miércoles, 8 de agosto de 2012

No soy, no existo…


¿No es una contradicción decir No soy, o no existo?
Es algo imposible para quien no existe, decir algo; y menos sería decir NO EXISTO. Porque para decir, primero hay que existir. Nada inexistente, puede hablar.

El hombre necio niega la existencia de Dios, dice: “Dios no existe”.
Dice el necio en su corazón: No hay Dios.   Salmo 14:1

Al negar la existencia de Dios el Creador, también debería negar la creación (universo); ya que ¿Cómo habrá de haber creación (universo), sin un Autor? Es una inconsistencia lógica pensar que algo viene de la nada; no hay lógica en ese pensamiento.
Pensar que lo existente fue creado por nada, no es en ningún modo racional. Cualquier tipo de origen que el hombre le quiera dar a la creación (ciencia humana), en su interpretación humana; tiene necesariamente que llegar al punto que debe responder que lo creado inicial que dio el origen a todo, debió ser creado por algo, por algo con el poder de hacerlo, y no por la nada. La nada, no puede producir algo; la nada es inexistencia, y como inexistencia, no puede crear o dar origen a algo.

Cuando un hombre niega al Creador de todas las cosas, o Fuente inicial de todo; para seguir con su lógica debería también negar todo lo creado, de modo que si ya no existiera el Creador (según su opinión), tampoco debería haber creación (siguiendo la lógica), y por último, debería negar su propia existencia; y decir, decir "no soy, no existo". Esa es la lógica final de negar al Creador, es negar la propia existencia, la propia existencia se niega, al negar la Fuente de su origen. Lo explico nuevamente, Si se niega al Creador o Fuente del universo; debemos también negar al universo; y al negar el universo, nos negamos a nosotros mismos que estamos inmersos en el universo. Si lo vemos con la lógica de la existencia, partiendo de nosotros mismos (a la inversa), podemos decir que existimos (lo sabemos por experiencia propia); y vemos que nuestro origen material se debe a que somos parte del universo; así también entendemos que el universo tiene su origen en el Creador de todas las cosas. Por lo tanto, confirmamos la existencia del creador o Fuente de la existencia; el que ES.

Cuando uno entiende que existe, y descubre en su entorno todo un universo creado con sabiduría, inteligencia, ciencia y propósito; no puede negar que ese universo tiene un Autor, no salió de la nada; esa Energía primaria, tiene un principio; y una Fuente; debemos entender por lógica, si es que existimos; que hay un Creador, una Fuente de todo lo creado y por supuesto, de nosotros mismos.
No hay Dios, equivale a decir, No existo; y para quienes eso es su fe; bueno, obtendrán lo que esperan, eterna perdición, es decir, dejar de existir; en la justicia Divina, obtendrán según sus esperanzas No ser, no existir.

¿Y por que el hombre niega al Creador, siendo absurdo lógico negarlo, si no niega la creación a la vez y a sí mismo?

Por el pecado que no quiere reconocer, y que le acomoda en su corazón ocultarlo; la luz lo descubre y le incomoda, ya que el juicio divino le molesta en su conciencia. Ante tal situación, prefieren darle inexistencia a Dios, que a su pecado; niegan la luz, para ocultar y darle inexistencia al justo juicio divino; el juicio de la existencia eterna. Ocultan su realidad, negando la Fuente divina de la existencia que les muestra su realidad, hacen inexistente a Dios, para hacer inexistentes su realidad. Es mejor para ellos estar en la no existencia, que ante el Eterno y Existente; que les muestra la verdad.
Pero quienes aman la realidad, aman la verdad, buscan la luz, y la luz le es cómoda; aman la existencia y al ETERNO EXISTENTE, en quien encuentran esperanza eterna, la vida eterna.

Porque todo aquel que hace lo malo,  aborrece la luz y no viene a la luz,  para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz,  para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. (Juan 3:20-21)


El hombre se oculta como Caín errante, lejos de la Luz, por no ser reconocidos en sus malas obras; niegan a Dios, y al negar a Dios, se niegan a sí mismos; se hacen a sí mismos vanos y vacíos (sin propósito), se hacen partes de la NADA.
Obtendrán lo que han buscado, la eterna oscuridad; no ser, y que no haya de ellos, más memoria. ¿Será injusto Dios si les da lo que ellos mismo han buscado? Por ningún motivo, todos cosecharemos lo que hemos sembrado. ¿O acaso robaremos la cosecha al vecino? Nuestro Señor les ha ofrecido de su buena semilla, para obtener una excelente cosecha, y ellos la han despreciado.


Un saludo en Cristo Jesús; el Camino a la ETERNA GLORIA, con el CREADOR; el que ES, es decir, la existencia misma. Para quienes si tenemos esperanzas ciertísimas, verdaderas y eternas, la existencia eterna en Amor, todos juntos en uno. amén.

martes, 19 de junio de 2012

El camino angosto


Jesús dijo: Entrad por la puerta estrecha: porque el camino que lleva a perdición es ancho y espacioso; y los que van por él, son muchos. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que lo hallan. (Mat 7:13-14)


Quiero reflexionar un poco, acerca lo que Jesús nos enseñó; la puerta estrecha y el camino angosto; y referirme específicamente al camino angosto, que debemos transitar.

Antes, debemos notar cual es la puerta. Y cual es el camino, acá pueden verlo claramente:


YO SOY la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Juan 10:9)

Primero, debemos ver muy claro que la puerta es el Señor mismo, el que no entrare por él, no será salvo; no saldrá de sus prisiones (pecado) y no hallará alimento para su alma.

Jesús le dice: YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)


En segundo lugar, el camino que debemos recorrer, para llegar a nuestro destino final y objetivo (el Padre); es el Señor mismo, nuevamente. Nadie puede avanzar, si no corre la carrera en Cristo; es Cristo el camino que debemos correr, para llegar al Padre.

Teniendo el contexto general claro que acabo de exponer, que la puerta que nos saca de nuestras prisiones (el pecado) es Cristo; y el que nos lleva al Padre, es un camino que es él mismo. Nos preguntamos ahora:

¿Qué quiso decir el Señor cuando dijo “y angosto el camino que lleva a la vida”?

Nota lo siguiente: No dijo que el camino que lleva a la vida era difícil, ni tampoco dijo que el camino a la vida se estrechaba en el futuro; sino dijo que ese camino era angosto siempre. ¿Qué significa eso?

El otro día mientras salía a caminar y meditar, caminé por la parte superior de un muro de unos 30 cm de ancho (nada de alto, pero largo), en la costanera del Estrecho de Magallanes; y mientras caminaba sobre el borde superior del muro, meditaba acerca del camino angosto, que habla el Señor.

