieza y termina en él; el orden cronológico empieza con el principio y termina en el fin, él es inicio de ese tiempo; antes del principio no había nada creado; sólo existía la Palabra en Dios, no había salido a luz; la Palabra era con Dios, no había tiempo; pero mientras Dios no lo engendrará (no había sido dado a luz), no había creación; sólo el Eterno, no había tiempo; ya que no habiendo nada creado, no había tiempo, nada ocurría. El principio y el fin, nada creado antes que él, nada después de él; el fin de todo, por siempre jamás. Luego del alfa y omega, es decir, que se manifiesta esa palabra poderosa, empieza todo; es decir, el principio de todo; y si esa palabra tuviese fin; legaría todo a su fin; pero sabemos que él es eterno, por siempre jamás, amen. Los límites de la creación, están en él.

El primero y el último: Responde a la posición en la creación, el primero en importancia, cabeza de todo principado y dominio, y se hizo último, por amor. El primero y el último, responde a la naturaleza divina que es sobre todo, que se hace el último por nosotros. Antes de poder hacerse el último, se manifestó como la palabra (alfa y omega); luego como principio y fin de lo creado; para luego manifestarse como el primero que se hizo el último, y que por mérito propio, fue exaltado hasta lo sumo por Dios Padre, el primero nuevamente. Nosotros partimos como últimos (creyéndonos ser el centro del universo, en nosotros mismos), y por su mérito y gracia, somos llamados haciéndonos los últimos (cómo lo somos), llegar a ser primeros en él eternamente. Nosotros podemos decir que seríamos los últimos y primeros; pero él, el primero y el último; nuestro camino, haciéndonos los últimos llegamos a ser primeros, sirviendo por amor. Nos enseña, como él practicó, el que quiera ser primero, hágase el último.

Las tres descripciones anteriores, nos hablan de tres aspectos o dimensiones de nuestro Señor y Salvador; Primero, la potencia, energía, sabiduría, inteligencia, ciencia y el mensaje de la Palabra viva y eficaz, que por ella fue creado todo bueno, en gran manera. Segundo, que es principio y fin de todo lo creado, es decir de toda la creación; nada de lo que ha sido hecho, lo ha sido hecho aparte él. Y tercero, como ese SER eterno, se hace el último en su creación, y por mérito propio, toma nuevamente el primer lugar, porque es de toda justicia que así lo haga, para él sea la honra, gloria y el poder. Amén.

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