Mientas caminaba me di cuanta de dos cosas, que yo creo son muy importantes distinguir:

Primero: El Señor no dijo que el camino se iba angostando, sino dijo que era angosto (se entiende que todo el camino); la característica del camino, era que era angosto; no que será angosto; sino que es angosto de principio a fin. Yo antes pensaba, que lo angosto venía después (eso había escuchado), pero no es lo que él dijo, sino que dijo que era angosto.

Segundo: Mientras caminaba, me di cuenta que para no salirme de mi camino estrecho (la parte superior de ese muro), tenía que estar muy atento, de manera de no desviarme ni a derecha, ni a izquierda, para no salirme. No era difícil el camino, pero si requería de toda mi concentración; pues si daba un par de pasos errados, inevitablemente saldría del camino (eso no quiere decir que luego no lo podría retomar, pero no era la idea salirme de mi camino angosto).

Ahora les puedo compartir mis conclusiones en el Señor:

El camino que tomamos una vez que entramos por la puerta, es el Señor mismo, es decir, debemos andar en Cristo (a lo mejor para estos tiempos la palabra más apropiada no es andar, sino correr) o correr en Cristo.

¿Y cómo andamos (o corremos) en Cristo?

Bueno, siendo guiados POR SU ESPIRITU, es decir, obedeciendo su voz interior que nos habla y enseña todas las cosas. No hay forma de poder avanzar en este camino a las alturas, si nos es por la guía permanente y continua del Espíritu Santo en nosotros; y para eso debemos PONER EL MAXIMO DE NUESTRA ATENCIÓN (mirar, velar y orar), para no desviarnos ni a derecha, ni a izquierda. Ya que debemos notar, que el camino es angosto ahora (y después también lo es); y si hoy transitamos por un camino ancho y espacioso, lo más probable es que nos hayamos extraviado; en alguna parte del camino perdimos la guía del Espíritu Santo interior en nosotros, y debemos diligentemente buscar hoy nuevamente su voz y guía.

Ahora podemos ver que este camino es siempre angosto, y a la vez no es difícil (pero imposible para el hombre natural); pero si requiere de que lo pongamos en el primer lugar de nuestra vida, o perdemos nuestro tiempo. Primero debemos buscar el reino de Dios y su justicia, y las otras cosas son añadiduras que el Señor nos da según nuestra necesidad real. No hay forma de seguir este camino, sin la guía del Espíritu Santo, y para oírlo, debemos poner toda nuestra atención; para aprovechar bien el tiempo; es una gran oportunidad que tenemos cada día, cada hora, cada minuto y cada instante; no dejemos de oir su voz interior en nosotros cada día, que nos guía a completa santidad, para poder estar ante la presencia del Padre, con gran alegría.

El camino es angosto, es decir, en cada momento necesitamos su guía en nosotros (para no desviarnos), y para eso debemos despojarnos de todo lo que nos pesa, y del pecado que nos estorba. Para poder oír claramente su voz, y avanzar en esta carrera celestial, carrera imposible para el hombre; pero para el que cree, todo es posible.

Un abrazo a todos, en Cristo.



sábado, 12 de mayo de 2012

"Déjame terminar…"


"Déjame terminar…", le dice el hermano mayor que habla, en la reunión de los hermanos, al hermano menor que lo quiere interrumpir, para agregar algo nuevo que no puede callar. Después de un rato, nuevamente insiste el hermano menor tratando de aportar a lo que el hermano mayor expone interrumpiéndolo; y nuevamente escucha "déjame terminar la idea, por favor…". Como las palabras siguen y siguen, y se ve lejano el término de la idea, insiste una vez más el hermano menor, a lo que el mayor responde "no me interrumpas, déjame terminar..."

Yo me pregunto; ¿si él Señor estuviera presente, este hermano mayor le diría al Señor lo mismo, "no interrumpas, déjame terminar la idea..”.? Creo que no.

¿No sería que este hermano debería estar callado escuchando al Maestro y no haciéndolo callar?

Bueno es así, lo hacemos callar como el hermano mayor del ejemplo, cada vez que hacemos callar al menor que nos quiere interrumpir.

¿O no sabemos qué cuando nos congregamos en su nombre, él está en medio de nosotros?

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos. (Mat 18:20)

Entonces, cuando hacemos callar al hermano menor, que inspirado por el Espíritu de Dios, nos interrumpe; al mismo Espíritu del Señor hacemos callar, para exponer por sobre el Espíritu, todo nuestro raciocinio carnal. Hermanos, eso es la carne; que no da espacio para el Espíritu; no debe ser así en nuestras reuniones; sino que cada uno hable en orden, y si alguno tiene algo nuevo que decir que el Señor le mostró, calle el primero y hable el menor. Y así, todos crecerán escuchando al Dios vivo.

Nadie puede estar por sobre el Espíritu de Dios en la reunión de los Santos, sino que todos en su debido orden, deben hablar según son inspirados por el Espíritu; y los que hablan deben callar obedeciendo al mismo Espíritu, cuando son interrumpidos. El centro de la reunión debe ser siempre el Espíritu y él tiene la palabra; y sólo de él sale la palabra, por quien él quiere.

Veamos lo que Pablo enseñó:

Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si a otro que estuviere sentado, fuere revelado, calle el primero. (1Co 14:29-30)

Pablo nos enseña, que si el profeta habla (el que habla por orden de Dios); y si el que está sentado escuchando le fuere revelado (mostrado, descubierto, etc.), es decir, tuviere una nueva revelación; cállese el que habla, y escuchen. Habrá tiempo para juzgar si lo dicho es en el Señor o no lo es, pero si no dejamos hablar al Espíritu ¿A qué vamos a la congregación, sino a escuchar al Maestro?

En muchas reuniones veo que callamos al Espíritu, para exponer en la carne; y quedar nosotros como centros de la reunión; desplazando como Adán a Dios como centro y poniéndonos nosotros; eso viene del espíritu del enemigo.

Aprendamos un buen consejo, que nos enseña Santiago:

Por esto, hermanos míos amados, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; (Stgo 1:19)

No dice que no hablemos, sino que seamos tardos (lentos) para hablar y prontos para oír, que es donde está la ganancia; oyendo al Señor.

domingo, 1 de abril de 2012

¿Aflicciones?

Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. (Hechos 14:21-22)

Hoy te animo, si eres discípulo de Cristo, a que tengas ánimo y permanezcas en la fe; y en el mensaje que sigue, intentaré que puedas ver claramente algunos distintos tipos de aflicciones que deben ser pasadas por los discípulos de Cristo, y aquellas aflicciones que debemos evitar. No es en ningún caso más que una mirada rápida a las distintas aflicciones, sus propósitos, duración y término; para que puedas tu adentrarte en el conocimiento de lo que te sucede y te sucederá, si Dios lo permite.

Antes que nada, una recomendación para el que está afligido, como para el que está alegre:

¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. (Stgo 5:13)

En cualquier aflicción que estés, sea cual sea su causa y propósito, hay una recomendación para el discípulo de Cristo (el creyente); hacer oración; comunicarte con tu Padre y pon tu caso en su trono; espera su respuesta e intercesión; y que puedas conocer que es lo que sucede. Y si no es evitable, que te de la gracia de estar gozoso en la aflicción, dando gracias a Dios; y puedas entender prontamente la causa y propósito.

El Señor nos enseñó: En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)

Al que seguimos (al Señor) está por sobre el mundo, de manera que cualquier cosa del mundo que nos haga sufrir; está por debajo del dominio de nuestro Señor, eso significa, que el Señor tiene el control de todo; no dice que sean todas las aflicciones evitables, eso no lo dice; sino que dice que EL venció al mundo, de modo que los suyos vencen al mundo y deben vencerlo por medio de la fe que nos ha sido dada (y que debe ir creciendo y fortaleciéndose, en EL). Nada está sobre nosotros en este mundo, sin el control del Señor, y sin el potencial en nosotros de vencerlo, en la confianza en EL.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. (Rom 8:18)

Y debemos entender, que nada es comparable con la gloria que tendremos con nuestro Señor; cualquier aflicción del presente será despreciable con el galardón que nos espera; no es un invento mío; sino es lo que el Señor nos promete; y por lo tanto, lo debemos esperar como cosa ciertísima y firme, de parte de él.

Estad siempre gozosos. (1Tesal. 5:16)

El evangelio verdadero, habla de aflicciones; y cualquier evangelio que las niegue; niega parte de la verdad, y de lo que nuestro Señor nos enseñó; y por lo tanto, no es el evangelio del Dios vivo, sino un evangelio del mundo (sin poder de Dios). Pero hay una promesa que podemos alcanzar incluso en la peor aflicción que tengamos, y es que en ellas (aflicciones) no debemos perder el gozo del Señor, debemos pedir y experimentar ese gozo en medio de las aflicciones; por medio de la fe; a menos que estemos extraviados de la fe. Pero en la fe, debemos pedir y ejercer la gracia de pasarlas con gozo y esperanza.

Antes de hablar de los distintos tipos de aflicciones, quiero hacerte notar dos grandes grupos de sufrimientos que hay hoy en la tierra:

Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. (2Co 7:10)

La tristeza del mundo produce muerte, es decir, a aquellos que no están en la fe, los dolores y aflicciones del mundo los llevan a la muerte; en cambio, a aquellos que son de la fe y permanecen en ella; la tristeza que es según Dios, produce el arrepentimiento para salvación. En Dios la tristeza tiene un buen fruto, la vida; en el mundo la tristeza tiene un mal fruto, la muerte. Es por ello, que con mayor fuerza debemos orar, cuando seamos afligidos, y no perder la confianza y comunión con el Señor; y si esta ha sido debilitada (la fe y comunión con Dios), debemos volvernos al Señor, a nuestro Pastor, donde encontraremos la vida y paz.

Hablaremos de las aflicciones que pertenecen al primer grupo (obviamente); las que son de parte de Dios; ya que las otras, son el resultado de la desobediencia del hombre, él hacerse independientes de Dios y negarlo; y que produce muerte (cuando el hombre no le cree a Dios, lo niega, pues lo hace mentiroso, es decir, se pone de parte del enemigo de Dios, Satanás).

Ahora trataré de dividir los distintos tipos de aflicciones que tenemos los creyentes (o deberíamos tener); no con un sentido de establecer una clasificación “científica y exacta”; sino más bien, con que podamos ver diferentes aflicciones, con diferentes propósitos; y que debemos de alguna manera reconocer, para poder obrar en conformidad a las circunstancias. Por lo que he experimentado, no siempre una aflicción será clasificable en forma pura en cada categoría, sino que muchas veces Dios saca de ellas múltiples propósitos. Además, no es lo que yo hoy trato de explicar, lo único que existe, sino lo que hasta hoy distingo para compartir; y te puede ayudar.

Empecemos entonces, con las distintas aflicciones que podemos tener como creyentes:

LAS PRUEBAS:

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia (fortaleza). (Stgo 1:2-3)

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, (1Pe 1:6-7)

Las pruebas son aflicciones, debido a que Dios nos pone situaciones adversas, que contradicen sus promesas, o más bien dicho, contradicen lo que nos dijo. Las pruebas, contradicen aparentemente la fe, es decir, Dios nos pone a prueba nuestra fe, haciéndonos vivir circunstancias contrarias a las que esperamos por su palabra; es al caso de Abraham por ejemplo cuando por obedecer a Dios va a la tierra de Canaán, y cuando llega a Canaán hay una gran sequia y hambre; o cuando se le pide su hijo primogénito Isaac, siendo que Dios le había prometido que por Isaac tendría innumerable descendencia. La prueba la pone Dios, cuando en obediencia a la fe, vives circunstancias contrarias a lo que Dios te prometió por un poco de tiempo; para PROBARTE, FORTALECERTE y EXALTARTE (exaltarte en la manifestación de Jesucristo en su día). Las pruebas no son aflicciones producto de un pecado o algo parecido, sino que son producto del necesario fortalecimiento de la fe, en Cristo. Y cuando las superamos con gozo, nos dan un mayor peso eterno de gloria.

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; (2Co 4:17)

¿Cómo se superan las pruebas?

Las pruebas se superan por medio de la fe, es decir, confiando en lo que el Señor nos dijo (a pesar de que lo que vemos lo contradiga), y no dudando en las circunstancias, que están bajo su control; para superar una prueba debemos hacerlo con gozo y alegría de que somos probados, es decir, que estamos siendo evaluados por Dios, “para pasar de curso”.

Mira el siguiente ejemplo de la iglesia en Macedonia, como actúa una iglesia creyente con gracia, ante una prueba:

Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. (2Co 8:1-4)

Lo explico en breve, las iglesias en Macedonia estaban pasando por una prueba (tribulación) de escases económica; pero ellos con gozo querían participar de dar y compartir lo económico con los hermanos (a pesar de su “pobreza”), siendo que para la mente humana no era el mejor momento de compartir en la escases grande que estaban pasando, ellos con gozo tenían la gracia de dar según sus fuerzas y más allá de sus fuerzas (dice más allá de sus fuerzas, porque es en la gracia de Dios), ofrendas a los hermanos, y ser así participes del privilegio de dar, para la obra de Dios. Mira como ante la prueba, el creyente actúa en la fe, es decir, en la gracia que es por medio de la fe, en forma contraria como lo haría el mundo. El mundo se aflige y llora, el creyente se goza de la oportunidad; el mundo maldice ante la adversidad, el creyente bendice. El mundo atesora lo poco que tiene, el creyente da; sabiendo que es hijo de Dios, dueño de todo. El creyente vence al mundo, como su Maestro, por medio de la fe.

Como puedes ver, las pruebas son superadas sólo por medio de la fe que vence al mundo; y sin fe es imposible pasarlas; y por lo tanto, “pasar de curso”; al nuevo nivel que el Señor nos quiere llevar.

¿Y por qué sólo por medio de la fe? Porque para la fe NADA ES IMPOSIBLE; se manifiesta el poder de Dios en nosotros, por medio de la fe; y superamos las pruebas que por medios humanos, nos serían IMPOSIBLES de superar.

Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte; (2Co 1:8-10)

Si tenemos la fe que vence al mundo, debemos entender también que las pruebas que pasaremos superarán nuestra capacidad natural como hombres de superarlas, para que no sea un triunfo de la carne, sino del poder de Dios en nosotros que es por medio de la fe. Por lo anterior, debemos entender que somos probados más allá de nuestras capacidades humanas, de manera que se manifieste el poder de Dios en nosotros los creyentes; así como Pablo fue probado más allá de lo que él podía soportar; para que su confianza absoluta estuviera en Dios y no en lo que tenemos o somos, como hombres en la carne. Pablo triunfó por el poder de Dios que se manifiesta en los que creen y esperan en Dios.

Si las pruebas sólo fueran las que podemos superar en nuestra capacidad natural de hombres; no habría ni avance, ni fortalecimiento, ni gloria futura; este Camino es una camino hacia arriba al cielo, hacia Dios Padre, y por lo tanto, necesitamos su poder en nosotros (gracia) para llegar a la meta; y ese poder se manifiesta en nosotros por medio de la fe; y la fe viene de OIRLO. Y cuando Dios dice, lo que no era, ahora ES, porque El lo dijo. Las pruebas de Dios son insuperables en la carne, pero lo que es imposible para el hombre, para Dios es posible; y esto es por creerle lo que nos dice; la fe que vence al mundo.

LA DISCIPLINA:

… y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. (Heb 12:5-8)

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. (Heb 12:11)

Bueno, es claro que cuando somos recibidos como hijos de Dios, por medio de la fe en su Hijo; cuando recibimos su Espíritu; recibimos a Dios como Padre, y en su función de que crezcamos a su imagen y semejanza, nos debe disciplinar; y no siempre la disciplina nos gustará; o será de nuestra preferencia; pero lo que es seguro, es que producirá en nosotros frutos de justicia; dignos de nuestro Padre. Acá no hablamos de aflicciones de pruebas, sino de corrección de Dios en nosotros; como nosotros lo hacemos con nuestros hijos.

Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. (Heb 11:24-26)

Tiene mayor valor una corrección del Señor, para un hijo de Dios; que todas las riquezas del mundo, porque lo que esperamos en tremendo; Moisés prefirió negar al mundo, ya no siendo hijo del mundo (hijo de la hija del Faraón); sino de Dios (aunque siendo maltratado por ello). Debemos entender, que cuando el TODOPODEROSO nos disciplina; debemos sentirnos los seres más privilegiados de la creación, no sólo porque ha puesto sus ojos sobre nosotros, sino también que se ha molestado en enseñarnos, y no sólo se ha molestado en enseñarnos, sino que también que eso nos habla de SU AMOR POR NOSOTROS. Todos los que somos padres, debemos saber que es más fácil no corregir a un hijo que corregirlo; y los corregimos porque los amamos; y por eso, nos molestamos en disciplinarlos para que sean la máxima expresión que puedan ser como hombres. Así también lo hace nuestro Padre, para que seamos perfectos, como El lo es. Por lo anterior, mucha atención a la voz del Señor debemos tener, para no desperdiciar nuestro tiempo y avanzar como hijos que agradan al Padre. Contentos y dichosos con su disciplina.

NUESTROS PECADOS (ERRORES):

Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. (Juan 5:14)

Cuando Jesús le advierte al hombre que postrado no podía caminar (tras 38 años) y había sido sanado por él ; le dice “no peques más”; claramente podemos entender que el producto del pecado es aflicción y sufrimiento; hay aflicciones que son producto de nuestros errores y no de pruebas o disciplina de Dios, sino producto de nuestro pecado; de tomar un camino errado apartado de la voluntad de Dios. La solución en ese caso, es escuchar al Señor y tomar nuestro lecho y caminar tras él; y no tras nuestro entendimiento natural que nos lleva al pecado. En su palabra, tenemos el poder de superar el pecado y levantarnos; y correr la carrera que nos pone por delante.

Otro ejemplo:

Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores (aflicciones). (1Ti 6:10 NVI)

Acá vemos como algunos, se han desviado de la fe, siguiendo al dinero, y postergando al Señor; como esto les acarrea y acarreará muchas aflicciones; es decir, seguir el pecado (error), nos trae aflicciones; este tipo de aflicciones debemos evitar. Cuando seguimos cualquier cosa que no sea el Señor, es idolatría, pues pensamos que eso es lo que nos conviene y nos dará felicidad; despreciando al Hijo de Dios; es el caso del dinero, pensamos que con dinero solucionaremos nuestros problemas y haremos lo que queremos para ser felices; un engaño del enemigo.

Pero mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos. ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera andado Israel! En un momento habría yo derribado a sus enemigos, Y vuelto mi mano contra sus adversarios. (Salmo 81:11-14)

Cuando el hombre, camina tras sus propios consejos; y no oyendo y obedeciendo al Señor; cosecha lo que siembra; aflicción producto de su pecado. El adversario que tenemos (el diablo), domina a quien no se protege en el Señor, y camina descubierto en la arrogancia de su sabiduría personal, siguiendo sus propias ideas, sin considerar y obedecer al Señor. Notemos por favor, que nuestro enemigo, el diablo quiere nuestro sufrimiento para muerte; y la forma de afligirnos que tiene es a través de las cadenas del pecado, es decir, del error por el engaño; es por ello que debemos seguir la luz (enseñanzas del Señor); y salir del error (engaño del pecado). Esto sólo lo podemos lograr en Cristo, en su palabra; escuchándolo y creyéndole; a pesar que nuestra mente carnal, nos diga NO. Porque el enemigo sabe que cuando actuamos en nuestros propios consejos, estamos bajo su dominio; es por ello que evita de cualquier forma, que vayamos a la luz y lo descubramos en sus engaños. Y son engaños, porque nuestros consejos siempre son para “nuestro bien”, pero terminan en mal (porque son mentiras del enemigo), no sólo para nosotros, sino para quienes están con nosotros; e inocentes. La luz descubre todas las cosas; su palabra revelada es luz a nuestros pies. Para que caminemos por la senda del Señor.

PERSECUCIONES POR EL REINO DE DIOS (prueba):

Nos puede ser dado ser participantes de las aflicciones de Cristo por su reino (por su iglesia), perseguidos por hacer el bien (aunque los hombres no te entiendan):

Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; (Col 1:24)

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. (1Pe 4:12-14)

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia (equidad), porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. (Mat 5:10-13)

Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. (Juan 15:18-20)

Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. (Hechos 5:40-41)

Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás; tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. (2Tesa 1:3-5)

Este es el más grande regalo y oportunidad que nos pueden dar, ser participantes de las aflicciones y persecuciones de Cristo, por su iglesia; recuerden que todos los apóstoles terminaron sus vidas entregadas como sacrificios agradables a Dios, a su debido tiempo; y con gozo morían por su Señor. Pedro que lo negó tres veces, en su carne no pudo ser fiel al Señor; pero le fue dado el morir crucificado por su Señor voluntariamente (por amor, ya no sustentado en su carne, sino en la gracia del Señor); lo cual dice la tradición lo hizo al revés, porque no se consideraba digno de morir como murió Jesús, su Señor. Este mismo Pedro, que fue incapaz, en su naturaleza humana, de ser fiel al Señor, sino que lo negó; y no sólo una vez, sino que fueron tres veces; en el poder del Dios, que es por la fe; culminó la carrera en gloria eterna, por su gracia.

De este último punto, lo dejo para que lo busques y lo entiendas en oración al Padre; es el punto de plena consagración; la fidelidad hasta la muerte; no como exigencia; sino como una gran oportunidad y entrega absoluta; amando a Dios por sobre todas las cosas.

Como conclusión; es bueno que veas que hay diferentes tipos de aflicciones, y no debes confundirlas; si estas pasando por ellas; debes orar para que se haga la voluntad de Dios en tu vida, y para que te de su gracia y entendimiento, para superarlas en su tiempo. No insistas en el error, busca la voz del Señor y créele; el poder de Dios, por su gracia te levantará.

Un abrazo a todos, espero haberles dejado el tema para vuestra meditación y oración al Padre, en Cristo.

martes, 31 de enero de 2012

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer.

Cuando escuchamos la siguiente frase Bíblica: porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer (Fil 2:13); a veces me parece que se toma fuera de contexto; ¿a que me refiero?, me refiero, a que muchas veces entendemos que Dios produce en el creyente el querer y el hacer la voluntad de Dios, eso es verdad; y gloria a Dios por ello; porque no sólo nos da el querer su voluntad y desearla, sino que también el obrar en conforme a ella, que está sustentado en su poder en nosotros; ¡eso es una muy buena noticia!, y es glorioso que Dios nos haya proveído de tan grandísimo poder que obra en nosotros los creyentes, de que no sólo nos cambian los gustos; para ya no andar por los caminos sin futuro de la carne, haciendo sólo nuestra voluntad; sino, por el Camino que lleva al Padre. Y eso no queda sólo ahí, sino que también se nos da el poder de actuar conforme a los requerimientos de Dios (ojo que es un camino, tiene un inicio y un fin; no todo está en el inicio, y no todo en la meta; hay que correrlo).

Ahora, ¿Qué es lo que veo que no se entiende bien de esto, del verso citado?

Veo que no se entiende bien cuando pensamos que Dios lo hará, sin importar en que esté uno como persona; ¡hay que tener cuidado!, eso no es así; Dios no lo hará, si no cumplimos con sus requisitos.

Pensar que nos cambiará sin importar nosotros, es una interpretación que es una desviación de la verdad, el pensar que él obra en nosotros sin importarnos nosotros; Dios obra en nosotros trasformándonos cuando andamos en el Espíritu por la fe, es decir, con la mira en la cosas de los cielos; y no con la mira en las cosas de la carne y el mundo (la tierra); un hermano que anda en la carne, guiado por su mentalidad sin renovación, no sufrirá ningún tipo de transformación renovadora de Dios en su ser, a menos que ande guiado por el Espíritu, es decir, por fe, será transformado día a día (mientras no lo haga, pierde su tiempo)

¿Y por que lo digo?

Lo digo porque cuando citamos “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer”, para justificar hacer lo que se nos da la gana; se nos olvida que justo el verso anterior dice: ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, y luego dice: porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

No podemos creer que Dios nos trasformará, sin creerle lo que realmente nos enseña en forma completa; El lo hace (nos transforma), mientras nos ocupamos en nuestra salvación (no preocuparnos; sino ocuparnos, trabajamos u obramos en nuestra salvación) con temor y temblor (eso habla de importancia máxima).

Estos errores ocurren, cuando un verso en la Biblia lo usamos en forma parcial (sólo una parte o la mitad); entonces tenemos una media verdad; que en verdad no es la verdad, sino un artilugio del enemigo para desviarnos, es decir, se transforma en un engaño, un tropiezo.

Ahora podemos ver que Dios nos transforma mientras estamos ocupados (repito, no preocupados), en nuestra salvación con temor y temblor; es decir, cuando la tenemos por primera prioridad en nuestra vida; en ese caso su Espíritu obra en nosotros cambiando nuestros gustos, a los gustos de Dios, y nos da el poder de obrar conforme a su voluntad (eso es grandioso, y es verdaderamente la gracia); pero si estamos ocupados en otras cosas; cosas de la carne y el mundo, la Escritura no dice que somos transformados en la imagen del Hijo de Dios, sino que lo que sembremos, cosecharemos (Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Rom 8:6)

.En la carne todos tenemos la inclinación a interpretar el evangelio, según la conveniencia de la carne; por eso se ven estas distorsiones, y sumado esto al engañador que siempre nos dirá lo que queremos escuchar, usando parte truncada de las Escrituras, para mantenernos en su dominio; el domino que le fue dado sobre toda carne, por el pecado.

Ahora entendemos, ¿queremos que Dios nos transforme por su gracia? ¡Claro que si!; entonces ocupémonos de lo que decimos que valoramos sobre todas las cosas (no preocupémonos, sino ocupémonos). Ahora lo lograremos, si realmente lo creemos; y eso es fe; y eso viene de oír al Señor; entonces tenemos trabajo hermanos, más oír y menos hablar; ocupándonos en sembrar lo que a vida eterna cosecharemos, por la fe.

Ocuparse en la salvación significa, que en lo que el Señor ya ha obrado en ti, en el querer; lo trabajes, para que de frutos. Aunque no sea muy grande al principio ese querer, pero debes hacerlo trabajar en ti; para que mientras te ocupas en ello; Dios por su buena voluntad te vaya transformado en su Imagen, es decir, a la estatura de su Hijo. No esperes tener una gran inspiración para empezar a trabajar, empieza ya a ocuparte en las cosas del reino de Dios, buscarlo, llamarlo y oírlo; y en lo que él vaya poniendo su querer en ti; empieza a obedecer y caminar, según su poder va obrando en ti; no te desanimes, mira que esto funciona; y verás como su poder obrará en ti, mientras te ocupas de El, y ya no de lo que no es. Ocupado en El, El se ocupa de ti, y te transforma.

Esto se transforma en un circulo virtuoso, mientras empiezas a usar ese querer (aunque sea aún pequeño en ti) en ocuparte del Señor, veras como eso te ira fortaleciendo y trasformando, y ese querer irá aumentado y así también el poder producir en ti, su voluntad. Irás de menos a más, cada día, por su buena voluntad; aumentado el querer y el obrar en él.

No pierdas tu tiempo, manos a la obra; la obra de la fe.

Un abrazo a todos mis amigos en Cristo; y hagamos trabajar el talento que nos dieron, para que produzca mucho fruto, para gloria de nuestro Padre.

Rodrigo C.

PD. Cito en forma completa el los versículos analizados:

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. (Fil 2:12-13)

Un tema muy bueno, relacionado con este tema, es el siguiente: 

Haced morir por el Espíritu, las obras de la carne


viernes, 13 de enero de 2012

¿Y quién te dijo que había otro camino? (Sólo el camino de la cruz)

Hoy veo muchos cristianos caminando en forma muy similar a lo que lo hace este animalito (hámster), en su rueda; gira y gira, pero no avanza. No llegan a ningún lado. Encontré en la web esta simpática foto, aunque simpática para un animalito, no es para nada de simpática la comparación con lo que muchos piensan que avanzan, y en realidad no dan un paso.

Bueno es ese el tema de este mensaje, ¿Cómo avanzamos verdaderamente, y salimos de la rutina?

Esto no es cumplir mandamientos, esto no es religión, esto es un camino, el camino de la cruz.

El ser cristianos, es decir, discípulos de Cristo; es un camino, el camino de la cruz, no se trata de cumplir y cumplir ordenanzas (aunque las incluye), y no se trata de ritos religiosos (aunque también pueden incluirse), se trata de correr una carrera (correr dije, vale decir, máxima velocidad), una carrera que tiene un comienzo, un trayecto y tiene un final, es decir, una meta. Si yo les cito lo siguiente, estoy claro que todos estarán de acuerdo:

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Jesucristo es el camino; eso lo hemos repetido muchas veces; pero este mismo Jesús que dijo que era el camino ¿Qué más dijo al respecto?

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Mat 16:24)

Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Mar 8:34)

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. (Luc 9:23)

Estos tres evangelios, lo dicen en forma coincidente, usando el mismo lenguaje, no hay forma de seguir y avanzar en el Camino que es Jesucristo, sin tomar la cruz cada día, y así poder seguirlo (sin la cruz, no sales de la rutina de la rueda).

Me parece que hasta ahora nada nuevo he dicho (creo no haber dicho nada que no hayas escuchado antes); pero quiero hacer la siguiente reflexión:

A veces nos ponemos tan religiosos y místicos, que cuando nos hablan de la cruz, y sobre todo cuando nos dicen que debemos tomar la cruz, tenemos en mente muchas cosas, como sufrimientos, muerte, sangre, dolor, tribulación, sacrificios, etc. Si yo te pregunto en forma directa y práctica, ¿Qué es tomar la cruz cada día, que significa, como la explicas? Por favor medítala, con esa pregunta te dejo algunos instantes, luego puedes seguir leyendo…

(… meditando, no molestar…)

Si nos interesa llegar a la meta de este Camino, es decir, llegar al Padre y con todo lo que eso significa (estatura que debemos tener, pureza, gloria, herencia, amor, unidad, etc); debemos avanzar cada día, y la única forma de hacerlo, es no olvidando la cruz; el que camine sin cruz (la llave), no avanza; es como el hámster de la foto; corre y corre, pero ¿A dónde llega? Nadie podría decir que ese hámster no ha corrido; pero eso no significa que haya dado algún paso importante hasta la meta; mientras no salga de su rueda (y obviamente de su jaula), no sirven de nada sus esfuerzos; mientras nosotros olvidamos en la partida (o a medio trayecto) la cruz, no hay caso, no avanzamos (a menos que el Señor se contradiga en su palabra, cosa que nunca hace, ni hará). Es la cruz, el medio que nos hace salir de la rutina de sólo cumplir ordenanzas, y que todo se transforme en sólo una religión; es la cruz la llave maestra al Reino de los Cielos; salimos de la ruedita, y de verdad, avanzamos.

Vuelvo a la pregunta del párrafo anterior ¿Qué es y cómo se explica el tomar la cruz cada día?

Te podrá sonar muy poco espiritual lo que te voy a decir, pero la verdad es la verdad; tomar la cruz cada día y seguir al Señor, es una DECISIÓN diaria de obedecer, a pesar de no querer hacerlo.

La cruz es una decisión de cada día, una decisión como la que enseñan en la universidad; si como ese ramo de toma de decisiones, si correcto; la RAE lo define así: 1. f. Determinación, resolución que se toma o se da en una cosa dudosa.

Y la toma de decisiones, encontré lo siguiente: La toma de decisiones es el proceso mediante el cual se realiza una elección entre las opciones o formas para resolver diferentes situaciones de la vida en diferentes contextos.

Seguir al Señor cada día es estar dispuesto a tomar la mejor decisión cada día, es estar dispuesto a tomar la mejor decisión a pesar que esa decisión nos signifique algo tan terrible como la vergüenza pública o la muerte, a pesar que no sea la decisión de nuestra preferencia. Eso es tomar la cruz, es decir; mi alternativa es inferior a la tuya Señor, la mía la desecho ante la tuya; ya que tú has preparado lo mejor para mí. Es decir, obedecer a su voluntad, entendiendo lo siguiente:

La decisión que me propone el Señor es la mejor, a pesar que mi mente natural entienda lo contrario y no me guste; es por ello que decido obedecer; aunque no vea, pero le creo a Dios, que es el camino que me tiene preparado.

La decisión que me propones es la mejor Señor, a pesar que mi mente y sentimientos naturales se opongan, la sigo porque te amo, y no quiero desagradarte, sino que ese amor me impulsa a que nada permitiré que nos separe, y un dolor en ti, sería un dolor en mí.

Ahora leamos:

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. (Mat 10:37-38)

Si no estamos convencidos que seguir al Señor es nuestro propósito, único y mejor camino; no lo haremos; si no creemos que él es la mejor opción, no lo haremos; si nuestro amor es limitado; no lo haremos; seremos deficientes en nuestro caminar. Si amamos algo más que él, no podremos avanzar; porque en el momento que haya que decidir entre lo que amamos en la tierra y él; seguiremos lo que amamos más (eso es obvio). Seremos novia de otro, y no de Jesucristo.

El camino de la cruz, es tomar las decisiones correctas cada día; ¿y cómo lo logramos?

Antes de tomar una decisión debemos conocer las alternativas, sin conocer las alternativas; tomaremos una mala decisión. Debemos conocer la alternativa que nos propone el Señor; esa es la alternativa que no debemos desconocer, y que muchas veces pensamos entender, no siendo siempre así. Conocer la voluntad de Dios, no es instantáneo, es una búsqueda de cada día, es escuchar cada día lo que él nos plantea (que puede ser completamente nuevo para nosotros); despojarnos de nuestros prejuicios, y creerle, lo que nos dice. Despojarnos de nuestro orgullo, de todo lo que creemos saber, sabiéndolo deficientemente.

Sin conocer la voluntad de Dios, es imposible; tomar la decisión correcta (es posible sólo por azar). Lo primero que debemos buscar, y es donde está nuestra fortaleza, es buscar la voluntad del Señor en todos nuestros caminos en la tierra; y una vez que oímos, obedecemos; ya que es lo mejor que podemos hacer, su voluntad (de hecho es lo que pedimos en la oración del Padre nuestro, si la pedimos para la tierra, ¿no será buena para nosotros también, y no sólo si nos gusta?).

La voluntad de Dios, no siempre nos será agradable y deseable en nuestros gustos personales; a veces, nos parecerá que es algo errado; y otras veces no veremos en ella mucho valor (el mundo no se enteró casi, cuando condenaron a Jesús); todo lo anterior son prejuicios de la carne; la voluntad de Dios es PERFECTA; y en ella hay poder, seguridad, fortaleza y alimento. Pero para comprenderla y seguirla, debemos primero buscarla; debemos ser transformados en nuestro entendimiento, para caminar en ella.

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a este siglo; mas trasformaos por la renovación de vuestra alma, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Rom 12:1-2)

Hemos visto hasta acá, que para poder tomar la mejor decisión, debemos estar informados de las alternativas, de hecho es sólo una la alternativa que necesitamos conocer, la voluntad del Señor para cada día; y para cada alternativa que enfrentamos y emprendemos.

Hay una frase que escuche desde niño en la radio en la región que me crié (Bio-Bio), que dice algo así “el hombre que no está informado, no puede tomar decisiones”; y creo que esa es la verdad en muchas malas decisiones que tomamos; lo primero que debemos hacer para tomar una buena decisión, es decir, seguir al Señor con nuestra cruz; es estar informados de la mejor alternativa, su alternativa, la alternativa del Espíritu y no de la carne. ¿Y quién nos la informa? Ya lo sabemos, para eso nos dejaron el Espíritu Santo; para que nos guie a toda verdad. Es el Espíritu Santo, el que nos muestra la alternativa del Señor (nos informa), para que podamos tomar la decisión correcta cada día. ¿Y por que la tomamos? Lo repito, porque le creemos, y sabemos que es la mejor opción, y también porque le amamos; como a nuestros hermanos; y siguiéndolo estaremos más cerca de él, nuestro amor y le agradamos.

Ahora podemos ver, que para salir de la ruedita del hámster; debemos entender que si no obedecemos, no hay avance, y no obedeceremos, sin creer que la opción del Señor es la mejor (las buenas obras que Dios dispuso para que caminemos en ellas), y no podremos creer la opción del Señor, sin antes OIR AL SEÑOR CADA DIA, lo que él nos enseña (informa).

Tomar la cruz y seguirlo es una tarea diaria, la mejor tarea que tenemos; un camino a las alturas y no de rutinas (ruedita) en la tierra. Lo haremos si le creemos realmente y le amamos, y nos damos el tiempo de escucharlo cada día, con más atención y dedicación a él, que a todas las opciones que nos propongan nuestra carne, el mundo y el mismo diablo. Si reamente amamos a DIOS, y por lo tanto, todo lo que de él proviene, como por ejemplo su voluntad; seremos consecuentes con ese amor, buscaremos su voluntad para agradarlo. Si realmente le creemos que no hay mejor opción para nosotros, buscaremos esa mejor opción día a día. Venderemos todo, por comprar el campo del tesoro.

NO hay otro Camino; el camino es Jesucristo, y para seguirlo, sin la cruz es imposible. Sólo lograríamos una religión exterior, y rutinas exteriores; pero no habrá cambios transformadores en nuestras vidas (no avanzamos). Ya lo sabemos, entendemos ahora que la cruz significa, como el Señor lo dijo al Padre (una vez que supo que no había otra alternativa que la cruz); que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

No como a nosotros nos parece o queremos (a veces será coincidente, en otras no lo será, con lo que nosotros queremos); pero que sea sobre todo como el Señor quiere y dice; eso es fe; eso es esperanza, eso es amor.

Ahora tienes una tarea muy práctica y muy espiritual, de buscar la voluntad de Dios cada día en tu vida, y tener el privilegio de no sólo encontrarla, sino que obedecerla; y así dar pasos gigantes, a la meta que anhelamos. Así, si que avanzaremos; fuera de las rutinas y ruedas del mundo. Al llamado divino en Cristo, todos juntos en él.

La cruz significa estar dispuesto a desechar tu gusto o preferencia personal, por una opción mejor que no es necesariamente la que nosotros erigiríamos; pero diremos “no se haga como yo quiero, sino como tu Señor”.

Cuando el Señor tomó la cruz, antes de averiguar y estar seguro que no había otra opción (recuerda que oró tres veces para que pase de él esa copa si era posible); oró para descartar que había otra posibilidad; pero una vez que supo que no la había, sino ir a la cruz, que esa era la alternativa divina; lo hizo básicamente por dos razones, que las podemos ver a continuación; y que son la razones que debemos nosotros también tener, en cada decisión que tomamos siguiendo al Señor.

“el cual (Jesús) por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Heb12:2

Esto nos habla de la fe y esperanza de Jesús; el vio por fe en esperanza el galardón que tenía por delante; sentado a la diestra de Dios; por lo que puedo sufrir la muerte de cruz y despreciar la vergüenza que eso significaba. Por FE, lo hizo; creía lo que después de la muerte, vendría como recompensa lo prometido.

También leemos lo siguiente del antiguo testamento: Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre. (Gen 44:34)

Proféticamente Judá hablo lo que cito, cuando se entregó por su hermano Benjamín (Judá figura de Jesús se entregó por Benjamín figura de nosotros, los hermanos menores de Jesús); es lo que Jesús pensaba y sentía, cuando tenía la cruz por delante; él no podría ver el dolor del Padre, si no recuperaba lo que se había perdido (al hombre); porque de tal manera amó Dios al mundo, que entregó su Hijo por el mundo; y el Hijo amo de tal manera al Padre, que no volvería sin nosotros, porque no podría soportar ver el dolor del Padre cuando perdió al hombre, y él volver sin nosotros.

Esa es la segunda razón por la que tomamos la cruz, y no hacemos nuestra voluntad, sino la de Dios, EL AMOR. Jesús no pidió una legión de ángeles que lo liberarán de la cruz, sino que como un cordero callado, se entregó hasta la muerte; por AMOR.

Ahora sabemos que su aflicción tuvo frutos, consiguió lo que la fe le decía y esperaba (resucitó y fue exaltado hasta lo sumo); y obtuvo lo que el Amor le dictaba; ver su Padre contento y a nosotros en El. No volvió con las manos vacías al Padre, volvió con lo perdido.

Ahora, ¿seguiremos dudando que la opción de Dios sea la mejor?

No caigamos en ese engaño del enemigo; sino que con toda prontitud y diligencia, busquemos su reino cada día; su reino en nuestras vidas. Que así sea.

Un cariñoso abrazo a todos, en el Amado. Y no pierdas el tiempo, aprovéchalo en lo verdadero y eterno. Escucha al Señor y obedécele.

Rodrigo C.

He aquí yo envío el Angel (Jesucristo) delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión; porque mi Nombre está en él. Pero si en verdad oyeres su voz, e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo a tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi Angel (Jesucristo) irá delante de ti, y te introducirá a la tierra del amorreo, y del heteo, y del ferezeo, y del cananeo, y del heveo, y del jebuseo, a los cuales yo haré cortar. (Exo 23:20-23)

lunes, 2 de enero de 2012

¿Con quién te comparas?

Muchos hemos caído en el error de mirar hacia al lado y compararnos con los hermanos, y en ocasiones podemos llegar al extremo de compararnos con las gentes del mundo (eso no tiene ningún valor); hoy veo como muchas iglesias se comparan unas a otras , que estiman inferiores, y como gran cantidad de cristianos, encuentran su satisfacción en compararse con el resto, en ver que ellos son más justos que el resto. Incluso los hay que llegan a ver sus justicas comparándose con las gentes del mundo, o de tantos falsos ministros de Dios, que han sido sorprendidos en actos depravados que aún ni los mundanos, han caído en tales aberraciones.

Nuestra carne, como es una buscadora nata de vanagloria, siempre buscará la forma de sentirse mejor que otros en sí misma, y esto agudizado por el príncipe de las tinieblas que nos susurra lo perdidos que están tal y cual persona, como no ven lo evidente. Nuestras comparaciones siempre son desde nuestra perspectiva, y por lo tanto, son parciales y como tal, prejuicios injustos. Ahora, pudiese ser que en algunas comparaciones haya cierta verdad, pero pregunto ¿Qué valor tiene eso para el propósito del Señor en nosotros?

Cuando caemos en la trampa de compararnos unos a otros (y sentirnos mejores), y esto no sea para imitar lo bueno como la fe y el amor de tal hermano; sino para tener autosatisfacción de que los “mejores” que somos (según nosotros mismos, eso no vale de nada), nos apartamos de lo que el Señor quiere lograr en nosotros, y nos ponemos a mirar para el costado, y dejamos de ver nuestro objetivo; y lo que es peor, el poder de alcanzarlo.

En muchos cristianos esta se vuelve una práctica muy habitual y frecuente, dado que en ellos mismos no ven muchos cambios ni transformaciones, y deben buscar la forma de conformarse en que son mejores.

¿Y con quien debemos compararnos entonces?

En el Señor sólo tenemos un patrón de medida, sólo Uno es nuestro patrón de medida y comparación; y sólo con ese patrón nos debemos comparar; con nuestro Señor Jesucristo, sólo con él nos debemos comparar; él es la medida perfecta y el llamado que tenemos, cada vez que nos comparamos con otra persona, para sentirnos superiores, erramos, sólo nos debemos gloriar en lo que respecto a Su medida (Cristo) vamos alcanzando.

Si sólo nos está permitido compararnos con nuestro Señor Jesucristo, debemos entender, que la segunda comparación que debemos hacer regularmente, es con nosotros mismos; si, con nosotros mismos; debemos compararnos en que hemos sido ya transformados por su poder en nosotros, esta comparación es muy importante; ya que si no vemos su poder transformador en nosotros al pasar el tiempo, significa inequívocamente, que en algún punto nos desviamos del camino. ¿Pero cómo? Claro, si dejas de avanzar, significa que has abandonado (por error), en algún punto la Senda correcta, lo que te ha dejado fuera del poder transformador de Dios, que es por medio de la fe, que obra por el Espíritu en ti.

Sed perfectos como nuestro Padre lo es, es el llamado; y el Hijo perfecto ya nos va siendo revelado por su Espíritu; ese es el patrón de comparación correcto que debemos tener día a día, hasta alcanzar su estatura. Y para ver los avances, debemos compararnos con nosotros mismos regularmente, para ver nuestros avances que alcanzamos en Cristo.

Si te quieres gloriar. Hazlo de ti mismo, y para ello debes ver cómo vas siendo transformado día a día por su poder, y si eso no ocurre pone muchas atención, ya que la meta es llegar a la estatura de quien nos llamó; y si no ves cambios en tu vida; lo que puede estar pasando es que no estás avanzando.

Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; (Gal 6:4)

Todo lo que te he explicado, Pablo lo resumió en lo siguiente:

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2Co 3:18)

A cara descubierta, es sin hipocresía ante el Señor, mirando con nuestros nuevos ojos de la fe (corazón sensible ante él, sin endurecerlo), la gloría del Señor, es decir, Cristo glorificado. ¿Y donde lo vemos? En un espejo. ¿Y qué más vemos en el espejo? Nuestro rostro natural. Vemos al Señor la meta y el llamado en nosotros mismos, y como eso se va concretando, pero sin perder de vista nuestro rostro natural, sin hipocresía ante él. Nuestro rostro natural nos muestra todo lo que aún debe ser transformado y santificado, todo aquello que debemos abandonar, para tomar lo nuevo.

Dale vueltas a lo que te digo, y que el Espíritu te revele la profundidad y la operación de Dios transformadora por medio de su Hijo que es en la fe, por su gracia. Pero recuerda, sin cambios, no hay avance; y debe haber muchos cambios por el poder de Dios en ti, ya que la meta es tremenda e inalcanzable sin la fe que mueve montañas; el Reino de Dios.

Busca el evangelio verdadero; sólo en él, hay poder de Dios que nos transforma día a día en su gloria. No te conformes con lo que te han contado, vívelo completo, en EL. AMEN.

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; (Rom 1:16)

La paz del Señor sea contigo.

Para leer:

Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

(Luc 18:10-14)

Publicidad